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LAS RAZONES DE TRUMP

LAS RAZONES DE TRUMP

Eligio palacio Roldán

Trump resulta siendo una exageración del mandatario que anhela y quiere gran parte de la humanidad.

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Medellín – Colombia – Plántulas sobre terreno ocupado por Habitantes de la calle

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Los Angeles – California – Habitantes de la calle

Al regreso de vacaciones, a mediados de enero, ya no estaban los habitantes de la calle, recicladores, que afeaban el sector y generaban suciedad en el andén, diagonal al edificio donde resido, en la ciudad de Medellín. Unas pequeñas plántulas generaban un ambiente más cordial a la vista. El año pasado sentía cierto temor al cruzar, por allí, camino al gimnasio.

  • Recogieron firmas para que se fueran, me dijeron en la portería del edificio.
  • Los amenazaron, afirmó un vecino.

En esos días arreciaban, como hoy, y como arreciarán en los próximos años, las críticas contra el presidente Trump, de los Estados Unidos: de xenófobo lo calificaban los más prudentes y muchos otros, fanáticos, elevaban oraciones “al altísimo” para que nos protegiera de este nuevo Hitler.

¿Pero cuál es la diferencia entre el trato que pretende dar Trump a los inmigrantes y el trato que le dan mis vecinos a los recicladores del andén de enfrente?; ¿Peñalosa a los habitantes del Bronx en Bogotá, o el Alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, a los habitantes de la calle, en la Plaza de Zea?, ¿Cuál es la diferencia entre las iniciativas de Trump (El muro) y las de miles de colombianos que construyen unidades cerradas para protegerse de los demás?, ¿Cuál la diferencia con los seres humanos que esquivan la calle y se refugian en los Centros Comerciales para encontrar solo personas de su misma clase social?

Ninguna. Digo, yo.

Hace algo más de un año visité Los Angeles California (Ver LOS ANGELES – CALIFORNIA DEL CIELO AL INFIERNO https://eligiopalacio.com/2015/12/17/los-angeles-california-del-cielo-al-infierno/) y concluí que Trump tenía razón. Eso hicieron también sus electores y por ello no se puede hablar de postverdad, como nueva realidad política, sino de los líderes que saben identificarse con el sentir de las comunidades.

Pero si son entendibles y obviamente seguidas las razones sociales de Trump, lo son más las económicas.

Con la globalización de la economía se priorizó el capital sobre gobiernos y sociedades. En la búsqueda de mayores ganancias para las multinacionales se llegó a la pauperización de los salarios y la sobreexplotación de las fuentes de materias primas para reducir costos. Producir más barato, que el resto fue la consigna, y, obvio, la calidad del trabajo y su remuneración se vinieron abajo. ¿Y dónde? Precisamente en los lugares de mayores estándares de calidad del trabajo y mejor remuneración: en los países desarrollados. Estados Unidos, entre otros.

Y creció al desigualdad, y miles de empresas sucumbieron ante el poder de las multinacionales y todo el mundo buscó protección y Trump lo intuyó, eso prometió y eso ha hecho en sus primeros días de gobierno.

¿Cuántos y cuáles gremios no han pedido protección al gobierno ante la arremetida de la competencia internacional?, ¿Cuál colombiano no ha pedido protección para su fuente de empleo?, ¿Cuántas protestas hemos hecho por los bajos precios de nuestros productos?

Trump resulta siendo una exageración del mandatario que anhela y quiere gran parte de la humanidad.

Todo. Todo lo que pedimos los seres humanos en lo social, todo lo que pedimos en lo económico, es lo que ofrece Trump a los americanos. Y nosotros nos sorprendemos, nosotros nos aterramos. Nosotros somos un ejemplo perfecto de la doble moral del ser humano.

Sí. Trump es una versión aumentada de Alvaro Uribe: El Gran Padre. (Ver COLOMBIA HUERFANA https://eligiopalacio.com/2013/02/28/colombia-huerfana/)

ANTES DEL FIN

Juan Manuel Santos y Alvaro Uribe Vélez solo reconocen la corrupción en el gobierno del contrario. Sería más importante, que cualquier proceso de paz, que reconocieran sus errores y ayudaran a descubrir todos los vericuetos de la corrupción.

El entusiasmo de los colombianos por la serie sobre Chávez es comparable con el que sienten por las alocuciones televisadas de Santos.

