LA PAZ DE LAS ELITES

LA PAZ DE LAS ELITES

Eligio Palacio Roldán

En el año 1956, se llegó a un acuerdo entre las élites de los partidos liberal y conservador para terminar con la violencia partidista en Colombia y tratar de frenar el movimiento político del exdictador populista Gustavo Rojas Pinilla. Incluía la alternancia en el poder de las dos vertientes políticas, en gobiernos de coalición, entre 1958 y 1974, pero excluía al pueblo colombiano.  Se trataba del El Frente Nacional.

Esta historia no parece tan lejana para los colombianos…

En el año 2016, se llegó a un acuerdo entre las élites del gobierno Santos, incluidos los partidos liberal y conservador, con las Farc, guerrilla surgida como consecuencia de la exclusión del Frente Nacional, para terminar con la violencia en Colombia y “tratar de frenar el movimiento político del expresidente populista Alvaro Uribe Vélez”. No incluye la alternancia en el poder, en gobiernos de coalición, pero si su perpetuación en el mismo. Este pacto, excluye, también, al pueblo colombiano.

La situación de Colombia, luego del acuerdo de paz con las Farc, guarda similitudes, además,  con lo sucedido tras la muerte de Pablo Escobar o la disolución del Cartel de Cali. En esas ocasiones se habló, al igual que hoy, del fin de la guerra y de los carteles de la droga, del cese de la violencia y la llegada de una nueva era para Colombia; sin embargo, las organizaciones criminales fueron sustituidas por otras que se multiplicaron y extendieron por todo el país.

A diferencia las cúpulas de  los carteles de Medellin y Cali, que fueron derrotadas, condenadas o eliminadas, los integrantes de la de las Farc alcanzaron lo inimaginable: ser perdonados, sanear sus fortunas y hacer parte de jet set nacional e internacional.

Cada día es más evidente que el acuerdo con las Farc fue solo un acuerdo entre élites (ver LA PAZ DE LOS VIEJITOS https://eligiopalacio.com/2015/09/29/la-paz-de-los-viejitos/). Los recientes disturbios en Tumaco, que incluyeron la muerte de varias personas es una prueba fehaciente de que la paz está muy lejos de Colombia.

Era obvio que el grueso de la organización guerrillera se iba a desplazar hacia otras organizaciones criminales, incluso, se ha generado mayor desesperanza y resentimiento social: ¿Que pueden sentir estas gentes, acostumbradas a delinquir, sin oportunidades reales para el presente y el futuro cercano, viendo a sus exlíderes haciendo ostentación de los privilegios de su nueva vida, sin pagar por sus crimines y con un futuro definido y halagador?.

¿Qué pueden sentir los miles de ciudadanos que no encuentran un trabajo digno y una manera de subsistir cuando ven a los delincuentes que los doblegaron, por más de medio siglo, exhibiendo su nueva posición? Lo obvio: Que en Colombia los buenos somos más pero que es mejor ser malo que bueno. Que los malos son premiados?.

¿Qué pueden sentir unos y otros? Que en este pacto, como siempre, han sido excluidos, que han sido utilizados por unos y otros para alcanzar un poder en beneficio de unas pocas élites.

ANTES DEL FIN

  • El movimiento del expresidente Alvaro Uribe guarda grandes similitudes con el del general  Gustavo Rojas Pinilla. ¿También se repetirá la historia de las elecciones de 1970?
  • Dice un pequeño comerciante, de un municipio cocalero de Antioquia: “Por mi tienda desfilan los mismos hombres de siempre: los que me exigieron “vacunas ayer”, los que llevan insumos para la producción de coca. Ahora no tienen que ocultarse bajo un camuflado. Es la diferencia. Mi vida, la misma: trabajando para sostener los delincuentes.”

