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¿MARTA LUCÍA A LA SEGUNDA VUELTA?

¿MARTA LUCÍA A LA SEGUNDA VUELTA?

Eligio Palacio Roldán

Llegó otra Navidad. Ésta  cargada de conjeturas sobre el año político que se avecina. Conjeturas iguales a las de años previos a las contiendas electorales: las encuestas, el comercio de apoyos, la “vocación de poder” de los godos y de militantes de otros partidos que se desplazan hacia el candidato de mayor opción, dejando “tirado” al presidente de turno;  los precandidatos de Uribe, Germán Vargas Lleras, Marta Lucía Ramírez, y la nefasta influencia de las Farc en la contienda electoral…

Decía en agosto pasado, en mi columna CORRUPCIÓN… ¿QUE FALTA? ¿QUÉ SIGUE? https://eligiopalacio.com/2017/08/25/corrupcion-que-falta-que-sigue/ que “Tal vez sea hora de darle la oportunidad a una mujer para que tome las riendas de nuestro país. Es sabido que los niveles de corrupción entre ellas  son inferiores a los de los hombres. Por ahora, aparecen cuatro que pueden dar la pelea: Marta Lucía Ramírez, Clara López, Claudia López y Viviane Morales, ¿será una de ellas la primera en ocupar la  presidencia de Colombia?”

Pues bien, tal parece que Marta Lucía Ramírez sería la mujer con mayores posibilidades de llegar a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales de 2018, según análisis de Roberto Pombo, director del diario El Tiempo, publicado por la revista Semana (http://www.semana.com/nacion/multimedia/martha-lucia-ramirez-y-vargas-lleras-se-disputaran-la-presidencia-roberto-pombo/548059). La apreciación se basa en que será la candidata de Uribe dada su trayectoria con respecto a los demás precandidatos de la alianza Uribe-Pastrana. Destaca su paso por los ministerios de Defensa en el gobierno del primero y de Comercio Exterior en el del segundo, su seriedad y los votos que ha tenido en anteriores elecciones. Estas razones son más que suficientes para creer en que esta hipótesis es acertada; sin embargo, la mayor fortaleza de la precandidata, que es el apoyo de Uribe, es también su mayor debilidad. Debilidad que, creo, sabrá sortear con éxito dadas sus características de personalidad, de mujer de carácter.

Dice el periodista Roberto Pombo que Marta Lucía iría a disputarse la presidencia con Germán Vargas lleras.

Y, ¿por qué llegaría Marta Lucía Ramírez a la segunda vuelta y no los demás?, Veamos:

Humberto de la Calle es un excelente candidato: serio, trabajador, se diría que honesto, pero con un INRI que lo acompañará por muchos años, hasta que las Farc demuestren sus verdaderos arrepentimiento y voluntad de paz: El haber cedido demasiado a favor de los insurgentes a cambio de muy poco para las víctimas y para los colombianos. Con un año de evolución de los acuerdos de paz hay una sensación de pérdida, de impotencia, de entrega y de derrota difícil de revertir.

El trío conformado por Jorge Robledo, Claudia López y Sergio Fajardo se ha ido desdibujando entre los gritos y las pataletas de Claudia López y las poses de galán otoñal de Sergio Fajardo. Hasta el destacado exsenador  Jorge Robledo se ha ido perdiendo en medio de tanta farándula.

Gustavo Petro tiene uno seguidores sectarios, un populismo tan marcado y unos antecedentes de corrupción tan complicados  que hacen temer para Colombia los peores días de un chavismo local.

Clara López se resignó a ser “actriz” secundaria.

Si Marta Lucía llega a la segunda vuelta podría ser la primera mujer presidente de Colombia dado el desgaste del candidato Vargas Lleras en el gobierno Santos y los problemas de corrupción de su partido: Cambio Radical.

ANTES DEL FIN

Llegó la navidad. Las promociones radiales de esta época son un ícono para los colombianos. La de Caracol es la más popular; sin embargo la de Todelar llega al alma. Véalas en NAVIDAD https://eligiopalacio.com/navidad-2/

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LAS SECTAS POLITICAS

LAS SECTAS POLITICAS

Eligio Palacio Roldán

Cuando descubrí que la política existía me sentí clasificado con otra particularidad adicional a ser blanco, mono, buen estudiante, campesino. Era conservador. ¿Por qué? Pues porque esa era una característica familiar como las demás. Algo genético pareciera.

