CARTA ABIERTA PARA UN PREJUBILADO DE LA DIAN Y DEL MUNDO
Eligio Palacio Roldán
Querido excompañero:
Sé de tu amor por la entidad, sé de tu dedicación y empeño, sé que puede haber temores por un futuro a corto plazo —incierto; el a largo plazo es evidente e ineludible—, pero creo que estás desperdiciando los mejores momentos de tu existencia: sentir la satisfacción del deber cumplido caminando ligero de equipaje, sin el peso de la responsabilidad laboral sobre los hombros, sin ambiciones, sin obligaciones; tranquilo. Disfrutando cada amanecer, el esplendor del día o la llegada de las brumas de la noche. Sin afán, sin afanes… Recibiendo los millones de regalos que te ofrece la vida a cada instante, a cada paso: respirar, moverse, ver, oír, oler, saborear, tocar. Estar.
Pararte un instante y mirar atrás. Allí quedaron las luchas por ser alguien en la vida. Ya fuimos. Ya somos.
Hay que agradecer cada una de esas batallas que quizás aún estén en la memoria, las pequeñas grandes frustraciones y ambiciones que ahora son solo anécdotas, los momentos difíciles y las muchas alegrías: respirar profundo, erguir el pecho y gritar al universo que viviste, y que ese solo hecho es un gran triunfo.
Agradecer a Dios, a la familia, a la entidad, al universo.
No pierdas los mejores y últimos años de tu vida por negarte a aceptar una realidad: tu ciclo en la entidad terminó.
Es el momento de agradecer por los años vividos bajo ese techo, por los encuentros y desencuentros propios de la vida laboral, por haber sido útil para tu familia, la entidad y la sociedad. Para el país.
Llega la oportunidad de servir de otra manera; centenares, miles de jóvenes —incluso algunos de tu familia— están esperando una oportunidad igual a la tuya. No seas egoísta, cede tu lugar, deja que otros recorran ese maravilloso viaje que debe terminar para ti. No te aferres, hay que soltar, y cuando lo hagas llegarán decenas de cosas por hacer; el tiempo no te alcanzará.
Aprovecha tu vitalidad, no esperes a que el desgaste sea mayor. Tienes mucho para dar aún; claro, bríndatelo, quiérete, disfruta. Vive. Aprende un arte u oficio, medita, estira tus músculos, muévete.
Que trabajar en la Dian es maravilloso, es verdad, pero hay otros prodigios allá afuera, tras la puerta que cruzaste por primera vez hace muchos años conteniendo la respiración, asustado, nervioso, lleno de sueños, y que seguiste atravesando durante tanto tiempo y que ahora debes cerrar para siempre.
Hay mucha vida afuera de esa puerta, en la calle: posibilidades de crecimiento personal y profesional a las que renunciaste por falta de tiempo y que ahora se abren para ti.
Suelta y recibe.
ANTES DEL FIN
Según comentarios de esta mañana, el libro Magnicidios: cómo opera la maquinaria mortal de la criminalidad política, de José Obdulio Gaviria, es de obligatoria lectura para comprender la historia de Colombia.
Pasó la primera jornada de protesta de la izquierda en la era De la Espriella. Le fue bien al gobierno. Aunque estas protestas con fines políticos continuarán, se espera que puedan ser controladas y no se desborden como en la campaña presidencial de Petro.
Y, bueno… Antes del fin, jubílate.
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