santo monumento entrerríos 2021

SANTO MONUMENTO ENTRERRÍOS 2021 – EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

Puede leer: NORMAN CARDONA RAMIREZ, EL ARTISTA https://eligiopalacio.com/2016/06/27/norman-cardona-ramirez-el-artista/

DE LA ETICA DE LOS RESULTADOS A LA TRAGEDIA DE LOS FALSOS POSITIVOS

DE LA ETICA DE LOS RESULTADOS A LA TRAGEDIA DE LOS FALSOS POSITIVOS

Eligio Palacio Roldán

A veces me leen. A veces me felicitan. A veces me critican. Quien escribe y opina está expuesto a los juicios de quienes lo leen. Eso es normal y, obviamente, lo respeto. La pasada columna URIBE ES INOCENTE (https://eligiopalacio.com/2021/03/11/uribe-es-inocente/) dio para todo tipo de alabanzas y críticas. Una de las críticas hacía referencia a que no menciono, siquiera, la tragedia de los falsos positivos, de los cuales culpan al expresidente Uribe sus más férreos enemigos.

Sea lo primero, decir que estoy seguro Uribe no tuvo nada que ver en el exterminio de jóvenes inocentes para hacerlos pasar por guerrilleros y no porque crea que el alma del exmandatario sea casta y pura, sino porque no es tan tonto para caer de esa manera en las manos de un enemigo o de algún “amigo”. Tampoco creo los hayan propiciado Juan Manuel Santos, Marta Lucía Ramírez o algún otro Ministro de Defensa. El interés de unos y otros era obtener resultados positivos en la lucha contra la guerrilla y, obviamente, con esos resultados ganar el aplauso y el favoritismo de los colombianos, para sus propósitos políticos.

Los falsos positivos son la más dura y triste tragedia de nuestra historia, tal vez solo comparable con la conquista española cuando los invasores masacraron a nuestro pueblo indígena. Eso está claro, no hay discusión posible, y si algún colombiano los defendiera es porque está más enfermo que quienes los propiciaron. Ahora bien, el origen de ellos no es el estímulo dado a los militares sino la forma turbia como esos militares quisieron mostrar al gobierno y a la sociedad una victoria sobre la guerrilla de las Farc. Ahí la génesis del problema.

La sociedad consumista del siglo XXI es la sociedad de los resultados: resultados académicos, deportivos, empresariales, económicos, etc. Somos esclavos de esos resultados. El éxito es cuantificable, medible a partir de ellos. Un buen gerente los exige siempre y si él mismo no los genera, pues se va. A los niños se les reclaman desde la más tierna edad y si no los tienen son tachados de fracasados.

Si por algo se ha distinguido Uribe, en su vida pública, es por exigir resultados. Son ya míticos sus “Consejos Comunitarios” donde ponía en la picota pública a quienes no los dieran. Y esa presión fue la que habría llevado a los militares a los “falsos positivos”, porque era imperativo tenerlos.

Pero no son solo los resultados para Uribe, son los resultados para la sociedad en general los que están estrangulando la vida en el planeta. De ahí fenómenos como el cambio climático, o la explotación laboral en regiones de China, Latinoamérica y África, o la esclavitud virtual que amenaza a la humanidad. Resultados tenemos para anunciar al mundo; pero ¿Cómo se obtienen? ¿A qué costo? ¿A costa de qué o de quiénes? Nos está matando, literalmente, la falta de ética en los resultados. 

Es tan desafortunada nuestra ética en la obtención de los resultados y tan poca la evolución de la sociedad que estamos repitiendo la terrible premisa de Maquiavelo, de hace 500 años: “El fin justifica los medios”. Esa misma falta de ética en los resultados está minando la credibilidad en la JEP y por ello sus cifras de los falsos positivos deben ser demostrables y creíbles porque pareciera, también se están usando como herramienta política.

Pero no solo nos exigen resultados, los exigimos a diario, los imponemos. No importa si estamos en pandemia, si el otro puede lograrlos, si existen los recursos para obtenerlos. Nada importa, solo los resultados. Y, después, nos quejamos de los falsos positivos que nosotros mismos propiciamos.

Se creía que la pandemia del coronavirus cambiaría el paso del hombre por la tierra. No hay tal: Seguimos en las mismas: tras los resultados.

ANTES DEL FIN

Si algo trajo la pandemia es la conciencia de lo mortales que somos y la irresponsabilidad frente al otro que sí cuida su vida.

Segunda Semana Santa sin las ceremonias religiosas y los encuentros propios de la época. Bueno, quizás nos vamos acomodando a esta nueva forma de vivir. Nuestro paso por la tierra continúa.

UN AÑO… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

UN AÑO… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

Eligio Palacio Roldán

Hoy hace un año, 20 de marzo de 2020, salí huyendo hacia un lugar en las montañas de Entrerríos – Antioquia, donde tengo mi refugio, tratando de escapar de una amenaza llamada Coronavirus. Todas las historias, vivencias y reflexiones de este período se pueden ver y leer en videos, historias y reflexiones en “LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS” (https://eligiopalacio.com/en-los-tiempos-del-coronavirus-2/)

En mi caso, debo decir que hubo resiliencia: rápidamente me adapté e hice que el grupo que dirijo, laboralmente, se adaptara a las nuevas circunstancias; fuimos más productivos que en años anteriores, cada dificultad se convirtió en un desafío y demostramos que estábamos preparados para asumir nuevos retos. En lo personal, regresar al campo después de 50 años fue una aventura extraordinaria, un reencuentro con los fantasmas del pasado para aclararlos y/o vencerlos, con la música, el espíritu, la naturaleza y Dios y con una vida mucho más confortable que la de la ciudad, una vida campesina cercana pero desconocida hasta entonces pues solo quedaban vagos recuerdos de la infancia. No hubo televisión.

