615 – DIA DE LA DIGNIDAD COLOMBIANA

615 – DIA DE LA DIGNIDAD COLOMBIANA
Eligio Palacio Roldán
De los cinco que tenía, no me quedan si no dos, dos…
De los dos que yo tenía, no me quedan si no cero… cero…

Los colombianos pudimos escoger entre cinco candidatos y escogimos los dos peores, (¿POR QUIEN VOTAR, EN COLOMBIA? http://wp.me/p2LJK4-Th); ahora en las campañas publicitarias y en los debates electorales cada uno trata de demostrar que el otro es el más malo, el más perverso y, a los dos, la verdad, les sobran argumentos.

La conclusión es obvia: los dos bordean la ruindad, los dos acuden a todas las formas de lucha para llegar al poder, formas legales e ilegales, formas dignas e indignas, formas llenas de mentiras, montajes y fraudes; formas inimaginables por Pablo Escobar, por las mafias del narcotráfico, por las guerrillas de izquierda y por los paramilitares, en su lucha por alcanzar el mismo poder, que hoy se disputan, estos dos pobres personajes. Claro, no tan pobres como los colombianos, que tendremos que padecer un gobierno, de cuatro años, en las manos de alguno de ellos.

Y, los medios de comunicación, ahí, haciendo lo mismo, como idiotas útiles o sacando el mejor partido en mitad de la nada; bueno, de la nada, no; de la miseria de unos candidatos presidenciales indignos. Y en medio de la indignidad, los menos malos, los que podrían ser una esperanza para el futuro, como Clara López, hundiéndose en el fango, tras el fuego fatuo de la paz; porque, ¿cuál paz se podrá lograr pactando con unos guerrilleros viejos, olvidados o desconocidos, por una Colombia que difícilmente enfrenta su tragedia diaria para subsistir, educar a los menores,  salir adelante y liberarse de las bandas ilegales que controlan su existencia y su forma de estar en el mundo.

Mientras tanto, la clase política cada vez más lejana, cada vez más ausente,  cada vez más desprestigiada, cada vez menos creíble; y el ciudadano, ahí, sin esperanza.

Dijo, William Ospina,  en su columna de El Espectador, del 31 de mayo de 2014, (De dos males http://tinyurl.com/kkbd7oj) que votaría por Oscar Iván Zuluaga y los críticos se le vinieron encima; pienso que no solo él votará por el candidato del expresidente Uribe, votarán la mayoría de los colombianos porque como lo decía el escritor colombiano, Zuluaga, representa una nueva clase en el poder, diferente a la que ha construido desde el gobierno un país lleno de injusticias  y desigualdades; una clase permeada por la cultura traqueta (PABLO ESCOBAR, ÍCONO DE LA TRANSFORMACIÓN LATINOAMERICANA. http://wp.me/p2LJK4-U5).

Santos no tiene el carisma para ganar una elección, de hecho no ha ganado ninguna (la de hace cuatro años, la ganó Alvaro Uribe); es un hombre sin credibilidad, carente de pueblo, ausente; la presidencia la logró arrimándose al expresidente, engañando, mintiendo, como lo ha seguido haciendo con los falsos positivos de su administración (http://wp.me/p2LJK4-AH);  durante los cuatro años en el poder su, único, propósito fue borrar lo que había hecho su antecesor.  Ahora, su única posibilidad de acceder a la presidencia de la república es la “mermelada”, bien untada, y ese hecho sería desastroso para el país; otra vez, como en tiempos de Ernesto Samper, en 1994, se lograrían ganar unas elecciones con la compra de votos.

Desafortunado momento para Colombia: elegir entre dos males, el menor. Este dilema me recuerda a los valientes que, ante la posibilidad de escoger entre tratamientos invasivos para combatir una enfermedad letal, prefieren una muerte digna y esa posición liberadora, es la que deberíamos tomar todos los colombianos, el rechazo al horror de lo que representan los candidatos presidenciales, con el voto en blanco.

PABLO ESCOBAR, ÍCONO DE LA TRANSFORMACIÓN LATINOAMERICANA.

