SER EMPRESARIO – DON CARLOS “COCHA”
Eligio Palacio Roldán
El pasado fin de semana asistí a la inauguración de una sede muy moderna, de cara a un futuro idealmente promisorio, de la “Ferretería Restrepo”, una empresa familiar del municipio de Entrerríos, el pueblo donde vivo, 60 kilómetros al norte de Medellín. En ese evento afloraron los recuerdos y de su mano los esfuerzos ingentes que hicieron sus fundadores, en especial don Carlos Restrepo, “Cosa”, su apodo que evolucionó a “Cocha”, para sacar adelante su empresa en medio de grandes dificultades económicas para sostener su familia, con 15 hijos de por medio.
Creen las nuevas generaciones inmersas en la cultura traqueta del dinero fácil y el resentimiento alimentado por las ideologías de izquierda que ser empresario es muy fácil y que su casi única función en la vida es explotar a los pobres, desconocen por ignorancia o por sectarismo los esfuerzos que hay que hacer en Colombia para hacer empresa, dada la falta de apoyo del estado representada en una alta tasa impositiva, las dificultades para la financiación y las fallas estructurales en transporte, movilidad y seguridad jurídica e integridad física y mental de los ciudadanos.
Para el común de las gentes ser empresario es sinónimo de riqueza y de una obligación imaginaria de socorrer a los llamados pobres, pobres que en muchas ocasiones utilizan su condición para consciente o inconscientemente generar lástima y una supuesta obligación del otro de socorrerlos, una especie de complejo de Electra colectivo que busca la protección del gran padre, una herencia sin duda de las diferentes religiones que ven en Dios un ser omnipresente facultado para solucionar cualquier dificultad del ser humano, en este caso la económica. Una concepción equivocada, muy enraizada en la sociedad colombiana, que ha generado por un lado desgano para salir de la escasez y por el otro todo tipo de actos violentos como la extorsión, el chantaje, el secuestro y cientos de crímenes.
Volviendo a la inauguración de la sede de la Ferretería Restrepo, en Entrerríos, nuestro ejemplo para reflexionar en esta columna, muchos se quedan en la magnitud del presente pero olvidan o no conocen el origen de la empresa por allá en los años setenta y ochenta del siglo pasado cuando don Carlos “Cosa” recorría a pie los caminos de las montañas del municipio recogiendo empaques de los concentrados para los animales y huevos para comercializar y luego vendiendo en el pueblo verduras y más tarde, poco a poco, construyendo su ferretería.
La historia de don Carlos es la misma de cientos, miles, de ciudadano que a punta de tesón y esfuerzo han construido la Colombia de hoy, una Colombia pujante pero que dejó el agradecimiento a las generaciones pasadas y hoy se convirtió en un país indolente que amenaza y quiere desconocer o tergiversar su historia.
Los empresarios con su esfuerzo generan riqueza para ellos, desde luego, pero bienestar para toda la comunidad a través del empleo que crean y los impuestos que cancelan al estado, por la obtención de riqueza, que luego son redistribuidos entre toda la población vía gasto público y/o inversión.
Admiración y respeto por don Carlos «Cocha» y todos los empresarios colombianos.
ANTES DEL FIN
Viene la Semana Santa, qué tal si sacamos un instante para arrepentirnos de la manera como nos vinculamos con la sociedad y redireccionamos nuestra forma de estar en Colombia de una manera más proactiva, sin resentimientos y sin abusar del otro. Qué tal si por un momento pensáramos en que la corrupción le hace demasiado daño a la sociedad y al país y que es quizás el pecado más imperdonable que pueda cometer un humano, nos arrepintiéramos y no volviéramos a pecar de la manera tan miserable y descarada como lo venimos haciendo.
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