QUE TIEMPO TAN FELIZ…

QUE TIEMPO TAN FELIZ…

Eligio Palacio Roldán

Presentación1

Hay dos cosas en la vida, que ya he comentado, debí dejar en el recuerdo de los años de infancia o quizás en el imaginario,  no lo hice, y fueron, luego, sendas frustraciones.  La primera el Zoológico Santafé de Medellín que de tenerlo en la memoria como algo maravilloso lo encontré, ya adulto, convertido en un desagradable, melancólico  y maloliente cautiverio de animales desolados. La segunda, Moresco el Mejor Refresco, cuya memoria gustativa hacía referencia a un maravilloso refresco hecho en casa a partir de un concentrado y que de adulto degusté como un sabor desagradable.

Los dos temas vienen a cuento por el desgano a un encuentro con mis compañeros de colegio, 38 años después de haber egresado. De ellos y de esa época guardo las más hermosas imágenes pero, ¿Cuántas y cuáles corresponden a la realidad? ¿Confrontarlas con la visión actual será afortunado? ¿Tendrá sentido una resignificación del pasado a partir de una especie de flashback con seres ahora diferentes, maduros mentalmente y envejecidos físicamente? ¿Será una especie de balance o juicio público?

El tiempo del colegio es sin duda el mejor de la existencia, “soñando nos pasamos todo el tiempo qué grandes cosas íbamos a hacer” y, pasado el tiempo, algunas se lograron, otras se aterrizaron a una realidad muy diferente y las demás quedaron como eso: solo sueños.

“Seguros de triunfar, tan llenos de inquietud, qué fácil fue tener felicidad”. ¿Quién siendo  joven no soñó con triunfar en una especie de rito mágico: quizás encontrar un tesoro, un hada madrina o ganar un premio o una lotería? ¿Quién no hizo planes entre lo imaginario y lo simbólico? ¿Quién no pasó horas y horas construyendo castillos en el aire?

“Nuestros sueños pronto se esfumaron, la vida nos daría su lección. Si yo te viera por nuestros lugares, muy triste te diría esta canción. Que tiempo tan feliz…”. Y si, la vida no  solo son sueños, da lecciones a diario, lecciones que permiten aterrizar en la realidad aunque estar allí parece ser imposible y el hombre a cada instante trata de construir nuevos sueños a partir del deseo.

Encontrarse con las gentes del ayer puede ser gratificante e enriquecedor como experiencia de vida. Pero lo es más construir relaciones duraderas, con el tiempo, sin forzar las cosas y menos atarlas al pasado. El pasado, pasó.

ANTES DEL FIN

Todo indica que lo que me sucedió con el Zoológico Santafé y Moresco ocurrirá ahora con la telenovela Amar y Vivir de Caracol Televisión.  Muy bien producida pero a los libretos, actores y puesta en escena les falta credibilidad. Amar y Vivir de los 80 era otra cosa. Mucho mejor.

Puede leer La historia del «Those Were The Days» / ‘Que Tiempo Tan Féliz’ https://www.cancionesdelayer.com/index.php?threads/la-historia-del-those-were-the-days-que-tiempo-tan-feliz.71901/

Puede ver https://youtu.be/zH8IxHT8_Qc

 

EL NOBEL, OTRO IDOLO HECHO TRIZAS

EL NOBEL, OTRO IDOLO HECHO TRIZAS

Eligio Palacio Roldán

Posiblemente, un día, el propio Santos haga gala de su apellido y los demás humanos le rindan culto en las iglesias, al estilo de la Santa Madre Teresa de Calcuta.

Un ídolo es una “persona o cosa amada o admirada con exaltación” (http://dle.rae.es/?id=Kv2nxNm). “El proceso de idealización lleva a la perfección de las cualidades y el valor del objeto que se idealiza. Este objeto es engrandecido y exaltado psíquicamente sin que se cambie su naturaleza”. (http://psicologia.laguia2000.com/general/los-idolos#ixzz4Mk1BT4of).

