LO QUE LA PANDEMIA SE LLEVÓ

LO QUE LA PANDEMIA SE LLEVÓ

Eligio Palacio Roldán

Cuando pienso en lo que la pandemia se llevó no lo hago trayendo a la memoria la gran película enmarcada en la guerra de secesión “Lo que el Viento se Llevó”; llega a mí la última escena de Cien Años de Soledad cuando Aureliano descifra los pergaminos de Melquiades en los mismos instantes en que Macondo es arrasado por el viento.

La pandemia del COVID-19 se llevó familias enteras a pesar de que los científicos dilucidaron con antelación lo que podría suceder. Digo familias enteras porque ante la muerte de varios miembros de un hogar, el resto queda muerto en vida. A esas familias se las llevó la peste por la lentitud en la vacunación, la falta de precaución de unos y otros agravada por la crisis económica y las marchas callejeras, o quizás por las líneas indescifrables del destino.

Pero, en Colombia, el coronavirus no solo se ha llevado la vida de miles de personas, se está llevando también la estabilidad familiar, las relaciones personales, la educación de centenares de jóvenes, las empresas y el empleo de miles de personas, los ahorros acumulados por varios años, la riqueza y hasta el mismo estado se resquebraja ante los embates de la peste. Como Macondo, no estábamos preparados para los fuertes vientos que nos azotan.

El encierro, la falta de contacto con el otro y hasta de las mismas caricias, la crisis económica y la inminencia de la muerte ha desembocado en una sociedad desesperada, que se aleja cada vez más de la razón y el entendimiento y se sumerge en las profundidades del oscurantismo donde son atrapados por cazadores de ignorantes.  Esa sociedad es la que les ha tocado dirigir a los gobernantes actuales y por ello es lógico su desprestigio; además, ellos mismos no han sabido cómo reaccionar ante el dramatismo de la situación que los desborda. De prolongarse la crisis, creo estará en peligro la misma colectividad, la democracia y la misma integridad de las personas tal como ha venido sucediendo en varias oportunidades. Para salir adelante, se requiere cabeza fría, sentido común y el autocuidado por el tiempo que falta para superar la pandemia, que según expertos será alrededor de tres años. Faltarían 18 meses.

La pandemia se llevó, además, cosas que seguro ayudarán a los colombianos a ser personas más estructuradas:  se evidenció el problema educativo del país, la crisis de las ciudades, se redescubrió la zona rural como un excelente hábitat y se le dio el valor al campo como generador de alimento para la población. En la parte humana se rompieron paradigmas impuestos por la sociedad como el trabajo en las oficinas, con cientos de trabajadores compartiendo el mismo espacio, la necesidad de estar de parranda en parranda y en especial que el ser humano también puede vivir sin los excesos de la sociedad de consumo en vestuario, perfumería, cosméticos y toda clase de artículos innecesarios.

ANTES DEL FIN

La pandemia deja atrás también la avidez por el consumo de información. Cada vez se ven y se escuchan menos los noticieros y se leen menos periódicos y revistas. Las audiencias migran hacia el entretenimiento.

Ojalá este año se pueda incrementar el turismo en Colombia. Recomiendo disfrutar de La Magia de Caño Cristales https://eligiopalacio.com/2021/02/26/la-magia-por-cano-cristales/

EL ESPECTÁCULO DE LAS NOTICIAS…

EL ESPECTACULO DE LAS NOTICIAS…

Eligio Palacio Roldán

“Quizás la historia descifre, algún día, el daño que los medios de comunicación, la justicia colombiana y los políticos le están haciendo al país…”

Hace algunos años, un prestigioso periodista, saludaba a los oyentes con la frase: “Bienvenidos al espectáculo de las noticias”. Desde entonces, me pregunto qué hay de información y qué de espectáculo en una noticia. Sin duda, la noticia crece cada vez más como espectáculo, como industria del entretenimiento y menos como información. Ahora hay mayor preocupación por la puesta en escena, se trata como mercancía y entre más amarillista más se vende. 

