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¿CUÁNTO GANÓ, CUÁNTO PERDIÓ CADA CANDIDATO EN LAS ELECCIONES DEL DOMINGO?

¿CUÁNTO GANÓ, CUÁNTO PERDIÓ CADA CANDIDATO EN LAS ELECCIONES DEL DOMINGO?

Eligio Palacio Roldán

“Cuánto gané, cuánto perdí 
Cuánto de niño pedí
Cuánto de grande logré
Qué es lo que me ha hecho feliz
Qué cosa me ha de doler”

Pedro Pablo Milanes Arias

A la hora de los balances, propios  o ajenos, siempre llega a mi memoria esta hermosa canción…

¿Cuánto ganó, cuánto perdió cada candidato a la presidencia en las pasadas elecciones? Veamos:

Iván Duque: Ganó en reconocimiento, empatía, simpatía, posicionamiento. Sin duda, es el aspirante con mayor opción para alcanzar la presidencia de la república. Superó ampliamente la votación de Uribe y de su partido, la de Petro y la de los movimientos de sus contendores. Más de cuatro millones de votos por él y más de un millón quinientos por Marta Lucía, dejan la fórmula presidencial muy fortalecida y la mejor candidata posible a la vicepresidencia. Pudo apartarse de la sombra de Uribe, sin perder su caudal electoral. Perdió porque entre sus seguidores más cercanos muchos generan desconfianza, porque su partido, el Centro Democrático, a pesar de ser el movimiento más votado, no alcanzó las mayorías suficientes para no tener que negociar con los políticos de siempre que, en aras de su “vocación de poder”, sin ningún principio y con fines corruptos se arriman al presidente de turno. Perdió porque despertará a sus rivales que con maquinarias aceitadas, desde la presidencia, redireccionarán los votos hacia sus movimientos. El reto, pasar a la segunda vuelta; si lo hace con Petro tendrá la presidencia asegurada, si lo hace con otro de los candidatos el triunfo puede ser difícil.

Gustavo Petro: Ganó porque se convirtió en el líder de la izquierda colombiana que poco a poco, o a pasos agigantados según el desempeño del próximo presidente y de la economía del país en los años por venir, irá creciendo. Se hizo visible por fuera de Bogotá, mientras conservaba su votación en la capital. Perdió porque se dejó contar, porque, al no mostrar una posición firme frente al gobierno de Maduro, en Venezuela, hizo alinear la derecha alrededor de Iván Duque proyectándolo a la presidencia. Su posibilidad de llegar a la segunda vuelta es muy remota, imposible diría yo. De lograrlo, perdería frente a cualquiera de los otros candidatos.

Germán Vargas: Ganó por que le funcionó la maquinaria. El aumento en el número de curules al Congreso, en un país donde se vota mayoritariamente por conveniencia: burocracia y/o “mermelada”, lo convierten en uno de los candidatos favoritos para llegar a la presidencia. Perdió porque no logró las mayorías suficientes para cumplir sus propósitos.

Sergio Fajardo: Ganó porque la Alianza Verde aumentó considerablemente su participación en el Congreso y junto con el Polo Democrático se convirtieron en el símbolo de la decencia en la política, símbolo que se irá traduciendo en votos en el futuro si no se deja contaminar con quienes quieren utilizarlo para continuar en el poder. Perdió porque quedó en evidencia que de no hacer pactos con “el diablo” no llegará a la segunda vuelta.

Otros:

La Farc: Perdió por que sus militantes y el mundo entero se dieron cuenta del rechazo que generan en  el resto de colombianos. Ganaron porque en ninguna otra contienda electoral tendrán tanto rechazo,  porque legitimaron su paz, LA PAZ DE LOS VIEJITOS. (https://eligiopalacio.com/2015/09/29/la-paz-de-los-viejitos/)

Juan Manuel Santos: Ganó porque en su gobierno se desarrollaron las primeras elecciones, en más de cincuenta años, sin amenazas de la guerrilla de izquierda. Perdió porque la votación de Duque fue también una muestra del rechazo que tienen millones de colombianos hacia él y hacia su gobierno.

Colombia: Ganó por lograr mantener la democracia, por el incremento en el número de votantes, por la llegada de algunos parlamentarios decentes al Congreso. Perdió por la poca renovación de su dirigencia, por elegir un gran número de corruptos, muchos de ellos en cuerpo ajeno, por sucumbir ante la politiquería.

