ELOGIO DE LA SOLEDAD

ELOGIO DE LA SOLEDAD

Otra hermosa canción del gran cantautor argentino José Larralde.

Puede leer: LA CIUDAD https://eligiopalacio.com/2017/09/15/la-ciudad/

LA CIUDAD

LA CIUDAD

Eligio Palacio Roldán

“…enjoyadas de luz la vidriera y la piel
peregrinas y ajenas se ven
como ríos de amor
luz, color y placer
espejismo quizá de mi ser…”
José Larralde

Para un niño campesino, del siglo pasado, la ciudad era el sueño dorado. Bueno, creo que para los de hoy también. Era tal vez la única alternativa para salir de la pobreza, de estar limpio y bien vestido, con una casa cómoda y bonita y con posibilidades de relacionarse con ese Otro, ausente en las noches pobladas de fantasmas.

Existía la referencia de familiares que partieron para la ciudad, en oleadas cargadas de miseria, en la primera década del siglo XX, que habían logrado un trabajo digno, en las empresas de textiles: Coltejer, Fabricato y Tejicondor, asentadas en el Valle de Aburrá. Aunque  esta historia está cargada de imaginación, pues los pujantes familiares solo alcanzaban a vivir en las zonas más humildes de Medellín: Manrique y Castilla, y Bello;  lo cierto es que ésta parece ser la realidad de miles de colombianos que abandonaron el campo deslumbrados por la ciudad. Algo similar sucede con los coterráneos que viajan al exterior y con los emigrantes en general.

Según estimativos del Departamento Nacional de Estadística, Dane,  Colombia tiene en el momento aproximadamente 49 millones de habitantes de los cuales el 74% se ubica en las zonas urbanas y sólo el 26% en zonas rurales; un porcentaje mucho mayor al estimativo mundial del 60%, para el 2030. Además del deslumbramiento que produce la ciudad y de la pobreza de los campesinos, el desplazamiento forzado por el conflicto interno tiene mucho que ver con la situación colombiana

Hace algunos días un empresario floricultor, del oriente antioqueño, mostraba su incertidumbre por el futuro de los cultivos ante la escasez y el envejecimiento de la mano de obra, para las labores del campo. Esta preocupación se refleja en el Censo Nacional Agropecuario del 2015, donde se indica que de cada tres personas, que habitan la zona rural,  dos son hombres entre los 40 y 54 años y que  las mujeres y los hombres jóvenes están migrando a la ciudad.

“…donde los luminosos van rotulando la oscuridad
todos estamos juntos, solos y aparte de los demás…”
José Larralde

Pero volviendo a la ciudad, su realidad no siempre corresponde al ideal del campesino. Es más, se contrapone a una vida enmarcada en la solidaridad. Está llena de dificultades y sinsabores. Más la ciudad del siglo XXI, cargada de ruido, contaminación, desconfianza, delincuencia y dificultades de todo tipo para lograr una calidad de vida digna y la inclusión en una sociedad clasista y egoísta, donde cada uno lucha por mostrarse y sobresalir sobre el Otro.

“Solitarios de ayer consiguieron fundar
por la unión y el poder y nació la ciudad
pero quizá después, el poder cada cual
por el encima del bien y del mal
y hoy que es bella y es cruel
hoy que no sabe amar
es más sola que yo, la ciudad”
José Larralde

Como en la canción de Larralde, el poder que pretende tener el uno sobre el otro está acabando con nuestras ciudades: el poder de los políticos corruptos, de los empresarios inescrupulosos, de los delincuentes de cuello blanco, de los delincuentes comunes, del narcotráfico, el microtráfico, la extorsión o el simple robo callejero; el poder para explotar al otro, para tener más que el otro; en fin, el poder sobre los demás y la soledad en medio de la multitud insolidaria. Una multitud que solo piensa en satisfacer sus deseos y/o necesidades individuales y por eso no colabora con problemas como el de las basuras, el tráfico vehicular o la contaminación, entre otros.

Y al final. Bueno, un poco antes del final, en el tiempo de concluir, las gentes regresan al campo, a la vida bucólica que abandonaron para buscar el brillo de la ciudad.

