EL TRASTEO

EL TRASTEO

Eligio Palacio Roldán

Siempre quiso cambiar de casa, pero no de esa manera. Lo había hecho de afán, no recordaba muy bien por qué; quizás fue la guerra, una tragedia anunciada que se cernía sobre la zona que habitaba, una amenaza, su locura o el desamparo que produce la enfermedad y la vejez. Lo cierto es que allí abajo estaba el vehículo que lo llevaría a esa nueva vida y él no estaba preparado para marcharse.

Como pudo recogió parte de sus cosas, las que primero vio o las que más le dolían. No todas, muchas se quedaron esparcidas por el piso o guardadas en lugares que ni recordaba. El descenso fue difícil, las piernas no le respondían y desde el vehículo lo acosaban. No había tiempo, era necesario marcharse ya.

Recorrió pequeños montículos que se le antojaron montañas. En el momento de subir al carro, donde dos pares de ojos fríos y despiadados lo esperaban, vio en la parte más alta de su jardín la caja que contenía sus libros, como pudo se arrastró hasta allí enfrentando el peso de su cuerpo y la presión que le hacían desde el vehículo. A punto de alcanzarlos rodó cuesta abajo y solo despertó a la entrada de su nueva casa.  Allí no había lugar para él, aunque sabía tenía parte en ella. Le tocó alojarse en la buhardilla, pero su peso, ese peso que le dificultaba el movimiento no le permitió alcanzarla.

HIPOTECA INVERSA, LA POSIBLIDAD DE UNA VEJEZ DIGNA

HIPOTECA INVERSA, LA POSIBLIDAD DE UNA VEJEZ DIGNA

Eligio Palacio Roldán

El nieto parecía abrazar a la anciana abuela en su lecho de muerte. No lo hacía porque la amase sino porque trataba de moverle la cabeza, en señal  de un gesto afirmativo. Al frente el notario, una de sus dos únicas hijas y algunas nietas miraban ansiosas. El gesto no fue de la abuela, fue del notario y todos mostraron un júbilo difícil de disimular: El testamento ya estaba listo y Francisca era la única heredera. Esta historia se remonta a los años veinte del siglo pasado y sigue siendo tan actual como recurrente en nuestra sociedad, como recurrentes son las rencillas familiares por los bienes que dejan los que se van para siempre.

Antes de la muerte los ancianos se ven envueltos en todo tipo de pasiones y estrategias para obtener un gesto como el de la abuela de esta historia. Muchos de ellos, pasan sus últimos años aferrados, en medio de la pobreza, a uno de sus bienes más preciados: la casa y a la caridad de sus familias que con mucho “cariño” y gran ambición los cuidan sus últimos días. Si no se logra el gesto afirmativo, la historia hablará de las disputas entre los herederos que dieran al traste con la preciada casa.

Puede leer LA CASA… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS VII https://eligiopalacio.com/2020/04/25/la-casa-en-los-tiempos-del-coronavirus-vii/

Propendiendo mejorar su calidad de vida  y dando un giro a la historia de la mayoría de los ancianos, en Colombia, el gobierno nacional lanzó la iniciativa de la hipoteca inversa, que consiste en la posibilidad de hipotecar la preciada casa y a cambio recibir un dinero que permita una vejez digna. Las críticas han inundado los medios de comunicación y las redes sociales indicando una gran ignorancia por parte de los colombianos, una manipulación política o el dolor de los posibles herederos, al ver en peligro su futuro patrimonio. Cualquiera de estas explicaciones es dolorosa porque indica la dificultad para avanzar hacia el desarrollo y sobre todo de encontrar maneras de propender por el bienestar de los ancianos, más allá del asistencialismo del estado.

El mundo cambia y hay que evolucionar hacia mejores formas de estar sobre la tierra. Hace ya bastantes años los hogares de retiro, para que los ancianos viviesen sus últimos años, eran un tabú. Hoy, además de un excelente negocio, son una buena alternativa para tener calidad de vida. Lo mismo sucederá con la hipoteca inversa, pasado el escándalo actual, será una posibilidad a considerar  para la vejez.

