…EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS III

…EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS III

Eligio Palacio Roldán

Volver al pasado es un imposible. Tal vez retornemos a sus penurias, pero tenemos la impronta de un futuro, ya vivido, que nos hace distintos a los seres que habitaron el ayer.

Cuando era niño e iba a la finca “El Burro” de vacaciones me afligía el silencio, símbolo de la soledad del campo. Silencio roto por el canto de algún gallo, el cacarear de una gallina… en fin, por los sonidos de los animales. En las noches, tan solo por el soplar del viento, la lluvia o el ladrido desolado de un perro. Por eso, para mí, había una especie de descanso, en las mañanas, cuando a lo lejos, por la carretera, se veía venir “la jaula” que traía no solo el concentrado para las vacas y las canecas vacías para transportar la leche, sino las noticias del pueblo.

El coronavirus trajo para mí el regreso al campo y digo regreso porque venir a una finca, como suelo hacerlo, cada ocho días, no es vivir en ella. Vivir en el campo es gozar o padecer ese silencio inmenso; esa quietud de las horas, sin reloj para descubrir el paso del tiempo; ese maravillarse y agradecer cada amanecer, y estremecerse y temer la llegada de las sombras y la oscuridad de la noche. En el campo, la vida comienza y termina en un solo día.

Regresar al campo, para mí, es regresar a un pasado casi olvidado o llegar a un futuro cercano: La jubilación. Jubilación que parece ser lo único precoz de mi existencia porque a casi todo he llegado tarde. En estos días vivo como, pienso, lo haré cuando llegue ese tiempo, si es que llega.

Entre el campo de hoy y el de ayer, a pesar de las similitudes, hay muchas diferencias. La más importante, la internet que te comunica con el mundo y con las gentes que quieras, en cualquier rincón del planeta. Ahora no anhelo el camión que recoge la leche, en las mañanas, ni siquiera percibo su llegada, ya no trae noticias del pueblo. Ahora las noticias las tengo yo, a tan solo un click.

En el campo, ahora no está la magia de la oscuridad y la conversación alrededor del fogón de leña, cargada de mitos e historias enigmáticas surgidas del imaginario popular. Tampoco la radio narrando amores imposibles (Renzo, El Gitano), aventuras extraordinarias (Kalimán, Arandú, Muribá la Ciudad Perdida) y escenas de terror (El Código del Terror). La luz eléctrica y la televisión dieron al traste con todo esto. También la realidad violenta de cada día y ahora el Coronavirus que insospechadamente hace estragos reales en todo el mundo.

Ir al pueblo, por estos días, por culpa del coronavirus, es algo extraño: las calles vacías; las pocas gentes que ves, lejanas y desconfiadas; la música, cargada de nostalgia y despecho, ausente; el parque sin los ancianos tomando el sol ni los niños con sus juegos alegres. Ahora el pueblo es muy igual al campo, lo habitan el silencio y la soledad. Quizás también la ciudad.

En los tiempos de internet y coronavirus, los seres queridos están tan cerca y tan lejos. La alegría de ver al otro, de sentir al otro, es solo auditiva y visual. El tacto pasó a un segundo plano.

Pareciera que retrocedemos en la historia, pero no es cierto. Se podría decir más bien que se está llegando a un tiempo cargado de incógnitas. Volver al pasado es un imposible. Tal vez retornemos a sus penurias, pero tenemos la impronta de un futuro, ya vivido, que nos hace distintos a los seres que habitaron el ayer.

ANTES DEL FIN

Las cadenas de abastecimiento generan millonarias ventas como consecuencia de la pandemia del coronavirus. Ojalá sean consistentes en el pago de sus impuestos.

Los medios de comunicación, especialmente la televisión, también, vive sus mejores días en cuanto a sintonía. Tiempo de reflexión y de mirar contenidos.

Muy buena experiencia el trabajo en casa. Prodigioso desarrollo informático al servicio de la humanidad. En eso, el futuro también es ya.

LAS NOVELAS

LAS NOVELAS

Eligio Palacio Roldán

Hace unos días un taxista sintonizaba el Canal Caracol en su radio. Escuchaba la novela Elif. En los espacios comerciales hablaba de la calidad de las novelas turcas. – Estas si son novelas de verdad, decía – Tienen argumento, concluía.

Mi Señora Madre narraba escenas de tardes bucólicas y hermosas con la familia, reunida alrededor de mi abuelo, leyendo El Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes  Saavedra y El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas, entre otros. También hablaba de las primeras horas de la noche, de varios años después, alrededor de un radio, escuchando novelas como El Derecho de Nacer y Natacha.  Mi infancia transcurrió en tardes similares a las que narraba mi madre, también alrededor de un radio, inmerso en el mundo fantástico de Arandú, el Príncipe de la Selva (https://soundcloud.com/xiomy-cruz/arandu-el-principe-de-la-selva), Kalimán el Hombre Increíble (https://youtu.be/CSqnCKG8bHg)  y Muribá la Ciudad Perdida, entre otras.

Toda la magia de las novelas escritas y de las radionovelas sucumbió ante la televisión. Bueno, las primeras aún permanecen en manos de un público selecto, pero las segundas son solo recuerdos de los mayores y alguna anécdota registrada en las páginas de libros o de internet.

Todo esto permite concluir varias cosas:

  1. La radionovela puede tener un espacio en la radiodifusión colombiana. Todavía hay un público dispuesto a disfrutarlas, a escucharlas. El taxista de esta historia es un ejemplo. También los son los trabajadores del agro, los de las oficinas, las amas de casa, etc. La radio tiene una ventaja sobre los demás medios de comunicación: Permite hacer otras labores mientras se escucha.
  2. El regreso de la radionovela al mercado colombiano, sería una muy buena posibilidad para recuperar las frecuencias del AM, hoy en manos de grupos religiosos y toda suerte de brujos, o para el mercado de los podcast. Es hora de que la industria de la radio hablada segmente el mercado, que todas las grandes cadenas dejen de transmitir lo mismo, copiándose los unos a los otros.
  3. La recuperación de la radionovela sería una muy buena fuente de empleo para gran cantidad de actores olvidados por la televisión, por no cumplir los parámetros de belleza del mercado. Sería bueno que el gobierno de “La Economía Naranja” impulsara el regreso de la novela a la radio.
  4. La telenovela clásica sigue vigente. Aquellas llenas de intrigas y secretos por descubrir, esas que siguen la línea de “El Conde de Montecristo”, donde los protagonistas sufren hasta que se transforman y de alguna manera toman venganza. Prueba de ello son las novelas turcas y Yo soy Betty la Fea. Innovar no significa desconocer la historia, en ella hay excelentes fuentes para crear y recrear.

ANTES DEL FIN

  • El fin del AM en la radio colombiana es otro síntoma del olvido de los campesinos. En las montañas, a cielo abierto, no hay posibilidad de escuchar las emisoras en FM y el internet aún no tiene las posibilidades de cubrimiento y de costo para escucharlas.
  • ¿Cómo se dio el fin de las emisoras en AM: la gente dejó de escucharlas y los empresarios dejaron de invertir en tecnología y programación, o fue al contrario?