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LOS MISMOS CON LAS MISMAS

LOS MISMOS CON LAS MISMAS

Eligio Palacio Roldán

“15 altos funcionarios de Duque vienen del gobierno Santos” tituló el portal de internet “La Silla Vacía”, el pasado 20 de agosto, mostrando como la transición entre los gobiernos entrante y saliente “no había sido tan brusca”. Y si eso sucede entre los altos funcionarios, mucho más ocurre en los mandos medios y bajos, que pasan de una a otra posición sin que casi nadie lo perciba, sin que casi nadie se pregunte por sus idearios políticos. Esta característica de los gobiernos colombianos se origina, sin duda, en El Frente Nacional.

El Frente Nacional fue una extraña fórmula de alternancia en el poder entre los partidos Liberal y Conservador para “poner fin” a la violencia de mitad del siglo XX, en Colombia. Operó entre 1958 y 1974,  y sentó las bases de la repartición de la burocracia en las ramas del poder público  y, obvio, de la corrupción que nos agobia.

Desde los inicios del Frente Nacional Colombia ha sido gobernada por una misma clase política que se “renueva”, con el pasar natural de los años, con los descendientes de unas pocas castas políticas. Por eso es normal ver como en los medios de comunicación e incluso en la plaza pública los dirigentes de los “diferentes” partidos políticos se enfrentan en intensas e interminables discusiones para luego verlos trabajando juntos, sin importar la supuesta ideología de los gobiernos de turno.

También se ve, como los presidentes al iniciar sus mandatos recortan burocracia y despiden contradictores, para sintonizarse con el querer popular, pero que poco a poco van reubicando en otras instituciones estatales, en una repartición obligada de favores. Favores que generan una especie de clase social zángana que solo se dedica a vegetar mientras logra su jubilación, en un desgreño administrativo que carcome las instituciones públicas.

Lo que fue una solución para lograr la paz entre liberales y conservadores se convirtió con el tiempo en un hecho generador de exclusiones, debilitamiento de la democracia y de muchas otras formas de violencia similares y aún peores que las que se pretendían evitar. Como consecuencia de ello surgieron las guerrillas de izquierda Farc, ELN y EPL y el movimiento paramilitar de derecha. Esta fue una lección que no se aprendió o no se tuvo en  cuenta en las negociaciones de paz entre el gobierno Santos y las Farc y cuyo desconocimiento generó nuevos fanatismos y confrontaciones que, seguramente, desembocarán, otra vez, en la muerte de centenares de colombianos, repitiendo otra historia sinfín de nuestra Colombia.

Terminado el Frente Nacional, los liberales, conservadores y alguno que otro personajillo   tecnócrata o de izquierda en el poder, no fueron capaces de dejar de depender del estado  y entonces se fueron camuflando, gobierno tras gobierno, con la manida teoría de que “La política es dinámica”

ANTES DEL FIN

Terminado el Frente Nacional, en el comienzo de la era del camuflaje entre uno u otro partido, un conocido personaje de Entrerríos – Antioquia afirmaba: Yo soy el más liberal de este pueblo, pero el pueblo solo va hasta “vuelta bonita”. En Medellín trabajaba con un gobernante conservador, partido contrario al suyo, del que denigraba constantemente.

Lo mismo que le sucedía a mi paisano, le ocurre a centenares de colombianos que viven denunciando los gobiernos por corruptos, posan de decentes, organizan marchas anticorrupción y a la vez reciben ingresos de esos mismos gobiernos, que critican, por desarrollar costosos proyectos cuyos efectos nunca se hacen tangibles.

Las embajadas del gobierno Duque, al igual que las de Santos, Uribe y todos los demás son otra prueba de que siempre son los mismos con las mismas. No importa que se dediquen a negocios particulares o las reciban como un premio por su “lealtad” con el gobierno de turno y le aporten poco o nada al país.

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LA PAZ DE LAS ELITES

LA PAZ DE LAS ELITES

Eligio Palacio Roldán

En el año 1956, se llegó a un acuerdo entre las élites de los partidos liberal y conservador para terminar con la violencia partidista en Colombia y tratar de frenar el movimiento político del exdictador populista Gustavo Rojas Pinilla. Incluía la alternancia en el poder de las dos vertientes políticas, en gobiernos de coalición, entre 1958 y 1974, pero excluía al pueblo colombiano.  Se trataba del El Frente Nacional.