Luis Alberto Mogollón es el nuevo director de noticias Caracol en Antioquia. Felicitaciones para el Maestro. El trabajo logra tarde o temprano el reconocimiento.

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DEL AMOR POR EL METRO DE MEDELLIN A LA DESIDIA POR TRANSMILENIO

DEL AMOR POR EL METRO DE MEDELLIN A LA DESIDIA POR TRASMILENIO
Eligio Palacio Roldán
TransLink, Brisbane – Australia

En octubre de 2014 escribí la columna UN VIAJE EN TRANSMILENIO http://wp.me/p2LJK4-13a, en ella afirmaba “Transmilenio es un excelente medio de transporte, muy similar al metro de Medellín, un acierto de Enrique Peñalosa que no se ha reconocido suficientemente en Colombia; sus problemas, los mismos del metro, la oferta es mucho menor que la demanda…”

A raíz de las protestas de hace algunas semanas en Bogotá contra el sistema masivo de transporte, retomé la columna y mis reflexiones sobre Transmilenio. Sigo sosteniendo los mismos argumentos, hay que decir que tanto el Metro de Medellín como el Transmilenio de Bogotá son excelentes medios de transporte, que viabilizan el desarrollo y la integración de cada una de las dos ciudades pero, ambos, se quedaron pequeños para el crecimiento de dichas urbes.

Si el sistema de transporte de Bogotá es caótico en horas pico, lo mismo ocurre en Medellín, en una escala algo menor; no es si no tratar de ingresar o de salir del metro entre las 6:30 y las 8:30 de la mañana o entre las 17:00 y las 20:00 horas para entender la similitud entre los dos sistemas: largas colas, estrujones, riesgos de atracos, desordenes al cerrar las puertas, etc. Entonces, ¿por qué uno parece ser la panacea y el otro un caos?

Los dos presentan errores de diseño, los dos han tenido problemas en la inversión de recursos para ponerlos en marcha, los dos tienen muchas limitaciones y, sin embargo, el Metro lo aman los paisas y lo aprecian los extraños y a Transmilenio no. Todo obedece a una cultura pensada y difundida desde el Metro (Cultura Metro), cultura ausente en Transmilenio de Bogotá. Obvio, también influye el regionalismo y la ambición de los paisas de ser los mejores.

“La Cultura METRO es entendida como el resultado del modelo de gestión social, educativo y cultural que el METRO ha construido, consolidado y entregado a la ciudad. Este modelo puede ser adoptado, total o parcialmente, por otras ciudades e instituciones que tengan como propósito la construcción de una nueva cultura ciudadana, la convivencia en armonía, el buen comportamiento, la solidaridad, el respeto de normas básicas de uso de los bienes públicos, el respeto propio y por el otro, entre otros aspectos.

A partir de 1994 la Empresa se propuso generar una nueva cultura en los habitantes del Valle de Aburrá consolidando, paralelamente, relaciones de confianza con los vecinos de las estaciones y las líneas del Metro para generar sentido de pertenencia y actitud de cuidado y preservación del sistema de transporte.”(https://www.metrodemedellin.gov.co/CulturaMetro.aspx)

“Cultura TM’ se encuentra en el marco del proyecto Cultura Democrática y Ciudadana, estrategia de la Bogotá Humana diseñada para sensibilizar a la ciudadanía en comportamientos y conocimientos enfocados a mejorar la convivencia y el sentido de apropiación por la ciudad. En el largo plazo se busca la ampliación de un conjunto de capacidades cívicas, tanto en la ciudadanía como en los funcionarios del gobierno de la ciudad, que potencien un ejercicio más democrático, creativo y constante de sus libertades y derechos sociales, económicos, políticos y culturales.” (http://www.transmilenio.gov.co/es/articulos/cultura-tm-un-programa-para-movernos-mejor)

Y ahí está el secreto. Mientras la Cultura Metro es “el resultado del modelo de gestión social, educativo y cultural que el METRO ha construido, consolidado y entregado a la ciudad”, la Cultura Transmilenio parece ser solo una estrategia de las alcaldías de turno. Es decir, mientras los ciudadanos de Medellín y de Antioquia sienten que el metro les brinda bienestar, seguridad  y confort, los habitantes de la capital sienten que el Transmilenio hace parte del gobierno y que éste está en la obligación de prestar un buen servicio. A uno se le agradece, al otro se le exige. Además, pocos antioqueños asocian su sistema de transporte con el gobierno local, aunque es bien sabido que los gobiernos de Medellín siempre son percibidos como buenos y se les toleran algunas dificultades y los de Bogotá son señalados como nefastos y no se les perdone nada.