ANTES DEL FIN

  • Para no dejarse deslumbrar por la ciudad es importante brindar oportunidades a la Colombia campesina. Una prueba de ello, lo hecho en el norte antioqueño por Jenaro Pérez Gutierrez y la cooperativa Colanta.
  • Para que la ciudad corresponda al brillo imaginado hay que quererla y mantenerla como se hace con el propio hogar. Invirtiéndole. Es decir, pagando los impuestos.
  • A lo lejos, en el día, las ciudades semejan un montón de escombros. En las noches, el firmamento estrellado.
Elogio de la soledad: https://www.youtube.com/watch?v=5I25Bmd2GQk
Colanta – Jenaro Pérez https://eligiopalacio.com/2015/02/04/colanta-jenaro-perez/
http://agenciadenoticias.unal.edu.co/detalle/article/el-campo-se-esta-quedando-solo.html
http://www.dinero.com/economia/articulo/el-74-poblacion-colombiana-habita-zonas-urbanas/147272

ENTRE CAPO Y CAPO

ENTRE CAPO Y CAPO

Eligio Palacio Roldán

Publicada en octubre de 2012

“El otro es lugar de afirmación, de identidad y también lugar de proyección y de rechazo…” .

Mario Buchbinder

Si algo tienen claro los legitimadores de opinión es que Pablo Escobar cambió a Colombia. Generó en el colectivo un estilo de vida que algunos denominan narcocultura, estilo de vida presente en la exageración en las formas arquitectónicas, en los vehículos de alta gama y en las mujeres voluptuosas, entre otros; en la extravagancia. Estilo de vida que se alcanza con dinero, con dinero fácil, conseguido trasgrediendo la ética, los valores y las normas de convivencia. Sin escrúpulos.

Pablo Escobar se ha constituido en el Gran Otro de que habla el psicoanálisis y por ello él se desliza entre la identidad y el rechazo: rechazo desde la palabra, dualidad en cuanto a la forma e identificación en el fondo.

Por eso la historia del narcotraficante, Pablo Escobar – El Patrón del Mal, marcó índices de audiencia históricos mientras se mostraba como un líder que vencía las dificultades, con algo de maldad; pero la sintonía se fue resintiendo cuando la serie fue mostrando las atrocidades del capo y las gentes  comenzaron a avergonzarse del lado perverso de cada uno, que lo asemejaba con el del capo. Fue el riesgo, en rating, al que se sometieron los realizadores de la serie, víctimas del narcotraficante y Caracol, tratando de lograr una reflexión sobre el tema, por parte de los colombianos.

Otra cosa sucede con el Capo II, la serie le apuesta  a la identificación del líder, solo toca tangencialmente la maldad  y deja de lado la posibilidad de la reflexión y rechazo. Este hecho hace que la serie se convierta en un peligro para la sociedad y en especial para los niños y jóvenes que no están en capacidad de dilucidar los senderos entre el bien y el mal. También, desde luego, evita el riego en sintonía e incluso es posible que supere  a su enfrentado por  que el televidente no tiene que enfrentar la angustia del cuestionamiento interno.

El problema se agrava si se tiene en cuenta que el canal RCN decidió explotar el lado oscuro del ser humano en su programación: Laura y los espacios dedicados a la llamada telerealidad: Protagonistas de Nuestra Tele y el recién estrenado Mundos Opuestos.

Esperanza la decisión de Caracol, que en contraposición, decidió motivar los valores de los colombianos: Yo me Llamo, El Desafío y La Voz Colombia.

Es urgente que RCN y los demás medios de comunicación sigan el ejemplo de Caracol y propicie espacios que generen valores éticos entre los colombianos; de lo contrario la anhelada paz entre los colombianos será solo una utopía.

Al terminar: Se me viene a la memoria una frase de Galpón de Ayer de José Larralde: “…Nunca faltaba el pesado de la fiesta, el malo que le dicen, título conseguido a costa de haber caído preso alguna vez por amargo y borracho nada más…”

¡Qué nostalgia de los malos de ayer!.