Como sociedad, se esperaba que el COVID-19 fuera una ruptura con el pasado. Bueno, aun se espera. Sin embargo, todo parece seguir igual o quizás peor: el empobrecimiento de muchos no despertó la solidaridad necesaria, los corruptos afilaron sus garras y los políticos, al menos en Colombia, continuaron con sus estrategias para destruir, al contrario, dando la espalda a una nación que esperaba más de sus dirigentes.

Un año después, todo parece quedar atrás a pesar de que el Coronavirus deja una estela de pobreza, dolor y muerte. La normalidad se abre paso, el temor a la pobreza y a no tener el confort de otros días derrota el miedo a la enfermedad. Ya son solo recuerdos las escenas mágicas de las calles vacías en pueblos y ciudades, las fumigaciones inútiles, los encuentros a escondidas, los encierros, la soledad. Se abren nuevos escenarios: el regreso a vivir al campo, su valoración; la desmitificación de las ciudades como escenarios para vivir; la trivialización de las formas de vestir y las joyas, la desmitificación de los horarios laborales y de la concentración en los centros de trabajo y de estudio; la redefinición de la familia y la amistad; la cotidianidad de la muerte.

En fin, las generaciones que habitaron el planeta al comenzar la tercera década del siglo XXI y salieron avante tras la pandemia del coronavirus fueron privilegiadas; vivieron una historia fantástica, llena de temores y retos para superar, de incertidumbre y de pequeñas grandes batallas por sobrevivir.

ANTES DEL FIN

Excelente el gobierno Duque en “Los Tiempos del Coronavirus”: Serio, profesional, despolitizado y teniendo a la gente como su principal baluarte.   Desafortunada la oposición que no estuvo a la altura de las circunstancias.

La clase política colombiana sigue de oso en oso. ¿Qué tal el fallido proyecto de extensión de los períodos de nuestros gobernantes? Sigan así, seguramente acabarán con nuestra democracia.

URIBE ES INOCENTE

URIBE ES INOCENTE

Eligio Palacio Roldán

Álvaro Uribe es inocente. Estoy seguro. Estoy seguro, porque desde cuando asumió el reto de liberar a Colombia, de la opresión de la delincuencia armada, los colaboradores directos e indirectos de la guerrilla de las Farc, muchos de ellos agazapados en la clase política, el periodismo y el mismo gobierno, emprendieron otra lucha: la de liquidar al presidente Uribe. Y se agazaparon a su alrededor, como en el caso de Juan Manuel Santos, para darle una estocada final y así cumplir con un sueño “revolucionario” de muchos años atrás.

Me refiero a que Uribe es inocente de los delitos atroces que la guerrilla, algunos periodistas y la izquierda colombiana han tratado de endilgarle en su vida pública, no al reciente y controvertido proceso por manipulación de testigos que adelantó la Corte Suprema de Justicia, luego la Fiscalía General de la Nación y que hoy sigue su trámite ante un juez de la república. Este delito, en últimas, resulta siendo menor en comparación con los que dicen cometió y de ser declarado culpable sería una pobre victoria para sus opositores.

Por lo único que los enemigos de Uribe han podido llevarlo a los estrados judiciales es por, supuestamente, tratar de conseguir cambiar el testimonio de un testigo, sobre su posible participación en la conformación de grupos paramilitares; una práctica común en todas las investigaciones judiciales y/o administrativas en este país. Me pregunto, ¿Qué implicado en un proceso no busca que los testigos se acerquen a su verdad? Y, ¿Qué acusador no ha hecho lo mismo? El problema no es ese, el problema es que los jueces de la república no tengan la capacidad para dilucidar la verdad a través de los interrogatorios a los “testigos” de los hechos o que sencillamente se nieguen a aceptarla. En toda esta historia quien, verdaderamente se está haciendo el harakiri, es la justicia colombiana y de paso, está “volviendo trizas” la institucionalidad de la nación y a Colombia entera.

Uribe es inocente, estoy seguro, porque alguien con tantos y tan poderosos enemigos no podría estar libre después de veinte años de enfrentarlos, sin que haya aparecido alguna prueba contundente en su contra. Y han sido tantos y tan infructuosos los intentos de vincularlo a algún delito que de aparecer alguno, al cabo de tanto tiempo, ya no sería creíble. Además, ¿Cómo es posible que ni siquiera sus enemigos mimetizados en su gobierno hayan logrado recaudar una prueba en su contra?

A estas alturas ya ni interesa si Uribe es absuelto o condenado por algún organismo nacional o internacional, el expresidente ya pasó a la historia como el hombre más importante de Colombia, en las primeras dos décadas del siglo XXI. Seguro, con el pasar de los años, se convertirá en un mito. Bueno, ya lo es. Sus seguidores seguirán adorándolo y sus detractores odiándolo como ha ocurrido con los grandes líderes de la humanidad. Difícil que otro presidente lo iguale, así haya conseguido un premio Nobel.

ANTES DEL FIN

Nunca fui Uribista, nunca lo seré. Cuando Colombia se rendía a los pies de Uribe, critiqué el manejo que le daba a la economía y la oportunidad perdida de cambiar nuestro sistema político. El expresidente fue el único con el poder de convocatoria necesario para hacerlo y no lo hizo, el único que ha tenido a Colombia dispuesta a participar en una verdadera revolución.

Hablando de revolución, ¿Cuándo harán los partidos de izquierda una revolución similar a la que hizo Jenaro Pérez y Colanta en el norte antioqueño, o el empresario Arturo Calle, o el Grupo Carvajal o tantos otros empresas y empresarios colombianos?… “Mucho tilín tilín y nada de paletas”.