el patrón

EL PATRON

Eligio Palacio Roldán

Dos palabras sencillas pero profundas, en escenas simples, detuvieron mi paso en la vida para pensar en su trascendencia. La primera fue señor; tenía algo más de 25 años cuando un niño se me acercó a preguntarme algo y la pronunció nerviosamente. Ese día, comprendí que había dejado de ser un joven y que era hora de asumir el papel que el niño veía en mí, el de un señor.

La segunda palabra, al igual que la primera, la había escuchado muchas veces pero fue solo hasta hace dos semanas, cuando comprendí su trascendencia, al utilizarla para nombrarme: Patrón, me dijeron. Entonces sentí un vacío en el estómago y, la verdad, ganas de llorar. Vi en el  trabajador que la pronunció tanta humildad, tanta desprotección que me sentí abrumado. Yo tengo trabajadores en un actividad productiva hace más de veinte años y nunca me habían puesto ese rótulo. Y sí, yo era el patrón del joven que me lo decía y de otras dos personas.

La palabra Patrón tiene para mí una connotación de fuerza y autoridad que no creo tener. También, algo de arrogancia, que a veces tengo. La Real Academia de la Lengua la define, entre otras acepciones, como defensor, protector, santo titular de una iglesia,  santo elegido como protector de un pueblo o congregación… y patrono, como persona que emplea trabajadores.

Leyendo la acepción de la palabra y el sentido de protección que invoca el trabajador al nombrarme, patrón, siento una responsabilidad mayor y no dejo de pensar en la angustia de miles de patronos que en estos momentos se devanan los sesos tratando de encontrar una salida a la crisis económica de sus empresas, en tiempos del coronavirus. Intuyo el dolor al tener que rebajar salarios, disminuir estímulos económicos y despedir personal; también el sufrimiento de esos trabajadores que se quedaron sin patrón. Comprendo su desespero y los gritos de auxilio buscando que la economía se reabra porque al igual que cobra las vidas de la personas, el virus acaba con la de la empresas y por ende con el bienestar de miles de ciudadanos en Colombia y en el mundo.

También me solidarizo con el presidente Duque, el Patrón de Colombia, y la lucha que le ha tocado dar en su presidencia, una lucha inédita en la historia del país. Pienso que es un deber de los colombianos apoyarlo con todo el esfuerzo y cariño que se le pueda brindar. Es tiempo de rodearlo y de hacer a un lado los intereses mezquinos de quienes buscan alcanzar el poder a cualquier precio.

La palabra patrón tiene, además,  en nuestro medio, otro significado construido a través de personajes de no muy buena recordación como Pablo Escobar, apodado en una serie televisiva El Patrón del Mal; sin embargo, pensándolo fríamente, él también fue el protector de sus colaboradores y amigos.

Mucha suerte para todos los patronos de Colombia en la nueva normalidad que se avecina. Su suerte será la de todo el país.

¿Qué palabras han tocado especialmente su existencia?

ANTES DEL FIN

Impresionante el éxito de la telenovela Pasión de Gavilanes, después de 17 años de haber sido transmitida en nuestra televisión. La novela original “Las Aguas Mansas” es recordada en Cuba como una de las mejores de Colombia. Indiscutiblemente Julio Jiménez es un ícono de la telenovela clásica, esa que triunfa en todas las generaciones. Los canales de televisión deben regresar  a historias de ese tipo.

Entra en la recta final el año 2020, un año que será referente para la historia de Colombia y el mundo. Ojalá de una historia mucho mejor, después de la pandemia. Se ve venir una navidad muy diferente a las de todas las épocas.