¿Qué hacer entonces? Pues independizar a Transmilenio de los gobiernos de Bogotá, darle identidad y autonomía. “Copiar” la Cultura Metro de Medellín, aunque parezca un poco tarde y vencer la desidia de los bogotanos hacia su sistema de transporte.

ANTES DEL FIN

El año anterior tuve la oportunidad de visitar la ciudad de Brisbane-Australia y degustar su sistema de transporte TransLink, un sistema bastante parecido a Transmilenio.

Brisbane cuenta con un tren, digamos que de cercanías, con varias estaciones en la ciudad y en las afueras de la misma; un sistema de transporte fluvial por el río que la atraviesa y un sistema articulado de buses, con cientos de estaciones, igual a Transmilenio. Bueno no igual, parecido. Allí las vías son rápidas, hay túneles por todo el centro de la ciudad, con semáforos incluso, una tecnología que le permite al usuario abordar los vehículos a tiempo, con solo consultar el celular para saber la hora de arribo a las distintas estaciones, y una cultura envidiable. Obviamente, Australia es un país desarrollado y Colombia pertenece al cada vez más empobrecido tercer mundo. El problema no es el sistema de transporte, está en su capacidad financiera y política para desarrollarse y prestar un buen servicio.

ERNESTO SAMPER UN NEFASTO PERSONAJE

Ernesto Samper
UN NEFASTO PERSONAJE
Eligio Palacio Roldán

Así como un día le entregó el alma a los narcotraficantes, hoy se la entrega al demonio de Maduro,

Las actuales generaciones poco saben de él y las viejas quizás lo han olvidado, pero ahí está,  al acecho. Su más reciente aparición, esta semana en medio de la crisis en la frontera colombovenezolana: “las deportaciones de colombianos desde Venezuela enrarecen el clima de opinión necesario para perseguir a los paramilitares colombianos que sí están traspasando las fronteras”, dijo.

El señor Samper dio por hecho que las expulsiones de colombianos por parte del presidente Maduro, de Venezuela, eran legítimas.

Pero esta no es la peor historia del hoy Secretario General de Unasur. Fue presidente de Colombia a finales del siglo XX, gracias a la financiación de  su campaña política por parte del narcotráfico. Ese hecho manchó de indignidad a nuestra patria y la sumió en su mayor descrédito en la historia de las naciones.

Al descrédito del país, se unió una gran crisis económica, entre 1994 y 1998, provocada por un presidente que se aferró al poder, a costa de todo. Aún se recuerda su premonitoria frase “Aquí estoy y aquí me quedo”. Y aquí se quedó, para siempre, haciendo daño.

En medio del desprestigio pero con la anuencia de los grandes medios de comunicación, que le debieron muchos “favores”, continuó mimetizado en el poder, poder que se debilitó en el gobierno Pastrana pero que fue tomando presencia en la llamada izquierda colombiana, en las alcaldías de Bogotá, que también tiene sumida a la capital colombiana en la desesperanza.

Y, bueno, sucedió lo que tenía que suceder en un gobierno como el de Santos, que le ha entregado todo a la izquierda latinoamericana, por la obsesión de firmar unos acuerdos de “paz” con unos dirigentes guerrilleros, decrépitos, a punto de extinguirse por la ley natural de los humanos: la muerte que llega con la vejez. Aceptó que, de la mano del presidente venezolano y, que sabe uno, quizás Piedad Córdoba (Teodora Bolivar) llegara a la presidencia de UNASUR el monigote de Ernesto Samper, donde así como un día le entregó el alma a los narcotraficantes hoy se la entrega al demonio de Maduro, para detentar algo de poder, poder que indefectiblemente es su obsesión.

Que nefasta la presencia de Samper en nuestra historia, que nefasta la financiación de su campaña presidencial por el narcotráfico, que nefasta su manipulación de los medios de comunicación en contra de Pastrana o de quien no le sirva a sus intereses mezquinos, que nefasta su influencia en la izquierda colombiana, que nefasta su influencia en el partido liberal y que nefasta su presencia en UNASUR, apoyando al dictador Maduro en Venezuela.

