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EL PERSONAJE DEL AÑO: LA CORRUPCIÓN

EL PERSONAJE DEL AÑO: LA CORRUPCIÓN

Eligio Palacio Roldán

Pero, el recuerdo, el gran recuerdo del año que termina, el personaje del año, para nuestro país, será la desgracia de la corrupción y la corrupción también incluye el negociado del gobierno Santos con las Farc.

“No hay muerto malo” es una expresión popular utilizada para indicar que lo que queda, normalmente, de un ser que se marcha, para siempre, es el recuerdo de las buenas acciones desarrolladas durante su existencia.

Y digo normalmente porque no siempre es así, Pablo Escobar, por ejemplo, tuvo una que otra acción que lo hace ser recordado con cariño, pero en la sociedad en general predominan los malos recuerdos. Lo mismo sucederá para Colombia y los colombianos con el año 2017 que está muriendo por estos días.

Del 2017 quedarán recuerdos gratos como el de Rigoberto Urán triunfante en el Tour de Francia, subcampeón, y en la Clásica Milán Turín, campeón; la clasificación al mundial de fútbol, Rusia 2018, de la selección Colombia y los triunfos de otros cuantos deportistas más. También, los logros de nuestros artistas en el mundo: Los premios Grammy de Shakira, Juanes, Jorge Celedón, Alex Campos, entre otros y la proyección internacional de Vives, J. Balvin, Maluma y varios más. Sin duda, la música es lo mejor de Colombia, a nivel mundial, en lo corrido del siglo.

Pero, el recuerdo, el gran recuerdo del año que termina, el personaje del año, para nuestro país, será la desgracia de la corrupción y la corrupción también incluye el negociado del gobierno Santos con las Farc, porque una paz como la pactada, con impunidad, donde los criminales son tratados como ídolos no es otra cosa que corrupción. Negociado que poco a poco va mostrando su esencia y los miles de millones que se repartieron para comprar conciencias, en el Congreso y en los medios de comunicación, para tratar de construir una verdad que se diluye ante la realidad.

Pero, además, fue el año de Reficar, del fiscal anticorrupción Gustavo Moreno, del robo de las regalías en Córdoba y la Guajira, de Odebrecht, de los Carteles de la Toga y de cientos de casos que destaparon las autoridades y la prensa.

El escándalo de Odebrecht, no suficientemente aclarado, involucró las campañas presidenciales del excandidato Oscar Iván Zuluaga y del hoy presidente Santos de tal manera que evidenció que Colombia no ha podido superar el legado del expresidente Samper: La financiación de la campaña presidencial, de 1994, por la mafia del narcotráfico del Cartel de Cali.

Afirman algunos analistas que no son comparables los casos de corrupción en las campañas Samper, Zuluaga y Santos pues la primera tuvo la marca del narcotráfico y las segundas no, que fue más grave lo primero. Digamos que fue más grave lo de Samper por marcar un sendero nefasto para Colombia, pero horrible lo segundo porque comprometió los recursos del presupuesto nacional, dineros del esfuerzo de todos los colombianos que se pagan con los impuestos. Dineros que fueron “robados” a la salud, a la educación, a los ancianos, a  todos y cada uno de nosotros: Los ciudadanos.

Se diría que el 2017 es un año para olvidar como se pretenden borrar de la memoria los malos tiempos de la propia existencia: pero no debe ser así. El 2017 debe ser el año en que por fin Colombia “toque fondo” en materia de corrupción y a partir de ahí, de ese reconocimiento, comience a construir una nueva historia, una historia con valores éticos y ciudadanos que nos permitan tener un mejor país para todos.

ANTES DEL FIN

No soy uribista como se puede evidenciar en mis columnas sobre Alvaro Uribe, pero los mejores candidatos a la presidencia de Colombia están bajo su liderazgo: Martha Lucía Ramírez e Iván Duque. El apoyo de Uribe será su mayor fortaleza, pero también su mayor debilidad.

FELIZ NAVIDAD. No se pierdan lo mejor de esta época del año en https://eligiopalacio.com/navidad-2/

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CORRUPCIÓN… ¿QUE FALTA? ¿QUÉ SIGUE?