PABLO ESCOBAR,  ÍCONO DE LA TRANSFORMACIÓN LATINOAMERICANA.
Eligio Palacio Roldán.
La guerra entre Escobar y el Estado Colombiano, la continuará ganando, esta vez,  Pablo Escobar Gaviria, varios años después de su muerte.

Los viajes son oportunidades para aprender imágenes, paisajes, olores, sabores, colores, maneras de ser, de hablar, de ver; de encontrar similitudes y diferencias con lo ya conocido y de sentirse aceptado o rechazado por extraños…

En un reciente viaje a Argentina experimenté  tres situaciones sobre Colombia, con gentes de diferentes países latinoamericanos: una, el aprecio por los colombianos; dos, la mala imagen de Alvaro Uribe, como mandatario de ultraderecha  y el desconocimiento de Juan Manuel Santos (el presidente sigue siendo Uribe); y tres, la simpatía que despertamos los oriundos de Medellín, por obra y gracia de Pablo Escobar y el éxito de su historia en la televisión, de todo el continente.

Con solo mencionar a Medellín, como  ciudad de origen,  se presenta en el interlocutor una sonrisita cómplice y un deseo inhibido por preguntar; una vez, entrados en confianza, comienzan los interrogantes: ¿La novela si representa la realidad?, ¿Cómo era la Medellín de la época?, ¿Cómo manejaban el temor?, ¿Si es cierto que Escobar ayudaba a los pobres?, ¿Dónde está su tumba?, ¿Qué de él se conserva en al Medellín y en la Colombia de hoy?, ¿Cómo es la situación del narcotráfico en su país?.

Después, vienen las conclusiones:

–          El narcotráfico se extiende por toda Latinoamérica como posibilidad de enfrentar la pobreza, y como oportunidad de liberación del  imperialismo yanqui.

–          Los nuevos ricos, con sus ostentosas fortunas,  han transformado la cultura, la arquitectura y la forma de estar en américa latina; también la estética de los mismos seres humanos; la cirugía plástica florece como industria.

–          Los gobiernos son impotentes ante el fenómeno del narcotráfico, es poco lo que pueden hacer para enfrentar el problema; muchos han sido permeados por la mafia.

–          Las organizaciones criminales han creado ejércitos privados que dominan los territorios y establecen leyes propias, que las comunidades tienen que cumplir, a la fuerza.

–          Se impone el pago de impuestos obligatorios (Vacunas), a las organizaciones criminales, por parte del ciudadano del común.

–          Son cada vez más frecuentes, en las diferentes ciudades, los “ajustes de cuentas” de la mafia; nace y crece el sicariato como oficio.

–          El poder político y económico de las mafias se acrecienta, de la mano de la corrupción, de los diferentes estamentos del poder público.

–          Las viejas élites del poder político y económico están viendo cómo se derrumban sus reinos, con la aparición de nuevos ricos, de origen legal e ilegal; se vive una verdadera revolución donde llegan al poder gentes con un origen y una “hoja de vida” impensables hace algunos años.

–          La guerra en Colombia, en realidad, no fue contra el narcotráfico sino contra un poder emergente diferente al tradicional.

Analizando estas ideas comunes entre ciudadanos de Argentina, México, Ecuador, Perú, y Colombia, tengo que reafirmarme en mis conceptos sobre la situación de nuestro país: Alvaro Uribe significó y significa el acceso de la una nueva clase social al  poder; una clase que emerge con fuerza desde abajo, con riqueza obtenida de forma lícita o ilícita, pero como fruto de muchos sacrificios y riesgos y a pesar del dominio, excluyente, de una clase que nos gobernó por muchos años;  y, entonces, coincido con William Ospina,  en que Zuluaga es el hombre que representa esa clase y agrego que, como esa clase social es mayoritaria en Colombia, seguramente Oscar Iván será el nuevo presidente y que la izquierda colombiana debiera respaldarlo, por solidaridad de clase, siendo consecuente con su lucha contra el poder tradicional, excluyente. La guerra entre Escobar y el Estado, creo, la continuará ganando, esta vez,  Pablo Escobar Gaviria, varios años después de su muerte.

ANTES DEL FIN

Dada la admiración y la intriga que despierta Pablo Escobar, como ícono latinoamericano, es hora de que la ciudad Medellín desarrolle una estrategia de turismo, inspirada en el legendario personaje.