Y que nefasto también, para Colombia y los colombianos tener puestas sus esperanzas, para un proceso de paz, en el apoyo de un dictador como Maduro. Si el resultado del Proceso de Paz con las Farc es la creación de un gobierno similar al de Venezuela que Dios nos libre de un resultado positivo en las negociaciones. Mejor, mucho mejor, seguir en guerra que llegar a una paz como la que se vive en el vecino país: una paz de hambre.

ANTES DEL FIN

Me decía un amigo, con una veintena de hermanos, que como su familia era tan numerosa era lógico que allí convivieran todas las clasificaciones posibles de los seres humanos: desde santos, hasta demonios. No sé cuántos hermanos conforman la familia Samper Pizano, lo que sí sé es que no se compadece, para nada, el excelente periodismo y la crítica sana que siempre ejerció Daniel con la infortunada presencia de Ernesto en la política y en los círculos de poder de Colombia y de Latinoamérica.

CHAPINERO. UNO VUELVE SIEMPRE…

CHAPINERO. UNO VUELVE SIEMPRE…
Eligio Palacio Roldán
“Uno vuelve siempre 
a los viejos sitios
donde  amó la vida
y entonces comprende
cómo están de ausentes
las cosas queridas…” 
 

Este trozo de la hermosa “CANCIÓN DE LAS SIMPLES COSAS”, de Mercedes Sosa, es la síntesis de El Viajero, http://wp.me/P2LJK4-3m, un personaje que regresa después de muchos años, desde el más allá, a recorrer los espacios del pasado. Obvio, transformados por el tiempo y los seres que los habitan.

Esta experiencia pensada en las fantasías de este autor la viví el pasado jueves, 13 de agosto de 2015, recorriendo algunos espacios transitados con frecuencia 25 años atrás.

Viajaba en Transmilenio hacia el Portal del Norte. De repente, la nostalgia se apoderó de mis ser y me hizo descender del vehículo. La cita fue en la avenida Caracas con 63, sector Chapinero, en Bogotá DC.

El sector ha cambiado para bien: menos buses contaminando, menos venteros ambulantes, menos volantes de prostíbulos y de lectores de amor y fortuna; tal vez, menos ladrones. Luego,  el parque de Lourdes y su iglesia en remodelación. El parque se me antojó inmenso y solitario, sin el bullicio de antes. Tal vez el silencio era el mío… Luego la iglesia con la misma virgen y los mismos seres atormentados pidiendo ayuda. Una fotografía para recordar una travesura de ayer.

Y luego, las mismas calles, los mismos vendedores y el mismo Almacén Carulla, detenido en el tiempo. La misma barra  de ensalada de frutas, donde algún día una vendedora me regaño por comer sin comprar.

La séptima llena de vida de norte a sur y de sur a norte y las filas para tomar el bus y las panaderías donde se entendió el significado del pan en la alimentación colombianos.

Después Chapinero arriba buscando un apartamento en el recuerdo. Y, éste, que no aparece y caminar y dar vueltas y desesperar y tratar de separar las telarañas de los años para tener claridad. Y, de pronto, el mismo jardín, la misma fachada, otra puerta, otra portería, otro portero. El mismo piso encerado, el mismo olor, el mismo color. Y, luego, Un nuevo adiós y la posibilidad incierta del regreso.

Y uno piensa, entonces, ¿con cuántos seres te cruzas en la vida?, ¿con cuántos y con cuáles puedes establecer una mínima comunicación? ¿Qué de uno se queda en ellos, o al menos en su mirada? ¿Cuánto de uno se queda en cada espacio que recorre?, ¿Cuánta energía, cuántas imágenes, cuántos sonidos, cuántos suspiros? Y, ¿qué pasa con esos restos? ¿Contaminación o energía universal? Y entonces vas muriendo, de a poco, esparciendo tu esencia por los sitios que cruzas.

Y cuando ya no existas, ¿tu esencia podrá “volver a los sitios donde amó la vida?, y ¿qué sentirá?

Es incierta la vida. Más la muerte.

Mientras tanto emprende un día el regreso, camina lo ya andado, y redescubrirás los espacios y, quizás, tú ser.

ANTES DEL FIN

Esta semana nos preguntábamos ¿qué pasará con el facebook de alguien que se muere? Y qué pasará con su página web, con su blog? Tal vez, sin llegar a ser artistas famosos, nos llegó la oportunidad de ser eternos, en las redes sociales. Allí, ojalá no enredados, quedarán inmensos fragmentos de nuestra existencia.