Esta historia no parece tan lejana para los colombianos…

En el año 2016, se llegó a un acuerdo entre las élites del gobierno Santos, incluidos los partidos liberal y conservador, con las Farc, guerrilla surgida como consecuencia de la exclusión del Frente Nacional, para terminar con la violencia en Colombia y “tratar de frenar el movimiento político del expresidente populista Alvaro Uribe Vélez”. No incluye la alternancia en el poder, en gobiernos de coalición, pero si su perpetuación en el mismo. Este pacto, excluye, también, al pueblo colombiano.

La situación de Colombia, luego del acuerdo de paz con las Farc, guarda similitudes, además,  con lo sucedido tras la muerte de Pablo Escobar o la disolución del Cartel de Cali. En esas ocasiones se habló, al igual que hoy, del fin de la guerra y de los carteles de la droga, del cese de la violencia y la llegada de una nueva era para Colombia; sin embargo, las organizaciones criminales fueron sustituidas por otras que se multiplicaron y extendieron por todo el país.

A diferencia las cúpulas de  los carteles de Medellin y Cali, que fueron derrotadas, condenadas o eliminadas, los integrantes de la de las Farc alcanzaron lo inimaginable: ser perdonados, sanear sus fortunas y hacer parte de jet set nacional e internacional.

Cada día es más evidente que el acuerdo con las Farc fue solo un acuerdo entre élites (ver LA PAZ DE LOS VIEJITOS https://eligiopalacio.com/2015/09/29/la-paz-de-los-viejitos/). Los recientes disturbios en Tumaco, que incluyeron la muerte de varias personas es una prueba fehaciente de que la paz está muy lejos de Colombia.

Era obvio que el grueso de la organización guerrillera se iba a desplazar hacia otras organizaciones criminales, incluso, se ha generado mayor desesperanza y resentimiento social: ¿Que pueden sentir estas gentes, acostumbradas a delinquir, sin oportunidades reales para el presente y el futuro cercano, viendo a sus exlíderes haciendo ostentación de los privilegios de su nueva vida, sin pagar por sus crimines y con un futuro definido y halagador.

¿Qué pueden sentir los miles de ciudadanos que no encuentran un trabajo digno y una manera de subsistir cuando ven a los delincuentes que los doblegaron, por más de medio siglo, exhibiendo su nueva posición? Lo obvio: Que en Colombia los buenos somos más pero que es mejor ser malo que bueno. Que los malos son premiados.

¿Qué pueden sentir unos y otros? Que en este pacto, como siempre, han sido excluidos, que han sido utilizados por unos y otros para alcanzar un poder en beneficio de unas pocas élites.

ANTES DEL FIN

  • El movimiento del expresidente Alvaro Uribe guarda grandes similitudes con el del general  Gustavo Rojas Pinilla. ¿También se repetirá la historia de las elecciones de 1970?
  • Dice un pequeño comerciante, de un municipio cocalero de Antioquia: “Por mi tienda desfilan los mismos hombres de siempre: los que me exigieron “vacunas ayer”, los que llevan insumos para la producción de coca. Ahora no tienen que ocultarse bajo un camuflado. Es la diferencia. Mi vida, la misma: trabajando para sostener los delincuentes.”

DESCONECTARSE

DESCONECTARSE

Eligio Palacio Roldán

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En el mundo de las redes sociales, del internet y obvio del satélite; en el tiempo de la “Aldea Global”, de la que habló el sociólogo canadiense Marshall Mcluhan, por allá en el año 1968, parece imposible estar aislado del resto del mundo, aunque cada vez es más recomendado por profesionales de la salud, la sicología y hasta por los gurús espirituales de la época, desconectarse.

Desconectar, según la Real Academia de la Lengua Española es Dejar de tener relacióncomunicaciónenlace, etc.”. Es decir, de algún modo, ser autista. Autista, según también la RAE es “Dicho de una persona: Encerrada en su mundo, conscientemente alejada de la realidad”.

