LA VERDAD Y LA DECLARACIÓN DE RENTA DE URIBE

LA VERDAD Y LA DECLARACIÓN DE RENTA DE URIBE

Eligio Palacio Roldán

“… lo que permite inferir que es más rentable ser escritor de novelas inspiradas en la cultura traqueta que empresario…”

 “Por fin: Declaración de Renta de Alvaro Uribe, uno de los hombres más ricos y con más tierras en Colombia: Saldo a pagar $0 No sé si reír o ponerme a llorar. Esto es un insulto”. Así trinó esta semana el senador Gustavo Bolivar, no solo insinuando sino juzgando y condenando como evasor de impuestos al expresidente Uribe.

Yo trabajo en la DIAN desde hace 30 años y, a modo de ejemplo, investigué por más de seis meses un contribuyente y, luego de proferir el acto preparatorio, la discusión duró doce años hasta que el Consejo de Estado le diera la razón a la entidad y por ende a mi trabajo.

Ahora, a las pocas horas de ser publicada la declaración de renta del expresidente Uribe, el senador Bolivar, con un tendencioso análisis, desconoce la consistencia de las cifras. Digo tendencioso porque pasó por alto que realmente, el líder político, generó un impuesto de $83.761.000, mucho menos que quien lo cuestiona, $946.931.000, lo que permite inferir que es más rentable ser escritor de novelas inspiradas en la cultura traqueta que empresario. Esa sí, una triste posibilidad.

Al igual que Gustavo Bolívar, a Uribe, lo condenaron miles de colombianos por dos razones: la primera es que así como a comienzos de siglo XXI estaba de moda ser uribista, ahora es casi vergonzoso considerarse como tal. Una conquista sin precedentes en la historia de la izquierda colombiana, que permaneció camuflada, por muchos años, por la vergüenza de ser identificada con la guerrilla  terrorista de las Farc, calificativo que “volvió trizas” el gobierno Santos al elevarle el estatus de padres de la patria, a sus más sanguinarios dirigentes.

La segunda, más grave aún, es la que se ve claramente en el contenido del trino del Senador Bolivar: El creer que la única verdad es la que se acomoda a nuestro sentir, verdad de vísceras y no de la razón o el conocimiento, verdad sin análisis ni investigación. Verdad aprendida de los generadores de opinión y de las redes sociales. Verdad que destruye y alimenta la parte oscura, envidiosa  y pesimista de los colombianos. Verdad más cercana al engaño que la mentira misma.

Y esa verdad engañosa manipula con furor  desde los medios de comunicación y las redes sociales a los ingenuos ciudadanos y a los mismos generadores de opinión.

Es tiempo que la sociedad misma haga un pare y exija verdades completas y no verdades a medias. Para ello, sería necesario que las autoridades mantuvieran una cautelosa reserva sobre sus investigaciones, que evite filtraciones, y que los medios de comunicación, los generadores de opinión y los ciudadanos en general se nieguen a revelar informaciones sobre casos sin fallos judiciales en firme. Los periodistas, en sus “entrevistas”, debieran por lo menos dejar hablar a los implicados porque, los medios informativos,  condenan mucho antes que los jueces y no permiten la mínima defensa de sus interlocutores.

La Ley 2013, del 30 de diciembre de  2019 que pretendía “dar cumplimiento a los principios de transparencia y publicidad, y la promoción de la participación y control social a través de la publicación y divulgación proactiva de la declaración de bienes y rentas, del registro de conflictos de interés y la declaración del impuesto sobre la renta y complementarios”, se convirtió en otro elemento de división y disputa en nuestro país. Cada iniciativa positiva por mejorar la forma de ser y de estar en Colombia termina en un bochinche que genera malestar. Así no hay como salir adelante.

ANTES DEL FIN

La oposición no ha dejado gobernar al presidente Duque. Esa oposición ganó las alcaldías de Bogotá y Medellín, a los alcaldes de estas ciudades no los deja gobernar la oposición. También está de moda ser de oposición, así sea a la misma oposición. La proactividad era el futuro y lo poco que hubo en Colombia ya es pasado. ¡Así no se puede! ¡Que vaina!

¡POBRE COLOMBIA! ¡POBRES COLOMBIANOS!

¡POBRE COLOMBIA! ¡POBRES COLOMBIANOS!