CORRUPCIÓN… ¿QUE FALTA? ¿QUÉ SIGUE?

Eligio Palacio Roldán

Los tiempos lógicos del psicoanálisis hablan de momentos para ver, comprender y concluir.  Se supone que luego del tiempo de concluir llega la modificación de las conductas que le hacen daño al ser humano. En materia de corrupción, en Colombia, a simple vista, esos tres tiempos hace mucho rato terminaron y no parece verse ningún efecto positivo de transformación en nuestra sociedad.

¿Será que falta tiempo para ver? No creo. Hemos visto  cómo la corrupción irrumpe en los pequeños poblados y en las grandes ciudades, en los concejos municipales y en el Congreso, en las alcaldías y en la Presidencia de la República, en las inspecciones de policía, los juzgados y las cortes, en los  pequeños círculos de poder y en las grandes corporaciones, en el ejército y en la policía. En fin, hemos visto cómo este flagelo se esparce por el país cubriéndolo todo.  Pasamos de los tiempos de Turbay Ayala, en la década del 80, del siglo pasado, cuando nos escandalizamos por su propuesta de reducir la corrupción a sus “justas proporciones” a pensar que ojalá tuviésemos los niveles de esa época.

Con la corrupción sucedió lo mismo que con el narcotráfico: fue visto con simpatía o con indiferencia hasta que permeó casi toda la sociedad colombiana. No en vano, ocupamos el primer lugar de producción en cocaína en el mundo.

¿Será que falta tiempo para comprender? Creo que sí. No hemos comprendido del todo. Nos parece monstruosa la corrupción de la clase política, del congreso, del ejecutivo pero nos parecen normales las pequeñas grandes corrupciones nuestras: colarnos en las filas, cruzar los semáforos en rojo, eludir el pico y placa, entrar al colegio o a la universidad con alguna “ayuda”, comprar la libreta militar, evadir impuestos, recibir prebendas por ayudar a la consecución de algo o el otorgamiento de un contrato. Nuestra cultura es del “vivo”, no del estúpido.  El otro es un corrupto: Yo mismo, o los seres cercanos a mí  astutos e inteligentes.

Falta tiempo para comprender el mal que le ha hecho a Colombia la elección popular de alcaldes en pequeños municipios, que han sido hipotecados a los corruptos y/o a los delincuentes de cualquier calaña, para dilucidar las nefastas consecuencias de la reelección presidencial y de las negociaciones de la paz con las Farc a cualquier precio.

¿Será que falta tiempo para concluir? Mucho. Si no se comprende tampoco se concluye. Se requiere aceptación por parte de todos y cada uno de los colombianos y entender que la corrupción es un mal que destruye la sociedad, que genera injusticias e impide la convivencia en paz entre los humanos. No basta con observar pasivamente lo que pasa, En esto tienen mucha responsabilidad los medios de comunicación que tienen que ser más incisivos y exhaustivos a la hora de demostrar las consecuencias nefastas de esta desgracia.

Falta tiempo para que surjan líderes que nos permitan ayudar a comprender y a concluir que el fin no justifica los medios, que el bien general está por encima del particular, líderes que generen credibilidad al estilo de lo que fue alguna vez Alvaro Uribe Vélez, quien desaprovechó la mejor oportunidad en la historia de Colombia para cambiar las costumbres y la forma de hacer política. En el momento esos líderes no existen, todos hacen parte de un sistema político corrupto. Tal vez sea hora de darle la oportunidad a una mujer para que tome las riendas de nuestro país. Es sabido que los niveles de corrupción entre ellas  son inferiores a los de los hombres. Por ahora, aparecen cuatro que pueden dar la pelea: Martha Lucía Ramírez, Clara López, Claudia López y Viviane Morales, ¿será una de ellas la primera en ocupar la  presidencia de Colombia?

ANTES DEL FIN

Nueve columnas sobre el tema de la corrupción en cinco años, de www.eligiopalacio.com, y múltiples referencias en los cientos de escritos muestran una permanente preocupación por una de las mayores problemáticas de la sociedad de hoy. Problemática que parece agravarse, día a día, con el destape de escándalos como el de Odebrecht:

DISCUTIENDO MARICADAS

Adopción gay

DISCUTIENDO MARICADAS

Eligio Palacio Roldán

“Como tantas otras veces, seguramente, nuestra clase dirigente, nos estará brindando circo, discutiendo maricadas, mientras se roban lo que quede de país”.

