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DEL AMOR POR EL METRO DE MEDELLIN A LA DESIDIA POR TRANSMILENIO

DEL AMOR POR EL METRO DE MEDELLIN A LA DESIDIA POR TRASMILENIO
Eligio Palacio Roldán
TransLink, Brisbane – Australia

En octubre de 2014 escribí la columna UN VIAJE EN TRANSMILENIO http://wp.me/p2LJK4-13a, en ella afirmaba “Transmilenio es un excelente medio de transporte, muy similar al metro de Medellín, un acierto de Enrique Peñalosa que no se ha reconocido suficientemente en Colombia; sus problemas, los mismos del metro, la oferta es mucho menor que la demanda…”

A raíz de las protestas de hace algunas semanas en Bogotá contra el sistema masivo de transporte, retomé la columna y mis reflexiones sobre Transmilenio. Sigo sosteniendo los mismos argumentos, hay que decir que tanto el Metro de Medellín como el Transmilenio de Bogotá son excelentes medios de transporte, que viabilizan el desarrollo y la integración de cada una de las dos ciudades pero, ambos, se quedaron pequeños para el crecimiento de dichas urbes.

Si el sistema de transporte de Bogotá es caótico en horas pico, lo mismo ocurre en Medellín, en una escala algo menor; no es si no tratar de ingresar o de salir del metro entre las 6:30 y las 8:30 de la mañana o entre las 17:00 y las 20:00 horas para entender la similitud entre los dos sistemas: largas colas, estrujones, riesgos de atracos, desordenes al cerrar las puertas, etc. Entonces, ¿por qué uno parece ser la panacea y el otro un caos?

Los dos presentan errores de diseño, los dos han tenido problemas en la inversión de recursos para ponerlos en marcha, los dos tienen muchas limitaciones y, sin embargo, el Metro lo aman los paisas y lo aprecian los extraños y a Transmilenio no. Todo obedece a una cultura pensada y difundida desde el Metro (Cultura Metro), cultura ausente en Transmilenio de Bogotá. Obvio, también influye el regionalismo y la ambición de los paisas de ser los mejores.

“La Cultura METRO es entendida como el resultado del modelo de gestión social, educativo y cultural que el METRO ha construido, consolidado y entregado a la ciudad. Este modelo puede ser adoptado, total o parcialmente, por otras ciudades e instituciones que tengan como propósito la construcción de una nueva cultura ciudadana, la convivencia en armonía, el buen comportamiento, la solidaridad, el respeto de normas básicas de uso de los bienes públicos, el respeto propio y por el otro, entre otros aspectos.

A partir de 1994 la Empresa se propuso generar una nueva cultura en los habitantes del Valle de Aburrá consolidando, paralelamente, relaciones de confianza con los vecinos de las estaciones y las líneas del Metro para generar sentido de pertenencia y actitud de cuidado y preservación del sistema de transporte.”(https://www.metrodemedellin.gov.co/CulturaMetro.aspx)

“Cultura TM’ se encuentra en el marco del proyecto Cultura Democrática y Ciudadana, estrategia de la Bogotá Humana diseñada para sensibilizar a la ciudadanía en comportamientos y conocimientos enfocados a mejorar la convivencia y el sentido de apropiación por la ciudad. En el largo plazo se busca la ampliación de un conjunto de capacidades cívicas, tanto en la ciudadanía como en los funcionarios del gobierno de la ciudad, que potencien un ejercicio más democrático, creativo y constante de sus libertades y derechos sociales, económicos, políticos y culturales.” (http://www.transmilenio.gov.co/es/articulos/cultura-tm-un-programa-para-movernos-mejor)

Y ahí está el secreto. Mientras la Cultura Metro es “el resultado del modelo de gestión social, educativo y cultural que el METRO ha construido, consolidado y entregado a la ciudad”, la Cultura Transmilenio parece ser solo una estrategia de las alcaldías de turno. Es decir, mientras los ciudadanos de Medellín y de Antioquia sienten que el metro les brinda bienestar, seguridad  y confort, los habitantes de la capital sienten que el Transmilenio hace parte del gobierno y que éste está en la obligación de prestar un buen servicio. A uno se le agradece, al otro se le exige. Además, pocos antioqueños asocian su sistema de transporte con el gobierno local, aunque es bien sabido que los gobiernos de Medellín siempre son percibidos como buenos y se les toleran algunas dificultades y los de Bogotá son señalados como nefastos y no se les perdone nada.