A los críticos de la iniciativa gubernamental, hay que recordarles que no es obligatoria y que abre un abanico de alternativas para administrar los bienes del adulto mayor entre las que están, además,  el arrendamiento, la fiducia o el dejar que los administren las familias, hasta que llegue el sí: del anciano, o del notario.

ANTES DEL FIN

No se vio ni pobreza ni espiritualidad en el día sin IVA. Otra vez, los colombianos, corrieron detrás de los bienes de consumo superfluos arriesgando hasta su propia vida. Bueno, más allá del tiempo del coronavirus es el tiempo de la sociedad de consumo… nada que hacer.

Siguen las repeticiones en la televisión colombiana en tiempos del coronavirus. A RCN y Caracol, les va a pasar como al “pastorcito mentiroso”: Cuando ofrezcan un nuevo dramatizado nadie les va a creer y menos sintonizar. Se autodestruyen los canales nacionales.

LA CASA… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS VII

LA CASA… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS VII

Eligio Palacio Roldán

Para los mayores de cuarenta años y las generaciones de sus padres tener una casa propia era uno los principales objetivos de su existencia. “Tener una casa no es riqueza, pero no tenerla es la mayor pobreza”, afirma un viejo dicho popular.

Para lograr hacerse a una vivienda se trabajaba toda la vida e incluso era necesaria más de una generación, para alcanzar tan anhelado sueño. En los recuerdos tristes, de más de un ser humano, está la frustración, en especial de la madre, por haber llegado el momento de la muerte sin tener una casa propia donde dejar abrigados a sus hijos.

Era tan trascendental la consecución de una casa que incluso sirvió de inspiración a los cantantes. Es icónica la canción “La casa nueva” (https://youtu.be/frqOUGjQqro) (https://www.cooperativa.cl/noticias/pais/region-de-atacama/el-temucano-desclasifico-historia-de-la-casa-nueva/2018-08-31/171602.html).

La posesión de las casas también ha sido tema de disputas familiares y del olvido, y, en ese sentido, fuentes de inspiración musical y literaria. Son ejemplos de ello CASAS VIEJAS (https://youtu.be/FVFwsLGzvIA), NADA (https://youtu.be/PKdLkLBWpk4), LA CASA TOMADA (https://es.wikipedia.org/wiki/Casa_tomada) y hasta LA CASA DE LOS OTROS (https://eligiopalacio.com/2019/07/28/la-casa-de-los-otros-video/).

En el siglo XXI, la casa parecía haber perdido su importancia, las nuevas generaciones encontraron otras formas de goce, como dirían los psicoanalistas; la atención se dirigió al deporte, los viajes, la rumba, los gimnasios, los centros comerciales, la moda, entre otros. La casa, más que un hogar, se había convertido en un sitio para dormir hasta que llegó el coronavirus a ubicarla, otra vez, como pilar de la existencia.

Desde hace más de un mes, los colombianos, permanecen encerrados en sus casas y, como consecuencia,  estas retomaron las dimensiones simbólicas de antaño. Ahora no son solo un lugar para dormir; son, además, el espacio donde se trabaja, se divierte, se convive, se sufre, se sueña y se lucha. Una lucha sin precedentes no solo contra el virus en sí, COVID – 19, sino contra el apego a las formas de estar en el mundo; unas formas muy diferentes a las demás pandemias, en la historia de la humanidad.

La casa vuelve a ser un sitio de convivencia mucho más complejo que antes, dado el individualismo del ser humano de hoy. Se abre paso una transformación de la unidad familiar, en medio del encierro, que marcará un antes y un después: De esta crisis, las familias, saldrán quizás más fortalecidas que antaño o utilizando una frase de los políticos “vueltas trizas”. Todo depende de la actitud para enfrentar las crisis, tanto económicas como de espacio y especialmente la falta de libertad.

Ahora, más que antes, se anhelan casas grandes y cómodas, donde se sea y se esté más feliz. Los apartamentos pequeños quizás pierdan su encanto. Vuelve a retomar su sentido la canción la casa nueva.

