EL CONGRESO “ESTA QUE ARDE”

EL CONGRESO “ESTA QUE ARDE”
Eligio Palacio Roldán

Varios medios de comunicación colombianos, en especial alguno radial, se lamentan por la presencia del expresidente Alvaro Uribe Vélez en el Congreso; lloriquean porque, según ellos, la situación en el Capitolio está y estará que arde, afirman que, seguramente, este hecho limitará la “eficiencia” del legislativo.

Lo curioso  de las afirmaciones está en que, ahora, se está reconociendo alguna eficiencia en el legislativo y si, en el futuro cercano, no se vieran resultados o se percibieran pobres, como siempre, la culpa sería de Alvaro Uribe, como todo lo negativo que ocurre en el país, desde hace cuatro años.

Todo indica que, efectivamente, el Congreso arderá y arderá por la presencia de mentes liberadas de la “mermelada”; además de Alvaro Uribe y su bancada, Jorge Enrique Robledo, Iván Cepeda, Navarro Wolf, Claudia López. También, arderá por lo nocivo de la reelección presidencial, por la dificultad  para mantener una coalición con una oposición decidida a denunciar la corrupción y porque, obviamente, el actual presidente no tiene el carisma ni la conexión con la gente, que tuvo su antecesor.

Pero, ¿qué significa ver arder, en sentido figurado, el Congreso? Arder significa estar en combustión, combustión quemar y quemar  consumir con fuego.

“El fuego  junto con el agua, la tierra y el aire, es uno de los cuatro elementos de las cosmogonías tradicionales en Occidente y está presente en todas las religiones y sus rituales

Investigaciones antropológicas explican los festivales ígnicos, como ejemplos de magia imitativa para asegurar la provisión de luz y calor en el sol o con fines purificatorios, por un lado, y de destrucción de las fuerzas del mal, por otro. En este simbolismo dual, el triunfo y vitalidad del sol (espíritu del principio luminoso) sobre las tinieblas, exige la purificación como sacrificio necesario para asegurar la victoria.”

Esta definición de fuego de Wikipedia viene a cuento porque, ver “arder” al Congreso ha sido el deseo íntimo de todos los colombianos, nacidos con posterioridad al nefasto Frente Nacional, adefesio que consistió en un acuerdo que distribuyó el poder y la corrupción del estado entre liberales y conservadores, desde la década del 60 del siglo pasado, y que no hemos podido superar después de más de medio siglo.

Durante los próximos cuatro años, los colombianos vamos a poder identificar los gobernantes y sus ideologías, ideologías que se quedaron guardadas entre el closet para mostrar una cara conciliadora, ante un país hastiado de la violencia. En ese closet, a escondidas, se generaron injusticias, inequidades y desigualdades que a su vez derivaron en una violencia superior a la que se quiso evitar.

Bienvenidos todos al Congreso: los de extrema izquierda, los de extrema derecha, los puritanos, los pecadores, los godos, los revolucionarios, todos, sin máscara, frente a un público testigo del purgar de sus penas, viendo como arden pasados oscuros, conceptos, pensamientos retrógrados o de avanzada, desestabilizadores. Es una catarsis, que necesita nuestra clase política, que necesitamos todos los colombianos para que logremos esa purificación interior que requerimos todos los colombianos, si queremos erradicar todas las formas de violencia y esperar unas generaciones más  limpia, con mayores oportunidades  y sobre todo más felices.

ANTES  DEL FIN

Bienvenido Álvaro Uribe al Congreso, ya lo había dicho en una columna anterior, http://wp.me/p2LJK4-H4, al expresidente la vida le dio una segunda oportunidad para resarcirse de los errores cometidos en sus ocho años de gobierno; nadie como él conoce los intríngulis del poder, la generación de la corrupción. Espero sus denuncias, su trabajo, desde el Senado para purificar la clase política colombiana.

Faltarán en este Congreso los protagonistas directos del paramilitarismo y las guerrillas de izquierda de nuestro país, ojala hicieran parte de él, para que el fuego que se verá en el Capitolio Nacional también los purifique.

¿VOTAR EN BLANCO?

¿VOTAR EN BLANCO?
Eligio Palacio Roldán
La más reciente encuesta de DATEXCO, para W Radio y el diario EL TIEMPO, indica que el próximo domingo el voto en blanco llegaría al 19.4%, superado solamente por la lista del expresidente Uribe; en las elecciones que pretenden renovar el Congreso Colombiano. Yo que he sido un partidario del voto en blanco desde un día, hace muchos años, cuando comprendí que la política era sinónimo de corrupción, opté por no acudir a ese mecanismo en las próximas elecciones.

 No votaré en blanco porque a pesar de ser un símbolo de protesta y rechazo, contra una clase política que no ha sabido responder a las expectativas de los colombianos, no cumplirá con una función real en un Congreso. El voto en blanco no elige y al no elegir no tendrá a quien interpretar, a quien representar; no habrá quien encarne una lucha, quien haga oposición a un régimen de corrupción, donde los congresistas se “venden” al gobernante de turno, demostrando que su única ideología es su propio beneficio y cuyo único interés es enriquecerse lo más rápido posible, a costa de lo que sea, cual “traqueto” de los años ochenta.

He decidido votar, para el Senado, por Jorge Enrique Robledo, del Polo Democrático y por su lista a la Cámara por Antioquia, encabezada por Rodrigo Saldarriaga.

Que me vaya a vivir a Venezuela, que me he vuelto comunista en tiempos en que solo los ilusos creen en ello, que no puedo colaborar en la destrucción del país, que me van a expropiar “mi finquita y mis vaquitas”; en fin, mil cosas me han dicho para que rectifique “el despropósito”.

La verdad, estoy de acuerdo con las críticas que le hacen a los integrantes del Polo Democrático y a la izquierda colombiana en general: me parecen unos dinosaurios atados a las teorías socialistas de principios del siglo XX, ya extinguidas, exagerados en sus críticas y opiniones, con delirios de persecución y, en algunas oportunidades, poco razonables en sus señalamientos; me parece, incluso, que una mayoría suya, en el gobierno, sería aún más catastrófico, que todo lo ocurrido en nuestra historia. Y, sin embargo, me parecen indispensables para la pobre democracia, actual, de nuestro país.

Jorge Robledo ha dado muestras de independencia frente a la corrupción del Congreso y de gran parte del ejecutivo; una corrupción que ha llegado a “sus justas proporciones” como lo pedía descaradamente el expresidente Turbay y sobre la cual se han sentado los “acuerdos fundamentales” para que nuestra clase política se enriquezca de manera fácil, lícita o ilícitamente, excluyendo impunemente al resto de la sociedad colombiana. A Robledo se le deben, entre otras cosas, la denuncia sobre la adquisición irregular de tierras en la Altillanura por grandes multinacionales colombianas y extranjeras, la defensa del sector agrario ante los tratados de libre comercio y su lucha contra la parapolítica.

En el Congreso son necesarias fuerzas que, aunque no logren derrotar la corrupción, por lo menos la denuncien y permitan que la ciudadanía la conozca y quizás, algún día, la limite con una sanción social.

ANTES DEL FIN

Rodrigo Saldarriaga ha hecho una labor pulcra y encomiable en pro de las artes escénicas de Medellín y Antioquia. Ese solo hecho, es una razón para votar por él; una persona habitada por el arte es prenda de garantía en estos tiempos de corrupción.