Después milité en ese partido político, era la “Reserva moral del país”, decían.  Si, era una reserva de las grandes y pequeñas castas que dominaron a Colombia en toda su historia, la reserva más añeja de la oligarquía colombiana. En una escena, la esposa de un religioso Senador de la República hacía ostentación de sus joyas y de su reciente viaje a Europa, en medio de unos campesinos ansiosos por obtener alguna ayuda, para calmar el hambre de sus hijos. Y bueno, eran poderosos, siempre cercanos a la iglesia y de una clase que se creía superior al resto de los humanos. Una secta que usaba a los pobres, con los que no se revolvía, para permanecer en el poder. Una secta que se creía elegida por Dios, que se sentía dueña de la verdad y de la moral pública. Para ellos la maldad y la corrupción estaban en el partido liberal.

Consciente de que el Partido Conservador era una secta, una “Comunidad cerrada, que  aparentaba promover fines de carácter espiritual, en la que maestros ejercían un poder absoluto sobre los adeptos” me alejé de esa organización.

Después me acerqué, sin militar jamás en él, al partido liberal. Y a pesar de decir ser el partido del pueblo, era una secta igual a la del otro partido. También la reserva moral del país, también dueños de la verdad y también, para ellos, la maldad y la corrupción estaban en el partido contrario.

Con la religión católica, que tenía las mismas características de los partidos políticos, eran  tres sectas las que giraban en torno a mi existencia. Hoy a cada una de ellas le han surgido múltiples competencias: sectas más pequeñas, más cerradas y con unos seguidores mucho más fanáticos, intolerantes y peligrosos que los anteriores.

La próxima contienda electoral tendrá muy poco elector libre, dado el desprestigio de la clase política,  y una guerra a muerte entre varias sectas, entre las cuales se elegirá el  presidente  de  Colombia. Entonces, las sectas “tradicionales”, partidos Conservador y Liberal, se sienten asustadas.

Los “libre pensadores” le temen a candidaturas respaldadas por sectas como las de la fanática religiosa  Viviane Morales, construida sobre la iglesia Casa sobre la Roca, del controvertido experiodista Darío Silva, recordado por su “lagartería” en el noticiero Noticolor, en el siglo pasado; la del ultra conservador y no menos fanático religioso, exprocurador Alejandro Ordoñez; la “del que diga Uribe”, una candidatura señalada por un hombre que se ve así mismo y que muchos otros ven como un Dios y algunos más como un demonio y que generó, a su alrededor, las dos sectas más grandes de Colombia, en este momento: la de los que lo aman y la de los que lo odian.

No miran con los mismos ojos otras candidaturas, respaldadas por otras sectas, igual de nefastas para el país que las anteriores, como la de Humberto de la Calle, criatura concebida en Cuba en el matrimonio Farc-Santos; la “made in” Venezuela de Piedad Córdoba, la de los dueños de la moral de los colombianos Claudia López, Sergio Fajardo y Jorge Robledo, la prefabricada, a punta de contratos, de Germán Vargas Lleras o la de más alto nivel de sectarismo: la de Petro, representante de los huérfanos de poder y canalizadora del resentimiento de siglos.

Lo que se viene es una guerra de sectas, muchas más que en tiempos pasados, por el poder concentrado en la Presidencia de la República, varias de las cuales, como es costumbre, desaparecerán para unirse al ganador a cambio de un “plato de lentejas”. Más que temerle a esas sectas hay que aceptarlas, cuestionarlas y, desafortunadamente elegir la más tolerante e incluyente. La menos descompuesta.

ANTES DEL FIN

La reelección presidencial fue la idea más nefasta para la democracia colombiana, en lo corrido del siglo XXI; lo fue la elección popular de alcaldes, en el pasado. Como se advirtió en su debida oportunidad, tener un presidente en campaña permanente, con todos los bienes del estado a su disposición, generaría corrupción. Ahí está: las tres ramas del poder público pagándose favores y manipulándose mutuamente, en una masa amorfa que hiede.

