COLOMBIA POS ELECCIONES

COLOMBIA POS ELECCIONES

Eligio Palacio Roldán

Después de una feroz campaña política, de ingrata recordación en Colombia por la utilización de estrategias faltas de ética para desprestigiar a los contendores, y del temido triunfo de Gustavo Petro un exguerrillero del M19 y opositor al gobierno desde hace cerca de 50 años, la sensación de paz, y la esperanza se fueron apoderando de la sociedad gracias a las primeras intervenciones y decisiones del presidente electo.

Desde ese día, se han visto escenas inimaginables, unas que generan optimismo y otras que indican que en el próximo gobierno será poco lo que cambie. Entre las primeras, la reunión entre el presidente electo y el líder de la derecha colombiana Álvaro Uribe Vélez y la convocatoria a un gran acuerdo nacional, similar al que promulgara el extinto líder conservador Álvaro Gómez Hurtado; entre las segundas, está el desfile de toda la clase política tradicional tras la “mermelada” del nuevo gobierno.

Había preocupación en algunos sectores por cuanto ninguno de los dos candidatos en la final de las elecciones en Colombia, Gustavo Petro y Rodolfo Hernández, tenía mayorías en el Congreso; no hay tal, nuestra clase política tiene de todo menos clase y era obvio que se iba a deslizar hacia el candidato ganador. Lo advertí en una columna del mes de febrero. “En las elecciones del trece de marzo votaré, entonces, para el Senado por una persona del mismo perfil de Robledo, pero de derecha; esa persona debe tener los “calzones bien puestos” así sea una mujer; una mujer clara, frentera, sin pelos en la lengua y dispuesta a luchar por lo que hemos logrado a lo largo de la historia, sin dejarse manipular por el gobernante de turno y que pueda ser vocera del pueblo colombiano ante organismos internacionales.”, ahora esa mujer, María Fernanda Cabal, parece ser la única capaz de hacer oposición, junto a figuras como Enrique Gómez.

Claro que, como van las cosas, la oposición al presidente Petro no será de derecha sino de izquierda, tal como se viene avizorando en estos primeros días: los reproches por la elección de Roy Barreras como presidente del Senado, la oposición a la posible llegada del excandidato a la ´presidencia Carlos Amaya, exgobernador de Boyacá, al Ministerio de Agricultura, el descontento de Fecode por no haber sido incluido en la comisión de empalme  y la imposibilidad del nuevo presidente de cumplirle a un electorado fiel y sediento de beneficios y poder harán que se pasen a la oposición como ha ocurrido con candidatos triunfadores  en pueblos y ciudades en toda Colombia. Es sabido que una cosa es prometer a unos electores y otra es gobernar para todo un pueblo.

Por lo pronto el presidente Petro tendrá toda la gobernabilidad para sacar adelante grandes iniciativas y, de inmediato, no parece avizorarse una oposición fuerte como la han tenido los anteriores presidentes y en especial Iván Duque; saber que los sindicatos lo apoyan y que la derecha no está organizada para protestas masivas le dan un margen de maniobrabilidad nunca antes vista en la historia de Colombia; que como lo dije antes creo durará poco porque, además de las circunstancias descritas, el presidente tiene cierta afinidad, desde sus orígenes políticos, con la derecha; no en vano su militancia comenzó en un movimiento guerrillero que apoyaba al exmilitar Gustavo Rojas Pinilla.

ANTES DEL FIN

Devastadora ola invernal en Colombia; en el norte de Antioquia, con las carreteras descuidadas totalmente por la gobernación de Aníbal Gaviria la situación es insostenible. Insostenible, también, el manejo de las pasturas; otro factor que se une a la crisis del sector lechero de los últimos años.

El final de la emergencia sanitaria es, desde luego, una buena noticia;  pero podría generar una gran crisis en el área de la salud porque el Covid-19 sigue haciendo de las suyas, inclusive con este servidor.

GANAR Y PERDER EN LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES 2022

GANAR Y PERDER EN LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES 2022

Eligio Palacio Roldán

Terminó una de las elecciones más trascendentales del presente siglo; la más importante de nuestra historia dijo el presidente electo, Gustavo Petro, en la celebración de su victoria. En esta oportunidad, como siempre, se gana y se pierde. Veamos:

Gustavo Petro: Triunfó después de varios intentos y lo hace de manera transparente y con un gran respaldo popular. Su discurso logró convencer una sociedad esquiva a los discursos de izquierda. Su historia apenas comienza y tendrá que ser un buen gobernante por obligación, su oposición a los gobiernos democráticos del país desde 1.970 le implica un gran reto. Ahora está del otro lado y es de esperarse que sepa tolerar la oposición que seguramente será implacable con sus acciones y con su pasado.

