¿QUÉ NOS DEJA EL 2021?

¿QUÉ NOS DEJA EL 2021?

Eligio Palacio Roldán

Un año a pesar de ser solo una convención, inventada por el hombre, es fundamental para indicar el comienzo y el fin de una etapa y para marcar los sucesos que ocurren en la tierra y en los seres que la habitan. El 2021 debió haber sido el año de la reconciliación entre los hombres y entre ellos y su entorno, de un nuevo comienzo; pero no hay tal, o al menos en Colombia.

En nuestro país, el 2021, será recordado como el año en que se exasperaron las diferencias sociales, se incrementó la violencia verbal y la rabia creció como espuma en una campaña política, cimentada en el odio, que será nefasta para el futuro cercano de la nación y dará unos frutos impredecibles en la próxima contienda electoral. En esta estrategia mortal se destacaron los candidatos presidenciales, los expresidentes de la república y algunos mandatarios locales que actuaron más influidos por su ambición de poder que por un ánimo altruista frente al país. También, para mi vergüenza, algunos periodistas.

Situación similar se vivió con el uso y abuso de recursos públicos y privados, con fines de enriquecimiento ilícito, en personajes que la justicia colombiana no alcanza a controlar y ni que hablar de la propia justicia que se extravió en un mar manipulaciones políticas.

En la relación entre el hombre y la tierra las cosas se agravaron con un consumo desaforado pospandemia y un calentamiento global difícil de controlar que auguran tiempos aciagos. En la economía, el incremento en los precios del dólar y la escasez de materias primas, agravada por la crisis de los contenedores, indican la llegada de épocas de escasez y hambre.

Y la esperada transformación del hombre luego del sobrevivir a la pandemia no se dio, todos seguimos igual o quizás peor; con mayores problemas mentales, eso sí. Tal vez lo positivo, en este aspecto, esté en la conciencia de finitud de la existencia con un deseo y un compromiso aún mayor con la inmediatez que desafortunadamente generará poca planificación y a mediano plazo problemas para las diferentes naciones del mundo.

El COVID-19, a pesar del surgimiento de nuevas variantes, parece estar controlado. Esa es sin duda la luz de esperanza para el 2022, año que en Colombia estará marcado, además de las dificultades propias que dejó la pandemia, por unas elecciones de Congreso y Presidente de la República sin precedentes en la historia reciente del país que podría desembocar en un gobierno populista.

La tercera década del siglo XXI está cargada de escenarios difíciles que requieren seres humanos de niveles intelectuales, éticos y espirituales que sean capaces de salir adelante frente a los difíciles retos que se avizoran. Un privilegio ser un ciudadano del mundo en este momento.

ANTES DEL FIN

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CERRAR UN CICLO

CERRAR UN CICLO

Eligio Palacio Roldán

El fin de un año se asocia con el cierre de un ciclo y el comienzo de otro. De hecho dicen que lo es: la tierra termina de darle una vuelta más al sol; pero dar otra vuelta sobre el mismo objeto no es cerrar un ciclo. Eso es repetir y repetirse. De hecho la Real Academia de la Lengua define la palabra ciclo como “Conjunto de una serie de fenómenos u operaciones que se repiten ordenadamente”

Obvio que concluir una vuelta alrededor de algo es positivo, se conoce el objeto desde todos los ángulos  y se identifican sus vulnerabilidades y fortalezas y la idea es que el próximo giro sea más productivo que el anterior, hasta que las repeticiones por la disminución de fuerzas por el envejecimiento del cuerpo y del intelecto lo hagan más difícil  y por obvias razones menos fructífero.

Cerrar un ciclo se asocia también con el cumpleaños; pero repito: Cerrar un ciclo no es dar una vuelta y comenzar otra sobre el mismo objeto. De hecho la repetición de ciclos, además del cierre, está contemplado por disciplinas como el sicoanálisis y la programación neurolingüística según las cuales el ser humano, en el transcurso de su existencia, no hace sino repetir los aprendizajes de la infancia. “Curarse” significa, entonces, cerrar definitivamente esos ciclos de la infancia y construir unos nuevos, impregnados de madurez.

Para cerrar un ciclo es necesaria una ruptura. Esa ruptura se da naturalmente con la muerte de un ser querido o con un acontecimiento de impacto incontrolable por el hombre: alguna catástrofe de la naturaleza como un terremoto o una inundación, entre otros, una quiebra económica, una tragedia familiar o la maldad de algunos seres humanos que generan hechos de delincuencia  como el robo, el secuestro, etc. Sucesos que originan un sacudón que te obliga a cerrar un ciclo, de verdad,  y comenzar otro.

Cerrar un ciclo por voluntad propia, sin un acontecimiento externo que lo provoque, es una muestra de madurez, de trabajo interno productivo, de verraquera. No es fácil. Cuesta también tiempo, dolor, desprendimiento, capacidad de lucha, renuncia, lágrimas.

No siempre cerrar un ciclo resulta beneficioso para el ser humano. Todo depende de la madurez e inteligencia emocional con que se afronte y, dependiendo de ello, es muy posible que pasado el tiempo, una serie de nuevas emociones, marcadas por la tranquilidad del desapego por las viejas formas de ver la vida e incluso por las costumbres, los lugares y las personas, llenen la existencia de nuevas vivencias que sustituyan las de otros días.

Este año tuve la fortuna de presenciar el comienzo del cierre de ciclos de algunos seres cercanos. Sé que les ha sido difícil pero estoy seguro van por buen camino. Fue una decisión valerosa propia de personas evolucionadas.

El fin de un ciclo, como el final del año, puede ser el momento propicio para un cierre de uno más interno y el comienzo de una transformación. Para ello, se requiere meditación y silencio, apartarse del ruido de la navidad y el fin de año, de la sociedad de consumo que nos absorbe y nos domina.

ANTES DEL FIN

Una buena tradición para concluir un ciclo y quizás cerrarlo es desprenderse de objetos sobre los que hay apegos. Una posibilidad de ayudar a los más necesitados que brotan de cada rincón de Colombia.

Hermosa la tradición del pesebre, de regreso con fuerza al finalizar la segunda década del siglo XXI. En mi pueblo, Entrerríos – Antioquia, un gran retroceso que implicará menor afluencia de turistas.

Puede ver PESEBRES PARA RECORDAR https://eligiopalacio.com/tag/pesebre/
ADIOS 2018, BIENVENIDO 2019 https://eligiopalacio.com/2018/12/30/adios-2018-bienvenido-2019/