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EL PERSONAJE DEL AÑO: LA CORRUPCIÓN

EL PERSONAJE DEL AÑO: LA CORRUPCIÓN

Eligio Palacio Roldán

Pero, el recuerdo, el gran recuerdo del año que termina, el personaje del año, para nuestro país, será la desgracia de la corrupción y la corrupción también incluye el negociado del gobierno Santos con las Farc.

“No hay muerto malo” es una expresión popular utilizada para indicar que lo que queda, normalmente, de un ser que se marcha, para siempre, es el recuerdo de las buenas acciones desarrolladas durante su existencia.

Y digo normalmente porque no siempre es así, Pablo Escobar, por ejemplo, tuvo una que otra acción que lo hace ser recordado con cariño, pero en la sociedad en general predominan los malos recuerdos. Lo mismo sucederá para Colombia y los colombianos con el año 2017 que está muriendo por estos días.

Del 2017 quedarán recuerdos gratos como el de Rigoberto Urán triunfante en el Tour de Francia, subcampeón, y en la Clásica Milán Turín, campeón; la clasificación al mundial de fútbol, Rusia 2018, de la selección Colombia y los triunfos de otros cuantos deportistas más. También, los logros de nuestros artistas en el mundo: Los premios Grammy de Shakira, Juanes, Jorge Celedón, Alex Campos, entre otros y la proyección internacional de Vives, J. Balvin, Maluma y varios más. Sin duda, la música es lo mejor de Colombia, a nivel mundial, en lo corrido del siglo.

Pero, el recuerdo, el gran recuerdo del año que termina, el personaje del año, para nuestro país, será la desgracia de la corrupción y la corrupción también incluye el negociado del gobierno Santos con las Farc, porque una paz como la pactada, con impunidad, donde los criminales son tratados como ídolos no es otra cosa que corrupción. Negociado que poco a poco va mostrando su esencia y los miles de millones que se repartieron para comprar conciencias, en el Congreso y en los medios de comunicación, para tratar de construir una verdad que se diluye ante la realidad.

Pero, además, fue el año de Reficar, del fiscal anticorrupción Gustavo Moreno, del robo de las regalías en Córdoba y la Guajira, de Odebrecht, de los Carteles de la Toga y de cientos de casos que destaparon las autoridades y la prensa.

El escándalo de Odebrecht, no suficientemente aclarado, involucró las campañas presidenciales del excandidato Oscar Iván Zuluaga y del hoy presidente Santos de tal manera que evidenció que Colombia no ha podido superar el legado del expresidente Samper: La financiación de la campaña presidencial, de 1994, por la mafia del narcotráfico del Cartel de Cali.

Afirman algunos analistas que no son comparables los casos de corrupción en las campañas Samper, Zuluaga y Santos pues la primera tuvo la marca del narcotráfico y las segundas no, que fue más grave lo primero. Digamos que fue más grave lo de Samper por marcar un sendero nefasto para Colombia, pero horrible lo segundo porque comprometió los recursos del presupuesto nacional, dineros del esfuerzo de todos los colombianos que se pagan con los impuestos. Dineros que fueron “robados” a la salud, a la educación, a los ancianos, a  todos y cada uno de nosotros: Los ciudadanos.

Se diría que el 2017 es un año para olvidar como se pretenden borrar de la memoria los malos tiempos de la propia existencia: pero no debe ser así. El 2017 debe ser el año en que por fin Colombia “toque fondo” en materia de corrupción y a partir de ahí, de ese reconocimiento, comience a construir una nueva historia, una historia con valores éticos y ciudadanos que nos permitan tener un mejor país para todos.

ANTES DEL FIN

No soy uribista como se puede evidenciar en mis columnas sobre Alvaro Uribe, pero los mejores candidatos a la presidencia de Colombia están bajo su liderazgo: Martha Lucía Ramírez e Iván Duque. El apoyo de Uribe será su mayor fortaleza, pero también su mayor debilidad.

FELIZ NAVIDAD. No se pierdan lo mejor de esta época del año en https://eligiopalacio.com/navidad-2/

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CORRUPCIÓN… ¿QUE FALTA? ¿QUÉ SIGUE?

