FILTRACIONES

FILTRACIONES

Eligio Palacio Roldán

Las filtraciones son más el morbo que despiertan que la información que difunden.

Hace algunos meses se presentó una filtración de agua en mi apartamento, hacia el parqueadero del edificio que habito. A eso de las diez de la mañana me llamaron de urgencia de la administración. Estaban alarmados, esa filtración podría causar mucho daño si no se detenía; para ello, había que determinar con prontitud recorrido y, con un seguimiento, su origen.

En dos de sus acepciones, la Real Academia de la Lengua Española define la palabra filtrar como “Dicho de un líquido: Penetrar a través de un cuerpo sólido” y como “Divulgar indebidamente información secreta o confidencial”. En uno u otro caso, los daños son impredecibles.

Desde hace mucho tiempo las filtraciones, los antiguos chismes, se convirtieron en la agenda principal de los medios de comunicación; tanto que casi todos han creado secciones con este tipo de contenidos, contenidos que informan y desinforman según el propósito de la fuente y/o el periodista. Entonces, se ha creado una relación simbiótica entre medios y “fuentes” dañina para la sociedad.

Puede leer LAS VIEJAS CHISMOSAS SE APODERAN DE LA POLITICA Y LAS REDES SOCIALES https://eligiopalacio.com/2018/07/12/las-viejas-chismosas-se-apoderan-de-la-politica-y-las-redes-sociales/

Las filtraciones son más el morbo que despiertan que la información que difunden. En ellas es común el uso del condicional compuesto del indicativo para enumerar suposiciones sobre hechos pasados, que generan en la audiencia la sensación de que las hipótesis son ciertas.

En ese tipo de “informaciones” son comunes, entonces, expresiones como sería, podría, habría y se relacionan generalmente con investigaciones en curso o que incluso apenas están por comenzar.

El ejemplo más reciente fue la información “extraordinaria” sobre el expresidente Alvaro Uribe Vélez divulgada, el pasado domingo, 22 de julio, en Noticias Uno (Ver https://canal1.com.co/emision/noticias-uno-22-julio-2018/), al inicio de la emisión del noticiero.

Y bueno, toca estar de acuerdo con el expresidente en el sentido de que las filtraciones de las investigaciones no son convenientes: la de la suya y las de las miles de ciudadanos, a cargo de las autoridades en Colombia, todos los días. Investigaciones que ponen en entredicho al investigado y en dolorosas situaciones a sus familias para que, muchas veces, al final, resulten inocentes. Y si no lo son, generan otras “muertes” de seres inocentes.

Puede ver LAS MÚLTIPLES MUERTES DE UN CRIMEN https://eligiopalacio.com/2017/05/31/las-multiples-muertes-de-un-crimen/

La rama judicial del poder público es muy proclive a las filtraciones, en Colombia, generando una justicia espectáculo o de “falsos positivos” que la desacredita y, poco a poco, va desestabilizando la misma sociedad que trata de controlar. Igual proceder se ha ido generando entre algunos entes administrativos. Grave sería, por ejemplo, que la Dian revelara las investigaciones que cursa contra empresas y empresarios. Además, “en este país, no se le niega una investigación a nadie”.

En las filtraciones, en muchas oportunidades, el periodista hace de idiota útil para la fuente que difunde “la información” con propósitos utilitaristas y mezquinos. En otras ocasiones, es el periodista el que utiliza, descaradamente, a su fuente.

Una organización seria, un estado serio, debería hacer lo posible para desenmascarar estas fuentes y aplicarles las sanciones que ameriten su falta de ética y cuidado de la información confidencial, a su cargo. Un medio serio, no debería tomar como información las filtraciones de los entes de control.

ANTES DEL FIN

Si de filtraciones desafortunadas hablamos, las peores, son las de hechos de sangre que  se ven en el diario Q´hubo y en algunos noticieros de televisión que hacen dudar si se está viendo la televisión colombiana o la peruana.

RETRATO HABLADO

RETRATO HABLADO

Eligio Palacio Roldán

Cuando vio el retrato hablado, fijado en las paredes empañetadas de las casas del pueblo, le pareció conocido, no obstante representara, solo, la parte posterior del asesino. Le impactó la curvatura de las extremidades inferiores. Observándolo con detenimiento lo descubrió: eran sus propias piernas, su propio cuerpo.

Se sintió descubierto. Un vacío en el estómago le permitió comprender que era imposible borrar sus recuerdos, que estos volvían una y otra vez como entre sueños: Incompletos. Desesperado trató de reconstruirlos. Él había asesinado la mujer y aunque hizo todo lo posible por ocultar las evidencias del crimen, ese retrato lo describía perfectamente. Eso quería decir que alguien conocía su  secreto. Es más, no solo alguien, también las autoridades y si las autoridades lo sabían, en pocas horas sería detenido y, con ello, su posición social y económica, construida a pulso, se vendría abajo.

Infructuosamente trataba de ocultar su contextura física, la curvatura de sus piernas. Hizo ejercicios, frente al espejo, para caminar diferente. Cuando recorría las calles se sentía observado, se sentía perseguido y  ante los susurros de las gentes se detenía, respiraba profundo y, con angustia, esperaba un señalamiento, un dedo acusador.

Y lo que más desasosiego le generaba era su imposibilidad para reconstruir la historia: sabía del crimen pero no las circunstancias de tiempo, modo y lugar. Ni siquiera los motivos para asesinarla.

Al atardecer se le veía caminar los parajes de su historia. Con su mirada obsesiva recorría cada espacio, mientras movía la cabeza como si sus ojos pudiesen tocar y reemplazar sus manos. Trataba de encontrar el sitio donde había enterrado la mujer.