¿Qué hacer entonces? Pues independizar a Transmilenio de los gobiernos de Bogotá, darle identidad y autonomía. “Copiar” la Cultura Metro de Medellín, aunque parezca un poco tarde y vencer la desidia de los bogotanos hacia su sistema de transporte.

ANTES DEL FIN

El año anterior tuve la oportunidad de visitar la ciudad de Brisbane-Australia y degustar su sistema de transporte TransLink, un sistema bastante parecido a Transmilenio.

Brisbane cuenta con un tren, digamos que de cercanías, con varias estaciones en la ciudad y en las afueras de la misma; un sistema de transporte fluvial por el río que la atraviesa y un sistema articulado de buses, con cientos de estaciones, igual a Transmilenio. Bueno no igual, parecido. Allí las vías son rápidas, hay túneles por todo el centro de la ciudad, con semáforos incluso, una tecnología que le permite al usuario abordar los vehículos a tiempo, con solo consultar el celular para saber la hora de arribo a las distintas estaciones, y una cultura envidiable. Obviamente, Australia es un país desarrollado y Colombia pertenece al cada vez más empobrecido tercer mundo. El problema no es el sistema de transporte, está en su capacidad financiera y política para desarrollarse y prestar un buen servicio.

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POR QUIEN VOTAR EN ELECCIONES (PARTE II)

POR QUIEN VOTAR EN ELECCIONES (PARTE II)
Eligio Palacio Roldán
Deseo que a la Alcaldía llegue alguien distinto. Es hora de liberarnos de las ataduras del pasado, es hora de dejar de ser súbditos de los reyes de ayer, es hora de liberarnos de los juegos de poder de 180 años de historia. Es tiempo de darle paso a  una nueva sociedad, más igualitaria.

DON CARLOS 047

Y, entonces, los ciudadanos no creen en quienes los dirigen, no confían en sus gobernantes, no se ven representados por ellos, no sienten ninguna empatía, ningún respeto, y responden en consecuencia, con desidia o con la misma moneda, con la venta de su voto a cambio de alguna remuneración.” LA VIEJA CLASE POLÍTICA http://wp.me/p2LJK4-1fL

Eso escribí el 09 de abril de 2015 y eso pienso de la clase política colombiana. Esa realidad conlleva una consecuencia lógica: el voto en blanco.

Votar en blanco era mi decisión hasta hace algo más de un mes cuando precisamente el juego de la política (LAS CONTRADICCIONES DEL CANDIDATO LUIS PÉREZ http://wp.me/p2LJK4-1mZ) me hizo pensar que esa medida lo único que hacía era favorecer a las personas que se han lucrado del negocio de la política por cientos de años. Fue entonces cuando me dediqué a buscar candidatos para la Alcaldía y el Concejo Municipal, la Asamblea Departamental y la Gobernación de Antioquia.

Obviamente no encontré candidatos ideales (sólo existen en el pensamiento), todos los seres humanos tenemos limitaciones. Elegí a los más cercanos a mi esencia, a mí ser…  Ellos reúnen algunas de las siguientes  características o circunstancias:

  1. Los he conocido en espacios diferentes al político, he cruzado palabras, impresiones, sonrisas. Quizás enojos.
  2. No cambiaron conmigo desde que decidieron ser candidatos. Son igual de amables o displicentes que antes.
  3. He descubierto que a pesar del movedizo mundo de la política se mantienen firmes en sus ideas, sin ser tercos.
  4. Son congruentes entre lo que dicen y hacen.
  5. No son arrogantes.
  6. No se creen los dueños de la verdad.
  7. Han logrado sobrevivir por fuera de la política. El ejercicio de la misma no es lo único que saben hacer en la vida.
  8. Se han superado a pesar de las circunstancias de su existencia, por difíciles que hayan sido.
  9. Sospecho que son honestos.
  10. Son humildes, entendiendo por humildad su real significado: “Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.” Es decir, cero prepotencia.
  11. Respetan a su adversario. ¿Si no lo hacen como hacerlo con el pueblo?
  12. No me han dicho que vote por ellos.
  13. Han tenido una campaña sin ostentación. No generan sospechas al analizar el dinero que se han gastado en ellas.
  14. No pertenecen a las familias que han ostentado el poder desde siempre.
  15. No han participado en la feria de avales de los partidos políticos. Su participación como candidatos no les “costó” una fortuna.
  16. No siguen a Nicolas Maquiavelo. Para ellos, el fin jamás justificará los medios.
  17. No se sienten elegidos antes de tiempo.
  18. Han sido leales con quienes han contribuido a su crecimiento personal y profesional. No conocen la traición.
  19. Generan unión a su alrededor. No revanchismo.
  20. Me seguirán hablando, ganen o pierdan.

