EL SIGLO XXI

EL SIGLO XXI

Eligio Palacio Roldán

El viajero observa emocionado las puertas de lo que fue el Café de doña Otilia. Aquella mujer que un día llegó al pueblo con sus cientos de maletas cargadas de  teatro, música, bohemia.

Al comienzo fue recibida con desconfianza, con curiosidad, con envidia. Muchos se persignaron presintiendo un tiempo de pecado.

Un domingo, el Café abrió su par de grandes puertas de dos alas y las dudas desaparecieron para dar paso a la admiración: Las cortinas de encajes color ocre, las sillas estilo vienés, las lámparas que parecían abarcar todo el espacio,  el escenario con un gran micrófono, las guitarras, el piano y luego la casa de Otilia con los cuadros de pinturas gigantes, los muebles estilo Luis XV y un extraño aparato donde la mujer metía su cabeza para secar el cabello.

El viajero cruza la puerta izquierda del antiguo café. Desea tomarse una mañanita (Un aguardiente con leche caliente y algo de azúcar); una intensa luz azul  ciega sus ojos; un ruido de una canción, quizás en otro idioma, le ensordece; cientos de personas deambulan de un lugar a otro. El no sabe porqué.

Se acerca al lugar  donde una vitrina de vidrio transparente reemplaza el antiguo mostrador de madera. Una jovencita de unos 16 años le pregunta que desea consumir. El hombre no sabe que pedir, no conoce los productos que se exhiben, tampoco puede leer las marcas que se le antojan extrañas.

–         Un vaso con leche, dice entre dientes el viajero

–         Light o deslactosada,   pregunta la vendedora

–         De vaca, responde el viajero

El hombre fija su mirada en varias personas que corren sobre una banda sin llegar a ninguna parte, otros compiten en velocidad sobre unas bicicletas que no se mueven ni un centímetro, algunos más levantan grandes pesos que  luego depositan en el mismo sitio.

En otro espacio unos más parecen jugar con grandes balones, una mujer rolliza sube y sube por una escalera sin llegar a ningún lado. Todos visten ropas extrañas, ceñidas a unos cuerpos que parecen esculpidos. Sudan copiosamente.

El viajero siente que ese mundo imaginario que lo estremeció, en la década del 70,  ya llegó. Y él está aquí en el siglo XXI. Siente terror.

Llegan a su mente las imágenes que construyó cuando leyó la novela de Max Ehrlic EDICTO SIGLO XXI. En ella se relataba la historia de una humanidad, en una tierra superpoblada, controlada en los más mínimos detalles por un poder central, y condenada,  por el hacinamiento, a no reproducirse.  Recuerda la fuga de una pareja embarazada, recorriendo  montañas de basuras y expuesta a la radioactividad.

En una escena de la novela,  grupos de hombres, también sudorosos, trasladan piedras de un andén a otro que luego regresan al lugar de origen, por cientos y cientos de veces, tratando de pasar el tiempo y no enloquecer.

Un hombre de color negro, fuerte, musculoso, se acerca. El viajero palidece, un sudor frío le recorre el cuerpo: No puede ser que Jesús también esté de vuelta, después de tantos años…

Continuará… 

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