ANTES DEL FIN

Así como a muchos antiuribistas me conquistó la dupla Duque-Marta Lucía. Se les ve decentes, alegres, auténticos, dispuestos a generar nuevas energías en el país que habitamos. Cuenten con mi voto.

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CARTA DE UN ALCALDE CORRUPTO

CARTA DE UN ALCALDE CORRUPTO

El Pueblo, noviembre 16 de 2017

Señor

Eligio Palacio Roldán

Medellín

 

Apreciado señor Palacio Roldán:

Desde hace cinco años que comenzó a publicar en su blog, www.eligiopalacio.com, he leído sus columnas de opinión, en especial las que se refieren al tema de la corrupción y no sé si reírme o llorar. Incluso, a veces, me despierta una gran ternura  su inocencia. Tal pareciera que usted habitara una galaxia lejana de ángeles y no la tierra que lo vio nacer hace ya más de medio siglo.

Tratando que aterrice sus conceptos, le cuento mi historia que es la misma de cientos, miles, de alcaldes de Colombia:

Alguna vez, con escasos diez años de edad, me nombraron representante del grupo para hablar con el Alcalde de El Pueblo. Era tan elegante, tan bien vestido, tan imponente que se me ahogo la voz y casi no le digo lo que me habían encargado decirle. Ya no recuerdo ni que era. Desde ese día me dije que un día sería el alcalde de mi pueblo y lo logré. Fue difícil,

Poco a poco me fui acercando a los partidos políticos, que como usted bien lo dice, son unas verdaderas sectas. A brazo partido me hice a un espacio. Con cierto respaldo político, tuve la posibilidad de comenzar a hacer favores que se convierten en deudas eternas; bien dice el dicho: “Es mejor deber plata que favores”. Y la gente me fue debiendo favores y esa gente se fue volviendo incondicional mía.

Llegó el momento y me lancé. Una división en el partido contrario era el escenario perfecto. Subía en aceptación y comenzaron a acercarse los adeptos con aportes para la campaña. Recuerdo que uno de los más decididos era un colega suyo: Periodista. El me ofreció “gratis” volantes y unos trovadores que recorrían el pueblo en un carro con alta voz.  Después llegaron los nuevos ricos de El Pueblo con sus dineros y mi movimiento fue creciendo como una ola…

Nunca olvidaré el día del triunfo: la gente lloraba, me besaba, me cargaba, gritaba odas… En el discurso del triunfo agradecí a todo el pueblo,  incluso a los que no habían votado por mí y reafirmé mi promesa de campaña: ¡Cero corrupción!…

Yo siempre he tenido lo mío y no me ha faltado quien me quiera; pero desde que fui elegido alcalde los amores me sobraron. Tanto que mi relación anterior terminó pronto. Vinieron muchas después, simultáneas: no hay mayor atractivo que el poder.

Después todo  comenzó a complicarse. Nunca dimensioné lo que me esperaba: Me había sobrado algún dinero de la campaña con el que me fui de paseo. Al regresar mis antiguos y nuevos seguidores reclamaban su parte del botín. Los puestos burocráticos eran pocos y los aspirantes muchos; como pude nombré a los más cercanos y comenzaron las críticas. Para acallarlas, empecé a pagar silencios con mis ahorros. Cuando me pagaron el primer sueldo ya lo debía; entonces se me ocurrió la idea: cada uno de los que había nombrado debían contribuir con el dos por ciento de su salario. Así fue, pero no era suficiente.

Al segundo mes tuve que mandar hacer unas escaleras internas que me permitían salir a escondidas de la alcaldía y así esquivar a los cientos de parroquianos que pedían para todo tipo de cosas, desde las más costosas hasta las más ínfimas.

A la par del apetito burocrático estaba el de los contratos: en el empalme me di cuenta que era imposible satisfacer tantas necesidades. Recuerdo uno de los más exigentes era su colega: tuve que contratar un programa de radio, cambiar toda la imagen corporativa del municipio y por supuesto la dotación de empleados y oficinas. También mi amigo, aquel que conocí en la universidad estudiando ingeniería y que se había convertido en un hábil contratista, presionaba día y noche por contratos y yo no tenía. Y como ellos eran muchos más. ¡Me iba a enloquecer!