En un país donde su líder natural, el presidente de la república,  solo cuenta con una aprobación del 26% de la población, donde dos escándalos de corrupción, Odebrecht y Reficar, se disputan el primer lugar en la cuantía de la defraudación del estado y en la “calidad” y alcurnia de sus protagonistas, donde disminuye el consumo en los hogares y la economía se desacelera, donde el Congreso legisla, vía fast track, a favor de unos terroristas que mantuvieron amenazada la población por más de medio siglo y donde no se cree en la justicia ni en la clase política, a algunos personajes les da por entablar discusiones maricas. Dos ejemplos:

La primera, digamos la menos babosa, fue la que se produjo por el ateísmo del Ministro de Salud Alejandro Gaviria. Obvio, atizada por declaraciones del arcaico exprocurador Alejandro Ordoñez. No faltó si no que lo quemaran vivo. Si algo ha mostrado Gaviria, en su trayectoria pública, es su responsabilidad con la sociedad y la ética y coherencia con que maneja los asuntos públicos, características escasas entre nuestra clase dirigente y que origina, precisamente, la crisis de liderazgo que afronta el país.

La segunda raya en la ridiculez: Le ha dado a la Senadora  Viviane Morales, recordada por su apoyo al expresidente Samper, el del elefante, por inventarse un referendo que costaría 280.000 millones de pesos, pretendiendo la aprobación de los colombianos, para prohibir a las personas solteras y/o gay la adopción de menores sin hogar.  Para ella, la única familia posible es la que incluya un hombre y una mujer como pareja y como seres idóneos para criar a los niños.

Parece no saber u olvidar, la señora Viviane,  los cientos de familias constituidas por madres cabeza de familia, en la sociedad del Ocaso del Padre. Ocaso originado en la ausencia física o mental de los hombres en el mundo de hoy y más en Colombia como consecuencia de la guerra; los miles de padres, heterosexuales, que abusan de los menores; los miles de padres que ejercen violencia física y/o afectiva contra sus hijos.

Bueno, digamos que la Senadora tiene sus propias razones originadas en sus convicciones religiosas y que lucha por sus ideales. Hasta ahí todo bien. Lo que no resulta lógico, ni ético, ni moral incluso, es que utilice la política y al Congreso para el logro de sus fines personales. En esa faceta, no hay ninguna diferencia entre la senadora Viviane Morales y los líderes del islamismo y debe existir, porque Colombia es un país laico.

Pero si la posición de la señora Viviane es reprochable, la es aún más la de otros dirigentes políticos que acuden a apoyar el costoso referendo buscando réditos políticos. Y el referendo no solo será costoso por los 280.000 millones de pesos que valdrá, si no por el tiempo que se gastará en discusiones insulsas en el Congreso y en los medios de comunicación, mientras que la economía y la estructura del estado se desploman. Quizás, como tantas otras veces, seguramente, nuestra clase dirigente, nos estará brindando circo, discutiendo maricadas, mientras se roban lo que quede de país.

Sobre el tema, ver NO A LA ADOPCIÓN https://eligiopalacio.com/2015/02/20/4661/

ANTES DEL FIN

  • Los 280.000 millones, que costaría el referendo, para limitar la adopción de menores, debieran ser utilizados en mejorar los orfanatos o en educar a los mayores para un trato digno de los niños.
  • ¿Cuándo regresarán a la televisión colombiana las novelas de autor?
  • Qué bueno es “A yo me llaman” de Sábados Felices. Si lo ves, “te va a gustar el doble”.

LOS CIENTOS DE ODEBRECHT(ITOS) DE COLOMBIA

LOS CIENTOS DE ODEBRECHT(ITOS) DE COLOMBIA

Eligio Palacio Roldán

DON CARLOS 047

Informó, ayer, la Agencia Efe de noticias, desde Rio de Janeiro que Uno de los ejecutivos de Odebrecht que aceptó colaborar con la Justicia confesó que la mayor contratista de Brasil invirtió 700.000 reales (unos 225.800 dólares) en unas obras en una casa de campo que era usada por el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva.