Eligio Palacio Roldán

En junio de 2018 escribí una columna cuyos argumentos tienen hoy, luego de las protestas sin precedentes en la historia de Colombia, de este noviembre de 2019, quizás más validez que en ese entonces. En ella me refería a las causas de una posible victoria del candidato Gustavo Petro, a la presidencia de la república, así:

““¡Pobres Colombianos! Se les dijo, se les recomendó, se les advirtió, a los dirigentes políticos, que no fueran corruptos, que escucharan la voz del pueblo, que no se burlaran de los ciudadanos, que no los utilizaran para enriquecerse a sus espaldas, que pensaran en ellos aunque fuera en lo mínimo, que no legislaran pensando tan solo en su propios intereses, que hicieran algo por mejorar el sistema de salud, por generar oportunidades de educación y trabajo, que no permitieran ni propiciaran el desplazamiento y el asesinato de miles de paisanos; que si no cambiaban su comportamiento Colombia correría los caminos de Venezuela y al gobierno llegaría un populista estilo Chávez o Maduro, y no quisieron hacer caso, omitieron tan democráticos consejos, se  pasaron la advertencia por la faja, ¿y qué sucederá? ¿Saben cómo queda un país cuando elige un populista como gobernante? Pues sí… Queda así, igual a Venezuela, con las gentes huyendo de la miseria y del hambre… Me acuerdo como si fuera hoy cuando generadores de opinión advertían sobre lo que podría pasar con la corrupción…”

Trato de utilizar las formas del lenguaje del gran Hebert Castro, el mejor humorista que he conocido, para indicar que si Petro es elegido, el próximo domingo, como presidente de Colombia, no será por sus méritos si no por las fallas de la clase política colombiana que hizo todo lo posible para que esto ocurriera…”

Puede ver CLASE POLITICA CORRUPTA ELEGIRÍA A PETRO PRESIDENTE. ¡POBRES COLOMBIANOS! https://eligiopalacio.com/2018/06/13/clase-politica-corrupta-elegiria-a-petro-presidente-pobres-colombianos/

No ganó Petro, pero Uribe y su partido no aprovecharon su tercera oportunidad y siguieron de espaldas al pueblo. Igual sucedió con los demás partidos políticos que solo buscaban continuar en el poder  olvidando, como siempre, a sus electores. La corrupción invadió los sectores público y privado en desmedro de la población. Entonces, mientras  el presidente hacía esfuerzos por cambiar las costumbres políticas, por no seguir esparciendo mermelada entre los corruptos, recibía la desaprobación de un gran porcentaje de colombianos, incluida la prensa. Prensa que en varias oportunidades pareciera hacerle un mandado a la oposición.

Ahora, una izquierda enceguecida por las ambiciones de poder, más cerca que nunca de hacerlas realidad, una ola de protestas en el continente, mínimas respuestas a un complejo tinglado de necesidades insatisfechas, una juventud cada vez más exigente y con mínimas capacidades y decisiones de sacrificio y una delincuencia heredada de las guerrillas de izquierda y derecha y del narcotráfico, se han conjugado para poner en jaque a un presidente, inexperto, lleno de buenas intenciones.

Como en la historia de Macondo parece ser demasiado tarde para comprender lo sucedido. El ejecutivo, parte del Congreso y el expresidente Uribe tratan de calmar con “paños de agua tibia” el descontento generalizado, los empresarios ven como sus negocios se vienen a pique y quienes protestan hacen peticiones imposibles de cumplir.  ¿Cómo obrar con cordura y que cada uno de los colombianos hagan hasta lo imposible para salir de la crisis? No parece encontrarse un camino ni un líder que nos permita hacerlo.

Esta semana recorrí algunos de los Centros Comerciales y el sector El Hueco, en Medellín. Estaban vacíos, “las ventas no arrancan y ya estamos en la temporada Navideña” me dijeron desconsolados.

La angustia se apodera de gran parte de la sociedad y a la distancia se avizora una crisis económica y en consecuencia social difícil de superar. ¡Pobre Colombia! ¡Pobres Colombianos!

ANTES DEL FIN

La situación del país es tan delicada que ni siquiera el espíritu navideño ha podido invadir los corazones de los colombianos.

Invitación: No se pierda NAVIDAD https://eligiopalacio.com/navidad-2/