HIPOTECA INVERSA, LA POSIBLIDAD DE UNA VEJEZ DIGNA

HIPOTECA INVERSA, LA POSIBLIDAD DE UNA VEJEZ DIGNA

Eligio Palacio Roldán

El nieto parecía abrazar a la anciana abuela en su lecho de muerte. No lo hacía porque la amase sino porque trataba de moverle la cabeza, en señal  de un gesto afirmativo. Al frente el notario, una de sus dos únicas hijas y algunas nietas miraban ansiosas. El gesto no fue de la abuela, fue del notario y todos mostraron un júbilo difícil de disimular: El testamento ya estaba listo y Francisca era la única heredera. Esta historia se remonta a los años veinte del siglo pasado y sigue siendo tan actual como recurrente en nuestra sociedad, como recurrentes son las rencillas familiares por los bienes que dejan los que se van para siempre.

Antes de la muerte los ancianos se ven envueltos en todo tipo de pasiones y estrategias para obtener un gesto como el de la abuela de esta historia. Muchos de ellos, pasan sus últimos años aferrados, en medio de la pobreza, a uno de sus bienes más preciados: la casa y a la caridad de sus familias que con mucho “cariño” y gran ambición los cuidan sus últimos días. Si no se logra el gesto afirmativo, la historia hablará de las disputas entre los herederos que dieran al traste con la preciada casa.

Puede leer LA CASA… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS VII https://eligiopalacio.com/2020/04/25/la-casa-en-los-tiempos-del-coronavirus-vii/

Propendiendo mejorar su calidad de vida  y dando un giro a la historia de la mayoría de los ancianos, en Colombia, el gobierno nacional lanzó la iniciativa de la hipoteca inversa, que consiste en la posibilidad de hipotecar la preciada casa y a cambio recibir un dinero que permita una vejez digna. Las críticas han inundado los medios de comunicación y las redes sociales indicando una gran ignorancia por parte de los colombianos, una manipulación política o el dolor de los posibles herederos, al ver en peligro su futuro patrimonio. Cualquiera de estas explicaciones es dolorosa porque indica la dificultad para avanzar hacia el desarrollo y sobre todo de encontrar maneras de propender por el bienestar de los ancianos, más allá del asistencialismo del estado.

El mundo cambia y hay que evolucionar hacia mejores formas de estar sobre la tierra. Hace ya bastantes años los hogares de retiro, para que los ancianos viviesen sus últimos años, eran un tabú. Hoy, además de un excelente negocio, son una buena alternativa para tener calidad de vida. Lo mismo sucederá con la hipoteca inversa, pasado el escándalo actual, será una posibilidad a considerar  para la vejez.

A los críticos de la iniciativa gubernamental, hay que recordarles que no es obligatoria y que abre un abanico de alternativas para administrar los bienes del adulto mayor entre las que están, además,  el arrendamiento, la fiducia o el dejar que los administren las familias, hasta que llegue el sí: del anciano, o del notario.

ANTES DEL FIN

No se vio ni pobreza ni espiritualidad en el día sin IVA. Otra vez, los colombianos, corrieron detrás de los bienes de consumo superfluos arriesgando hasta su propia vida. Bueno, más allá del tiempo del coronavirus es el tiempo de la sociedad de consumo… nada que hacer.

Siguen las repeticiones en la televisión colombiana en tiempos del coronavirus. A RCN y Caracol, les va a pasar como al “pastorcito mentiroso”: Cuando ofrezcan un nuevo dramatizado nadie les va a creer y menos sintonizar. Se autodestruyen los canales nacionales.

“NADA TE LLEVARAS CUANDO TE VAYAS…”

“NADA TE LLEVARAS CUANDO TE VAYAS…”

Eligio Palacio Roldán

Nada te llevarás cuando te marches 
Cuando se acerque el día de tu final 
José María Napoléon

 

Gastarme los últimos dólares, en el aeropuerto, cuando concluyo un viaje, es una sensación entre placentera, nostálgica y liberadora. Ahí, en ese momento, todo está concluido: recuerdos placenteros, imágenes en flash back, cansancio y alguna sonrisa. Algo similar debiera ocurrir ante la proximidad de la muerte…

Hace algunas semanas pretendía escribir sobre el final del ser humano pero el intento se quedó en la fecha de vencimiento de Santos, un presidente mediocre como casi todos los que ha tenido nuestra patria. (Ver https://eligiopalacio.com/2017/10/06/la-fecha-de-vencimiento-santos/).

Pero bueno, el tema es como pensar sobre el dilema del ser humano de vivir como si transcurriera el último día de su existencia, recomendación de pensadores y líderes espirituales, o ahorrar para la vejez que quizás no llegue.  Todo esto se solucionaría si, en contraposición con las manidas repeticiones de las oraciones religiosas, supiéramos “el día y la hora”.

Todos sabemos que no nos llevaremos nada cuando nos marchemos, al igual que me  ocurre con los pocos dólares en el bolsillo. Entonces, si supiéramos esa fecha de regreso a lo desconocido se podría hacer una adecuada planeación, gastándose los recursos sicológicos, afectivos y/o económicos y no generando conflictos entre los seres cercanos a la hora de la distribución de una herencia. No hay nada más decepcionante, nada más aberrante, que sentir “que tus seres queridos” giran en torno a ti, esperando fallezcas pronto y los incluyas en un testamento.

Y es que el dinero deja ver lo más miserable del ser humano. Por razones laborales he visto tramas muy cercanas a las tragedias de Shakespeare, en la lucha por la mejor porción de los bienes que otro trabajó, que otro luchó. De ahí que resulta entendible la decisión de las gentes de dejar sus bienes a entidades sin ánimo de lucro, a pesar de las necesidades económicas de sus familias.

