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BAJO CAUCA, ORO Y FRUSTRACIÓN

BAJO CAUCA, ORO Y FRUSTRACIÓN

Eligio Palacio Roldán

Hace algo más de tres años visité por primera vez el Bajo Cáuca Antioqueño. Me estremeció la pobreza, la crudeza de la realidad violenta y el abandono, a la buena de Dios, por parte del estado, de los habitantes de la región. En ese entonces, publiqué “LA PRIORIDAD DEL OTRO DESENCANTO” (https://eligiopalacio.com/2016/05/04/la-prioridad-del-otro-desencanto/).

He vuelto la semana anterior y la situación es aún más difícil. Se ha agravado por la intervención de las autoridades en la cadena de la minería ilegal y por los enfrentamientos entre las bandas “El Clan del Golfo, el ELN, “Los Caparrapos” y las disidencias de las Farc por el control de la zona.

Hechos como el asesinado de un médico, el mes pasado, en el municipio de El Bagre, han hecho que el temor se apodere de la población. La situación económica es muy compleja por factores como la reciente emergencia en Hidroituango, la lucha contra la minería ilegal y el mismo orden público que impide que la población tenga una vida normal.  Es poco probable que los que cuentan con alguna capacidad adquisitiva inviertan en la región e incluso acuda a sitios de esparcimiento y diversión, agravando aún más la crisis. El desempleo crece por el cierre de almacenes y pequeñas empresas que generaban algún tipo de empleo formal o informal.

En el Bajo Cauca se habla de muerte, de cuerpos desmembrados, de cabezas sangrantes abandonadas en los puentes. De terror y escondites para esquivar las balas. De guerras entre bandas delincuenciales, por el control de las zonas urbanas y rurales de los municipios de la región.

Mientras la minería legal e ilegal deja sus huellas sobre una tierra productiva, hermosa y exuberante, la violencia y la muerte la dejan sobre los seres que la habitan. Hoy como ayer, en los tiempos de la conquista y la colonia, los habitantes de Colombia sucumben ante la fiebre del oro, una riqueza que parece maldita.

Pero no es solo el Bajo Cauca, lo es también Medellín y los demás campos y ciudades de Colombia donde los mercados ilegales crecen. Mercado de oro, droga y ventas callejeras de mercancías con marcas falsas o plagiadas. En la capital antioqueña solo basta, para comprobarlo, recorrer los escasos metros del mítico Parque Berrío.

Puede leer MEDELLIN SITIADA https://eligiopalacio.com/2019/02/21/medellin-sitiada/

Tratando de auscultar la realidad de la economía subterránea es difícil dilucidar si en Colombia existe una cultura de la ilegalidad o una necesidad de la ilegalidad. Lo que sí parece ser una certeza es que al país le quedó grande tener una economía sostenible, enmarcada en la ley, que permita la construcción de una paz verdadera. Mientras tanto, el país político sigue en una agitada confrontación alrededor de una paz para un pequeño grupo de ancianos.

Puede leer LA PAZ DE LOS VIEJITOS https://eligiopalacio.com/2015/09/29/la-paz-de-los-viejitos/

ANTES DEL FIN

Hace unos meses, sentado bajo un árbol de mango, en un municipio al norte del país, escuché a un anciano sentirse muy feliz: Dos de sus nietos estaban “bien ubicados” laboralmente: el primero en una finca de Mancuso y el otro con el Clan del Golfo.

A propósito, ¿Cuándo el DANE medirá el desempleo en las regiones apartadas del país? ¿Cuándo los medios de comunicación contarán la realidad de esta otra Colombia, diferente a Bogotá?

Voces, imágenes y sonidos del Bajo Cauca Antioqueño en el siguiente video.

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“LOS INDICADORES QUE INDICAN…” LA INTENCIÓN DE NOTICIAS UNO DE DESPRESTIGIAR A HIDROITUANGO

“LOS INDICADORES QUE INDICAN…” LA INTENCIÓN DE NOTICIAS UNO DE DESPRESTIGIAR A HIDROITUANGO

Eligio Palacio Roldán

Siempre he pensado y afirmado que la objetividad no existe pues el ser humano está permeado por sus sentidos y por la cultura. El tema viene a cuento porque al periodista no se le puede exigir lo que le es imposible como humano. Lo que si se le debe pedir es que no sea mal intencionado y que el poder que ostenta propenda por el bienestar de la comunidad.