Obviamente, existe el autismo como un trastorno del neurodesarrollo, donde se altera la comunicación con los demás seres humanos, no voluntario. Bueno, no nos metamos en profundidades porque tal vez si sea voluntario, como el que define la RAE.

Desconectado he estado los tres primeros días de esta semana y supongo que nada ha pasado y seguramente nada pasará en mucho tiempo esté o no desconectado: La crisis del hermano país de Venezuela se intensificará; los “descubrimientos” de corrupción en Colombia se agudizarán, así como las relaciones Uribe – Santos, para concluir lo obvio: que somos una partida de corruptos; también se irán revelando los verdaderos acuerdos Farc-Santos y Uribe paramilitares; la crisis económica se acentuará y seguirá la venezonalización de la economía colombiana y del país en general, no por la llegada de nuestros vecinos a colonizar a Colombia (en cada esquina vemos más de uno), sino  por la salida del “Closet”, sin ninguna vergüenza y sin ninguna judicialización, de nuestra dirigencia, para más rabia de la derecha colombiana. Claro, los godos seguirán entregando “La Conciencia Moral del País” por un plato de lentejas.

Colombia es un país católico donde la iglesia, de esa tendencia religiosa, no se ha podido “desconectar” del poder. Qué bueno que lo hiciera y que en estos dos días de reflexión (Jueves y Viernes Santo),  dedicados a conmemorar el sacrificio de Jesús, retomara su origen, diera muestras de humildad y desprendimiento y comenzara, con su ejemplo, a buscar una Colombia más honesta. Creo que gran parte de nuestra doble moral se debe a lo que ha sido su actuación en el país y en el mundo: Pobreza para los otros y opulencia para mí. No me explico cómo podrán superar la prueba del camello descrita en la Biblia.

No es la iglesia católica, solamente, la que debiera desconectarse del poder: también mis colegas periodistas; gran parte de ellos enmermelados por los gobiernos de turno. Gobiernos municipales, departamentales o nacionales a los que exprimen a cambio de ocultar sus pecados. También los empresarios, los comerciantes, los trabajadores. En fin, todos y cada uno de los colombianos que nos creemos de bien y que no llegamos a serlo.

ANTES DEL FIN

Alguna vez me ausenté de mi sitio de trabajo, durante seis semanas, por vacaciones acumuladas, al partir se estaba discutiendo en el Comité Directivo un tema, al regresar estábamos en la misma discusión. Tomé la palabra y expresé: “Esto se parece cada vez más a una telenovela, la deja de ver uno dos meses y no pasa nada”. Lo mismo sucede es nuestra vida  nacional; entonces, ¿para qué estar conectado?

LECCIONES DE LAS ELECCIONES

LECCIONES DE LAS ELECCIONES
Eligio Palacio Roldán
  1. La derrota de Uribe no significa un triunfo del gobierno frente a los diálogos de paz

No lo significa porque este tema tan importante para el gobierno no hizo parte de la agenda local. Grave: los colombianos parecen pensar que la paz es un problema de Santos y no un problema de cada uno de los habitantes del país.

  1. El carisma de Uribe pierde frente a la maquinaria de Vargas.

Alvaro Uribe Vélez es el hombre más carismático entre los colombianos, he visto hombres y mujeres temblar, suspirar y desmayarse ante su presencia. No obstante poco puede hacer sin la mermelada y la burocracia que ofrece un sistema presidencialista como el nuestro. Ni siquiera en Antioquia, donde se le idolatra, pudo frente al gobierno Santos, encarnado en Germán Vargas Lleras.

  1. A pesar de la derrota, Uribe tiene mucho que darle a Colombia

La ascendencia del expresidente sobre miles de colombianos y el conocimiento de los intríngulis del poder pueden hacer mucho por la moralización de las costumbres políticas del país. (Ver UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD http://wp.me/p2LJK4-H4)

  1. Los votos no se endosan.

Una cosa es seguir al lider, otra bien distinta es seguir a quien el líder señala. Son pruebas Uribe con Vélez Uribe y Fajardo con Federico Restrepo.

  1. Medellín y Bogotá votan con independencia

En Bogotá no importaron las presiones de Petro, ni las de su burocracia para conservar sus cargos públicos; En Medellín, ni el candidato del alcalde, ni el de Uribe, ni el del gobernador ganaron.