La izquierda: Ganó por primera vez en la historia del país. Ese triunfo al igual que el de sus líderes, Petro y Francia Márquez, son la retribución a un esfuerzo de muchos años y un compromiso que marcará el futuro de la tendencia política. Al igual que Petro estará del otro lado y tendrá la oportunidad de demostrar que sus teorías son las acertadas para el bienestar de los colombianos. Gana la izquierda latinoamericana e internacional, especialmente el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.

La derecha o el antipetrismo: Ganó con más de diez millones de votos a su favor. Esa cifra permite pensar que con estrategias coordinadas pueden volver al poder fácilmente. Obvio, con una figura unificadora que hasta el momento no se perfila en el horizonte porque la edad de Rodolfo Hernández no le ayuda. Perdió el poder, lo dejó ir de las manos por no saber administrarlo, por usarlo y abusarlo, por la corrupción. En la oposición tendrán la oportunidad de reinventarse y reivindicarse aunque seguramente se mimetizarán en el gobierno para hacer de las suyas de nuevo. No en vano, el presidente electo tendrá que «conquistarlos».

Campañas políticas: Pedieron el rumbo, se extraviaron en la forma de hacer política, en la bajeza de sus acciones.

Los marginados: Triunfan indígenas, negritudes, población Lgtbiq, las víctimas de los “falsos positivos” y la población de la Colombia alejada del centro del país. Su representación en el ejecutivo crecerá aún más, porque ya la tiene.

Julián Bedoya, Roy Barreras, Piedad Córdoba, Iván Cepeda, Ramiro Suárez, detenidos de La Picota, entre otros: A pesar de ser cuestionados por la opinión pública, su apoyo no opacó el triunfo de Gustavo Petro y ahora están en el poder. Seguramente continuarán en él y serán los directos beneficiarios del gobierno Petro.

Fecode: La Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación, el poderoso sindicato de los profesores, que poco ha hecho por la educación en Colombia, ganó. Su discurso continuado, de muchos años, en contra del estado dio sus frutos. Sería deseable que ahora si trabajen ya que no tendrán que dedicarse a la oposición política.

Redes sociales: Ganaron como herramienta de propaganda política y estrategia electoral a pesar de las falsedades que difundieron y la mezquindad de los manipuladores de la opinión pública que las utilizaron.

Jóvenes: Impusieron su visión de país, cargada de mucho optimismo, en ocasiones ilusoria y con el desconocimiento generalizado de la historia de Colombia. Los mayores de cuarenta años perdimos y nuestra visión ya es retrógrada.

La democracia: La gran triunfadora de la jornada.  Se le demostró a Colombia y al mundo que se puede elegir libremente y en paz y que la izquierda ha tenido y tuvo todas las garantías para llegar al poder. Se desploma la falacia de que el poder era solo para las élites.

La Registraduría: A pesar de los cuestionamientos previos a las elecciones, demostró que tenía la capacidad de respuesta al compromiso con Colombia y el mundo.

El gobierno Duque: Perdió porque entregó el poder a la izquierda por primera vez en la historia de Colombia; ganó por lo mismo: demostró que tan democrático fue. Pasada la presión de la oposición, con el pasar de los días, ganará el reconocimiento nacional e internacional.

Álvaro Uribe: Estas elecciones, su edad, desgaste y el rechazo por parte de una juventud mal informada hace que realmente su retiro sea el camino más seguro para el exmandatario. Ganó porque la presión sobre él disminuirá un poco. Su audiencia, ahora en la oposición, crecerá.

Alcaldes de Bogotá, Cali y Medellín: Otros triunfadores de la jornada electoral. La coincidencia de su tendencia política con el nuevo mandatario facilitará el desarrollo de sus iniciativas.

El periodismo: Su parcialización, ya conocida, lo dejó al desnudo. Se desmoronan figuras como Daniel Coronell, aunque su candidato llegue al poder, ahora se le pierde el filón con el que ha vivido los últimos veinte años: el Uribismo. Bueno, ya está encontrando otro: Jaime Gilinski. Igual suerte core María Jimena Duzán.