La constructora realizó mejorías en la residencia, construyó una casa para los guardaespaldas de la Presidencia, un depósito, una cava y una sauna, y concluyó obras en la piscina, la cancha de fútbol y un lago de la casa cuya escritura de propiedad está a nombre de los empresarios Jonas Suassuna y Fernando Bittar, amigos del ahora exjefe de Estado, a los que la Fiscalía considera como testaferros de Lula…”

Esta misma historia, con diferentes protagonistas, la he escuchado cientos de veces en los últimos treinta años. Los otros protagonistas, nuestros alcaldes de grandes ciudades y pequeños pueblos, concejales, diputados, congresistas y contratistas, muchos de ellos formados bajo los principios de trabajo y rectitud.

Es tan común esta historia que es “natural” que las campañas políticas sean financiadas por los contratistas, quienes invierten en todas las candidaturas con opción de ganar.  Y es tan común, que los contratistas son los mismos desde hace muchos años y conforman una especie de mafia a la que es difícil ingresar. Incluso, conozco varias casas fincas, en Colombia, construídas al estilo de la de Lula

En consecuencia, nuestra democracia es una colección de pequeños y medianos Odebrecht(Itos).

Lo extraordinario del caso Odebrecht no es la cuantía de la corrupción, ni la calidad ni la cantidad de involucrados; lo extraordinario del caso, es que mientras los medios de comunicación y los generadores de opinión se muestran escandalizados, al común de los ciudadanos les parece algo normal y los corruptos sienten un fresquito y creen que su pecado es nimio en comparación con el escándalo del momento. De una u otra manera se sienten con patente de corso para continuar con sus fechorías.

También les parece normal a nuestros dirigentes, no en vano han hecho lo mismo durante toda la historia de Colombia y seguramente lo seguirán haciendo. Por eso se explica que ni a Alvaro Uribe ni a Juan Manuel Santos se les vea una verdadera voluntad para esclarecer la muy posible presencia de dineros de la multinacional brasileña en las campañas presidenciales de sus movimientos políticos.

Ni que decir de los órganos de control de nuestro estado. Si no es por la presión de las autoridades de Brasil y Estados Unidos, en Colombia, nadie se hubiese enterado. Salta a la vista que la corrupción cubre al país y que las autoridades es muy poco lo que logran hacer para combatirla.

Es claro, también, que la corrupción ha permeado todos los estamentos de nuestra sociedad, en el ámbito nacional e internacional. En Colombia se ha convertido en un modo de subsistencia en un nivel de organización y penetración similar al del narcotráfico. Ver LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA CORRUPCIÓN https://eligiopalacio.com/2013/09/24/la-democratizacion-de-la-corrupcion/

ANTES DEL FIN

Acaba de concluir la Semana Santa y vi mucho corrupto rezando. ¿Será que apropiarse de dineros ajenos no es pecado? O, ¿Será que por fin están arrepentidos?

El presidente Maduro, de Venezuela, amenaza con revelar los secretos de los acuerdos de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc.  ¡Qué bueno que hablara!. Tienen que haber muchos secretos que involucran al presidente Santos, no de otra manera se explica su silencio cómplice en relación con los abusos del gobierno del país vecino.

¡Que talento musical hay en Colombia! El programa de Caracol Televisión, Yo me llamo, lo demuestra.

LO QUE VA DE SAMPER A SANTOS

LO QUE VA DE SAMPER A SANTOS

Eligio Palacio Roldán

Santos debiera recordar el pasado y aplicar sus planteamientos de esos días y renunciar. Un gran favor le haría al país y a su búsqueda de la paz.

“La guerrilla fijó como condición indispensable una Constituyente y manifiestó que la paz no era posible durante este gobierno. Según Juan Manuel Santos, ante este veto se comenzó a pensar en alternativas y quedó flotando en el aire la posibilidad de un retiro de Samper y su reemplazo por el vicepresidente Carlos Lemos”.