Poco probable conocer “el día y la hora” ”la fecha de vencimiento” de cada uno. Solo optando por la eutanasia o el suicidio sería posible y la mayoría de los seres humanos no estamos preparados o no tenemos el valor para programar la propia muerte. Posible, si, cerrar pequeños o grandes ciclos en forma adecuada y madura. Cerrar esos ciclos a pesar de la nostalgia y la inseguridad frente al futuro, resulta ser liberador. Ese cerrar ciclos va dirigido a decir adiós a los espacios y los tiempos que se vivieron: El colegio, la universidad, algún trabajo o una relación de amistad o de amor. Cerrar ciclos es saber decir adiós y llevarse solo las cosas buenas que quedaron. Al igual que en los viajes, algún fetiche y los recuerdos, recuerdos que normalmente se depuran y de los cuales, ojalá, solo queden las buenas cosas.

ANTES DEL FIN

Los límites de la ética, que resultan siendo particulares, que resultan siendo criticables para los demás y  no aplican para mis pequeñas grandes bajezas. Esos que te llevan hasta el infierno para impedir las faltas del otro. Esos, precisamente esos, son los que originaron la guerra en Colombia, que aún no termina y no terminará. Desafortunado ejemplo dan nuestros dirigentes en las diferentes ramas del poder público, del poder económico y político. Desafortunado ejemplo damos todos.

 

EL FINAL

EL FINAL

Eligio Palacio Roldán

La vida es una lucha permanente llena de altibajos y el final… el final casi siempre es bien triste.

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Cientos de fotografías, color sepia, se vieron esparcidas por las escalas del elegante edificio. Mostraban la historia de una mujer hermosa y feliz desde la infancia. Su primera comunión, los 15 años, el matrimonio, su pareja, sus hijos, la vida de sus hijos, y muchos familiares. Algunos de los vecinos las miraron con tristeza, otros comentaron sobre el ingrato final de la mujer y todos las fueron depositando en los basureros, dispuestos en los pasillos. “Se la llevaron engañada a visitar supuestamente una hija, que ya había fallecido y tiraron al piso lo que más quería: sus fotos”, contó la señora del aseo. Murió en un asilo después de unos siete, difíciles, años, a causa de la enfermedad de Alzheimer.

En los cuentos infantiles después de una vida llena de dificultades se llegaba siempre a un final feliz. Lo mismo nos contaron casi todas las historias escritas, las llevadas al cine y las que transmitieron la radio en su época y luego la televisión. Esos relatos  no hablaron de lo que pasó después de ese momento de éxtasis y nos hicieron creer que todo concluía en felicidad. Pero la vida no es así.

La vida es una lucha permanente llena de altibajos y el final… el final casi siempre es bien triste. Además del deterioro físico y mental, de los dolores que genera la enfermedad, son frecuentes, en todo el mundo, las historias de ancianos muertos en el abandono e incluso a la intemperie.

Pasar los últimos años de vida solo y desamparado es la preocupación de muchos. Por ello la gente se escuda en una pareja aunque solo le brinde malestar y agresión, pero es “que la soledad es dura”, dicen. Por ello también se compra compañía y lealtad.

La evolución de la sociedad, y en especial la integración de la mujer a la fuerza laboral, ha generado que alrededor de la infancia y la vejez se presenten problemas de asistencia física y afectiva. En consecuencia, es cada vez más frecuente el surgimiento de entidades dedicadas al cuidado de unos y otros que, de alguna manera, brindan mejor calidad de vida en esos años de la existencia. No obstante, estas facilidades, el final no deja de ser triste para casi todos los humanos. De ahí que ya pasaron de moda las oraciones que imploraban nos libraran de una muerte repentina.

El final, es sinónimo de desprendimiento casi siempre a la fuerza: se van los seres queridos por muerte o porque simplemente es muy difícil, e incluso injusto,  sacrificar la existencia por el cuidado de un enfermo o un anciano. Y a la hora de enfrentar esa situación muchos salen huyendo o encontrando formas de eludir su responsabilidad. Alguna vez, una mujer desesperada, al borde del llanto, contaba como el estado de salud de su suegra había “hecho trizas” su matrimonio, ante las dificultades que generó su cuidado.

Ese ser, ese ser que está apagando su existencia, que está llegando a su final,  no puede sentir, si está en capacidad de hacerlo, otra cosa que el dolor que genera la ingratitud o ver, si tiene dinero, los ojos de la codicia a su alrededor e incluso percibir el deseo por su propia muerte, en la mirada del Otro. De ahí que resulten comprensibles las donaciones, de grandes fortunas, a entidades sin ánimo de lucro.

La sociedad de hoy se mueve alrededor del goce, del disfrute sin responsabilidad. Por ello, por ejemplo, en una fiesta familiar sobran los asistentes, en especial si hay comida y licor gratis, pero a la hora de cuidar un anciano o un enfermo nadie aparece.

ANTES DEL FIN

Las fotografías no relatan la vida, muestran solo las alegrías de la existencia.

Hablando de finales y novelas, lamentable que fuese cierto el recorte del seriado  “La Nocturna” quizás la mejor y más edificante producción de la televisión colombiana en su historia. Y muy triste y grave que sea para darle cabida a lo peorcito de la misma industria: Sin Tetas si hay Paraíso.

Puede ver LA NOCTURNA, LA TELENOVELA DEBIDA https://eligiopalacio.com/2017/07/11/la-nocturna-la-telenovela-debida/