Medios de comunicación: Ganó el periodismo amarillista de las revistas Semana y Cambio, desafortunadamente. Perdió la radio que se quedó por debajo de las redes sociales; ganó la televisión, específicamente Caracol. La prensa quedó al margen.

Las Farc: Ganaron al igual que la izquierda. Bueno, siguen ganado desde el comienzo de las negociaciones del proceso de paz.

La corrupción: Quedó demostrado que los colombianos están “mamaos” de la corrupción y que hay una decisión de combatirla; claro, a la de la clase política solamente. Aunque hay muchos corruptos celebrando la llegada de Petro al poder, creo que no les será fácil reincidir.

La economía: Una incógnita. Por ahora pierde el sector minero energético por las decisiones del nuevo presidente sobre el sector.

Medio ambiente: Gana por la posición del presidente electo sobre el tema. No solo gana en Colombia sino el mundo entero.

Expresidentes: Ganan Samper y Santos -SANSAM-, pierden los demás.

Partidos políticos: Fueron borrados del mapa de Colombia. Tendrán que hacer un gran esfuerzo para resurgir.

Sergio Fajardo:  Ahí, como siempre, con su tibieza esperando una oportunidad dentro de cuatro años cuando llegue su cumpleaños número setenta.

Colombia: Al igual que Fajardo, ahí, aunque ganó con la limpieza de la jornada electoral; perdió por la radicalización de las tendencias políticas y la división del país.

Yo: Igual. A la expectativa por las promesas del presidente electo para el campo y de que no me expropien. Madrugando a las tres y treinta de la mañana a ordeñar las vaquitas.

ANTES DEL FIN

La mejor de las suertes para Colombia y los colombianos en esta nueva era, la era de la izquierda, la era Petro.

19 DE JUNIO DE 2022, EL DÍA QUE PARTIRÁ LA HISTORIA DE COLOMBIA.

19 DE JUNIO DE 2022, EL DÍA QUE PARTIRÁ LA HISTORIA DE COLOMBIA.

Eligio Palacio Roldán

El 19 de junio de 2022 quedará inscrito en el imaginario como uno de los días más trascendentales en la historia de Colombia; tan trascendental como el del “Bogotazo”, 9 de abril de 1948, o como el 19 de abril de 1970 que dio origen al M19, guerrilla surgida a raíz de la derrota, que se consideró injusta, de Gustavo Rojas Pinilla por parte de Misael Pastrana Borrero y de la que hizo parte el hoy candidato Gustavo Petro.

De ganar Petro, sería el primer presidente de extrema izquierda en Colombia en el presente siglo y el único conocido por las actuales generaciones; de triunfar Rodolfo Hernández, sería el primero en llegar a la casa de Nariño sin un partido político que lo respalde directamente y con el menor número de parlamentarios elegidos a  su favor. En uno u otro caso, las condiciones políticas, económicas y sociales cambiarán radicalmente, al igual que el manejo del ejecutivo y sus relaciones con el Congreso y de los demás entes del poder en el país, incluido el de la dirigencia económica y empresarial.

De ganar Gustavo Petro, cumplir el compromiso con una ciudadanía cansada de la corrupción y la falta de oportunidades será el gran reto del nuevo presidente, quien en poco tiempo tendrá que sentar las bases y garantizar el escenario para que sus electores logren alcanzar sus expectativas, muchas de ellas desbordadas por lo imaginario y simbólico creado en sus mentes por el mismo candidato y sus promesas electoreras. Tendría el nuevo presidente una férrea oposición encarnada en el uribismo que a pesar de las estrategias para borrarlo del panorama nacional sigue con mucha fuerza y alrededor del cincuenta por ciento de la población siguiendo las ideas del líder más importante de Colombia, en el presente siglo.

Si triunfa el candidato Rodolfo Hernández, su reto será demostrar que gobernará alejado de la clase política tradicional, que efectivamente luchará contra la corrupción y que trabajará para generar posibilidades de crecimiento económico y de disminución de la desigualdad social. Tendría, también, una férrea oposición de los seguidores de Gustavo Petro y de la izquierda colombiana, quizás peor a la que tuvo que afrontar el presidente Duque.

Ambos, pero en especial Petro, tendrán que dejar de lado a algunos de los principales colaboradores de sus campañas signados por la corrupción y sus nexos con el narcotráfico, medida que generaría descontento y oposición de sus mismos seguidores desde los primeros días del gobierno.