( Ver http://www.semana.com/nacion/articulo/el-complot-de-santos/34308-3)

Corrían los días de 1997, 20 años atrás en Colombia. Como hoy,  Juan Manuel Santos buscaba un acuerdo de paz con la guerrilla y, como hoy, el gobierno estaba inmerso en un escándalo de corrupción originado en la financiación, con dineros de origen ilegal, de la campaña presidencial.

Ocupaba el Palacio de Nariño Ernesto Samper, hoy aliado incondicional del gobierno Santos, y su llegada a la presidencia era cuestionada por el ingreso a su campaña de dineros procedentes del Cartel de Cali. Fue un tiempo en el que por dedicarse a defenderse y a sostenerse en el poder, el gobierno, descuidó sus funciones y el país se sumió en una de las crisis social, económica y política más delicadas en la historia de Colombia. Corrieron ríos de tinta en los periódicos del país y del mundo hablando del tema y se llenaron cientos de horas de radio y televisión. Se esperaba, estas circunstancias no se repitieran jamás. Sin embargo, la falta de un castigo ejemplar para el presidente de la época y los protagonistas del escándalo hizo que la corrupción se afianzara y la historia se repitiera.

En el 2017 se descubre, como colofón de investigaciones originadas en Brasil y Estados Unidos, que la multinacional de los sobornos, Odebrecht, había permeado las campañas a la presidencia de Juan Manuel Santos y de su principal opositor. Y el país vive una especie de déjà vu y se repiten las circunstancias vividas 20 años atrás. Bien dice la canción “que 20 años no es nada”.

Los seguidores de Santos (que los tiene a pesar de sus escasos puntos de favorabilidad) afirman que no se pueden comparar las circunstancias porque una cosa es violar los topes de una campaña y otra, bien distinta, recibir dineros del narcotráfico. Es verdad, pero resulta más triste y lamentable que se reciban dineros para tener como contraprestación contrataciones con fondos del estado, fondos originados en los impuestos de los colombianos, fondos que se esfuman en las manos de los corruptos.

En estas dos historias de corrupción son muchas las coincidencias, pero se destaca una gran diferencia. En la de Samper, Juan Manuel Santos estaba en la oposición y “trabajaba” para unir todas las fuerzas para llegar a un acuerdo de paz con la guerrilla  y de paso destituir a Samper. Hoy es Santos el que ocupa la presidencia, pero las circunstancias se repiten y dada la poca aceptación del mandatario para liderar un difícil proceso de paz, debiera recordar el pasado y aplicar sus planteamientos de esos días y renunciar. Un gran favor le haría al país y a su búsqueda de la paz.

Ver EL “COMPLOT” DE SANTOS https://eligiopalacio.com/2016/05/19/el-complot-de-santos/

ANTES DEL FIN

Lamentable el tratamiento que le dieron algunos medios de comunicación al Proceso 8.000, en el Gobierno Samper. En especial Caracol Radio, liderada en esos tiempos, como hoy, por Darío Arismendi. Deseable que la lección le haya servido para entender su papel en la historia. No lo creo, en este episodio seguro repetirá, también, su dosis de lagartería. A lo mejor le adjudiquen otra estación radial.

Hoy en la 54 Asamblea General de Colanta se le rendirá tributo al doctor Jenaro Pérez Gutierrez el hombre que transformó el norte de Antioquia y gran parte del país. Muy merecido.

Ver COLANTA – JENARO PEREZ https://eligiopalacio.com/2015/02/04/colanta-jenaro-perez/

CORRUPCIÓN: RESIGNACIÓN O SILENCIO CÓMPLICE

CORRUPCIÓN: RESIGNACIÓN O SILENCIO CÓMPLICE

Eligio Palacio Roldán

“Parece fruto del realismo mágico ver personajes deshonestos camuflarse en los diferentes gobiernos”

Decía Mauricio Vargas en su columna del domingo, en El Tiempo, que “a diferencia de los países vecinos, en Colombia la corrupción no ha desatado marchas callejeras”, a pesar de “la evidencia del pago de más de 11 millones de dólares a altos funcionarios e intermediarios por parte de Odebrecht”. (http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/la-rabia-pasiva-mauricio-vargas-columnista-el-tiempo-/16823093).

