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“A DIOS LO QUE ES DE DIOS Y AL CESAR LO QUE ES DEL CESAR”

“A DIOS LO QUE ES DE DIOS Y AL CESAR LO QUE ES DEL CESAR”

Eligio Palacio Roldán

A la distancia la tierra se debe ver como un gran queso consumido por las ratas, obvio, las ratas somos nosotros.

Hace algunos años fui el jefe de una persona que hacía parte de una secta cristiana. Esa persona dedicaba varias horas de la jornada laboral a actividades propias de su organización. Yo lo observaba y trataba de indicarle, por todos los medios, que no estaba cumpliendo con su deber. Él parecía no entender el mensaje. Fue entonces que decidí acudir a la biblia que él tanto leía y predicaba. Le dije:

  • Sabes hombre, yo vivo muy alejado del tema religioso pero me parece que hay un pasaje bíblico que dice algo así como “A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del Cesar”, ¿Es eso verdad?

Mi interlocutor, muy emocionado, seguramente pensando que tendría un nuevo seguidor, afirmó:

  • Claro jefe. Se trata de una frase de Jesús (Mateo 22, 15-21) donde le preguntan a nuestro señor si está permitido pagar impuestos al César y él contesta que sí, que una cosa es lo que tiene que ver con Dios y otra con los gobernantes. Es decir, con lo terrenal. Esa es una enseñanza muy bonita de nuestro señor e indica que hay que respetar lo de cada uno; es decir, lo del otro y parte de ese otro pues son los impuestos que hay que pagar.
  • Si eso es así hombre, le dije, ¿Por qué vos, que crees tanto en Dios, no le das al César lo que es del César? Por lo que veo te entregaste a tus creencias religiosas y ni siquiera cumples con el trabajo por el que te pagan…

El tema viene a cuento porque en la aplicación de la frase pronunciada por Jesús está el secreto, el remedio y la cura para el cáncer que carcome nuestra sociedad: la corrupción.

Pero no es recitarla como lo hacía mi compañero de trabajo o como lo hacen los sacerdotes o los pastores en sus ceremonias religiosas o como la hacen todos los políticos por estos días de campaña o nosotros mismos que nos creemos merecedores de todo y obligados a nada;  es comprendiendo y asimilando su real significado y actuando en consecuencia. Es dar a Dios lo que es de Dios y al César representado en el estado, en el prójimo y en el universo mismo lo que le pertenece.

Todos nos quejamos, nos alarmamos pero no hacemos nada. ¿Qué tal el problema de corrupción que nos acecha? Un problema que se traduce en no respetar los bienes ajenos: se roban tiempo, insumos o mercancías en los trabajos, dinero en los sectores públicos y privados. Son los tiempos del más avispado, del ¡deje de ser bobo!, del ¡Aproveche! Y, después, a misa o al culto.

Algo similar sucede con el tema ambiental. Los humanos hemos abusado tanto de los recursos renovables y no renovables, para bienestar, riqueza y desarrollo económico de las sociedades, que tenemos al planeta al borde del colapso con problemas como los altos índices de polución y el calentamiento global. El creernos reyes del universo nos ha hecho olvidar la frase bíblica y no le damos a los demás seres lo que les pertenece. A la distancia la tierra se debe ver como un gran queso consumido por las ratas, obvio, las ratas somos nosotros.

Nuevas generaciones se abren paso en el mundo, generaciones con mayor conciencia ambiental que las anteriores, ojalá también ética. No obstante su deseo de protección del medio ambiente y sus regaños por lo que hicimos nosotros, no se ve que renuncien a los placeres consumistas de la sociedad capitalista.

ANTES DEL FIN

Por estos días participo en el Taller Construyendo País, una prueba de que la democracia existe y de que un gobierno se construye desde las bases. Muy bien por el presidente Duque.

Y vienen las elecciones locales y otra vez, si otra vez, votaremos por los mismos. Por los que antes de gobernar ya han vendido su alma al diablo, porque el diablo de este siglo está vestido de corrupción.