Empecé a incumplir las promesas de la campaña y la opinión pública se fue en mi contra. Menos mal apareció mi diputado a la Asamblea Departamental:

  • Tienes que hacer una gran obra, me dijo. Una que descreste al pueblo y nos deje utilidades a todos.

Así comenzó la obra más grande de El Pueblo, en toda su historia. Era tan grande que logré el “apoyo” del gobernador, Representantes a la Cámara y Senadores. Hasta el presidente “comió”, dijeron. Y saber que el único que tenía que repartir su dinero era yo: El Secretario de Gobierno, el de Planeación, el de Obras Públicas, los Concejales, el Tesorero… Todos los de la alcaldía, porque hasta mi conductor y la señora de los tintos se  dieron cuenta y hubo que darles. Y a todos los del pueblo que seguían haciendo fila…

Realmente me quedó tan poca plata y mi tiempo en la alcaldía se agotaba de tal manera que, con las ambiciones de los concejales “aceitadas”, logré que se remodelara el parque, se iniciara la construcción del colegio, la nueva terminal de transporte y ese puente que el nuevo alcalde, después de dos años, no ha podido terminar… También arreglar las calles, esas que usted dice se desmoronan por falta de cemento; pero es que había que ahorrar costos o entonces, ¿de donde dinero para repartir entre tanta gente?.

Las gentes de El Pueblo dicen que he sido su mejor alcalde… Yo ahorré algún dinero del cual he invertido en una finquita de la que obtengo mi sustento y el de mi familia, pero me ha tocado gastar cuantiosas sumas para impedir que las investigaciones de las autoridades avancen.

Yo debo tener una segunda oportunidad para poder ahorrar algunos “pesitos” para la vejez. La idea es no tener que repartir el dinero entre tanta gente.

Bueno señor Palacio, ahí le cuento mi historia que no es nada distinta a la de los demás alcaldes de Colombia. No es que quedemos llenos de dinero, como usted supone. Es más, muchas veces, los alcaldes terminan sus mandatos sin un peso. Yo porque fui organizado.

Como usted bien sabe hice mucho por El Pueblo: Por eso, en las próximas elecciones aspiraré de nuevo a la alcaldía. Espero que esta vez se decida y vote por mí. Yo soy el Mejor.

Cordialmente,

El Alcalde de El Pueblo

 

Esta es una carta de ficción, cualquier parecido con la realidad es pura Colombia.

LA VENEZOLANIZACIÓN DE LA ECONOMIA COLOMBIANA

LA VENEZOLANIZACIÓN DE LA ECONOMIA COLOMBIANA
Eligio Palacio Roldán

En Medellín hay cada vez más desempleo o subempleo, incluido el narcotráfico y la prostitución. Cierta estabilidad del agro, afianzada en el sector lechero, parece desmoronarse.

Miércoles 27 de febrero de 2013

Bogotá- Ayer el Banco de la República publicó los resultados del comportamiento de la economía para el cuarto trimestre del 2012. Las cifras arrojaron un crecimiento de 5,6% respecto al 2011, pero dicho avance está sustentado en el comercio y las importaciones pues la industria nacional se debilita y apenas avanza 1,8% en el año.

El Producto Interno Bruto (PIB) de la manufactura arrojó para el IV trimestre del 2012 un crecimiento ligero de apenas 1,1%. El dato demuestra una desaceleración en el sector, pues en el III trimestre el avance fue de 2,9%; mientras que cuando se toma en cuenta el total del 2011 la manufactura experimentó un crecimiento de 3,8%.

Para los economistas las estadísticas son una muestra de la desindustrialización de Colombia. “Hay una evidente pérdida de peso de la manufactura en la economía, una desindustrialización relativa en el país”, comentaron los analistas.

Agregaron que este es un mal en las economías que crecen a través de las exportaciones de commodities, que con el flujo de dólares importan bienes para el consumo interno en detrimento de la industria nacional. “Es un mal que se agudiza en Colombia”.

Explicaron que ante una economía que creció en 5,6%, impulsada por un boom de consumo que se alimenta con el gasto oficial, y con relativa baja inversión en producción, la contracción industrial se traduce en problemas de oferta en el mercado.

En la medida que el consumo siga avanzando por encima del crecimiento de la industria, y no haya un incremento de los ingresos por la vía de los commodities, los problemas con la oferta se agudizarán.”