Dos hechos, ocurridos esta semana, refuerzan esta teoría: el primero la medida de aseguramiento, dictada por la Fiscalía General de la Nación, contra el Gobernador de Antioquia, Anibal Gaviria, y una información, de hace 18 años, sobre la condena, por narcotráfico de un hermano de la Vicepresidente, Marta Lucía Ramírez. Ambas noticias consumieron horas de radio, televisión y páginas de prensa y se escribieron miles de mensajes en twitter a favor y en contra, de los personajes, en medio de polémicas inútiles y hasta tontas.

El caso Gaviria, hace parte, también, del espectáculo de la Justicia Colombiana, que desde hace años, al igual que el periodismo erró su rumbo: Hay que investigar si; hay que controlar la delincuencia, entre ella la de cuello blanco, por supuesto. Pero, esa recurrente manía de estar haciendo un escándalo mediático, por cualquier investigación, hay que frenarlo y los medios de comunicación deberían evitar ser usados para generar reconocimientos fatuos, a los administradores de la justicia. Lo he dicho varias veces: llevo treinta años de mi vida investigando contribuyentes y si algo hace bien la entidad para la que trabajo, la DIAN, es la reserva de los procesos que administra. Lo normal, en nuestro país, es la posibilidad de una investigación, pero la verdad de los hechos es muy difícil establecerla, incluso los vividos por uno mismo. Entonces condenar, como se hace a partir de las informaciones preliminares de la rama judicial, desde los medios de comunicación, es un error en medio de una sociedad enferma, que parece no saciarse de ánimos de venganza,  enmarcada en una polarización creciente entre los diferentes sectores que la conforman.

Va siendo hora de acabar con la detención de las personas involucradas en investigaciones judiciales. Esta se debe dar solo después de una condena. Las cárceles se llenan de inocentes por medidas preventivas, ¿No habrá otra manera de evitar el riesgo de una fuga?.

Algo similar ocurre con lo del hermano de la vicepresidente: Primero, Colombia es un país permeado por el narcotráfico y resulta obvio que todos podamos tener un familiar involucrado en el delito: “El que esté libre de pecado tire la primera piedra”; lo que resulta inverosímil es que le reclamen  a la dirigente por ello, que lo hagan después  de 18 años y lo peor de todo que los medios de comunicación lo conviertan en noticia del día. Inaudito, diría, yo. Ella no ha tenido respaldo del narcotráfico como muchos otros políticos a los que se les perdona todo. Ahora, si la crítica es por no haberlo revelado, en su debido momento, hay que recordar que todos los seres humanos tenemos derecho a una vida privada y que un líder debe ser juzgado solamente por sus actuaciones públicas.

Quizás la historia descifre, algún día, el daño que los medios de comunicación, la justicia colombiana y los políticos le están haciendo al país con su manida estrategia de destruir, a punta de escándalos tontos, en vez de construir. Tal vez, para ese entonces, sea demasiado tarde y Colombia esté afrontando situaciones que se pudieron haber evitado guardando un poco de cordura.

ANTES DEL FIN

Poco a poco se da paso a la nueva normalidad, en tiempos del coronavirus. Hay alegría en los semblantes, diría que optimismo. Ojalá salgamos adelante de esta crisis. De la  descrita, renglones atrás, creo no saldremos pronto, es un virus mucho peor.

Repito: Los medios de comunicación, la justicia colombiana y los políticos  se me parecen, cada vez más, a las chismosas de mi pueblo: Solo se reúnen para destruir.

EL PRESIDENTE DUQUE

EL PRESIDENTE DUQUE

Eligio Palacio Roldán

Prevenido, como vivo, con la clase política, le presté atención a Iván Duque, por primera vez, en una entrevista en The Suso’s Show, un programa de Caracol Televisión donde su conductor logra entrevistar a “gente de verdad”, sin máscaras. Me pareció un buen tipo: sin los rencores, el sectarismo y las miserias de quienes se sumergen en las turbias aguas de nuestra “democracia”.