Puede leer: CORRUPCIÓN –  ERASE UNA VEZ… https://eligiopalacio.com/2016/06/01/6853/

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EL SECTARISMO NUESTRO DE CADA DÍA

EL SECTARISMO NUESTRO DE CADA DÍA

Eligio Palacio Roldán

“Corría el 12 de abril de 1633 cuando el científico italiano Galileo Galilei (1564-1642) compareció, a la edad de 69 años, ante el Santo Oficio, la Inquisición romana, para dar cuenta de un libro que había publicado un año atrás, el Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, en el que defendía el modelo heliocéntrico propuesto por Copérnico. En él planteaba que la Tierra y los planetas giraban alrededor del Sol, y ridiculizaba el geocentrismo, que colocaba a la Tierra en el centro fijo del universo y que está basado en la física aristotélica y, sobre todo, en el modelo ptolemaico, el que mejor encajaba con las Sagradas Escrituras”.

https://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/el-juicio-contra-galileo_7184)

El anterior párrafo relata una de las épocas más aciagas de nuestra historia, la época donde el fanatismo de la iglesia católica implementó la Inquisición para luchar contra la herejía. La herejía, como en el caso de Copérnico, era solo ejercer la facultad de pensar, así fuera con fundamentos científicos.

Esa época, cuatrocientos años atrás, debiera ser un relato del pasado, pero no lo es. Es la historia de nuestra prehistoria como humanos, de la historia, del pasado reciente y de un eterno presente que permite inferir que la evolución del hombre se frenó en algún instante, para siempre.

Y es que en el siglo XXI,  el siglo de las comunicaciones, de la Aldea Global que predijo hace 50 años Marshall Mcluhan, seguimos atrapados en el sectarismo. La Real Academia de la lengua Española lo define como “Fanatismo e intransigencia en la defensa de una idea o una ideología”.

Una de las características propias de los sectarios es que se creen dueños de la verdad. No los asaltan las dudas y si apareciera alguna la desechan de inmediato. El resto del mundo está equivocado y tienen pocas capacidades mentales y/o intelectuales para dilucidar las situaciones y las posibles soluciones a las dificultades.

El sectarismo religioso, en Colombia, se ha ido atomizando con la aparición de diversos grupos y profetas pero sigue exactamente igual de retrógrado que en los tiempos de Copérnico e incluso del mismo Jesucristo. Cuenta la historia que el líder religioso fue asesinado por el mismo fanatismo, de las gentes del comienzo de nuestra era.

En lo político, después del apaciguamiento de la repartición del poder del Frente Nacional y la reducción de la izquierda  a una guerrilla sangrienta; a comienzos de este siglo,  apareció el Dios de la derecha, Alvaro Uribe Vélez, cuyos seguidores tratan de imponer su verdad a la manera de la Inquisición de hace cuatro centurias. Y obvio, en la eterna lucha entre los polos opuestos, surge el Dios de la izquierda, Gustavo Petro, con adeptos tal vez más sectarios y dispuestos a eliminar al enemigo que los de Uribe.

Al igual que en la religión y en la política, sucede en el deporte, el arte, la economía  y, en fin, en cada actividad humana. También se establecen sectas alrededor de la raza, el sexo o la cultura. Pareciera que el ser humano estuviera estructurado para imponerse a la fuerza y que la profundización en el conocimiento, como herramienta de entendimiento, fuera solo una utopía.

ANTES DEL FIN

Hace muchos años, al pueblo donde vivía, llegaron los evangélicos a ganar adeptos. Un grupo de laicos organizaron una marcha para expulsarlos. El párroco, en vez de hacer un llamado a la calma, los arengaba y celebraba con alborozo su expulsión del lugar.

Llega la época de mayor fanatismo en Colombia: La de las elecciones populares de alcaldes. También al de mayor inversión en la industria de la corrupción.