PASIÓN POR LA TELENOVELA CLÁSICA

PASIÓN POR LA TELENOVELA CLÁSICA

Eligio Palacio Roldán

No siempre innovar es positivo y en muchas oportunidades caben las expresiones populares “Más vale malo conocido, que bueno por conocer” o “Todo tiempo pasado fue mejor”. Pues bien, de eso se ha hablado varias veces en estas páginas y, hoy, lo hago nuevamente para referirme al tema de las telenovelas:

Hubo un tiempo, durante las dos últimas décadas del siglo pasado y en los primeros años del siglo XXI, de florecimiento de la televisión colombiana, gracias a escritores ya legendarios como Julio Jiménez (La Abuela, En Cuerpo Ajeno, Pasión de Gavilanes…), Bernardo Romero (Señora Isabel, Caballo Viejo, Las Juanas…), Marta Bossio de Martinez (Pero Sigo Siendo el Rey, Gallito Ramírez, La Casa de las Dos Palmas…) y Carlos Duplat (Amar y Vivir, Los Victorinos…), entre otros.  Siguiendo su legado llegaron otros escritores, ya fallecidos como Mónica Agudelo (Señora Isabel, La Madre, Hombres…) y Fernando Gaitán (Café con Aroma de Mujer, Betty la Fea, Hasta que la Plata nos Separe…). Ahora, las novelas de autor fueron reemplazadas por las del productor, donde de tener excelentes  escritores, artífices del éxito de  las historias, se pasó a contar con simples libretistas cuyos nombres aparecen perdidos en los créditos, de las presentaciones de las telenovelas.

Puede ver LAS TELENOVELAS DE AUTOR https://eligiopalacio.com/2017/03/03/las-telenovelas-de-autor/

Sobre el tema teoricé a comienzos del 2017 y lo compruebo ahora con el regreso a la televisión de telenovelas como Yo Soy Betty la Fea  (1999) y Pasión de Gavilanes (2003), remake de Las Aguas Mansas (1994). La primera tuvo un rating promedio de 10.2 puntos y de más de  17 en su final, en 2019; la segunda ha tenido números superiores a 13 siendo, desde su estreno, líder en audiencia en Colombia. Además de esto, los nuevos productos de la oferta televisiva no dejan de ser versiones de clásicos de la misma pantalla chica, el cine o de la literatura. Es como si ya no hubiese historias que contar.

El fenómeno es muy diciente porque no parece lógico que estas producciones tengan la misma aceptación de hace veinte años teniendo en cuenta que son repeticiones, es decir historias ya conocidas, y que, en teoría, tienen un lenguaje, puesta en escena y argumentos de generaciones pasadas. Sin embargo, la explicación podría estar en que en esencia el ser humano evoluciona poco y los problemas de ayer siguen siendo los mismos de hoy. Es decir, el hombre progresa bastante en materia de economía y tecnología y poco en lo social y sicológico; teoría poco optimista sobre el pasar del ser humano sobre la tierra.

La poca evolución de nuestra industria televisiva, puede mostrar también la incapacidad para contar historias contemporáneas que atraigan las audiencias. Es decir, no se identifican con el colombiano del 2020; quizás sea necesario, también, un relevo generacional en los canales de televisión sin repetir los errores que cometió, por ejemplo, Caracol Radio en este cometido.

Puede ver EL OCASO DE CARACOL RADIO… https://eligiopalacio.com/2020/05/30/el-declinar-de-caracol-radio-en-los-tiempos-del-coronavirus-xii/

Los buenos resultados de las repeticiones de dramatizados en la televisión ponen en peligro el futuro de esa misma industria, dado que los dos canales nacionales pueden optar por la fácil (ya lo hizo RCN)  de no producir más contenidos y solo dedicarse a repetir y repetir en desmedro de productores, directores, libretistas, actores y todo el engranaje que soporta esta industria.

Son tiempos difíciles para la televisión colombiana. Creo es hora de acudir a los profesionales de ayer, que aún estén en capacidad de enseñar, y formar una nueva generación de escritores de telenovelas. También, de recuperar al escritor como el artífice de las historias y como el sello o la marca de cada producción televisiva.

Puede ver LA TELEVISIÓN… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS XII https://eligiopalacio.com/2020/05/23/la-television-en-los-tiempos-del-coronavirus-xii/

ANTES DEL FIN

¿Qué dirán nuestros mandatarios, que antes se consideraban un ejemplo para Colombia y el mundo en el control al COVID-19, hoy que éste se toma campos y ciudades y arruina vidas y economías?