  1. A mayor independencia económica mayor independencia política

Las ciudades o los municipios donde la economía es algo más que la burocracia votan con mayor independencia. Por esa razón es más fácil lograr este objetivo democrático en las grandes ciudades que en nuestros míseros pueblos.

  1. Medellín se independiza de Antioquia

En la elección del gobernador la capital paisa también mostró su independencia, la independencia de quien tiene como valerse por sí mismo. Luis Pérez supo jugar y logro sembrar esperanzas entre los restantes 124 municipios, que dependen de la ayuda del gobernador, para salir adelante. La mayoría de los movimientos políticos municipales estaban con el seguro ganador, según las encuestas.

  1. Las ideologías cedieron ante los intereses electoreros.

Es difícil determinar la ideología de un candidato. No se defienden ideas, se logran adhesiones cambiando el discurso para complacer a las audiencias. Ver LAS CONTRADICCIONES DEL CANDIDATO LUIS PÉREZ http://wp.me/p2LJK4-1mZ

  1. El fin justifica los medios

Los integrantes de los partidos políticos juegan a lo que sea con tal de continuar en el poder. Ver EL CONSERVADOR: UN PARTIDO CON VOCACIÓN DE PODER http://wp.me/p2LJK4-1j5

  1. Muchas encuestas no consultan la opinión, manipulan la opinión

Quedó claro que hay tantas encuestas como intereses en manipular la opinión. Se pierda credibilidad como se perdió en el estado hace mucho tiempo, por mentiroso.

  1. Colombia es un país político

Durante el clímax electoral nadie recordó el problema en la frontera colombovenezolana, los diálogos de paz o la crisis económica del país.

 12. Es mejor ganar que perder

El domingo en la noche y esta semana se han visto unas caras muy alegres y otras muy tristes. Para unas y otras la vida sigue igual.

  1. No sabemos perder, tampoco ganar.

Estar feliz o triste frente a los resultados electorales es normal. No es normal emprenderla contra el otro y acrecentar los odios entre los colombianos.

ANTES DEL FIN

Vox populi, vox Dei – La voz del pueblo es la voz de Dios. Dios se ha pronunciado, entonces en los comicios electorales. Nuestro deber apoyar esa decisión y colaborar a los gobernantes con nuestra acción en pro de las buenas obras y nuestra oposición ante los hechos de corrupción y desgreño. Ese es el deber ser de cada colombiano.

EL CONSERVADOR: UN PARTIDO CON VOCACIÓN DE PODER

EL CONSERVADOR: UN PARTIDO CON VOCACIÓN DE PODER
Eligio Palacio Roldán
“Caro y Ospina escribieron
La justicia contra la opresión
Igualdad sin privilegios
Como principio y razón.”

Desde los primeros días de la semana anterior los teléfonos de los dirigentes y exdirigentes conservadores, muchos de ellos olvidados, volvieron a sonar cual campana de iglesia llamando a los feligreses. Era el anuncio de la Convención Conservadora, del viernes 29 de mayo, en donde se “elegiría” el candidato de la colectividad a la gobernación de Antioquia.

Las gentes, alejadas de las intrigas de la política, pensaban que la disputa sería entre Carlos Mario Montoya, heredero de los viejos caciques del Partido Conservador, y César Eugenio Martínez, impulsado por Jenaro Pérez y su gente del norte del departamento. Del triunfador se esperaba que se uniera al Nuevo Centro Democrático, de Alvaro Uribe, quien es el colombiano que, según ellos, ha representado con mayor nitidez los principios del grupo político.

Sin embargo, para las gentes que se mueven como peces en el agua turbia de la política, era claro que había una orden desde la Presidencia de la República: el candidato elegido debía garantizar una alianza con Luis Pérez, el candidato con más opciones para derrotar al Uribismo.

Y se habló tanto. Y se pronunciaron tantos y tan interminables discursos recordando viejas glorias, muchas de ellas fosilizadas, sin querer morir.  Se repitieron tantas palabras huecas, tantas alusiones a la ética y a la moral y a los valores perdidos. Y…, mientras tanto, se negociaron tantos contratos, tanta burocracia,  tanto dinero.