CORRUPCIÓN… ¿QUE FALTA? ¿QUÉ SIGUE?

Eligio Palacio Roldán

Los tiempos lógicos del psicoanálisis hablan de momentos para ver, comprender y concluir.  Se supone que luego del tiempo de concluir llega la modificación de las conductas que le hacen daño al ser humano. En materia de corrupción, en Colombia, a simple vista, esos tres tiempos hace mucho rato terminaron y no parece verse ningún efecto positivo de transformación en nuestra sociedad.

¿Será que falta tiempo para ver? No creo. Hemos visto  cómo la corrupción irrumpe en los pequeños poblados y en las grandes ciudades, en los concejos municipales y en el Congreso, en las alcaldías y en la Presidencia de la República, en las inspecciones de policía, los juzgados y las cortes, en los  pequeños círculos de poder y en las grandes corporaciones, en el ejército y en la policía. En fin, hemos visto cómo este flagelo se esparce por el país cubriéndolo todo.  Pasamos de los tiempos de Turbay Ayala, en la década del 80, del siglo pasado, cuando nos escandalizamos por su propuesta de reducir la corrupción a sus “justas proporciones” a pensar que ojalá tuviésemos los niveles de esa época.

Con la corrupción sucedió lo mismo que con el narcotráfico: fue visto con simpatía o con indiferencia hasta que permeó casi toda la sociedad colombiana. No en vano, ocupamos el primer lugar de producción en cocaína en el mundo.

¿Será que falta tiempo para comprender? Creo que sí. No hemos comprendido del todo. Nos parece monstruosa la corrupción de la clase política, del congreso, del ejecutivo pero nos parecen normales las pequeñas grandes corrupciones nuestras: colarnos en las filas, cruzar los semáforos en rojo, eludir el pico y placa, entrar al colegio o a la universidad con alguna “ayuda”, comprar la libreta militar, evadir impuestos, recibir prebendas por ayudar a la consecución de algo o el otorgamiento de un contrato. Nuestra cultura es del “vivo”, no del estúpido.  El otro es un corrupto: Yo mismo, o los seres cercanos a mí  astutos e inteligentes.

Falta tiempo para comprender el mal que le ha hecho a Colombia la elección popular de alcaldes en pequeños municipios, que han sido hipotecados a los corruptos y/o a los delincuentes de cualquier calaña, para dilucidar las nefastas consecuencias de la reelección presidencial y de las negociaciones de la paz con las Farc a cualquier precio.

¿Será que falta tiempo para concluir? Mucho. Si no se comprende tampoco se concluye. Se requiere aceptación por parte de todos y cada uno de los colombianos y entender que la corrupción es un mal que destruye la sociedad, que genera injusticias e impide la convivencia en paz entre los humanos. No basta con observar pasivamente lo que pasa, En esto tienen mucha responsabilidad los medios de comunicación que tienen que ser más incisivos y exhaustivos a la hora de demostrar las consecuencias nefastas de esta desgracia.

Falta tiempo para que surjan líderes que nos permitan ayudar a comprender y a concluir que el fin no justifica los medios, que el bien general está por encima del particular, líderes que generen credibilidad al estilo de lo que fue alguna vez Alvaro Uribe Vélez, quien desaprovechó la mejor oportunidad en la historia de Colombia para cambiar las costumbres y la forma de hacer política. En el momento esos líderes no existen, todos hacen parte de un sistema político corrupto. Tal vez sea hora de darle la oportunidad a una mujer para que tome las riendas de nuestro país. Es sabido que los niveles de corrupción entre ellas  son inferiores a los de los hombres. Por ahora, aparecen cuatro que pueden dar la pelea: Martha Lucía Ramírez, Clara López, Claudia López y Viviane Morales, ¿será una de ellas la primera en ocupar la  presidencia de Colombia?

ANTES DEL FIN

Nueve columnas sobre el tema de la corrupción en cinco años, de www.eligiopalacio.com, y múltiples referencias en los cientos de escritos muestran una permanente preocupación por una de las mayores problemáticas de la sociedad de hoy. Problemática que parece agravarse, día a día, con el destape de escándalos como el de Odebrecht:

¿OSCAR IVÁN PRESIDENTE?