Cuando el ser humano percibe que esa perfección no existe y que es más bien fruto del imaginario, ese ídolo se desploma, se rompe, se hace trizas. Dos ejemplos de infancia: El Zoológico Santa Fe, en Medellín, y Moresco – El Mejor Refresco que idealicé de niño. El primero era el sueño de los chicos de los pueblos que escasamente viajaban a la capital del departamento. Era hermoso. Mágico: Los animales solo vistos en láminas estaban allí, de frente. Ese sueño terminó, de grande, cuando enfrenté la cruda realidad del encierro de esos seres, los malos olores, etc. El Moresco un líquido “mancha tripas” era el refresco o la gaseosa de esos tiempos de limitaciones económicas, en las montañas de Antioquia. Era el premio para calmar la sed o para celebrar un pequeño gran logro. Muchos años después, lo encontré en Almacenes Éxito, corrí a comprarlo y que desilusión.

Con las experiencias vividas tomé la decisión de no cuestionar jamás a los pocos ídolos que conservo (¿Si conservo alguno?). Dejarlos ahí, en un rincón del alma… pero eso no es posible, agentes externos se encargan de “volver trizas” los ídolos. El más reciente, el Premio Nobel de Paz.

Cuenta la historia que los premios Nobel se deben al remordimiento de Alfred Nobel, un importante hombre de ciencia sueco, inventor de la dinamita, entre otros, quien dejó su herencia para crear premios para acciones nobles en literatura, física, química, fisiología o medicina y paz y remediar, de algún modo, el daño que hubiese podido hacer a la humanidad con sus inventos.

Pues bien, premios Nobel de Paz han recibido, entre otros, seres humanos de la talla de Lech Walesa, fundador del Sindicato Solidaridad (https://es.wikipedia.org/wiki/Lech_Wa%C5%82%C4%99sa); Desmond Mpilo Tutu (https://es.wikipedia.org/wiki/Desmond_Tutu#Premios) y Nelson Mandela por sus luchas contra el apartheid (https://es.wikipedia.org/wiki/Nelson_Mandela); y la Madre Teresa de Calcuta por su lucha contra la pobreza (https://es.wikipedia.org/wiki/Teresa_de_Calcuta#Premios_y_honores).

Comparar a Juan Manuel Santos y ponerlo al mismo nivel de estos seres humanos podría ser un chiste, pero es una realidad. Una ofensa para ellos y para el intelecto, digo yo. En la historia del Premio Nobel para Santos hay algo que no encuadra: Quizás una exitosa y costosa campaña de relaciones públicas y lobby, tal vez consecuencia de intereses de los integrantes del Comité Noruego o bueno a lo mejor ocurre lo mismo que con Pablo Escobar (PABLO ESCOBAR,  ÍCONO DE LA TRANSFORMACIÓN LATINOAMERICANA. https://eligiopalacio.com/2014/06/03/pablo-escobar-icono-de-la-transformacion-latinoamericana/)

¿Cómo otorgar el Premio Nobel de Paz al hombre que ha sido simpatizante, por muchos años, de la guerrilla más violenta de Colombia (Ver EL «COMPLOT» DE SANTOS https://eligiopalacio.com/2016/05/19/el-complot-de-santos/)?, ¿Cómo otorgar el Premio Nobel al exministro de Defensa de la Administración Uribe, uno de los protagonistas de los falsos positivos? (Ver LA REELECCIÓN DE LOS FALSOS POSITIVOS https://eligiopalacio.com/2014/02/20/la-reeleccion-de-los-falsos-positivos/)? ¿Cómo otorgar el Premio Nobel de Paz al hombre que ha utilizado el poder, desde la presidencia, para borrar y desacreditar a su antecesor, dividiendo a los colombianos?

Son muchas las dudas. Es evidente que la realidad, sobre nuestro país, percibida por el Comité Noruego, que le otorgó el premio a Santos, es absolutamente diferente a la que hemos vivido los colombianos en los últimos 50 años. Tanto que, incluso, se habló de la intención de compartir el Premio Nobel con el líder de las Farc, Timochenko.

Y es tan diferente la realidad de todos los seres humanos que, a lo mejor, los demás premios Nobel tienen historias oscuras que el tiempo ya borró y posiblemente, un día, el propio Santos haga gala de su apellido y los demás humanos le rindan culto en las iglesias, al estilo de la Santa Madre Teresa de Calcuta. Tal vez, un día, también, Pablo Escobar sea un santo.

ANTES DEL FIN

¿Qué diría, que sentiría, Alfred Nobel si hubiese tenido la posibilidad de saber la cantidad de dinamita que habrían de utilizar las Farc, en sus atentados terroristas, durante más de medio siglo?