Si votara en Bogotá lo haría por Peñalosa. Si votara en Medellín lo haría por Gabriel Jaime Rico.

Votaré en Entrerríos, mi pueblo natal, el inspirador de Lapario y todos sus fantasmas. Espero que el domingo se rompa la historia de ese pueblo y de muchos otros pueblos en Colombia. Deseo que a la Alcaldía llegue alguien distinto. Es hora de liberarnos de las ataduras del pasado, es hora de dejar de ser súbditos de los reyes de ayer, es hora de liberarnos de los juegos de poder de 180 años de historia. Es tiempo de darle paso a  una nueva sociedad, más igualitaria.

ANTES DEL FIN

He pedido a algunos de los candidatos que el próximo domingo, si ganan, respeten al adversario. Espero así sea.

Se siente amargura y preocupación ante la degradación de la política colombiana. Todo indica que Colombia recorre el mismo camino de la Venezuela pre Chavista.

UN VIAJE EN TRANSMILENIO

UN VIAJE EN TRASMILENIO

Eligio Palacio Roldán

  • 20141012_143627

Aunque viajo con alguna frecuencia a Bogotá nunca había utilizado el servicio de transporte masivo Transmilenio; en esta oportunidad decidí hacerlo, no lo niego, con cierto grado de morbosidad, de la que manejamos los paisas, al compararnos con otras regiones del país.

El ingreso fue en la estación de Puente Aranda, en la calle 13 con carrera 37, mi destino la estación El Portal del Norte en la autopista norte con calle 170; cierto nerviosismo me indujo a llevar la billetera y el celular a los bolsillos delanteros del pantalón, en donde deje también mis manos por largo tiempo hasta cuando pude conseguir un asiento; por unos minutos me sentí en el metro de Medellín, en las horas pico, una fuerza incontrolable me depositó en el vagón del bus en donde me limité a respirar, nada de movimientos. Digo respirar, pero eso no es cierto, no pude hacerlo, un olor a sudor, de dos o tres días de alguien que no se baña, acompañado de desodorante con una fragancia penetrante, me lo impidió.

Miraba de lado a lado con temor, seguramente alguno de mis compañeros de viaje me iba a robar, y como si fuera poco no sabía si me habían subido al vehículo que cumpliera con mi recorrido, no alcancé a leer; llegando al sector de  San Victorino, lugar cargado de viejos, temerosos y amables recuerdos, me di por vencido, traté de bajarme del vehículo, para tomar un taxi, pero una multitud me llevó de nuevo al interior del vagón y me precipitó sobre el coche de un bebé que comenzaba a llorar; allí, muy estrecho, poniendo un pie sobre el otro, encontré un refugio hasta la altura de la calle 42 cuando entre el tumulto, no sé cómo, ingresó un señor arrastrando un nuevo coche: Este es el lugar de los bebés, me dijo;  yo sin saber cómo, me volví a acomodar.

Una mujer, de unos cincuenta años de edad, demacrada, que viste pobre, relata como la policía la dejó subir al vehículo y como los pasajeros “víctimas del egoísmo que carcome la sociedad” seguramente, no le prestará atención, para concluir pidiendo limosna para una niña recién accidentada.

Por fin encuentro donde sentarme, minutos antes había podido mover un poco mis pies cansados, estaba a la altura de la calle 63, junto al parque de la iglesia de Lourdes, también cargado de recuerdos tan lejanos y tan presentes, en este transcurrir por la vida sin tiempo; era el momento para revisar mensajes en el celular y visitas a www.eligiopalacio.com; la alegría duro poco, volvieron los infinitos minutos sin respiración, un hombre de unos treinta años de edad dormía de pie, a mi lado, con un guayabo de muchos días, concentrado en un olor penetrante a alcohol, y otra vez, si otra vez, a sudor de varios días; la falta de aire continuó hasta la estación de la calle 100.

Otra persona, un hombre, exponía esta vez sus miserias ante un público ausente, la mayoría dormido; hablaba de la falta de trabajo y de la imposibilidad, también,  de acceder a algún servicio de salud. Un hombre  bastante mayor trata de abandonar el vehículo a la altura de la calle 142, lleva una caja de aguacates, bastante apetitosos, que le impide salir, atropella varias personas a su paso.