En Colombia las noticias se producen en medio de un alborozo periodístico que nos recuerda las mejores escenas protagonizadas por las “viejas chismosas” de nuestros pueblos… A su estilo, los periodistas se creen los dueños de la verdad, incluso en temas que ni siquiera conocen, y pontifican, absuelven y condenan cual dioses vengadores.

El más reciente ejemplo, lo ocurrido con Hidroituango.   Y es que aún sin saber del tema y sin conocerse estudios definitivos sobre el asunto, ya varios periodistas condenaron a Empresas Públicas de Medellín y sus informaciones se volvieron malintencionadas. Obvio, muchos también son esclavos del aplauso de las masas. En materia de ingeniería lo normal  es que los periodistas conozcamos poco y hasta que a los mismos ingenieros, sin un exhaustivo estudio, les sea difícil emitir un concepto atinado.

Veamos este ejemplo de la interesante sección “Lo que indican los indicadores”, de Noticias Uno, que parece creer que ser independiente es sinónimo de sinuoso:

La periodista Mabel Lara afirma que “Un acuerdo entre potencias da una lista de 1.500 represas que deben desmantelarse por su daño en los ríos” y el locutor remata: “… pero se aprobó en la Agenda Global de Caudales  Ecológicos y en Europa y Estados Unidos se comenzó a planear el desmantelamiento de 1.500. Esto indica que ya hay energías limpias que no matan peces. Esto es lo que indican los indicadores”

Puede ver: https://canal1.com.co/emision/emision-noticias-uno-10-febrero-del-2019/  Minuto 21:45

El Informe Planeta Vivo 2018 indica: “Para suministrar estos y otros beneficios económicos y ecosistémicos, es necesario que los ríos mantengan características y procesos clave. Cuando un río conserva su conectividad y su curso natural, se dice que es de “curso libre”. Sin embargo, el desarrollo de infraestructuras –especialmente de presas– ha causado una disminución dramática de la cantidad de estos ríos. Actualmente hay más de 50 000 grandes presas en todo el mundo. Los ríos libres de presas están en riesgo pues hay planes para construir más de 3.600 hidroeléctricas adicionales. Las opciones para proteger los ríos implican prevenir la construcción de presas mal planeadas y garantizar que las presas que se construyan estén ubicadas y diseñadas para reducir en lo posible el daño ambiental.

En los casos en que ya estén comprometidos los caudales y la conectividad de los ríos, acciones como la liberación periódica de agua, la reconexión de llanuras de inundación, o la demolición de presas obsoletas puede ayudar a restaurar las funciones ecosistémicas. En Europa y Estados Unidos se han eliminado más de 1500 presas. El análisis de indicadores de conectividad de los ríos, junto con otras variables ecológicas, sociales y económicas pueden revelar dónde se presentan los mayores beneficios de conectar ríos y cómo lograr hacerlo al menor costo posible…”

Puede ver http://d2ouvy59p0dg6k.cloudfront.net/downloads/lpr_2018_full_sp.pdf

Según el informe la siguiente es la situación, de las hidroeléctricas, en el 2018:

Hidroeléctricas                       50.000             100%

En proyecto                            3.600                7.2%

En desmantelamiento             1.500               3.0%

Del contenido del informe se concluye que la construcción de represas es superior en más de 200% al desmantelamiento de las mismas y que éste se debe producir para las que se determine su obsolescencia, (Obsoleto: Anticuado o inadecuado a las circunstancias, modas o necesidades actuales), y para mitigar el daño ecológico, por su construcción, da una serie de recomendaciones que, hasta donde sé, se aplican en Colombia.

En síntesis lo que indicaron los Indicadores de Noticias Uno, el pasado domingo, es que la construcción de presas hidroeléctricas en el mundo sigue creciendo y que el noticiero fue mal intencionado en sus afirmaciones.

ANTES DEL FIN

Cuánto daño han hecho a Empresas Públicas de Medellín, a los habitantes del Bajo Cauca y a Colombia la cantidad de informaciones tendenciosas, sobre Hidroituango, como las de Noticias Uno. Es posible que en la construcción de la represa se hayan cometido errores y es evidente que Empresas Públicas de Medellín ha hecho hasta lo imposible por salir del impase. Lo mínimo que merecen es que se informe con ecuanimidad y respeto.

Sobre la región afectada por la situación de Hidroituango invito a leer BAJO CAUCA ANTIOQUEÑO: LA PRIORIDAD DEL OTRO DESENCANTO https://eligiopalacio.com/2016/05/04/la-prioridad-del-otro-desencanto/

LA PRIORIDAD DEL OTRO DESENCANTO

LA PRIORIDAD DEL OTRO DESENCANTO

Eligio Palacio Roldán

¿Le importará a miles de colombianos, en la pobreza absoluta y sin posibilidades de salir de ella, la imagen del presidente?