Después lo seguí en algunos debates y entrevistas y lo vi defenderse, sin perder la calma, sin dejarse arrinconar por los discursos populistas de sus adversarios  o por el odio contra su mentor, Uribe. Más que sus planteamientos, que pueden ser o son herramientas para despertar los sueños de los ciudadanos y hacerlos creer en lo imposible y, obvio, votar, me convenció su actitud y por eso voté por él, en primera y segunda vuelta. No lo había hecho en la consulta previa porque mi preferencia estaba con Marta Lucía Ramírez.

Una de las definiciones de la Real Academia de la Lengua de la palabra duque, el mismo vocablo con que se apellida el nuevo presidente, es “comandante general militar y político de una provincia”, y eso es desde el pasado martes en Colombia y lo será por los próximos cuatro años, a no ser que suceda algo extraordinario.

Pero la tarea no es nada fácil: recibe un país, tal vez, más polarizado que el que recibió Samper, a finales del siglo pasado, con dirigentes, en cada uno de los extremos, izquierda y derecha, más sectarios, inescrupulosos, corruptos, manipuladores e incluso sanguinarios. Esa polarización se origina en la ascendente visibilidad de la izquierda en el escenario político nacional y en los medios de comunicación, luego del proceso de paz con las Farc, la creciente desigualdad económica y social entre los colombianos,  y en una obstinada derecha tradicional o recientemente incorporada a la sociedad, por medios non sanctos, que busca, por todos los medios, no perder los privilegios obtenidos en lo corrido de la historia de Colombia.

También, recibe el nuevo presidente, un país con las mayores extensiones en cultivos de coca en su historia y con la presencia de organizaciones terroristas locales, nacionales e internacionales. No se puede negar que la delincuencia ha ido ocupando o fortaleciendo su presencia en las diferentes regiones del país, ante la pobreza y la falta de oportunidades laborales para millones de colombianos y unas autoridades que parecieran haber perdido la iniciativa de otros tiempos.

Capítulo aparte merecen el problema de la corrupción que ha permeado toda nuestra sociedad, las dificultades en los servicios de salud y otros aspectos de la vida nacional como la economía y la educación.

Ante este panorama desolador, más allá de las intenciones, que dice tener, de derrotar estos males y enderezar lo que no está marchando como debiera, lo importante es la decisión de hacer las cosas bien a pesar de las dificultades y sus deseos de unión entre todos los colombianos.

Por ahora le creo a Duque, espero le vaya bien a él, a su gobierno y por ende a todos nosotros.

Y como lo dije hace algunos días, espero que Uribe aproveche su cuarta oportunidad, porque ésta si será la última.

(Ver ELECCIONES 2018 – Y LE SIGUEN LLOVIENDO OPORTUNIDADES AL EXPRESIDENTE URIBE https://eligiopalacio.com/2018/06/17/11055/)

ANTES DEL FIN

Poca objetividad de nuestros medios de comunicación. Muchos más sectarios y sesgados que los  dirigentes políticos, que tanto critican: Observe los noticieros de radio y televisión del pasado martes y verá historias y cifras distintas sobre el nuevo gobierno y sobre las manifestaciones que encabezó el excandidato Petro. Dos hechos, múltiples realidades ¡Que vaina!

LAS CONDENAS DE LA PRENSA Y LA SOCIEDAD

LAS CONDENAS DE LA PRENSA Y LA SOCIEDAD

Eligio Palacio Roldán

Decía en una columna reciente que en un crimen no solo “muere” el asesinado y su familia sino el autor del mismo y los suyos. Hablaba de sucesos probados. Algo similar ocurre con los incriminados y con los  acusados de delitos como el robo, la extorsión y, uno de los más frecuentes en nuestra sociedad, de hoy: La corrupción. Sin pruebas definitivas la colectividad y la prensa condenan a los implicados.