En días pasados, también después de muchos años, regresé a Caracol Radio en Medellín. Vale decir que en esa emisora como en toda la radio colombiana, “Todo tiempo pasado fue mejor”.

 

UN VIAJE EN TRANSMILENIO

UN VIAJE EN TRASMILENIO

Eligio Palacio Roldán

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Aunque viajo con alguna frecuencia a Bogotá nunca había utilizado el servicio de transporte masivo Transmilenio; en esta oportunidad decidí hacerlo, no lo niego, con cierto grado de morbosidad, de la que manejamos los paisas, al compararnos con otras regiones del país.

El ingreso fue en la estación de Puente Aranda, en la calle 13 con carrera 37, mi destino la estación El Portal del Norte en la autopista norte con calle 170; cierto nerviosismo me indujo a llevar la billetera y el celular a los bolsillos delanteros del pantalón, en donde deje también mis manos por largo tiempo hasta cuando pude conseguir un asiento; por unos minutos me sentí en el metro de Medellín, en las horas pico, una fuerza incontrolable me depositó en el vagón del bus en donde me limité a respirar, nada de movimientos. Digo respirar, pero eso no es cierto, no pude hacerlo, un olor a sudor, de dos o tres días de alguien que no se baña, acompañado de desodorante con una fragancia penetrante, me lo impidió.

Miraba de lado a lado con temor, seguramente alguno de mis compañeros de viaje me iba a robar, y como si fuera poco no sabía si me habían subido al vehículo que cumpliera con mi recorrido, no alcancé a leer; llegando al sector de  San Victorino, lugar cargado de viejos, temerosos y amables recuerdos, me di por vencido, traté de bajarme del vehículo, para tomar un taxi, pero una multitud me llevó de nuevo al interior del vagón y me precipitó sobre el coche de un bebé que comenzaba a llorar; allí, muy estrecho, poniendo un pie sobre el otro, encontré un refugio hasta la altura de la calle 42 cuando entre el tumulto, no sé cómo, ingresó un señor arrastrando un nuevo coche: Este es el lugar de los bebés, me dijo;  yo sin saber cómo, me volví a acomodar.

Una mujer, de unos cincuenta años de edad, demacrada, que viste pobre, relata como la policía la dejó subir al vehículo y como los pasajeros “víctimas del egoísmo que carcome la sociedad” seguramente, no le prestará atención, para concluir pidiendo limosna para una niña recién accidentada.

Por fin encuentro donde sentarme, minutos antes había podido mover un poco mis pies cansados, estaba a la altura de la calle 63, junto al parque de la iglesia de Lourdes, también cargado de recuerdos tan lejanos y tan presentes, en este transcurrir por la vida sin tiempo; era el momento para revisar mensajes en el celular y visitas a www.eligiopalacio.com; la alegría duro poco, volvieron los infinitos minutos sin respiración, un hombre de unos treinta años de edad dormía de pie, a mi lado, con un guayabo de muchos días, concentrado en un olor penetrante a alcohol, y otra vez, si otra vez, a sudor de varios días; la falta de aire continuó hasta la estación de la calle 100.

Otra persona, un hombre, exponía esta vez sus miserias ante un público ausente, la mayoría dormido; hablaba de la falta de trabajo y de la imposibilidad, también,  de acceder a algún servicio de salud. Un hombre  bastante mayor trata de abandonar el vehículo a la altura de la calle 142, lleva una caja de aguacates, bastante apetitosos, que le impide salir, atropella varias personas a su paso.

Alguien, que usa muletas, ingresa en una estación, ya no me interesa saber cuál, me siento cansado, pisa, con una de ellas, a una señora que grita adolorida.

En un estado semidormido, el ideal para mí, escucho que el viaje terminó; bajo aceleradamente, la tortura concluye; un cúmulo de basura y un olor penetrante a orina me recibe.

 ANTES DEL FIN

Transmilenio es un excelente medio de transporte, muy similar al metro de Medellín, un acierto de Enrique Peñalosa que no se ha reconocido suficientemente en Colombia; sus problemas, los mismos del metro, la oferta es mucho menor que la demanda; algo a imitar del metro,  la prohibición de utilizarlo para mendigar,  llevar grandes paquetes o cajas, acceder al servicio ebrio e invertir muchos esfuerzos en cultura ciudadana para evitar las basuras y sobre todo (no pretendo ofender) para que los bogotanos se bañen.

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