EL PRECIO DEL OLVIDO
Eligio Palacio Roldán
Visto en perspectiva pareciera imposible que lo hubiese olvidado, pero así era. Y ahora estaba allí, en un mañana temido tantos atardeceres. Solo, inseguro, desprotegido, en un mundo al que ya no pertenecía. Un tibio rayo de luz, que rompía la desnuda ventana, iluminaba la humilde habitación.
Y sus haberes, aquellos que tanto esfuerzo y satisfacción le habían generado estaban ahora dispersos, sobre un suelo infinito. Otros habían desaparecido, quizás los de algún valor monetario: La cama, el colchón de rallas azules sobre gris, las cortinas de círculos cafés y amarillos, sobre blanco. El radio reloj electrónico que lo despertara para comenzar incontables días.
Quién los tendría ahora, ese alguien sabría que le pertenecieron y si así fuese, ese hecho cómo lo afectaría.
Un leve viento movía algunas de los miles de hojas, esparcidas por el piso, sobre las cuales se vislumbraba su trémula firma, una que otra fotografía amarillenta y roída por las ratas o por el tiempo, que hablaba de momentos y seres que se creyeron inolvidables y que ahora no aparecían en sus bucólicos recuerdos.
No importaba, nada importaba en este instante. Era imposible reconstruir el rompecabezas de su historia, faltaban muchos trozos de vida perdidos en la memoria. Era el precio del olvido.
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