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IGLU – BALTICO – CASTILLO DE NIEVE

IGLU – BALTICO – CASTILLO DE NIEVE

Eligio Palacio Roldán

Continuando el viaje tras la Aurora Boreal, que parece no encontraremos. En la mañana abandonamos el hospedaje de los iglús con la nieve tocándonos el cuerpo y el corazón. Tras unas dos horas de carretera cubierta de blanco y con miles de árboles de navidad como paisaje, llegamos a la ciudad de Kemi, para luego arribar al puerto.

Tras la imponencia de la embarcación y la curiosidad satisfecha de quien no conoce ni el navío ni cómo puede funcionar, en medio de rocas de hielo, se da paso a la diversión: nadar en medio de témpanos y caminar sobre el mar son sensaciones inenarrables, por lo fuera de lo común para un habitante del trópico.

Impresionan los molinos de viento como generadores de energía limpia, tecnología de uso común en Europa.

En la noche la sorpresa y el frío son mayúsculos al compartir de la cena en un Castillo de Nieve con las mesas, sillas y todo a su interior construido en hielo, Se puede imaginar, el amable lector, la temperatura ambiente para que el mobiliario no se derrita al igual que la misma edificación. Obviamente los visitantes usan ropas térmicas, pero, además, ofrecen mantas y las sillas están cubiertas de pieles.

En el castillo hay letreros alusivos a todos los países del mundo.

Esta noche tampoco apareció la Aurora Boreal, pero la mañana comenzó hermosamente cargada de nieve.

 

 

 

 

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EN EL CIRCULO POLAR ARTICO

EN EL CIRCULO POLAR ARTICO

Eligio Palacio Roldán

Te levantas, en Rovaniemi, a las seis de la mañana sabiendo que aún quedan unas tres horas de oscuridad y al salir a la calle no queda otra opción que comparar con Ushuaia –  Argentina. La segunda tiene el sabor alegre de los latinos y la primera el de la navidad. Los pequeños arbustos están decorados con luces blancas y los de las afueras son lo más parecido a los que se utilizan en el resto del mundo, en la época de fin año.

El grupo de turistas se dirige a una granja donde les suministran ropas adecuadas para las bajas temperaturas y calzado antideslizante para la nieve. Pocas cosas brindan más alegría que recrearse con la nieve, sentirla, sumergirse en ella. Allí se conocen y disfrutan los renos y los perros husky con sendas carreras en trineos, arrastrados por ellos, en un espectáculo de alegría y belleza de la naturaleza cubierta de nieve, en grandes extensiones que parecieran lagos.

Se cruza luego el Círculo Polar Ártico para llegar a La Aldea de Papá Noel, un sitio con toda la decoración alusiva a este personaje de Navidad de una manera real, que corresponde a la idealizada en todo el mundo: Reales son los árboles, real es el color blanco grisáceo del entorno y real es la nieve que se acumula en montículos, en los vehículos,  la de los techos de las edificaciones, la del piso y la que cae sobre tu cuerpo en briznas mágicas y heladas. La música de fondo te ubica en la época más hermosa del año, en el resto del mundo, que aquí es eterna.

Como es de suponerse éste es un negocio más del capitalismo, y haces una larga fila para tomarte una fotografía con un Papá Noel similar al de los centros comerciales en Navidad,  por cuarenta dólares. Obviamente, quien escribe estas líneas, carente de ídolos, no acepta el gasto.

Es el momento de disfrutar una buena taza  de chocolate para combatir el inclemente frio y partir hacia el hotel. Esta noche nos sorprende la belleza de unos apartamentos al estilo iglú.

Es impactante la nieve pero sientes nostalgia de la multiplicidad de colores del trópico.

¿Por qué en Colombia no se ha se ha desarrollado la industria del cacao como en otras latitudes? Es más, ¿por qué está desapareciendo de nuestros desayunos?

Hay malas noticias: La fuerte nevada tal vez no permita disfrutar de la aurora boreal.