Tengo dos hipótesis para explicar la apatía de los colombianos frente a la corrupción y los corruptos:

La primera es la resignación. La Real Academia la define como “Entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y voluntad de otra persona”. Y, sí.  Todo indica que los colombianos nos entregamos a la voluntad de un gran Otro, llamado corrupción, Una fuerza poderosa contra la que parece imposible luchar, contra la cual nos sentimos vencidos y con la cual se convive en inferioridad de condiciones. Es la renuncia a las luchas cuando éstas se hacen inútiles, porque ya se sabe el resultado adverso.  Un escenario similar se presenta, por ejemplo, en el área laboral, cuando se fijan metas imposibles de cumplir o frente a un amor frustrado  como canta José José “He renunciado a ti, como renuncia a ser sol lo que es hierba”.

El Silencio Cómplice se da cuando, sin estar de acuerdo con la corrupción, no se rechaza ni se denuncia ya sea por solidaridad o por conveniencia. La solidaridad se presenta con frecuencia en el mundo de la política y en general en la vida laboral o social por lealtades mal entendidas, temor o indiferencia. La conveniencia ocurre cuando se participa de ella con la obtención de beneficios directos y/o indirectos. La verdad, como lo he dicho en diferentes oportunidades, la corrupción pasó de ser un “privilegio” de pocos a ser una especie de moda y quizás hasta de cultura. Algo similar a lo que ocurrió, en Colombia, con el narcotráfico que se irrigó en todos los estamentos de la sociedad, sociedad en la que cada uno de sus miembros tenemos algo de traqueto. (Ver LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA CORRUPCIÓN https://eligiopalacio.com/2013/09/24/la-democratizacion-de-la-corrupcion/).

En un país con pocas posibilidades para salir de la pobreza, como Colombia, la corrupción es una oportunidad. Máxime si los castigos son pocos y normalmente hay herramientas para no devolver los dineros obtenidos a base de coimas. Estas “Oportunidades” se ampliaron con las formas de “democracia participativa” y, entre ellas, una de las más nefastas: la elección popular de alcaldes.

Parece fruto del realismo mágico ver personajes deshonestos camuflarse en los diferentes gobiernos: defender los mismos hechos de corrupción y los corruptos de un gobierno y rechazarlos en otro. Es como si los políticos tuviesen solo memoria para ver la maldad en el otro. Para atacarlo.

Vuelve y juega: La solución al problema de la corrupción está en la educación. Se educa con el ejemplo. Llegó el tiempo en que Uribe y Santos reconozcan sus pecados y los de sus gobiernos, hagan un acto de contrición, ejerzan el mucho o poco liderazgo que ostentan y saneen las costumbres políticas. Llegó el tiempo de rescatar los valores.

ANTES DEL FIN

Muchos seres humanos, incapaces de enfrentar sus problemas, deciden ignorarlos en una especie de autismo. Eso le sucede a Colombia ante la corrupción y las deficiencias de sus gobernantes. Colombia, país autista.

Nuestra democracia se sostiene a punta de corrupción, ¿Qué sucederá cuando los colombianos reaccionen?

Papel fundamental deben ejercer los medios de comunicación para reducir la corrupción. Papel difícil de cumplir cuando se evidencia que muchos guardan un silencio cómplice.

APLACEMOS EL FIN:

Reduciendo el uso de vehículos automotores.

“CORRUPCIÓN EN SUS JUSTAS PROPORCIONES”

“CORRUPCIÓN EN SUS JUSTAS PROPORCIONES”

Eligio Palacio Roldán

Dijo el expresidente Turbay (1978-1982): “Hay que reducir la corrupción a sus justas proporciones” y los generadores de opinión y la clase política se rasgaron las vestiduras.

Más de 35 años después, muchos colombianos, quisiéramos que sus palabras hubiesen sido proféticas y que la corrupción no se hubiese desbordado y fuera parte de la cultura de los colombianos.