Y, claro: Ganó quien estaba en el poder.

El Partido Conservador tiene vocación de poder y lo defiende como sea. Incluso mientras canta, a  grito herido, un himno  que no escucha, un himno donde se habla de Igualdad sin privilegios”. Privilegios que “conserva” para unos cuantos, así les toque arrastrarse.

Y, bueno, ahora con la alianza entre los grupos de Bello e Itagüí, de la mano de Eva Inés Sánchez (¿Quién será esa señora?), seguramente el gobernador de Antioquia será Luis Pérez y Santos derrotará a Uribe. O quizás pueda más Uribe y ponga su gobernadora. Y todo seguirá igual. Hasta octubre, en el día de las elecciones, pelearemos, discutiremos. Unos quedarán felices, otros tristes. Y, nada…

Nada porque que gane Santos o que gane Uribe es lo mismo. Es lo mismo porque representan la misma clase social, la de los ricos. Lo mismo porque aplican las mismas políticas: juntos dijeron haber derrotado a las Farc, juntos eludieron los macabros falsos positivos, juntos entregaron la riqueza de nuestro suelo a las multinacionales extranjeras, con la confianza inversionista, juntos firmaron tratados de libre comercio y dejaron la industria y el agro a la deriva, juntos dijeron rechazar el gobierno y la economía venezolana y juntos venezolanizaron la nuestra. (LA VENEZOLANIZACIÓN DE LA ECONOMIA COLOMBIANA http://wp.me/p2LJK4-1iK)

Ahora, Santos dice estar en “el polo” opuesto al de Uribe pero hace lo mismo que él: Engolosinarse con el poder, creerse irremplazable, reelegirse y ser víctima de sus mejores amigos, amigos que los acompañan mientras está en el poder, como los godos, integrantes del glorioso partido conservador,  Partido con verdadera vocación de poder.

ANTES DEL FIN

La FIFA y el mundo del fútbol se estremecen ante la corrupción y todos juzgamos: Todos son corruptos menos nosotros, todos los hechos de corrupción son censurables menos los nuestros. ¿No será corrupción renunciar a los principios, a los ideales, por “conservar” los privilegios. Estamos mal, demasiado mal. Mire MI PATRIA CORRUPTA http://wp.me/p2LJK4-y5.

Farándula: Excelente la nueva serie del Canal Caracol: La Tusa-Los Hombres También Lloran. Refrescante. Ideal para olvidarnos un poco de nuestra violencia, de nuestra narcocultura y de nuestra Patria Corrupta.

GANAR ES PERDER UN POCO

A Propósito de las elecciones
“GANAR ES PERDER UN PÓCO”
Eligio Palacio Roldán

Gana Alvaro Uribe Vélez por que confirma su liderazgo político, no hay en este momento en Colombia un líder que tenga más adeptos, creo nunca lo habrá; muy, muy atrás quedaron Jorge Robledo, Horacio Serpa, Antonio Navarro; pierde porque no pudo ser la primera fuerza electoral del país, pierde porque sus resultados no alcanzan a hacer mella en la alianza reeleccionista de Santos, pierde porque sufre en carne propia lo que es hacer política sin las mieles del poder, pierde porque será minoría en el Congreso, pierde porque atrás quedaron las grandes mayorías, que lo veneraban como a un Dios.

Gana Horacio Serpa porque se constituye, nuevamente, en la figura más importante del partido liberal, pierde porque no fue capaz de sacar a su partido “de la parte de abajo de la tabla”, de donde se suponía saldría con la inyección de “mermelada”, que le dio el gobierno Santos. Parece que Uribe y Santos desmantelaron, para siempre, este partido político.

Gana Juan Manuel Santos por que se afianza en la reelección y comprueba la efectividad de la “mermelada”; pierde por que se le crecieron Uribe y los Conservadores; pierde porque los dos millones de votos de Uribe son en su contra.

Ganan, como siempre, los conservadores aferrados a la “mermelada” cual mosquitos al estiércol, ganan porque serán decisorios, como siempre, para acceder o controlar el poder; pierden por su falta de ideas, iniciativa, valores, principios y vocación de poder.