LOS NEGROS

LOS NEGROS

Eligio Palacio Roldán

Dice Paola Ochoa en su columna del periódico El Tiempo – http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/negros-malucos/16679613 -, entre otras cosas, refiriéndose a los negros: “Y es que los negros nos dan asco. Nos hastían, nos fastidian, nos repugnan hasta el cansancio. Somos un país clasista y racista que siente por ellos un profundo desagrado”. Y de alguna manera culpa al racismo del atraso del departamento del Chocó y de algunas poblaciones de nuestro país.

Es muy posible que la columnista tenga algo de razón y que parte de ese atraso sea consecuencia del racismo que vivió nuestro país en alguna época, ya pasada. En mi opinión hay otros factores de mayor preponderancia en el afianzamiento del subdesarrollo, en esas zonas, como la falta de asentamientos humanos, por razones de índole climático y lo espeso de la selva, pero fundamentalmente por la corrupción.

Estoy seguro que la objetividad no existe y que cada uno ve lo que quiere o puede ver por sus limitaciones físicas, intelectuales o por el medio donde se desenvuelve.

Mi mirada sobre los negros, en Colombia, es bien distinta a la de la columnista Paola Ochoa. Pertenezco a una generación  de transición y obvio hay restos de racismo, pero en más de 50 años, en este mundo, no he presenciado alguna escena de discriminación hacia los negros, por su color de piel. La he visto, eso sí, por su condición social y/o económica, por su orientación sexual o por alguna discapacidad física o mental como ocurre, también, con los blancos con características similares. Bueno, la he presenciado en las telenovelas o en los ramplones chistes de nuestra radio y/o televisión, como fantasía mayormente risible.

Desde niño, en mi medio social, se respetó y se quiso a los negros. Incluso, en la infancia, me pusieron en un altar a sostener un mapamundi con una niña negra, para mostrar la unión de las razas (hemos sido grandes amigos, desde entonces). En la escuela, en el colegio y en las universidades siempre tuve compañeros y/o profesores negros que jamás fueron discriminados.    En la vida laboral he tenido colegas, jefes y amigos de raza negra y nunca ha salido a relucir, en alguna disputa, la diferencia de razas.

Me he alegrado con los triunfos deportivos de negros, blancos y mestizos y he sufrido sus derrotas como todos los demás colombianos, a mí alrededor. En los espacios que he compartido no he percibido que los negros  “nos hastíen, nos fastidien o nos repugnen”. He hecho parte de varios grupos con todas las dificultades, encuentros y desencuentros  que se generan en la dinámica propia de las organizaciones, como en la vida misma,  pero sin ninguna discriminación racial.

Obviamente que debemos hacer algo por los habitantes del Chocó, de Turbo, Buenaventura, Tumaco o cualquier población de nuestra Colombia del tercer mundo; pero no por tener la mayor parte de su población negra. Esa es otra forma de discriminación. A los negros, ni a nadie, se le puede tener lástima. Como dice un amigo, la lástima lastima  y por ello con ese sentimiento no se ayuda a nadie. Se hiere.  Además los negros son seres humanos iguales a las demás razas, con las mismas capacidades para afrontar las dificultades.

Ya lo había dicho en https://eligiopalacio.com/2016/08/19/sobre-la-polemica-con-el-ministerio-de-educacion/,  más que manuales, más que normas para lograr la convivencia se necesita educación, educación desde y hacia todos los frentes. Educación que gracias a Dios he tenido. Educación que, desde luego, también sacará a nuestras comunidades del subdesarrollo.

ANTES DEL FIN

Para el presidente de la república, Juan Manuel Santos, para las Farc y para muchos colombianos hoy empieza una nueva era: la era de la paz, la era de las oportunidades, la era del adiós a la discriminación. La verdad: No creo. Esa paz  será solo para los dirigentes de las Farc. (Ver LA PAZ DE LOS VIEJITOS https://eligiopalacio.com/2015/09/29/la-paz-de-los-viejitos/).