¿OSCAR IVÁN PRESIDENTE?
Eligio Palacio Roldán
¿Si logró camuflarse Santos entre los “furibistas” y entre la mayoría de los colombianos por qué no habría de lograrlo Oscar Iván?

Conocí a Oscar Iván Zuluaga, en la segunda mitad del año 2009, como conferencista en uno de los Diplomados que organiza El Club de La Prensa, en Medellín; era Ministro de Hacienda en el segundo gobierno de Alvaro Uribe. El funcionario se desenvolvió bien pero, como todo buen político y alumno aventajado de Uribe, no respondía las preguntas. Las eludía con largas retahílas, de las que no se concluía nada.

Desde ese entonces lo he seguido en sus entrevistas de radio, televisión y prensa haciendo un gran esfuerzo porque me parece muy cansón, dado su estratégico parecido con Uribe. Sobre el tema, escribí el pasado 25 de abril en http://www.eligiopalacio.com “Oscar Iván Zuluaga, segundo en la medición de la Revista Semana, con el 7%, con “voticos” en Caldas, tiene la peor estrategia para hacerse elegir: habla como Uribe, se ríe como Uribe, se peina como Uribe, sonríe como Uribe y quiere ser igual a Uribe, pero no lo es. Tan solo parece una triste caricatura, un muñeco reencauchado. Y digo triste, porque, ni siquiera, genera risas”.

Pues bien, el pasado 26 de octubre Oscar Iván Zuluaga fue “elegido” como candidato a la presidencia por el uribismo y parecería que me tocará tragarme mis palabras, porque lo que para mí era fatal parece ser una bendición para los uribistas. Bueno, por lo menos para los antioqueños. Este fin de semana varios “furibistas” me dijeron que mis afirmaciones no eran ciertas, que lo que pasa es que Oscar Iván se identifica con las ideas de Uribe y que hay que votar por él, porque es el señalado por el expresidente.

Estos conceptos me parecieron en un comienzo risibles, pero viendo la vehemencia con que mis contertulios afirmaban que votarían por Oscar Iván, porque así lo indicaba Uribe, y recordando otras columnas escritas en este Blog sobre la orfandad de Colombia sin Uribe y de Venezuela sin Chávez, y teniendo en cuenta que Maduro fue elegido como presidente de Venezuela por un muerto; llegué a la conclusión que Oscar Iván podría ser elegido por un vivo, tan vivo, como Uribe; y que si las elecciones fueran en Antioquia, Córdoba, Viejo Caldas, Cesar y Valle del Cauca, Oscar Iván sería presidente. En estas regiones el “furibismo” reina.

Es cierto que Uribe fracasó en padrinazgos en las candidaturas a las alcaldías de Bogotá y Medellín y a la gobernación de Antioquia, pero también es cierto que eligió a Juan Manuel Santos; bueno, o Santos fue tan hábil que, a pesar de las diferencias culturales, intelectuales y de temperamento con el expresidente, hizo creer a Uribe y a los “furibistas” que era lo mismo votar por él que por el patriarca de los colombianos, y resultó elegido. Y, ¿por qué no puede hacer lo mismo Oscar Iván?, lleva años trabajando en ello y es mucho más parecido a Uribe que Santos: comparten el mismo origen campesino y paisa, son lejanos a la “rancia oligarquía bogotana”. ¿Si logró camuflarse Santos entre los “furibistas” y entre la mayoría de los colombianos por qué no habría de lograrlo Oscar Iván?

Tendremos bastante de Santos, Oscar Iván y Uribe en los próximos meses y las variables a analizar serán muchas; entre ellas, si las Farc tendrán la capacidad para volver a elegir presidente.

ANTES DEL FIN
He sostenido en columnas anteriores que en Colombia llegó el momento de una tercería; sin embargo no creo que sea Navarro: si llega a la segunda vuelta con Santos resurgirá la Unidad Nacional alrededor del presidente; nuestro país no está preparado para un presidente exguerrillero, por culpa de las Farc. En ese escenario, a la tercería que le veo mayor futuro es a la de una Nohemí o una Martha Lucía Ramírez; ellas tendrían al Uribismo a su favor, en una segunda vuelta. Quizás haya llegado el tiempo para una mujer en la Presidencia de la República.