Después de Turbay llego el dinero corruptor del narcotráfico a nuestra clase política y luego, con la elección popular de alcaldes, el arte de hacerse elegir se convirtió en la industria de hacerse elegir. Y se crearon industrias electoreras que requerían financiación y esa financiación surgió de los proveedores de los municipios, de los constructores de obras públicas, de los publicistas y comunicadores sociales que ofrecieron sus servicios a cambio de ser contratadas una vez, el candidato de turno, llegara al poder.

Y los Concejos Municipales, las alcaldías, las gobernaciones, el Congreso y la Presidencia; en fin, las ramas legislativa y ejecutiva del poder público quedaron hipotecadas y se gobernó solo para pagar favores. Y todos los colombianos quisieron vender sus votos y la corrupción se democratizó (Ver LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA CORRUPCIÓN https://eligiopalacio.com/2013/09/24/la-democratizacion-de-la-corrupcion/)

Alguna vez, la corrupción llegó a “Otro Nivel” y el narcotráfico eligió presidente a Samper y otra vez la los generadores de opinión y parte de la clase política se rasgó las vestiduras. (Ver ERNESTO SAMPER UN NEFASTO PERSONAJE https://eligiopalacio.com/2015/08/26/un-nefasto-personaje/). De eso han pasado más de 15 años y la historia de la corrupción en nuestro sistema “democrático” ha ido creciendo de manera exponencial. Ayuda, claro, la impunidad evidente.

Al comenzar este año estalló el escándalo Odebrecht que involucra a la clase política, incluyendo la presidente de la República, Juan Manuel Santos, en un gigantesco caso de corrupción. En el escándalo, los unos acusan a los demás sin saber qué, cómo diría el cantautor Alberto Cortez, “olvidamos que somos, los demás de los demás”. Y obvio, todos están involucrados. En las industrias electoreras se financian todas las campañas, con opción, para siempre ganar, para siempre garantizar los contratos.

En una columna anterior, en marzo de 2013, (https://eligiopalacio.com/2014/03/13/una-segunda-oportunidad/), decía que creía que la vida le había dado una Segunda Oportunidad al expresidente, Alvaro Uribe, para hacer lo que no quiso hacer como presidente: Luchar contra la corrupción. Sólo hasta ahora parece emprender este camino con la solicitud a las autoridades de que investiguen la campaña, de su aliado, Oscar Iván Zuluaga.

Llegó el momento para que Alvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos hagan algo por el país, haciendo un acto de contrición, reconociendo sus culpas y revelando todo lo que saben para expiar sus culpas y desentrañar los focos y las formas de corrupción que carcomen nuestra sociedad.

La situación que enfrenta Colombia, en materia de corrupción, es demasiado grave: Lo denunciado en el caso Odebrecht es algo que sabemos todos. Es algo que ocurre en cada ciudad, en cada pueblo, en cada barrio; en todas las contiendas electorales:  Las campañas son financiadas por particulares a cambio de jugosos contratos que, generalmente, no cumplen o cumplen con características de calidad precarias.

La solución al problema de la corrupción de nuestra clase política, no está en la financiación de las campañas por parte del estado. A esa financiación se sumarían de todas maneras los dineros de los futuros contratistas como suele hacerse: con artificios de toda índole para no ser descubiertos.

La solución al problema de la corrupción en Colombia, al igual que el de la violencia, está en la reeducación de todos los colombianos. (Ver MI PATRIA CORRUPTA https://eligiopalacio.com/2013/10/08/mi-patria-corrupta/).

ANTES DEL FIN

Alguna vez, recordando una canción de Pablo Milanés, le pregunté al, entonces, presidente Uribe: ¿Cuánto ganó cuanto perdió usted y Colombia con la reelección? La misma pregunta se la hago al presidente Santos y toda nuestra clase política, con la reelección, en todos los cargos de elección popular.

¿Cuánto ganó cuanto perdió Colombia con la elección popular de alcaldes?

El presidente Santos comienza a vivir lo que vivió Samper como presidente. ¡Vaya paradoja! Saber que el primero conspiró contra el segundo por los mismos hechos que hoy enfrenta. (Ver EL “COMPLOT” DE SANTOS https://eligiopalacio.com/2016/05/19/el-complot-de-santos/)

¿Los Premio Nobel serán corruptos?