CORRUPCIÓN… ¿QUE FALTA? ¿QUÉ SIGUE?

CORRUPCIÓN… ¿QUE FALTA? ¿QUÉ SIGUE?

Eligio Palacio Roldán

Los tiempos lógicos del psicoanálisis hablan de momentos para ver, comprender y concluir.  Se supone que luego del tiempo de concluir llega la modificación de las conductas que le hacen daño al ser humano. En materia de corrupción, en Colombia, a simple vista, esos tres tiempos hace mucho rato terminaron y no parece verse ningún efecto positivo de transformación en nuestra sociedad.

¿Será que falta tiempo para ver? No creo. Hemos visto  cómo la corrupción irrumpe en los pequeños poblados y en las grandes ciudades, en los concejos municipales y en el Congreso, en las alcaldías y en la Presidencia de la República, en las inspecciones de policía, los juzgados y las cortes, en los  pequeños círculos de poder y en las grandes corporaciones, en el ejército y en la policía. En fin, hemos visto cómo este flagelo se esparce por el país cubriéndolo todo.  Pasamos de los tiempos de Turbay Ayala, en la década del 80, del siglo pasado, cuando nos escandalizamos por su propuesta de reducir la corrupción a sus “justas proporciones” a pensar que ojalá tuviésemos los niveles de esa época.

Con la corrupción sucedió lo mismo que con el narcotráfico: fue visto con simpatía o con indiferencia hasta que permeó casi toda la sociedad colombiana. No en vano, ocupamos el primer lugar de producción en cocaína en el mundo.

¿Será que falta tiempo para comprender? Creo que sí. No hemos comprendido del todo. Nos parece monstruosa la corrupción de la clase política, del congreso, del ejecutivo pero nos parecen normales las pequeñas grandes corrupciones nuestras: colarnos en las filas, cruzar los semáforos en rojo, eludir el pico y placa, entrar al colegio o a la universidad con alguna “ayuda”, comprar la libreta militar, evadir impuestos, recibir prebendas por ayudar a la consecución de algo o el otorgamiento de un contrato. Nuestra cultura es del “vivo”, no del estúpido.  El otro es un corrupto: Yo mismo, o los seres cercanos a mí  astutos e inteligentes.

Falta tiempo para comprender el mal que le ha hecho a Colombia la elección popular de alcaldes en pequeños municipios, que han sido hipotecados a los corruptos y/o a los delincuentes de cualquier calaña, para dilucidar las nefastas consecuencias de la reelección presidencial y de las negociaciones de la paz con las Farc a cualquier precio.

¿Será que falta tiempo para concluir? Mucho. Si no se comprende tampoco se concluye. Se requiere aceptación por parte de todos y cada uno de los colombianos y entender que la corrupción es un mal que destruye la sociedad, que genera injusticias e impide la convivencia en paz entre los humanos. No basta con observar pasivamente lo que pasa, En esto tienen mucha responsabilidad los medios de comunicación que tienen que ser más incisivos y exhaustivos a la hora de demostrar las consecuencias nefastas de esta desgracia.

Falta tiempo para que surjan líderes que nos permitan ayudar a comprender y a concluir que el fin no justifica los medios, que el bien general está por encima del particular, líderes que generen credibilidad al estilo de lo que fue alguna vez Alvaro Uribe Vélez, quien desaprovechó la mejor oportunidad en la historia de Colombia para cambiar las costumbres y la forma de hacer política. En el momento esos líderes no existen, todos hacen parte de un sistema político corrupto. Tal vez sea hora de darle la oportunidad a una mujer para que tome las riendas de nuestro país. Es sabido que los niveles de corrupción entre ellas  son inferiores a los de los hombres. Por ahora, aparecen cuatro que pueden dar la pelea: Martha Lucía Ramírez, Clara López, Claudia López y Viviane Morales, ¿será una de ellas la primera en ocupar la  presidencia de Colombia?