Hacía referencia, Tatiana Acevedo, en una estupenda columna publicada en El Espectador, (La prioridad del desencanto – http://www.elespectador.com/opinion/prioridad-del-desencanto),  a la frustración de los colombianos con los diálogos de paz entre el gobierno y las Farc, desde los tiempos de Belisario Betancur, en la década del ochenta, del siglo pasado. Y retomaba la columnista,  a su vez, un escrito de Gabriel García Márquez, sobre el proceso de paz del expresidente antioqueño, en el que afirmó que la opinión pública “se dejó vencer por el tedio, y la prioridad de la paz fue sustituida por la prioridad del desencanto”.

Retomando las palabras de nuestro único Nobel, traídas a cuento por Tatiana Acevedo, debo manifestar que el desencanto no es solo en relación con los diálogos de paz con las Farc, al fin y al cabo esta paz es solo para los viejitos (https://eligiopalacio.com/2015/09/29/la-paz-de-los-viejitos/). El desencanto es con el país, con la falta de oportunidades, con la pobreza, con el no futuro, con la misma vida de millones de colombianos sin posibilidades para superar la crisis que los ahoga, que los sacrifica, que los asesina -en medio de una guerra por el monopolio de la producción y la comercialización de las drogas ilícitas, del cobro de vacunas- o simplemente los mata de hambre. (Ver ¿LEGALIZAR QUÉ…? https://eligiopalacio.com/2016/04/28/6602/)

El viernes de la semana pasada visité “La Curva del Diablo”, aquella macabra curva entre los barrios Moravia y Palermo, en Medellín, a la que los habitantes de la zona han tratado de cambiarle el nombre por el de “La Curva de la Virgen”, infructuosamente. Allí, a pocos metros de donde se construye el imponente Puente de la Madre Laura, estuve de frente ante la pobreza. Fue tanto el impacto que no pude describir lo sucedido, solo atiné a correr a comprar un dulce y llevarme el recuerdo de la sonrisa de unos niños felizmente sorprendidos (LOS NIÑOS DE LA CIUDAD MÁS INNOVADORA https://eligiopalacio.com/2016/04/29/los-ninos-de-la-ciudad-mas-innovadora/)

Y el lunes la miseria de Caucasia, y el martes la de El Bagre, y el miércoles la de Cáceres. Y las calles sin asfalto, y los ranchos sin las mínimas condiciones sanitarias y los adultos cual ratas hambrientas tras un mendrugo de pan para sus hijos. Y los niños… allí, en medio del abandono, con la alegría de los primeros días, soñando con un futuro de fantasía que, de seguro, no llegará jamás.

Y las fronteras visibles (¿Quien dijo que eran invisibles?. Todo el mundo las conoce), y la “vacuna” obligatoria y el silencio absoluto: “Para sobrevivir aquí no se puede ver, no se puede escuchar, solo callar.  Tampoco sentir, te enloqueces si sientes. Y… uno se acostumbra.”

“Antes cientos de personas iban a las minas y del sobrante tomaban gramitos de oro para el sostenimiento de sus familias. Ahora no se puede, las multinacionales acordonaron los predios y no nos dejan ingresar… ya no hay de que vivir. Y la minería se volvió ilegal.”

Hoy una nueva encuesta, de la firma Gallup, mide la gestión de Juan Manuel Santos: la favorabilidad escasamente llega al 21%. ¿Le importará a miles de colombianos, en la pobreza absoluta y sin posibilidades de salir de ella, la imagen del presidente?

A los colombianos no los invade la prioridad del desencanto por los diálogos de paz. Los habita la prioridad del desencanto por el abandono de un Estado que parece preocuparle todo menos el hambre, el desarraigo y la falta de protección física y sicológica en medio de los cuales tratan de subsistir.

ANTES DEL FIN

Hermosa región la del Bajo Cauca Antioqueño, imponentes sus fértiles llanuras cada vez más diezmadas por la minería, hermoso el ganado vacuno que puebla las haciendas, los árboles de mango con sus frutos amarillos en el piso, a disposición del caminante. Entonces, ¿por qué la miseria?

