AUSENCIA

AUSENCIA

Eligio Palacio Roldán

“No hay nada más amado que lo que perdí”
Serrat

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Aunque no te pueda ver ahí estás mamá…

En los últimos años he tenido un acercamiento al arte religioso, gracias a las obras del maestro Norman Cardona en el municipio de Entrerríos. Por ello, he incluido en este blog algunos videos de altares, pesebres y ceremonias desarrolladas en ese municipio, ubicado a 60 km al norte de Medellín, en el departamento de Antioquia.

En Semana Santa, el sábado, tiene lugar la Procesión de la Soledad, cuyo video del presente año nombré Ausencia. El título llegó a mis pensamientos cuando se representaba una escena en la cual la virgen se acercaba al sepulcro tratando de ver a su hijo y con impotencia, por no lograrlo, regresaba por el camino, sola, en medio de la multitud que la acompañaba en la ceremonia: En la mirada de esa imagen de madera y yeso percibí la crueldad de la ausencia definitiva. El ausente sencillamente no está: se fue, se marchó, te dejó.

Puede ver AUSENCIA (Procesión de la Soledad)  https://eligiopalacio.com/2018/03/31/ausencia/

La muerte es la ausencia definitiva. Y si las ausencias temporales duelen, las que son para siempre destrozan el alma. Sencillamente no se podrá ver más, no se podrá escuchar más, no se podrá sentir más al otro amado. Los ausentes definitivos tan solo estarán en el mundo virtual de las fotografías y las grabaciones que, al igual que los recuerdos, se irán desdibujando con el paso de los días. No en vano, el ser humano se ha inventado otras vidas donde se pondría fin a esa ausencia.

La ausencia del ser que más he amado en mi vida: Mi mamá, me dejó tan abrumado que ha impedido que las palabras lleguen a mi cerebro y a mis manos. He comenzado a escribir estas líneas decenas de veces y nada fluye. Ni siquiera los sueños de otros días aparecen en las horas de descanso. Se diría que mi mente quedó en blanco, suspendida en el aire y que solo se ocupa de los recuerdos, de un ayer cada vez más distante, y de algunas canciones que describen el profundo sentimiento de la ausencia. Como dice una de ellas, de Serrat, “Tus recuerdos son cada vez más dulces” y “No hay nada más amado que lo que perdí”. (https://youtu.be/sBXEBVDUXOE)

Después de perder al ser que más se ama en la vida, cualquier ausencia se hace menos dolorosa, cualquier apego se vuelve trivial y seguramente cualquier otra separación será más fácil, menos dolorosa.

ANTES DEL FIN

Obviamente la partida de un ser querido nos lleva a reflexionar sobre la propia muerte, a pensar en las posibilidades de la eutanasia activa o pasiva, sobre los velorios, la cremación y “la otra vida”. (Ver ÁNIMAS SIN VELORIO https://eligiopalacio.com/2016/11/10/animas-sin-velorio/)

Además de Lucía, de Serrat, el duelo se alimenta de cientos de canciones. Aquí unas recomendadas:

Y si tú no has de volver (https://youtu.be/SMg6dt5XFKw)

Procuro Olvidarte (https://youtu.be/zw82EbX52Yw)

En un rincón del alma (https://youtu.be/1coQi9vcGpk)

Este fin de semana son las fiestas parroquiales en Entrerríos, un excelente destino turístico para los seguidores del culto católico. Aquí parte del espectáculo (https://eligiopalacio.com/2018/09/09/fiestas-virgen-de-los-dolores-entrerrios-2018/)

https://eligiopalacio.com/tag/norman-cardona/

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“NADA TE LLEVARAS CUANDO TE VAYAS…”

“NADA TE LLEVARAS CUANDO TE VAYAS…”

Eligio Palacio Roldán

Nada te llevarás cuando te marches 
Cuando se acerque el día de tu final 
José María Napoléon

 

Gastarme los últimos dólares, en el aeropuerto, cuando concluyo un viaje, es una sensación entre placentera, nostálgica y liberadora. Ahí, en ese momento, todo está concluido: recuerdos placenteros, imágenes en flash back, cansancio y alguna sonrisa. Algo similar debiera ocurrir ante la proximidad de la muerte…

Hace algunas semanas pretendía escribir sobre el final del ser humano pero el intento se quedó en la fecha de vencimiento de Santos, un presidente mediocre como casi todos los que ha tenido nuestra patria. (Ver https://eligiopalacio.com/2017/10/06/la-fecha-de-vencimiento-santos/).

Pero bueno, el tema es como pensar sobre el dilema del ser humano de vivir como si transcurriera el último día de su existencia, recomendación de pensadores y líderes espirituales, o ahorrar para la vejez que quizás no llegue.  Todo esto se solucionaría si, en contraposición con las manidas repeticiones de las oraciones religiosas, supiéramos “el día y la hora”.

Todos sabemos que no nos llevaremos nada cuando nos marchemos, al igual que me  ocurre con los pocos dólares en el bolsillo. Entonces, si supiéramos esa fecha de regreso a lo desconocido se podría hacer una adecuada planeación, gastándose los recursos sicológicos, afectivos y/o económicos y no generando conflictos entre los seres cercanos a la hora de la distribución de una herencia. No hay nada más decepcionante, nada más aberrante, que sentir “que tus seres queridos” giran en torno a ti, esperando fallezcas pronto y los incluyas en un testamento.

Y es que el dinero deja ver lo más miserable del ser humano. Por razones laborales he visto tramas muy cercanas a las tragedias de Shakespeare, en la lucha por la mejor porción de los bienes que otro trabajó, que otro luchó. De ahí que resulta entendible la decisión de las gentes de dejar sus bienes a entidades sin ánimo de lucro, a pesar de las necesidades económicas de sus familias.

Poco probable conocer “el día y la hora” ”la fecha de vencimiento” de cada uno. Solo optando por la eutanasia o el suicidio sería posible y la mayoría de los seres humanos no estamos preparados o no tenemos el valor para programar la propia muerte. Posible, si, cerrar pequeños o grandes ciclos en forma adecuada y madura. Cerrar esos ciclos a pesar de la nostalgia y la inseguridad frente al futuro, resulta ser liberador. Ese cerrar ciclos va dirigido a decir adiós a los espacios y los tiempos que se vivieron: El colegio, la universidad, algún trabajo o una relación de amistad o de amor. Cerrar ciclos es saber decir adiós y llevarse solo las cosas buenas que quedaron. Al igual que en los viajes, algún fetiche y los recuerdos, recuerdos que normalmente se depuran y de los cuales, ojalá, solo queden las buenas cosas.

ANTES DEL FIN

Los límites de la ética, que resultan siendo particulares, que resultan siendo criticables para los demás y  no aplican para mis pequeñas grandes bajezas. Esos que te llevan hasta el infierno para impedir las faltas del otro. Esos, precisamente esos, son los que originaron la guerra en Colombia, que aún no termina y no terminará. Desafortunado ejemplo dan nuestros dirigentes en las diferentes ramas del poder público, del poder económico y político. Desafortunado ejemplo damos todos.

 

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