El eventual gobierno de Gustavo Petro tendrá que ser intenso y trasformador desde el comienzo porque de lo contrario su credibilidad y favorabilidad se desplomarían rápidamente y gran parte de sus seguidores se transformarían en férreos opositores; el de Rodolfo Hernández será la última oportunidad para la derecha demostrar que el interés general prima sobre el particular y no al contario como es la historia conocida de esta vertiente política.

Se juegan el presente y el futuro los dos extremos del pensamiento político colombiano, este domingo y los próximos cuatro años, es la oportunidad para continuar la senda del crecimiento económico en el que se encuentra el país, enderezar situaciones adversas como la desigualdad y el incremento de la pobreza desencadenada por la pandemia del COVID-19 y no sumergirlo en el fracaso y el atraso.

Dadas las circunstancias de polarización entre izquierda y derecha es esperable un incremento en la participación de los colombianos en las próximas elecciones y, en el mediano plazo, el surgimiento de líderes de centro.

ANTES DEL FIN

Termina el gobierno Duque con bajos índices de favorabilidad, pero con ejecutorias para mostrar en el manejo de la economía, la lucha contra la epidemia del COVID y el desarrollo vial del país. Su lunar, sin lugar a duda, será el mismo de los gobiernos anteriores: la corrupción desbordada. Corrupción, que será el enemigo para vencer por el próximo gobierno pero que creo no logrará dada la idiosincrasia de los colombianos, la ambición desmedida y la falta de escrúpulos de nuestros gobernantes, sin importar su ideología política.  

LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN COMO ESTRATEGIA ELECTORAL

LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN COMO ESTRATEGIA ELECTORAL

Eligio Palacio Roldán

El martes titulé este escrito como la síntesis de lo que quería decir esta semana y el miércoles me encontré una estupenda columna sobre el mismo tema de Alfonso Gómez Méndez, en el diario El Tiempo: Combatir la corrupción: ¿gancho electoral? https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alfonso-gomez-mendez/combatir-la-corrupcion-columna-de-alfonso-gomez-mendez-678405.

La columna hace un recorrido por la historia de la lucha contra la corrupción en  Colombia desde Simón Bolívar hasta nuestros días y destaca el fracaso de las diferentes iniciativas para derrotarla y yo agregaría para “Reducirla a las justas proporciones” como dijo alguna vez el presidente de finales de los setenta Julio Cesar Turbay Ayala.

Así como en el caso de los candidatos presidenciales, el tema más recurrente en mis columnas es el de la lucha contra la corrupción (https://eligiopalacio.com/tag/corrupcion/). He dicho que es la herencia de Pablo Escobar y el narcotráfico y hoy toca rectificar porque como lo dice el doctor Gómez Méndez es desde la constitución de la nación; sin embargo, esta se ha ido agravando con el pasar de los años, desde los tiempos de Pablo Escobar, o como dijera yo en alguna de las columnas anteriores, se ha democratizado. Más bien, la corrupción se ha extendido como plaga incontrolable a lo largo y ancho del país.

La pregunta que quería tratar de dilucidar en esta reflexión era: ¿por qué ese deseo de elegir a los que dicen encarnar la batalla contra la corrupción a sabiendas de que no emprenderán ninguna lucha contra ella una vez elegidos, conociendo que han incurrido en hechos de corrupción y de que, nosotros mismos, en la vida diaria, asumimos conductas non sanctas?

Podría pensarse que ese deseo de que un presidente acabe con la corrupción sin ninguna colaboración de nuestra parte obedece a otro de los paradigmas heredados de la moral cristiana: todo depende de un ser superior y yo no tengo que hacer ningún esfuerzo para lograr el objetivo, “es la voluntad de Dios”, de un ser superior; en este caso el presidente de turno.

También es esa doble moral la que nos acecha y que se ejemplariza como nunca en las campañas electorales: el malo es el otro, el corrupto es el otro y por lo tanto hay que derrotarlo y si lo derroto pues las gabelas serán para mí, para mis amigos o para mis seres queridos. Es decir, el egoísmo rampante.

La doble moral que nos caracteriza hace imposible que nos acerquemos a la realidad de lo que ofrecen los candidatos presidenciales y de ellos mismos como posibles gobernantes. No se analiza ni la hoja de vida, ni la trayectoria, ni las ejecutorias de los personajes en disputa por el poder y sin discernimiento nos atrevemos incluso a retar a nuestros pares por ser poseedores de la verdad y encarnar al igual que nuestro candidato la lucha contra la corrupción; obvio, la corrupción de los demás.

