PUES SI… ALEJANDRO GAVIRIA

PUES SI… ALEJANDRO GAVIRIA

Eligio Palacio Roldán

Desde la candidatura de otro Gaviria, Carlos Gaviria Díaz, nunca había sentido tanto entusiasmo como el que me despierta la idea de que Alejandro Gaviria sea presidente de Colombia. Y es que va siendo hora de que el país tenga en la presidencia un hombre coherente, entendida la coherencia como la relación inequívoca entre lo que se ´piensa, se dice y se hace.

Alejandro Gaviria es la muestra, ahora sí, de una inteligencia superior al servicio de la humanidad: Liberal en el verdadero sentido de la palabra, “alejado de los modelos estrictos o rigurosos“, pero con  un claro sentido de la ética. En su actuar ha sorprendido al país, en más de una oportunidad, con la claridad y asertividad de sus ideas, repito, tal como lo hiciera el exmagistrado y candidato presidencial Carlos Gaviria Díaz: acceso  a la salud como derecho fundamental, control a los precios de los medicamentos, legalización de las drogas, no a la fumigación de cultivos ilícitos, entre otras, son algunas de sus realizaciones.

Brillante economista, educador, escritor, excolumnista del diario El Espectador y funcionario público, tiene posiciones claras frente a los hechos, así resulten impopulares; es la antítesis de los demás precandidatos, cuya única estrategia es polarizar al país, y de Sergio Fajardo, otro educador, que en su vida política jamás ha tenido una posición clara frente a algún hecho o planteamiento, dando la espalda a una formación precisa como la matemática.

Su sensibilidad como ser humano y la fortaleza con que afrontó situaciones difíciles como el cáncer que padeció, son muestras claras de su carácter, carácter que estoy seguro no se verá afectado por influencias como la del expresidente Santos, que pretenden endilgarle los seguidores de algunos precandidatos que ven en peligro sus aspiraciones con la llegada de Alejandro Gaviria a la lista de aspirantes a la presidencia de la república.

Como Carlos Gaviria y Antanas Mockus, Alejandro, tendrá que enfrentar la oposición de personajes con ideas arcaicas y sectas religiosas que parecieran vivir más en pro de un más allá incierto que de un presente posible. Se espera las nuevas generaciones tengan una mentalidad más abierta que de las de principios de siglo.

El rector de la Universidad de los Andes, es el hombre que necesita Colombia para su recuperación económica pos pandemia  y tras el conflicto, si acaso fuera cierto que este terminó o para enfrentarlo como parecen indicarlo las cifras de muertos y de delitos a lo largo y ancho del país.

Los Gaviria, Carlos y Alejandro, me han deslumbrado con sus exposiciones magistrales. Un espectáculo verlos desplegar sus conocimientos, ante públicos hipnotizados. El uno solo queda en la memoria; el otro, espero lograrlo ver y escuchar como Presidente de Colombia.

ANTES DEL FIN

En twitter se leen continuas críticas a la nueva Revista Semana, El Tiempo y La FM por su derechización. Veo muy pocas a medios igual de sesgados, a la izquierda, como El Espectador o al Santismo como Caracol Radio.

Santos continúa la trayectoria desafortunada de Samper como expresidente. Bueno, le tiene una ventaja: El Nobel.

Desafortunadas las transmisiones de los medios de comunicación a la llegada de las vacunas contra el coronavirus: Puro circo. El periodismo sigue en crisis.

¿CREER?, ¿CREER EN QUÉ O EN QUIÉN?

¿CREER?, ¿CREER EN QUÉ O EN QUIÉN?

Eligio Palacio Roldán

Cuando era niño creía en mis padres, mis hermanos. También en los trabajadores de la finca, en el alcalde del pueblo, los concejales, los maestros, el gobernador y en el presidente de Colombia. En el ejército y la policía (Qué niño de mi edad no soñó con ser uno de ellos). En sacerdotes, obispos y en El Papa.  Creer correspondía a la significación de la RAE de “Tener a alguien por veraz”. Veraz: Que diceusa o profesa siempre la verdad.”

También en un Dios todo poderoso. En las brujas, los duendes, la madre monte. En los espíritus y en el más allá. Creer como “Tener algo por cierto sin conocerlo de manera directa o sin que esté comprobado o demostrado”

En que la tierra era plana y que si se caminaba mucho se llegaría al borde de un precipicio. Creer:Tener algo por verosímil o probable”.

Más tarde creí en la ética y los valores de las gentes y hasta en los políticos y en la justicia.

Creí también en seres de carne y hueso: en el defensor de los Derechos Humanos, Jesús María Valle Jaramillo, asesinado por la ultraderecha; en el más brillante intelectual que he conocido: Carlos Gaviria Díaz, ex candidato a la presidencia de la república por el Polo Democrático (cuando lo conocí, varios años antes, logré una concentración en su discurso inimaginable. Al terminar le dije: usted tiene que ser presidente de Colombia. – Si usted me ayuda lo lograremos, me dijo. No fue así). Más recientemente lo hice en un sacerdote: Ernesto Gómez, ya fallecido.

Con el tiempo ese creer se fue desmoronando con la excepción de la familia y Dios, creo que por incapacidad para asumir la realidad que por otra cosa. Obvio que muchas creencias, como las de brujas, nunca tuvieron fundamento. La teoría de la tierra plana tampoco; pero fue tan difícil hacerme a la idea.

El creer en las instituciones del estado y religiosas, en los sacerdotes y los políticos, sobre la justicia pronto se hizo trizas porque, como dice la canción, Que tiempo tan feliz, “La vida nos daría su lección”.

Y han sido muchas lecciones para mí, para los colombianos, desde el surgimiento del narcotráfico en Colombia, a finales de la década del setenta del siglo pasado, y la implantación de un estilo de vida “traqueto”, donde el afán por vivir con dinero y lujos desbordó la ambición y acabó con principios y valores. Y ese fin de principios y valores acabó con la credibilidad de los supuestos líderes y de la gente del común. Ahora hay que tener en cuenta en los presupuestos de las pequeñas y grandes empresas el dinero destinado a  la corrupción; ahora los alcaldes y concejales, además de su sueldo, cuentan en sus ingresos con el quince por ciento de la coima en los contratos. Ahora “todo el mundo” ajusta su sueldo y si no lo hace es calificado de “guebón”.

La prensa registra una y otra vez escándalos de corrupción, de abusos de poder. Aparecen involucrados gobernantes, políticos, religiosos, militares, miembros de la rama judicial. Bueno todo el mundo. Incluso ella misma.

Mientras tanto, todos los dirigentes de esta Colombia, que parece colapsar en nuestras manos, tratan de demostrar que el otro es el malo: Intrigando, comprando testigos, tendiendo trampas. Pretendiendo que el gobierno de turno fracase como si su fracaso no fuera el de todos nosotros.

¿Creer? ¿Creer en qué o en quién?

ANTES DEL FIN

Esta semana, en el baño (los hombres también hablamos en el baño), un amigo me decía preocupado: ¿Es que yo no entiendo por qué un alcalde se pone a robar si además del sueldo tiene el 15% en los contratos? Bajé la mirada. Me cansé de explicar que eso es corrupción. A las gentes ese porcentaje de soborno les parece normal. Nadie me cree que eso sea corrupción.

En fin, no creo en nada ni nadie… Ni nadie me cree a mí. Así estamos.