Alguien, que usa muletas, ingresa en una estación, ya no me interesa saber cuál, me siento cansado, pisa, con una de ellas, a una señora que grita adolorida.

En un estado semidormido, el ideal para mí, escucho que el viaje terminó; bajo aceleradamente, la tortura concluye; un cúmulo de basura y un olor penetrante a orina me recibe.

 ANTES DEL FIN

Transmilenio es un excelente medio de transporte, muy similar al metro de Medellín, un acierto de Enrique Peñalosa que no se ha reconocido suficientemente en Colombia; sus problemas, los mismos del metro, la oferta es mucho menor que la demanda; algo a imitar del metro,  la prohibición de utilizarlo para mendigar,  llevar grandes paquetes o cajas, acceder al servicio ebrio e invertir muchos esfuerzos en cultura ciudadana para evitar las basuras y sobre todo (no pretendo ofender) para que los bogotanos se bañen.

¿POR QUIEN VOTAR, EN COLOMBIA?

¿POR QUIEN VOTAR, EN COLOMBIA?
Eligio Palacio Roldán
Como decían hoy en Facebook, se disputan la presidencia cinco candidatos vinculados con Uribe, hasta Clara López, la representante de la izquierda, dice haber tenido un flirteo con él; creo que este presente se repetirá por muchos años, pues Uribe cambió la historia del país, pienso que más para mal que para bien, con la reelección presidencial. En el comienzo del siglo XXI, el expresidente dio inicio a una nueva era en la política nacional, una nueva era donde se validan todas las formas de lucha para permanecer o para acceder al poder.

Pues bien, de los cuatro candidatos; cuatro son Uribistas, cuatro son neoliberales y los cinco representan las elites colombianas, como es normal en nuestra “democracia”; cuatro las tradicionales y uno la de los nuevos ricos, surgidos a punta de esfuerzo y/o de la economía narco, Oscar Iván Zuluaga.

Ante estas perspectivas, ¿por quién votar?; veamos:

Clara López: se debe votar por ella, porque haciendo honor a su nombre, es clara, precisa, sabe muy bien que quiere y que requiere la Colombia de hoy, tiene una hoja de vida sin tacha y su corta experiencia en la alcaldía de Bogotá fue acertada; no se debe votar por ella por lo difícil que le sería poner sus ideas en práctica, en un país cuyo péndulo está a la derecha, por culpa de las guerrillas de izquierda y por el chavismo de la vecina Venezuela; no se debe votar por ella, porque la izquierda colombiana ha dado muestras de poca capacidad administrativa, apetito burocrático y corruptor.

Marta Lucía Ramirez: Se debe votar por ella por su inteligencia, honestidad, liderazgo, experiencia, capacidad administrativa y temple ampliamente demostrados en su vida pública, en especial como Ministra de Defensa, en los tiempos en que la Seguridad Democrática dio sus mejores frutos y le devolvió la confianza al país; no se debe votar por ella porque representa al partido Conservador, un partido cuya única ideología en el presente es la burocracia y la corrupción (bueno la mayoría de esos corruptos apoyan al mandatario actual); no se debe votar por ella porque carga con la mojigatería de sus copartidarios y porque resulta siendo la continuidad del Uribismo, en el poder por más de doce años.

Enrique Peñalosa: Se debe votar por él por su capacidad gerencial y el conocimiento sobre el mundo urbano, demostrados como alcalde de Bogotá, por sus propuestas educativas y su visión cosmopolita; no se debe votar por él por su distancia con el colombiano raso, con los campesinos y con los pobres (¿sabrá que existen?), por neoliberal y por representar la continuidad de Uribe.

Oscar Iván Zuluaga: Se debe votar por él porque representa al colombiano luchador que logra salir adelante a pesar de las dificultades, honesta o deshonestamente, por su experiencia administrativa y en el área económica; no se debe votar por él por representar todo lo malo del Uribismo el irrespeto a la ley, el acudir a cualquier medio para lograr sus propósitos, el irrespeto a la intimidad y al ser humano como tal, por neoliberal y por darle continuidad, como pocos, al gobierno de Uribe.