Puede leer LAS MÚLTIPLES MUERTES DE UN CRIMEN”,    https://eligiopalacio.com/2017/05/31/las-multiples-muertes-de-un-crimen/

Pero, ¿de dónde surgen estas condenas anticipadas? Básicamente de las filtraciones que hace la rama judicial, de las investigaciones que realiza, en lo que se conoce como “Justicia Espectáculo”; una justicia dañina dado el protagonismo, sin límites, que pretende encontrar y que induce a pensar en que importa más la imagen, la propaganda, que la realidad. De alguna manera es la extensión, a la justicia, de los “Falsos Positivos”, aquella práctica tenebrosa de los militares, en Colombia, bajo la presidencia de Alvaro Uribe Vélez  y el Ministerio de Defensa del hoy presidente Juan Manuel Santos, de asesinar  personas humildes, para hacerlas pasar por integrantes de las guerrillas de izquierda.

Puede leer LA REELECCIÓN DE LOS FALSOS POSITIVOS https://eligiopalacio.com/2014/02/20/la-reeleccion-de-los-falsos-positivos/

Obvio que la ciudadanía debe conocer los hechos para poderlos rechazar y que la prensa debe ejercer su labor fiscalizadora sobre los comportamientos de la sociedad; lo que no es lógico es que se condene y se den por ciertas las faltas con tan solo indicios o acusaciones, que pueden ser desvirtuadas dentro del proceso probatorio.

Establecer la culpabilidad de alguien es muy difícil dadas las diferentes variables que influyen y justifican el comportamiento humano  y la complejidad del derecho colombiano. De ahí, que solo se puede establecer una condena o no con el fallo de un juez. Fallos que pueden ser controvertidos pero que se sustentan en la aplicación de la Ley.

Ver y comprender la propia realidad es bien complicado, mucho más lo es saber la del Otro. Para ello se establecieron las normas, quien las interpretara y quien las aplicara y con base en ellas se ejerciera Justicia. En la sociedad global ese papel de equilibrio ha sido cercenado por los generadores de opinión que no siempre tienen la formación y/o los elementos para ello.

En el transcurso de la existencia todos podemos hacer parte de una investigación judicial y/o administrativa y eso no nos convierte en culpables. Sin embargo esta premisa no se cumple en Colombia, donde la falta de discreción de las autoridades investigadoras ha llevado a la picota pública a más de un inocente. ¿Por qué no esperar el fallo del juez para divulgar la información?

Esta falta de discreción solo parece ser una práctica de la rama judicial, Procuraduría y Contraloría. Afortunadamente, otros entes de Control como las superintendencias y la DIAN parecen ser más pulcras en el tratamiento de la información. De no ser así, el caos sería total: ¿Qué tal la DIAN divulgando las investigaciones por evasión, elusión y contrabando que realiza a diario y que los empresarios fueran condenados en los titulares de los medios de comunicación?

Puede leer GUSTAVO VILLEGAS, QUIEN ESTE LIBRE DE PECADO… https://eligiopalacio.com/2017/07/04/gustavo-villegas-quien-este-libre-de-pecado/

Es un hecho que los colombianos hemos perdido la confianza en nuestra clase dirigente. ¿Qué tan culpables es ella por su accionar y qué tanto los entes investigadores y los medios de comunicación por la ligereza en el tratamiento de la información?

Qué difícil es una decisión de un funcionario público ante el asecho de los enemigos políticos, las mafias de la corrupción y el juicio de los medios de comunicación y de la comunidad.

ANTES DEL FIN

Muy compleja la situación en el vecino país de Venezuela. Reprochable el apoyo y/o el silencio de la izquierda colombiana. Preocupante que podamos caer en un gobierno similar al de Maduro y, sin embargo, Petro crece en las encuestas. ¡Qué horror!