PARALIZADO

PARALIZADO

Eligio Palacio Roldán

Aunque solía dormir profundamente, esa noche, sintió que se sumergía en dimensiones desconocidas. Sin saber cómo, llegó hasta su lecho y sin ni siquiera cambiarse de ropa y cubrir su cuerpo con una sábana, como solía hacerlo, se durmió.

Pasadas las horas sintió como si lo amarrasen, aún más, a su cama. Un viento leve movía su cabello, viento que lo liberaba de varias, muchas, cosas.

Al comienzo sintió como su habitación y su casa iban quedando libres de los objetos que lo habían acompañado toda su vida… Uno a uno fue saliendo de su vista. Después se desprendió de sus objetos personales y más tarde de los temores y angustias que lo acompañaron como humano.

No supo a ciencia cierta cuantas horas durmió, quizás fueron días, o tal vez años. Lo cierto es que al abrir los ojos descubrió estar en su casa. En su casa vacía.

EL BESO DEL ADIOS

EL BESO DEL ADIÓS

Eligio Palacio Roldán 

IMG_20190818_195243_797

Desde siempre espero ese beso. Incluso creería que desde antes de nacer. Lo imagino cientos, miles de veces. Lo lloró también en sus días de melancolía.

Con el paso del tiempo lo creyó imposible. Máxime después de su partida.

Aquella noche, después de un intenso día, cuando transitaba  los senderos insondables del sueño, ella llegó hasta su cama, le apartó la sábana que le cubría el rostro y lo besó.

El se sintió feliz por unos instantes, hasta que comprendió que aquél no era ese primer beso soñado, si no el ultimo. El beso del adiós

EL TRIANGULO

EL TRIANGULO

Eligio Palacio Roldán

Lo tenía en su memoria. También  escrito en las pocas líneas de su diario inconcluso. Bueno, sin iniciar se diría. Fue un sueño…

Era una noche oscura y fría. Llovía. El taxi lo dejó en el amplio parque, con la iglesia al fondo. Era quizás el parque más grande de la ciudad. De muchas ciudades.

Corrió hacia un andén para protegerse de la inclemente lluvia. La calle estaba oscura. Tuvo miedo. Miró en todas las direcciones y solo sombras. “Sombras nada más”.

Camino lentamente, pegado a la pared, por la calle diagonal, como una sombra más, hasta que llegó al vértice del triángulo. Una intensa luz envolvió su trémulo cuerpo, se cubrió la cabeza, con las manos, tratando de protegerse de la corriente eléctrica del rayo que no llegaba, que no llegó.

Poco a poco fue girando su cuerpo y se encontró con la luz intensa de la salsamentaria que abría su puerta, en el propio vértice del triángulo. Un hombre, de mediana estatura, emergió tras el mostrador.

  • ¿Que busca señor?, interrogó.
  • Busco un salón donde hay una fiesta, respondió sin lograr calmar su ansiedad

El hombre saltó hacia un costado de la salsamentaría y abrió una puerta que daba paso a una oscuridad profunda.

  • Cruce la calle le dijo, es al frente.

En ese instante, recordó el sueño descrito en su diario. El terror le recorría el cuerpo desde la punta de su cabeza hasta los dedos de los pies. Es la puerta hacia la muerte, pensó.

Y luego, desapareció en medio de la oscuridad.