Gana La U por que continúa siendo la primera fuerza electoral del país; pierde por su falta de identidad: no pueden apoyar hoy un conservador como Uribe y pasar tranquilamente a apoyar un liberal como Santos; cada vez más se parecen a los conservadores, sólo “mermelada”.

Ganan Marta Lucía Ramírez y Oscar Iván Zuluaga porque los partidos que los respaldan se fortalecieron y se pueden constituir en una verdadera alternativa de poder; pierden porque se comprueba que sin “mermelada” es muy difícil llegar al poder.

Ganan los partidos Conservador y Liberal porque permanecen en la dinámica de la política colombiana; pierden porque más de doscientos años de historia fueron sepultados por el personalismo de Uribe y Santos.

Gana Cambio Radical por que continuó con su participación en el Congreso; pierde porque continúa siendo un partido minoritario.

Ganan los “caciques” políticos, los paramilitares y los corruptos porque siguen ahí, aunque sea en cuerpo ajeno; pierden porque la mayoría de los colombianos los desprecia, por eso no votan.

Gana la izquierda por que no desapareció del mapa político; pierde porque con sus pobres resultados tendrá que volver a comenzar, después de los fracasos en las alcaldías de Bogotá; ya no se les cree.

Ganan las Farc por que el gobierno tendrá un Congreso mayoritario a su favor; pierde porque se les creció Uribe y porque los partidos de izquierda sufrieron una gran derrota.

Gana la Registraduría Nacional del Estado Civil por su efectividad, a las nueve de la noche ya sabíamos los resultados; pierde por la complejidad del sistema electoral colombiano.

Gana el Congreso porque todavía tiene quien lo elija, aunque sea a punta de “mermelada”; pierde porque la mayoría de los colombianos prefieren la televisión, el cine, el descanso o solo dormir,  a asistir a una concentración electoral, a  apoyarlos.

Gana Enrique Peñalosa la consulta presidencial del Partido Verde; pierde por la pobreza de los resultados de su partido.

Gana el voto amarrado por la burocracia y la compra venta de votos; pierde porque se le escaparon todos los del Uribismo.

Gana Maduro por el triunfo de la coalición que apoya a santos; pierde por el gran apoyo de los colombianos a Uribe.

Gana Colombia porque su democracia continuará siendo “una de las más antiguas del continente”; pierde porque a los ciudadanos no les interesan los partidos, ni las elecciones, ni nada; al abstencionismo sume los votos en blancos y los no marcados; ¿quién dijo que los no marcados o los mal marcados era ignorancia?, ¿no serán, más bien, un rechazo al voto amarrado?

CREI EN LOS PARTIDOS POLITICOS… UN DIA

CREI EN LOS PARTIDOS POLITICOS… UN DIA.
Eligio Palacio Roldán
Ahora a mis paisanos hay que pagarles su voto: puestos, carreteras, bultos de cemento, arena o plata. Y el día de elecciones es uno de los más productivos: reciben almuerzos, dinero, y regalos, en todos los directorios políticos.

Cuando fui tomando conciencia del mundo que habitaba, por allá a comienzos de la década del 70, del siglo pasado, supe que en Colombia habían dos partidos políticos: el Conservador y el Liberal. Yo era conservador, desde luego; como no serlo si mi tío “Danielito” era un ejemplo de servicio para la comunidad. Además, conservadores eran los hombres y mujeres más prestantes del pueblo, los que estudiaban en Medellín y los más riquitos (Yo, supuestamente, también lo era; sin embargo, que pobreza, la que se vivía en mi casa).

Después, descubrí que los políticos visitaban mi pueblo en época electoral. Sin dinero, nos tocaba atenderlos: nos poníamos nuestras mejores ropas y, con esfuerzos insospechados, se servían manjares y viandas, solo visibles en esos acontecimientos; era una verdadera fiesta: Don Juan Antonio prestaba sus caballos, el más bonito, “Torbellino” era para el político de turno, y en la tarde nos sentíamos orgullosos: El político X o Y nos había dado la mano, nos había dicho que éramos inteligentes y que seríamos los futuros líderes. Nuestra mirada era altiva; sobre todo, si encontrábamos un liberal. Ah… y en las elecciones nos peleábamos y odiábamos al contrincante: nosotros éramos los mejores. Cuando perdíamos llorábamos y decíamos que nos habían robado las elecciones.