Juan Manuel Santos: Se debe votar por él porque está preparado desde muy niño para ser presidente de Colombia, porque tiene el conocimiento y la experiencia para continuar dirigiendo al país y por su apuesta por la paz; no se debe votar por él, porque representa lo peor de la clase política: desleal, taimado, acomodado, traidor; y no hablo de su traición a Uribe y a los colombianos que lo eligieron, hablo de su traición a sus principios (si es que alguna vez los tuvo), de peor enemigo del chavismo pasó a ser su celestina, de enemigo de Samper y del samperismo pasó a ser su cómplice y ni hablar de su relación familiar; y como si fuera poco es el más neoliberal de los neoliberales y el alumno aventajado de Uribe.

ANTES DEL FIN
En su carrera política, Santos si ha sido fiel a alguien más que a sí mismo, a las Farc, con ellas hizo tratos para tumbar a Samper y con ellas se alía ahora para su reelección.

LA HORA DE PEÑALOSA

LA HORA DE PEÑALOSA
Eligio Palacio Roldán

Decía en mi columna LA REELECCION DE LOS FALSOS POSITIVOS (20-02-2014) que …lo que resulta más absurdo, es que los electores, en la campaña que se avecina, no encuentren una tercería y solo busquen reelegir a uno de los dos responsables principales, políticamente, de las masacres más aberrantes de nuestra historia, los falsos positivos: el expresidente Uribe (en cuerpo ajeno) y su ministro estrella, el de Defensa, Juan Manuel Santos.”

Hoy, después de algo más de un mes, el panorama es diferente; una encuesta difundida, este lunes, por Caracol Radio indica que aunque el presidente en ejercicio continúa liderando las encuestas, pierde favorabilidad, mientras sus contendores ganan adeptos.

“La intención de voto a favor del mandatario bajó en la encuesta de marzo con relación a febrero (31% a 23%), mientras que subió la intención de voto por Enrique Peñalosa(9% a 13%), por Óscar Iván Zuluaga (8% a 11%), por Clara López (7% a 9%) y Marta Lucía Ramírez (4% a 5%).”

El exalcalde de Bogotá, Peñalosa, (1997), gestionó en su gobierno local, el sistema de transporte masivo TransMilenio, cuyo modelo ha sido seguido por diferentes ciudades de Colombia y el mundo, construyó el sistema de ciclorrutas y las diferentes alamedas bajo el concepto de respeto por el espacio público, entre otros méritos. Fue tan reconocida su gestión que muchos de sus colaboradores hicieron parte del gobierno Uribe.

Posteriormente fue candidato al Senado, a la presidencia de la República y nuevamente a la Alcaldía de Bogotá, sin éxito; desde el pasado 09 de marzo repite como candidato a la presidencia y según las encuestas tiene bastantes posibilidades de hacerse al solio de Bolivar.

Este panorama indicaría que Enrique Peñalosa será la tercería que Colombia necesita, tercería que se estructura a partir de loa siguientes hechos, en relación con el candidato:

  • No representa la continuidad de los gobiernos de los falsos positivos
  • Su pensamiento y sus ideas van mucho más allá del problema de la seguridad.
  • Tiene, como casi nadie, la visión de ciudad de futuro, segura y amable, adecuada para vivir y disfrutar por cerca del 77% de los colombianos, que ahora la padecen.
  • Es experto en temas de desarrollo, por ello ha sido asesor en la materia en diferentes países.
  • Ha dado muestras de seriedad y capacidad para gerenciar y para ejecutar en lo público.
  • Su respeto por los demás, por las ideas del otro, ha generado para sí admiración.
  • Tiene Carisma.
  • A pesar de ser una figura de trayectoria en la política no tiene mayor resistencia, no se ve envuelto en polémicas
  • Junto con Mockus y Fajardo es uno de los colombianos que más presente tienen el tema de la educación, en sus programas de gobierno y en el discurso diario; este tema atrae a las nuevas generaciones, que ya superaron otras necesidades básicas.
  • Apuesta a la ecología, al bienestar social y económico de las comunidades.
  • No tiene apariencia de títere como Oscar Iván Zuluaga ni de perverso y desleal como Juan Manuel Santos.
  • Ha dicho que continuará con los diálogos de paz en un gesto creíble más allá del interés netamente electoral y figurativo de Santos; no hay contradicciones en su discurso como en el del actual presidente.

 Sin duda, Enrique Peñalosa es el dirigente que Colombia necesita para el posconflicto

ANTES DEL FIN

Se preguntaban esta mañana los comentaristas radiales el por qué los colombianos no le reconocían al presidente Santos el buen desempeño de la economía; sencillo: son tantas las mentiras que ha dicho en su vida política, tan poco consistentes sus opiniones y tan desleal con “sus principios”, que ya nadie le cree. Ayudan mucho en esta situación, los medios de comunicación con su permanente lambonería.