 

LUCHO, EL MINERO

LUCHO, EL MINERO
Eligio Palacio Roldán
Toda su vida luchó por evadir a los ilegales: ladrones, guerrilleros y paramilitares. Veía con emoción cuando llegaban los soldados porque aquellos eran los días en que podía trabajar. Hoy, con dolor, no alcanza a comprender porque él es otro ilegal para el gobierno y por qué tiene que huir del ejército que antes lo protegió.
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Aquel día de rutina, Lucho, El Minero, se había sumergido en el río, desde las siete de la mañana, como casi todos los días de su vida. Serían tal vez las diez cuando se le vino encima la barranca que lo sepultó, por unos 25 minutos que le parecieron infinitos; mientras rescató el “regulador”, se sintió ahogado. Una vez recuperado el aire, sus piernas hicieron esfuerzos, inimaginables, para moverse en el agua y llamar la atención de los demás compañeros que buceaban cerca de él.

Lucho, El Minero, cree que en los 49 años de vida que tiene, siempre ha estado inmerso en la minería. Esta forma de subsistir ha sido una tradición familiar que comenzó, para él, en su primera infancia, de la mano de su padre, en los pueblos abandonados del Bajo Cauca Antioqueño.

Un día, después de trabajar con su padre por varios años, ya jovencito, éste le regaló una motobomba para que comenzara a “chorriar” (Lavar la tierra). Ese es uno de los mejores recuerdos, que guarda, de su papá, dice.

A pesar del trabajo infantil que tenía que desempeñar para ayudar a su papá, con la comida para sus otros diez hermanos (Nueve hombres y una mujer), Lucho, El Minero, logró culminar sus estudios en la escuela: Fueron cuatro años en el corregimiento Vijaagual, del municipio de Nechí y el quinto grado y primero de bachillerato en Caucasia.

Con los primeros gramos de oro de que pudo disponer Lucho, El Minero, se compró una muda de ropa y un par de zapatos. Tendría 13 o 14 años, recuerda con nostalgia.

Y su vida continuó: trabajando, luchando, viviendo. Se casó, hoy tiene una esposa y cuatro hijos que son su apoyo y a quienes adora.

El mayor número de horas de la vida de Lucho, el Minero, han trascurrido en el cauce de un río: Puede ser Nechí, Porce, Riogrande, San Bartolo o cualquier otro. El rito es el mismo: bucear horas y horas, bajar hasta la peña y con una pala y una canoa sacar la carga para caquearla (Lavarla) y mirar, con ansiedad, que granito de oro se puede obtener.

Después de una largo recorrido en carro, en motocicleta, en caballo o a pie por senderos peligrosos y acampar, en medio de la selva; el trabajo comienza a eso de a las siete de la mañana y va hasta la una de la tarde, si se trabaja con un compañero; si no, la jornada va hasta las cinco, cuenta Lucho, el Minero

Los ojos del hombre se iluminan cuando recuerda los días de buena fortuna: 20 a 30 castellanos (Un castellano equivale a 4.6 gramos de oro). ¡Quizás una libra! La mina es una aventura: de pronto Dios te socorre y otros días no se saca nada, concluye.

En el monte, a la intemperie siempre hay que estar a la defensiva: los peligros están en cada momento: en los animales, en los ladrones, las guerrillas, los paramilitares y sobre todo en el río. En la mina. La minería se ha llevado a dos de sus hermanos: los sepultó una barranca, buceando.

Hace unos dos años, Lucho, El Minero comenzó a escuchar que su trabajo; aquel que le dio el sustento a él, a su familia y a sus mayores, era ilegal. Y no entiende por qué es ilegal un trabajo al que el ha dedicado su vida entera, un trabajo que le permite el sustento de su familia, un trabajo que parece contradecir las enseñanzas de su padre, que siempre le inculcó la honradez.

Lucho, el Minero, con solo escuchar que su trabajo es ilegal se ruboriza. No entiende. No puede entender.

Toda su vida luchó por evadir a los ilegales: ladrones, guerrilleros y paramilitares. Veía con emoción cuando llegaban los soldados porque aquellos eran los días en que podía trabajar. Hoy, con dolor, no alcanza a comprender porque él es otro ilegal para el gobierno y por qué tiene que huir del ejército que antes lo protegió.

Ahora, la draga, de Lucho, El Minero, está escondida por el temor a que el ejército la destruya; la máquina es una extensión de su cuerpo, de su alma. Reflexiona y concluye que su ilegalidad está en no ser una multinacional extranjera, de las que se están apoderando de la riqueza del suelo colombiano.

Ahora, su esposa le habla de cambiar de actividad. Piensa que es mejor incursionar en el sector lechero.

***Para proteger al protagonista de esta historia, no se publica su fotografía.