ANTES DEL FIN

Nueve columnas sobre el tema de la corrupción en cinco años, de www.eligiopalacio.com, y múltiples referencias en los cientos de escritos muestran una permanente preocupación por una de las mayores problemáticas de la sociedad de hoy. Problemática que parece agravarse, día a día, con el destape de escándalos como el de Odebrecht:

EL CONGRESO “ESTA QUE ARDE”

EL CONGRESO “ESTA QUE ARDE”
Eligio Palacio Roldán

Varios medios de comunicación colombianos, en especial alguno radial, se lamentan por la presencia del expresidente Alvaro Uribe Vélez en el Congreso; lloriquean porque, según ellos, la situación en el Capitolio está y estará que arde, afirman que, seguramente, este hecho limitará la “eficiencia” del legislativo.

Lo curioso  de las afirmaciones está en que, ahora, se está reconociendo alguna eficiencia en el legislativo y si, en el futuro cercano, no se vieran resultados o se percibieran pobres, como siempre, la culpa sería de Alvaro Uribe, como todo lo negativo que ocurre en el país, desde hace cuatro años.

Todo indica que, efectivamente, el Congreso arderá y arderá por la presencia de mentes liberadas de la “mermelada”; además de Alvaro Uribe y su bancada, Jorge Enrique Robledo, Iván Cepeda, Navarro Wolf, Claudia López. También, arderá por lo nocivo de la reelección presidencial, por la dificultad  para mantener una coalición con una oposición decidida a denunciar la corrupción y porque, obviamente, el actual presidente no tiene el carisma ni la conexión con la gente, que tuvo su antecesor.

Pero, ¿qué significa ver arder, en sentido figurado, el Congreso? Arder significa estar en combustión, combustión quemar y quemar  consumir con fuego.

“El fuego  junto con el agua, la tierra y el aire, es uno de los cuatro elementos de las cosmogonías tradicionales en Occidente y está presente en todas las religiones y sus rituales

Investigaciones antropológicas explican los festivales ígnicos, como ejemplos de magia imitativa para asegurar la provisión de luz y calor en el sol o con fines purificatorios, por un lado, y de destrucción de las fuerzas del mal, por otro. En este simbolismo dual, el triunfo y vitalidad del sol (espíritu del principio luminoso) sobre las tinieblas, exige la purificación como sacrificio necesario para asegurar la victoria.”

Esta definición de fuego de Wikipedia viene a cuento porque, ver “arder” al Congreso ha sido el deseo íntimo de todos los colombianos, nacidos con posterioridad al nefasto Frente Nacional, adefesio que consistió en un acuerdo que distribuyó el poder y la corrupción del estado entre liberales y conservadores, desde la década del 60 del siglo pasado, y que no hemos podido superar después de más de medio siglo.

Durante los próximos cuatro años, los colombianos vamos a poder identificar los gobernantes y sus ideologías, ideologías que se quedaron guardadas entre el closet para mostrar una cara conciliadora, ante un país hastiado de la violencia. En ese closet, a escondidas, se generaron injusticias, inequidades y desigualdades que a su vez derivaron en una violencia superior a la que se quiso evitar.

Bienvenidos todos al Congreso: los de extrema izquierda, los de extrema derecha, los puritanos, los pecadores, los godos, los revolucionarios, todos, sin máscara, frente a un público testigo del purgar de sus penas, viendo como arden pasados oscuros, conceptos, pensamientos retrógrados o de avanzada, desestabilizadores. Es una catarsis, que necesita nuestra clase política, que necesitamos todos los colombianos para que logremos esa purificación interior que requerimos todos los colombianos, si queremos erradicar todas las formas de violencia y esperar unas generaciones más  limpia, con mayores oportunidades  y sobre todo más felices.

ANTES  DEL FIN

Bienvenido Álvaro Uribe al Congreso, ya lo había dicho en una columna anterior, http://wp.me/p2LJK4-H4, al expresidente la vida le dio una segunda oportunidad para resarcirse de los errores cometidos en sus ocho años de gobierno; nadie como él conoce los intríngulis del poder, la generación de la corrupción. Espero sus denuncias, su trabajo, desde el Senado para purificar la clase política colombiana.

Faltarán en este Congreso los protagonistas directos del paramilitarismo y las guerrillas de izquierda de nuestro país, ojala hicieran parte de él, para que el fuego que se verá en el Capitolio Nacional también los purifique.