SUR VERDE

Televisión ayer y hoy
SUR VERDE
Eligio Palacio Roldán

Suelo, con frecuencia, sintonizar los canales Caracol y RCN novelas, que ofrece UNE; lo hago para disfrutar un encuentro con el ayer, lleno de recuerdos y nostalgias, y aunque no soy de los que piensa que todo tiempo pasado fue mejor, si estoy seguro que en historias y libretos la televisión colombiana del siglo pasado, fue muy superior a la de hoy.

Por estos días Novelas Caracol retransmite Sur Verde (1981), original de María Victoria de Restrepo, la misma libretista de Las Señoritas Gutierrez, otra obra de antología en la televisión colombiana, y dirigida por el talentoso Boris Roth; relata una historia de amor, enmarcada en el mundo del contrabando y el narcotráfico, en la costa pacífica, en el sur abandonado del país; creo, esta fue la primera obra de ficción que tocó el espinoso tema del narcotráfico, que nos cambió a Colombia y sobre el que se ha hablado, escrito y tomado medidas durante estos 33 años, sin resultados positivos.

Recuerdo una escena maravillosa, en los capítulos finales de la novela, en donde Leonor Gonzalez Mina, llora, en una canoa, sobre el cadáver de su hijo asesinado, interpretado por Gabriel González. La novela relata, claro, la pobreza de la zona y el abandono de sus habitantes, en su mayoría negros, y uno se pregunta: ¿Qué ha cambiado en estas zonas del país? ¿Qué ha hecho el estado colombiano, por remediar la situación?; muy poco, la verdad, y entonces uno entiende por qué hemos llegado a la Buenaventura y al Tumaco de hoy.

Sur Verde toma, entonces, gran actualidad por el tema que trata, que es el mismo que nos domina en la Colombia de hoy: contrabando, narcotráfico y violencia; pero volviendo al tema que nos ocupa, no se entiende ¿por qué, con la privatización de la televisión colombiana, se esfumaron las obras maestras de nuestra pantalla chica?, ¿por qué desaparecieron las novelas de autor?, ¿por qué casi todas parecen una de las parodias del programa Sábado Felices? y entonces, uno comprende por qué posibles buenas historias, como las de La Suegra, se pierden en medio de chistes flojos y gritos destemplados.

La respuesta puede estar en un personaje; Dago García, él impuso la novela industrial, aquella que se hace con recetas, como en las cocinas industriales, sin tiempo para la creatividad y con ingredientes limitados y preestablecidos y, claro, a veces suelen salirle buenas “tortas” como La Saga o Pecados Capitales, pero la mayoría son inodoras, incoloras, sin sabor; y entonces se extrañan talentos como los de Julio Jiménez, Marta Bossio de Martínez, la misma María Victoria Restrepo y hasta Fernando Gaitán, entre otros.

Y como en Colombia RCN siempre copia a Caracol, en radio y televisión, esta también se dedicó a la televisión industrial y también se extravió.

Qué bueno volver a grabar estas historias con la tecnología de hoy, pero sin deformarlas como suele suceder; por ahora, me conformo con ver Sur Verde, a las 8:00 de la noche, (en 1981 era a las 12:00 del mediodía) y a las viejas glorias de la televisión nacional, jóvenes en esa época, Maria Angelica Mallarino. Gilberto Puentes, Oscar de Moya, Gloria Gómez, Nelly Moreno (niña), Camilo Medina, Carlos Barbosa Yolanda Garcia, Samara de Cordoba, Leonor González Mina – La Negra Grande, Lucy Colombia, Ana Mojica, entre otros.

ANTES DEL FIN

Cuando veremos, en UNE, RTI NOVELAS, para revivir la gloria de nuestra televisión: La Mala Hora, Gracias Por el Fuego, La Tía Julia y el Escribidor, Los Cuervos, La Abuela, El Hijo de Ruth, Quien Mató a Betty si era tan Buena Muchacha, El Gallo de Oro, entre otras.