¿POR QUIÉN VOTAR PARA EL SENADO?

¿POR QUIÉN VOTAR PARA EL SENADO?

Eligio Palacio Roldán

Nacido en un hogar humilde, en las montañas de Antioquia, me he hecho un lugar en el mundo gracias a mi esfuerzo y persistencia y al apoyo de mi familia y del estado colombiano; no en vano, fui formado en las dos mejores universidades públicas del país (Nacional y de Antioquia) y he trabajado para el gobierno colombiano toda mi vida. Fruto del trabajo he podido realizar algunos viajes por el mundo; los dos últimos La Habana–Cuba y Alaska–Estados Unidos; en esos viajes he aprendido a diferenciar entre la estrambótica alegría de los norteamericanos, la sonrisa cálida de los latinoamericanos que pretenden salir adelante en el país del norte y la trágica amargura de los cubanos en su país y de los venezolanos que inundan las calles y los campos de nuestra Colombia.

Esa percepción ratifica mi creencia de que es mejor una democracia imperfecta como la colombiana o la de Estados Unidos a una dictadura como la de Cuba o Venezuela. Colombia comienza a repetir la historia del vecino país, pero como expresa el dicho “nadie experimenta por cabeza ajena” y todo indica que las próximas elecciones presidenciales cambiarán el rumbo de nuestra patria.

Hace veinte años cuando Colombia se rindió a los pies de Uribe, como lo hace hoy con el candidato Gustavo Petro, decidí votar por Jorge Enrique Robledo para el Senado de la República; lo hice, porque creí que en unas mayorías unánimes como las que existían alrededor del pensamiento del presidente era necesaria una voz recia, contundente y clara en la oposición. No me equivoqué, su labor ha sido muy buena en estos veinte años de la era Uribe y aunque ha tenido dos o tres salidas en falso su trayectoria es de admirar.  A pesar de las bondades del candidato Robledo, esta vez, no votaré por él y no lo haré porque ideológicamente está en el mismo lado del posible nuevo presidente de Colombia.

Siempre se ha dicho que en Colombia un gobierno de izquierda no podrá ser radical porque no tendría el apoyo de las Fuerzas Armadas y del Congreso. No hay tal, las primeras se dividieron en el gobierno Santos con la firma de los acuerdos de paz y es fácil seleccionar comandantes afines con el gobierno de turno y en cuanto a los congresistas, ¡pobre Colombia! son coaptados por el presidente de turno a cambio de prebendas; es más del candidato de turno con la simple expectativa de la triste, amarga y pegajosa “mermelada”.

En las elecciones del trece de marzo votaré, entonces, para el Senado por una persona del mismo perfil de Robledo, pero de derecha; esa persona debe tener los “calzones bien puestos” así sea una mujer; una mujer clara, frentera, sin pelos en la lengua y dispuesta a luchar por lo que hemos logrado a lo largo de la historia, sin dejarse manipular por el gobernante de turno y que pueda ser vocera del pueblo colombiano ante organismos internacionales.

ANTES DEL FIN

Muy triste la parcialización de los medios de comunicación en Colombia: mientras persiguen implacablemente a unos se hacen los de la vista gorda frente a los otros. Denigrante el publirreportaje que le hicieron esta semana a Piedad Córdoba en Caracol Radio.

Con récord de sintonía la telenovela sobre la vida de Arelys Henao demuestra que se puede utilizar este género televisivo para contar historias constructivas de gentes comunes y corrientes que son un ejemplo a seguir por las generaciones actuales y la demostración de que en Colombia se puede salir adelante. Gracias a Caracol Televisión.

Puede leer: ARELYS HENAO LA TELENOVELA https://eligiopalacio.com/2022/02/05/arelys-henao-la-telenovela/

¿QUÉ NOS DEJA EL 2021?

¿QUÉ NOS DEJA EL 2021?

Eligio Palacio Roldán

Un año a pesar de ser solo una convención, inventada por el hombre, es fundamental para indicar el comienzo y el fin de una etapa y para marcar los sucesos que ocurren en la tierra y en los seres que la habitan. El 2021 debió haber sido el año de la reconciliación entre los hombres y entre ellos y su entorno, de un nuevo comienzo; pero no hay tal, o al menos en Colombia.

En nuestro país, el 2021, será recordado como el año en que se exasperaron las diferencias sociales, se incrementó la violencia verbal y la rabia creció como espuma en una campaña política, cimentada en el odio, que será nefasta para el futuro cercano de la nación y dará unos frutos impredecibles en la próxima contienda electoral. En esta estrategia mortal se destacaron los candidatos presidenciales, los expresidentes de la república y algunos mandatarios locales que actuaron más influidos por su ambición de poder que por un ánimo altruista frente al país. También, para mi vergüenza, algunos periodistas.

Situación similar se vivió con el uso y abuso de recursos públicos y privados, con fines de enriquecimiento ilícito, en personajes que la justicia colombiana no alcanza a controlar y ni que hablar de la propia justicia que se extravió en un mar manipulaciones políticas.

En la relación entre el hombre y la tierra las cosas se agravaron con un consumo desaforado pospandemia y un calentamiento global difícil de controlar que auguran tiempos aciagos. En la economía, el incremento en los precios del dólar y la escasez de materias primas, agravada por la crisis de los contenedores, indican la llegada de épocas de escasez y hambre.

Y la esperada transformación del hombre luego del sobrevivir a la pandemia no se dio, todos seguimos igual o quizás peor; con mayores problemas mentales, eso sí. Tal vez lo positivo, en este aspecto, esté en la conciencia de finitud de la existencia con un deseo y un compromiso aún mayor con la inmediatez que desafortunadamente generará poca planificación y a mediano plazo problemas para las diferentes naciones del mundo.

El COVID-19, a pesar del surgimiento de nuevas variantes, parece estar controlado. Esa es sin duda la luz de esperanza para el 2022, año que en Colombia estará marcado, además de las dificultades propias que dejó la pandemia, por unas elecciones de Congreso y Presidente de la República sin precedentes en la historia reciente del país que podría desembocar en un gobierno populista.

La tercera década del siglo XXI está cargada de escenarios difíciles que requieren seres humanos de niveles intelectuales, éticos y espirituales que sean capaces de salir adelante frente a los difíciles retos que se avizoran. Un privilegio ser un ciudadano del mundo en este momento.

ANTES DEL FIN

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