ANTES DEL FIN

Las estrategias de los movimientos políticos para acceder al poder en Colombia quedaron al desnudo con las revelaciones de los videos de una de las campañas: fango nauseabundo es el que se esparce sobre Colombia y los colombianos ahí como idiotas útiles.

Si de idiotas útiles vamos a hablar que tal Alejandro Gaviria y pensar que fue rector de la Universidad de los Andes. Con razón estamos como estamos.

Gran producción la serie de televisión Las Villamizar. Las locaciones son tan espectaculares que creo muchos turistas vendrán a Colombia a descubrir esos rincones de la geografía nacional.

SHEREZADE HA MUERTO

SHEREZADE HA MUERTO

Eligio Palacio Roldán

“El de los conocimientos maravillosos y las historias entretenidas, peregrinas. Las cuales noches añaden curiosidad a curiosidad y ofrecen descripciones de amor y pasión y locura de amor. Y contienen historias y rarezas amenas y divertidas y graciosas, adornadas con figuras sorprendentes nuevas, de lo más nuevo que haber pueda, y panoramas prodigiosos de los prodigios de los tiempos”

Las Mil y Una Noches

El pesado Tomo III cayó al piso en medio de la tormenta; el agua y el viento trataban de arrastrar las 1.631 páginas de Las Mil y Una Noches, el libro donde se cuenta la hazaña de la intrépida Sherezade, quien cada noche narraba decenas de historias tratando de entretener al sultán Shahriar, en un intento pausado y creativo por salvar su vida ante su inminente decapitación. Pasadas las horas y con el incremento de la lluvia el libro se fue partiendo en pedazos que el arroyo se llevó.

Con la llegada de los medios electrónicos de comunicación, en especial radio y televisión, de la energía eléctrica y posteriormente de la internet y de su mano las redes sociales desaparecieron los contadores de historias, la lectura de las que quedaron en la literatura universal y de las mismas historias que ahora ya son solo simples trinos o likes sobre fotografías de aconteceres siempre felices.

Cuántos seres que habitan la tierra, en esta tercera década del siglo XXI, han vivido una noche junto al fuego, del fogón de leña, escuchando las historias de un más allá cercano y dominante de la realidad, cuántos se disponen a contar historias sin estar acompañados por el licor o la música, cuántos se ha leído El Quijote de la Mancha, Cien Años de Soledad o Las Mil y Una Noches.

Según un informe publicado en el diario El Colombiano, el 27 de octubre de 2021, en Colombia se leen 2.7 libros por habitante al año frente a 5 de Argentina y Chile. No precisa el informe los del segmento de literatura, pero me temo que son pocos y de esos pocos son muchas las versiones “resumidas” que ofrece el mercado para evitar la “fatiga” de los estudiantes de bachillerato.

Puede ver: https://www.elcolombiano.com/cultura/buscalibre-dice-que-en-colombia-se-leen-27-libros-al-ano-AJ15947362

Y si de tradición oral vamos a hablar, esta quedó contenida en unos pocos cuenteros que aparecen en algún evento cultural y en la memoria de unos cuantos ancianos poco escuchados por las generaciones actuales.

Alguna vez pensé que la única forma de ser inmortal era ser escritor; que Cervantes, Gabriel García Márquez, Tomás Carrasquilla, Jorge Isaacs, entre otros, jamás serían olvidados. No hay tal, los ejemplares de sus obras maestras permanecen en anaqueles olvidados, cubiertos de polvo, y su único destino parece ser esperar ser arrastrados por la lluvia o el agua, en alguna tormenta, como el pesado tomo III de Las Mil y Una Noches. Bueno, este al menos tuvo un final de novela; la mayoría simplemente son arrojados a la basura.

Sherezade ha muerto, no asesinada por el sultan Shahriar después de transcurridas las mil y una noches sino por el olvido de los humanos siete siglos después de su aparición sobre la tierra.

ANTES DEL FIN

Las elecciones del pasado 29 de mayo las ganó sobrado el sistema informativo de Caracol Televisión; brillaron sus periodistas y presentadores, en especial Alejandra Villamizar y María Lucía Fernández. La radio quedó relegada a la facilidad para consumirla, pero sus transmisiones ya no tienen el brillo, ni la espectacularidad informativa de días ya lejanos.

El candidato a la presidencia Rodolfo Hernández al descalificar los debates de televisión y negarse a asistir a ellos, tiene razón. Esos debates son más un reality show que un elemento importante para definir por quien votar.