Además de la casa, retoma su fuerza la vida en el campo: la libertad para ver, sentir, desplazarse o, tan solo, respirar ganan en el deseo del ser humano. Después del coronavirus las ciudades terminarán por perder su encanto, ya venido a menos desde antes.

ANTES DEL FIN

Son cada vez más las voces que claman ayuda. Es imperante la solidaridad de cada uno de los colombianos. El coronavirus quizás se supere, las guerras del hambre podrían ser la mayor catástrofe de la historia reciente de la humanidad. Es necesario apoyar a los gobernantes en sus decisiones, en ellos se depositó la confianza y están en un momento histórico para el mundo.

Muy bien el manejo de la crisis por parte del gobierno Duque. Sin embargo, cómo hacer para que una sociedad corrupta, como la nuestra, no haga “su agosto” con las ayudas para los más necesitados. Hoy más que ayer se hace urgente la ética frente a los demás.

LOS ESPANTOS… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS V

LOS ESPANTOS… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS V

Eligio Palacio Roldán

Hablaban los abuelos de brujas y duendes, seres maléficos que hacían de las suyas en los tiempos, sin horas, del ayer. También de espantos, aquellos espíritus de quienes un día habitaron la tierra y que después de la muerte regresaban para decirnos o hablarnos de algo que les había quedado oculto o pendiente. Incluso hay decenas de historias de escondites de tesoros, revelados por estos espíritus. La real academia de la lengua define espanto como fantasma (imagen de una persona muerta)

Siempre he querido encontrarme con un espanto. Fueron tantos los cuentos que escuché sobre el tema, de niño, alrededor del fuego, que pienso sería una experiencia realmente inolvidable la ocurrencia de un hecho como estos; aunque creo el pánico sería terrible que, como suele decirse, literalmente, “me cagaría del susto”

En mi confinamiento en los tiempos del coronavirus he recorrido los espacios de la infancia, esos que inevitablemente están adheridos a tu piel; es más, realmente, hacen parte de tu esencia y, por ello, volver a andarlos es encontrarte con los seres que han hecho parte de tu existencia y ahora ya no están. Te los encuentras en la vegetación, en las flores, en los riachuelos, en cada árbol, en cada paraje, en cada recodo del camino, en cada pliegue del paisaje. En las casas, aquellas que contuvieron alegrías y tristezas, sueños y pesadillas, amores y pasiones. La vida misma.

Visitar los lugares que contuvieron tus seres queridos, durante su estadía en la tierra, es percibirlos a ellos mismos.  De ahí a verlos físicamente es tan reducida la limitación de tus sentidos que de hecho puedes afirmar, sin temor a mentir, que lo haces.

Y si transportas esa realidad que sientes a cincuenta años atrás, comprendes que los espantos no son nada más que la materialización de la sensación de encontrarte con lo seres en los espacios que habitaron y amaron y, entonces, cualquier temor se convierte en placidez y el regreso a la realidad en una triste quimera.

Eran tiempos de quietud en el transcurrir de la existencia, de largas estadías en las regiones que se habitaban, de arraigo. De ahí la importancia de tener una casa como elemento de protección y abrigo. La casa que hoy, ante la crisis desatada por el coronavirus, retoma su importancia para la sociedad del siglo XXI. Hoy como ayer, el hogar es el escenario más importante para el desarrollo del ser humano.

ANTES DEL FIN

Si algo ha quedado claro en la presente emergencia es que tenemos buenos gobernantes. Tanto el presidente, como la mayoría de los gobernadores y los alcaldes se han lucido en el manejo de la crisis. También, desde luego, los integrantes de la rama de la salud y muchos colombianos.

La verdad, sigo esperando la solidaridad del sector cooperativo,  a excepción de Colanta que ya ha mostrado sus donaciones para los más necesitados, y de las diferentes iglesias. Es tiempo de demostrar que la solidaridad son hechos y no letra muerta en los anaqueles de estas instituciones.