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LAS PARADOJAS DE LA VIDA PUBLICA

LAS PARADOJAS DE LA VIDA PUBLICA

Eligio Palacio Roldán

Se dice que el secreto de la felicidad, en esta vida, está en ser coherente entre lo que se piensa, se dice y se hace. Observando las posiciones de los personajes públicos, en especial de los políticos, se podría pensar que, entonces, son seres desgraciados y que su vida debe ser un infierno. O, bueno, que cambian constantemente de manera de pensar, al estilo Juan Manuel Santos, para no ser imbéciles.

Aquí varios ejemplos:

  • Nestor Humberto Martínez, el hijo del inolvidable maestro del humor y la crítica política Humberto Martinez Salcedo, ha tenido que enfrentar la difícil situación de juzgar hechos en los que participó directa o indirectamente, como es el caso de Odebrecht. Por ello, muchos sectores de la opinión pública piden su renuncia pues creen tiene responsabilidad en uno de los mayores escándalos de la corrupción nuestra de cada día. No se debió arrimar a la candela, desde luego, pero esos son los riesgos del poder.
  • Gustavo Petro quien dice combatir la corrupción, fue ampliamente cuestionado por esta misma razón cuando ejerció la alcaldía de Bogotá y ahora se conoce que recibió dineros en circunstancias poco claras.
  • Darío Arismendi y otros destacados periodistas, también, critican la corrupción y pasan de agache con sus inversiones en paraísos fiscales.
  • El presidente Duque que se opuso al IVA a las gaseosas, en la anterior reforma tributaria, ahora trata de gravar la canasta familiar y presenta al Congreso un proyecto donde extiende el IVA a toda la cadena de distribución de las bebidas azucaradas.
  • El expresidente Uribe Vélez que desmejoró las condiciones laborales de la clase trabajadora, intenta “remediar” la difícil situación de los empleados con una prima adicional.
  • El expresidente Pastrana que negoció con las Farc, se dedicó luego a criticar el proceso de paz del gobierno Santos.
  • El expresidente Santos que se hizo de Uribista durante ocho años.
  • Los congresistas que se acomodan a la ideología del presidente de turno, sin vergüenza alguna. Bueno, más bien, muy sinvergüenzas.

Como se dice coloquialmente “no se puede patear la lonchera” y podrían ser entendibles estas paradojas y que se juegue en diferentes roles por necesidades económicas y/o de reconocimiento social, necesidades que son mayores entre los seres con menor autoestima  e inmadurez y que por supuesto tienen, también, mayores sufrimientos; pero siendo personaje público se debiera guardar discreción, en la medida de lo posible, y no hablar demasiado cuando se tiene rabo de paja porque es bien sabido que “Quien tiene rabo de paja no debe acercarse a la candela”.

ANTES DEL FIN

Llega otra navidad, la primera del gobierno Duque, un gobierno que parece naufragar en sus cuatro primeros meses. Ojalá para el próximo año tome un nuevo aire.

Es tan dramática la situación de la corrupción en Colombia que en esta navidad el villancico “Los Peces en el Río”, sonará así: “Roban, roban y vuelven a robar”.

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¿A QUIEN CREERLE EN COLOMBIA?

A propósito de Mockus
¿A QUIEN CREERLE EN COLOMBIA?
Eligio Palacio Roldán

No le creo al gobierno Santos porque se dedicó a repartir “mermelada” para que le crean; no le creo a Uribe por que estuvo ocho años haciendo lo mismo, que el gobierno actual; no le creo al Congreso porque no hace sino mentir para engañar al pueblo que “inocentemente”  vota por los mismos políticos, atollados en la “mermelada” o en la mierda de los padres de la patria; no le creo a la Justicia porque hace tiempo sucumbió ante el poder de unos y otros o se  atascó en medio de la “mermelada”; no le creo a los medios de comunicación, ni a mis colegas periodistas porque claudicaron ante el dominio de los poderosos  y las untadas de “mermelada”; no le creo al ejército y a la policía porque hace años se encuentran sumergidos en la “mermelada”; no le creo a las guerrillas de izquierda y a los paramilitares de derecha porque están atrapados en la “mermelada” del narcotráfico y luchan por una  participación en la “mermelada” oficial; no le creo a la iglesia porque aparte de la “mermelada” oficial se apropian de la miel de sus fieles; en fin, no le creo a nada ni a nadie, en esta Colombia de hoy.

Se perdió la credibilidad en la clase dirigente del país por el abuso de lo imaginario y lo simbólico sobre lo real y del mercadeo y la publicidad, a veces engañosa, sobre los hechos; de ahí que en la ciudadanía reine la desconfianza por las instituciones; de ahí que las acciones del gobierno se perciban como falsos positivos (Léase LOS GOBIERNOS DE LOS FALSOS POSITIVOS http://wp.me/p2LJK4-AH)

Hasta hace algunos días le creía a un hombre que, aunque político, tenía apariencia decente y hasta, a veces, me despertaba una ternura ajena a mi esencia por esos personajes; se trata del exalcalde de Bogotá y excandidato presidencial, por quien he votado, algunas veces, Antanas Mockus. Como todos los lectores saben, el Uribismo lo acusó de estar untado de la “mermelada”  y él, esta mañana, se defendió en La W hasta casi derramar,  y hacerme derramar a mí, algunas lágrimas; sin embargo, resultó tan mentiroso como todos: Mientras el Ministro de la Presidencia; Nestor Humberto Martínez afirmaba que el contrato con el gobierno, que provocó el escándalo,  había terminado el 31 de diciembre de 2014, Antanas afirmaba que aún no se habían presentado las conclusiones y, preguntado sobre la contradicción, no hacía sino contestar otras cosas al mejor estilo de Alvaro Uribe. Si el contrato terminó o no, no importa, lo claro es que Antanas Mockus, no es independiente y que su dependencia económica del gobierno Santos, la “mermelada”, le restan credibilidad para embarcarse en manifestaciones a favor de la paz, con las Farc.

Desafortunado, por decir lo menos, para Mockus, lo sucedido; pero más para mí y para los colombianos,  que cada vez nos convencemos, más, que la ética en la “nueva” clase política es puro maquillaje, para mercadearse,  y que, debajo de él, se  esconde la misma mezquindad de los políticos tradicionales.  Es hora de que el exalcalde vuelva a pedir perdón a los colombianos, como lo hizo alguna vez, en 1997, por haber abandonado la alcaldía de Bogotá, y de tener un retiro digno de las actividades con las que pretende inculcar valores. Ya se cayó la careta del profesor, para infortunio de todos.

ANTES DEL FIN

Esta semana celebramos el Día del Periodista; la historia nos depara una gran batalla o una gran oportunidad: brindarle a los colombianos la posibilidad de creer en algo o en alguien. Es hora de reaccionar.