Y se terminó el Frente Nacional y nos dio mucho miedo y ganó un liberal, Alfonso López Michelsen, y pensamos que los conservadores vivirían tiempos difíciles. Y sí, siempre hemos vivido tiempos difíciles, pero no por ser conservadores; solo por ser colombianos. Y los conservadores continuaron en el poder y seguían disfrutando de sus mieles, como siempre.

Y el desdichado invento para acabar con la violencia, El Frente Nacional, un acuerdo para repartir el poder entre liberales y conservadores, se perpetuó en la historia de Colombia. Claro que, un día, en 1986, el Presidente Virgilio Barco pensó que era necesario acabar con el esperpento y pasó al esquema Gobierno-Oposición y el Partido Conservador, pensó que podía ser un partido digno y podía hacer oposición y casi se acaba. Es que ser un partido político sin burocracia es morir: No hay ideales, no hay ideas, no hay nada que lo sostenga. Entonces del Frente Nacional se pasó a la “Unidad Nacional”, donde también se repartieron el poder entre los dos partidos tradicionales.

Mientras tanto, en mi pueblo, la historia no cambiaba mucho. Bueno, lo hacía un poco: ahora los dirigentes conservadores, con cada vez menos seguidores, decían que “El Partico Conservador es la Reserva Moral de la Patria” y la “Reserva Moral” por fin tuvo un alcalde; y ese alcalde fue tan o quizás más corrupto que los otros alcaldes, del Partido Liberal de ese pueblo y de todos los partidos políticos, de los demás pueblos de Colombia.

Y entonces comprendí que el Partido Conservador no tenía nada que ver con mis ideales. Bueno, que no existía tal partido y que, aquello, era una montonera de tipos tratando de sacar ventaja de todo y no para todos; sino para unos pocos.

Un tiempo más tarde, demasiado tarde, desafortunadamente, entendí que nuestras peleas pueblerinas eran ridículas: todos éramos de la familia y en elecciones no nos hablábamos y el resto del tiempo nos mirábamos con recelo. Mientras tanto, el pueblo permanecía en el olvido y sus dirigentes, conservadores y liberales, trabajaban juntos en la ciudad; sin importar quien llegara al poder.

Y luego tuve la oportunidad de conocer el Partido Liberal y era igual de perverso al Conservador. Claro, cada partido a su interior se cree salvador de la patria. Y después comprendí lo mismo de los demás partidos. Y desde entonces siempre voté en blanco.

Pero volviendo a la historia de Colombia, el partido Conservador comprendió que era minoría y que sin poder “la cosa” era muy dura y que era necesario mimetizarse. Y se mimetizó. Y mantuvo la burocracia. Y mimetizado logró llegar a la presidencia, con Andrés Pastrana, y tuvo que repartir los puestos con los liberales y con los de izquierda y con todos los partidos… Por aquello de la Unidad Nacional o la “Unidad Burocrática”; diría yo.

Pero la “Unidad Burocrática” no bastó y entonces fue necesaria la “Unidad Corrupcrática”; porque además de la burocracia ahora era necesaria la corrupción y así se eligió a Alvaro Uribe Vélez y éste en vez de reducir la corrupción a sus justas proporciones, como lo proponía el presidente Turbay, con desfachatez, por allá a comienzos de la década del 80; la dejó desbordar.

Y llegó Santos y todo continuó igual, o peor: Con la “Unidad Corrupcrática” y el Partido Conservador allí.

ANTES DEL FIN:
De regreso a mi pueblo me doy cuenta que la historia dio un giro de 180 grados: ahora, en las campañas, los políticos costean las fiestas, pagan los almuerzos, los caballos, el aguardiente. Ahora a mis paisanos hay que pagarles su voto: puestos, carreteras, bultos de cemento, arena o plata. Y el día de elecciones es uno de los más productivos: reciben almuerzos, dinero, y regalos; en todos los directorios políticos.

¿Quién, porqué y para qué financiarán las campañas políticas?

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