IDIOTEZ Y DESPOJOS

Venta de Isagen

IDIOTEZ Y DESPOJOS

Eligio Palacio Roldán

La historia de Colombia, en particular, y la de América Latina, en general, ha sido una secuencia de despojos. Bueno es la historia del ser humano en general, tanto que se habla de despojos humanos para referirse a los restos mortales.

Entre las definiciones de la Real Academia Española, de despojo, está “Aquello que se ha perdido por el tiempo, por la muerte u otros accidentes”

Con el tiempo nos vamos despojando de bienes materiales, de seres queridos, de ilusiones, de juventud, de belleza, de esperanzas, de fuerzas para luchar, de alegría por vivir.

Con el tiempo, nuestra patria, Colombia, perdió sus tesoros más preciados: la cultura indígena y el oro arrebatado por las manos ambiciosas de los españoles en la conquista y la colonización de América; después fue Panamá la que fue cercenada para dar paso a los intereses gringos, a comienzos del siglo XX. A finales de este mismo siglo regresaron los españoles para continuar llevándose nuestra riqueza y se llevaron también nuestra radio (Caracol). Y, luego, en el siglo XXI, las multinacionales nos quitaron nuestras empresas y nuestro petróleo y nuestros minerales a cambio de espejitos como en los años aciagos de la conquista y con los espejitos nos sentimos ricos y hablábamos de la confianza inversionista, de una economía a la altura de las mejores del mundo, de unos ministros de hacienda premiados por el manejo de la economía. Y nos sentimos ricos y gastamos y gastamos y no ahorramos y nunca pensamos en los tiempos de las “vacas flacas”, tampoco,  en que nuestra economía era netamente extractiva y que se iban cerrando industrias y que el empleo digno se acababa y que la informalidad se apoderaba de nuestras calles y vivíamos el tiempo de las “vacas gordas” al estilo de la Venezuela de los ochenta. Pobres idiotas. Incluso los seguidores de un expresidente lo veían como un Dios porque entregaba nuestras riquezas a cambio de nada.

Continuando con nuestra idiotez, en el actual gobierno, nos dejamos arrebatar el mar de San Andrés y ahora, con la venta de Isagen, nos despojan de nuestra energía y de la de las próximas generaciones. Y sonreímos y nos prometen un país desarrollado, (otra vez espejitos) y así queda poco de esa Colombia llena de riquezas que nos contaron en la escuela y nos quedamos sin industria, sin agricultura y el precio de los alimentos suben y la inflación sube y los salarios bajan.

Con el tiempo nos damos cuenta que nuestra Colombia no tiene futuro, que cayó en manos de ineptos y corruptos, que cada uno se defiende como puede, que cada uno trata de sobrevivir a costa de lo que sea. Como ratas.

Y, entonces, Colombia y los colombianos nos acercamos inexorablemente al destino de la nación hermana Venezuela, un país que comparte con nosotros el mismo destino: el de los idiotas. (Ver LA VENEZOLANIZACIÓN DE LA ECONOMIA COLOMBIANA http://wp.me/p2LJK4-1iK)

Idiotas, esos somos: “tontos, engreídos sin ningún fundamento”. Felices, los más felices del mundo, dicen los estudios: Felices sin saber lo que fue nuestro pasado, sin saber lo que será nuestro futuro, sin saber la triste realidad que afrontamos: una Colombia despojada, una Colombia sin recursos propios, una Colombia que solo son restos.

Se siente un gran vacío, se siente un gran dolor, viendo como de Colombia solo quedan despojos.

ANTES DEL FIN

Mauricio Botero Caicedo, excelente columnista, como todos los del diario El Espectador, predijo hace varios años lo que sucedería con el petróleo. Nadie lo escucho, nadie lo comprendió y hoy estamos en la que estamos.

Circula en la red un gráfico que expresa, como nadie, nuestra triste realidad:

ESCUDO