TRAGEDIA

TRAGEDIA
Eligio Palacio Roldán
“La cabeza de Luciana rodó varios metros por el piso y los largos cabellos negros, manchados de sangre, se adhirieron a las piedras del patio, de donde cientos de aves se los llevarían, en sus picos, horas más tarde.”

Oculto tras las rocas, desde donde Jesús espiaba a Luciana, El Viajero trata de descubrir, inútilmente, el hermoso patio de piedras blancas, grandes y limpias, rodeado de bifloras; la acequia, también de piedra, que conducía el agua cristalina hasta el pozo, en que se lavaba la ropa y donde, en las primeras horas de la mañana, Luciana se bañaba desnuda. Ahora, la hierba trataba de surgir entre el fango.

La casa estaba ahí, incólume como siempre, desafiando el tiempo. El sonido producido por un pájaro carpintero, perforando un pino, que parece haberse salvado de la tala del antiguo bosque, le hace tener la sensación olfativa de estar en el cementerio. ¿Cual cementerio se pregunta? Este desapareció para dar paso a la industria de la muerte.

Al viajero los recuerdos se le agolpan en la mente y el dolor se le hace más profundo. Entona la canción preferida de doña Otilia:

“…Y aquí si el negro mira la hembra blanca
Y aquí si el negro mira la hembra blanca
Tabú, tabú, tabú
Tabú, tabú, tabú”

Jesús siempre amó a Luciana, quizás antes de que ésta naciera. La vio crecer a su lado, en la casa de sus patrones; le enseño a caminar, cantar y a cuidar las aves. Siempre la protegió. Cuando se hizo mujer soñó, durante largas noches, su amor. Nunca tuvo a nadie. Jamás se le vio una sonrisa. Una mirada triste y un caminar encorvado lo acompaño toda su vida. Bueno, toda su vida, menos el día de su captura.

Ese día se le vio altivo como nunca; orgulloso de su color negro, de su raza. En un momento, salió de su garganta una sonora voz, desconocida hasta entonces. “Entro al pueblo triunfante, como Jesús en Jerusalén”; dijo.

Luciana creció feliz, al lado de sus padres y hermanos; y de Jesús. Se le veía por los parajes de la región, rodeada de aves. Siempre llevaba alguna de ellas en su hombro; las demás cantaban a su paso y algunas la seguían a corta distancia en su caminar. Un día, a sus 16 años, conoció el amor y sus grandes ojos negros se percibieron más vivaces, su larga cabellera se vio más negra y brillante, y en su cara redonda y blanca siempre afloró una ensoñadora sonrisa.

Jesús no entendió que Luciana amara a otro hombre. Una tarde lluviosa, entre los árboles, que rodeaban la casa, trato de besarla, de hacerla suya. Ella gritó. Su padre fue en su ayuda y con ira contenida despidió a Jesús, para siempre.

En la mañana de aquel domingo, en el pueblo, se escuchó decir que Jesús estaba de regreso. Que había amenazado con asesinar a Marina, en el café de Doña Otilia, si no le cantaban “Tabú”.

A eso de las nueve de la mañana, recostada sobre la roca, donde hoy recordaba El Viajero; Luciana, bordando el velo, que luciría en su próximo matrimonio, esperaba el regreso de sus padres y hermanos de misa. En la casa, su nana, preparaba el tradicional “sancocho”.

Dicen que en un par de minutos, se escuchó un grito de horror, y luego; la cabeza de Luciana rodó varios metros por el piso y los largos cabellos negros, manchados de sangre, se adhirieron a las piedras del patio, de donde cientos de aves se los llevarían, en sus picos, horas más tarde.

Dicen, además, que el cuerpo de la joven, caminó varios metros hasta caer inerme, en el corredor de la casa, luego de dejar marcadas, con sangre, sus manos, en la pared.

Dicen también, que desde entonces, las aves llevan en sus picos, cabellos negros de mujer, hasta la tumba de Luciana.

Sollozando, El Viajero, atraviesa, lentamente, el espacio que, quizás recorrió, el cuerpo sin cabeza de la joven. Se acerca a la pared y trata de descubrir las huellas, marcadas con sangre, de las manos de Luciana. De esas huellas, ya tampoco queda nada. Es que son tantas las capas de cal que se han aplicado sobre la pared que, esas huellas, ya son tan solo un recuerdo.

Una mujer grita aterrorizada, corriendo por la carretera que conduce al pueblo. El fantasma de Luciana ha vuelto a aparecer.

El Viajero se marcha pensando que, tal vez, él también sea solo un fantasma.

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3 comments

  1. sin palabras; quienes conocimos a doña Otilia, y que profesamos un amor infinto por ésta tierra, nos emocionamos al ver ese video, con esas hermosas fotografías, y ese toque de canto. Gracias Eligio

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