GANAR ES PERDER UN POCO

A Propósito de las elecciones
“GANAR ES PERDER UN PÓCO”
Eligio Palacio Roldán

Gana Alvaro Uribe Vélez por que confirma su liderazgo político, no hay en este momento en Colombia un líder que tenga más adeptos, creo nunca lo habrá; muy, muy atrás quedaron Jorge Robledo, Horacio Serpa, Antonio Navarro; pierde porque no pudo ser la primera fuerza electoral del país, pierde porque sus resultados no alcanzan a hacer mella en la alianza reeleccionista de Santos, pierde porque sufre en carne propia lo que es hacer política sin las mieles del poder, pierde porque será minoría en el Congreso, pierde porque atrás quedaron las grandes mayorías, que lo veneraban como a un Dios.

Gana Horacio Serpa porque se constituye, nuevamente, en la figura más importante del partido liberal, pierde porque no fue capaz de sacar a su partido “de la parte de abajo de la tabla”, de donde se suponía saldría con la inyección de “mermelada”, que le dio el gobierno Santos. Parece que Uribe y Santos desmantelaron, para siempre, este partido político.

Gana Juan Manuel Santos por que se afianza en la reelección y comprueba la efectividad de la “mermelada”; pierde por que se le crecieron Uribe y los Conservadores; pierde porque los dos millones de votos de Uribe son en su contra.

Ganan, como siempre, los conservadores aferrados a la “mermelada” cual mosquitos al estiércol, ganan porque serán decisorios, como siempre, para acceder o controlar el poder; pierden por su falta de ideas, iniciativa, valores, principios y vocación de poder.

Gana La U por que continúa siendo la primera fuerza electoral del país; pierde por su falta de identidad: no pueden apoyar hoy un conservador como Uribe y pasar tranquilamente a apoyar un liberal como Santos; cada vez más se parecen a los conservadores, sólo “mermelada”.

Ganan Marta Lucía Ramírez y Oscar Iván Zuluaga porque los partidos que los respaldan se fortalecieron y se pueden constituir en una verdadera alternativa de poder; pierden porque se comprueba que sin “mermelada” es muy difícil llegar al poder.

Ganan los partidos Conservador y Liberal porque permanecen en la dinámica de la política colombiana; pierden porque más de doscientos años de historia fueron sepultados por el personalismo de Uribe y Santos.

Gana Cambio Radical por que continuó con su participación en el Congreso; pierde porque continúa siendo un partido minoritario.

Ganan los “caciques” políticos, los paramilitares y los corruptos porque siguen ahí, aunque sea en cuerpo ajeno; pierden porque la mayoría de los colombianos los desprecia, por eso no votan.

Gana la izquierda por que no desapareció del mapa político; pierde porque con sus pobres resultados tendrá que volver a comenzar, después de los fracasos en las alcaldías de Bogotá; ya no se les cree.

Ganan las Farc por que el gobierno tendrá un Congreso mayoritario a su favor; pierde porque se les creció Uribe y porque los partidos de izquierda sufrieron una gran derrota.

Gana la Registraduría Nacional del Estado Civil por su efectividad, a las nueve de la noche ya sabíamos los resultados; pierde por la complejidad del sistema electoral colombiano.

Gana el Congreso porque todavía tiene quien lo elija, aunque sea a punta de “mermelada”; pierde porque la mayoría de los colombianos prefieren la televisión, el cine, el descanso o solo dormir,  a asistir a una concentración electoral, a  apoyarlos.

Gana Enrique Peñalosa la consulta presidencial del Partido Verde; pierde por la pobreza de los resultados de su partido.

Gana el voto amarrado por la burocracia y la compra venta de votos; pierde porque se le escaparon todos los del Uribismo.

Gana Maduro por el triunfo de la coalición que apoya a santos; pierde por el gran apoyo de los colombianos a Uribe.

Gana Colombia porque su democracia continuará siendo “una de las más antiguas del continente”; pierde porque a los ciudadanos no les interesan los partidos, ni las elecciones, ni nada; al abstencionismo sume los votos en blancos y los no marcados; ¿quién dijo que los no marcados o los mal marcados era ignorancia?, ¿no serán, más bien, un rechazo al voto amarrado?