Jueves, 18 de julio de 2013

“Venezuela ha venido experimentando un proceso de desindustrialización a través del cual su relación Valor Agregado Industrial/PIB ha venido descendiendo de niveles del 24% hace tres décadas, a uno del 15% hace una década y actualmente se perfila hacia tan sólo un 9%ó12% en dicha relación en el período 2012-2020. En términos de generación de empleo, la industria aportaba cerca del 25% del total del empleo hace 30 años, aportaba el 23% hace diez, pero actualmente sólo contribuye con el 13%. Detrás de este proceso usualmente están las llamadas “fuerzas seculares” que explican que, una vez completada la primera fase de “industrialización de manufactura simple”, se da un proceso de expansión del sector terciario de servicios, comprimiendo entonces las participaciones del sector agropecuario y manufacturero dentro del PIB.

Sin embargo, en el caso de economías que crecen principalmente a través de las exportaciones del petróleo, el descenso en dichos aportes del sector industrial a la economía tiende a acelerarse. Esto como resultado de los efectos de la conocida Enfermedad Holandesa (EH), donde la abundancia de divisas de dichas exportaciones de petróleo trae aparejada una apreciación cambiaria real y persistente que tiende a comprimir el valor de las exportaciones de los productos industriales y agroindustriales, precisamente los que eran intensivos en mano de obra. Este ha sido el caso de Venezuela.”

Estos dos párrafos de El Universal de Caracas y La República de Colombia fueron modificados ligeramente  con el intercambio  del país y de petróleo por commodities  y la conclusión es la misma: las economías de Venezuela y Colombia recorren igual camino. El de la desindustrialización.

Lo paradójico de esta historia es que quienes más temen la venezolanización de Colombia son los Uribistas quienes, desde su gobierno, de ocho años, a través de la confianza inversionista y los tratados de libre comercio, hicieron todo lo posible para que nuestra economía abandonara la industria y la agricultura y recorriera el camino de la minería, deslumbrados por las exportaciones de commodities.

En el gobierno de Uribe se firmaron Tratados de Libre Comercio   con países como Estados Unidos,  Chile, Canadá y regiones como Centroamérica y la Unión Europea, a pesar de la preocupación del sector productivo y de la probada desprotección en que quedaba la industria nacional en contraposición con los subsidios y el apoyo estatal en los países con los cuales se firmaban los tratados. El gobierno santos continuó aplicando la misma estrategia.

Y, ahora, estamos desprotegidos, sin industria, sin agricultura y con los precios del petróleo en niveles mínimos inimaginables tratando de controlar una inflación atada al valor de un dólar que crece exponencialmente, encareciendo los víveres que ya no producimos.

Que la economía va bien, que el índice de desempleo es de solo un dígito, dice el gobierno (ver LOS GOBIERNOS DE LOS FALSOS POSITIVOS http://wp.me/p2LJK4-AH). Mi realidad, dice otra cosa: En Medellín hay cada vez más desempleo o subempleo, incluido el narcotráfico y la prostitución, y cierta estabilidad del agro, afianzada en el sector lechero, parece desmoronarse. (Ver RECESIÓN EN EL SECTOR LECHERO http://wp.me/p2LJK4-1hC).

Es verdad que, todavía, no llegamos a los niveles de desabastecimiento de Venezuela, pero vamos por el mismo camino, y a nadie parece importarle.

ANTES DEL FIN

Y llegan las elecciones locales, ¿qué candidato a Concejo Municipal, Alcaldía, Asamblea, o Gobernación ofrece alguna posibilidad de mejorar la economía de su pequeño “reino”?.

GANAR ES PERDER UN POCO

A Propósito de las elecciones
“GANAR ES PERDER UN PÓCO”
Eligio Palacio Roldán

Gana Alvaro Uribe Vélez por que confirma su liderazgo político, no hay en este momento en Colombia un líder que tenga más adeptos, creo nunca lo habrá; muy, muy atrás quedaron Jorge Robledo, Horacio Serpa, Antonio Navarro; pierde porque no pudo ser la primera fuerza electoral del país, pierde porque sus resultados no alcanzan a hacer mella en la alianza reeleccionista de Santos, pierde porque sufre en carne propia lo que es hacer política sin las mieles del poder, pierde porque será minoría en el Congreso, pierde porque atrás quedaron las grandes mayorías, que lo veneraban como a un Dios.

Gana Horacio Serpa porque se constituye, nuevamente, en la figura más importante del partido liberal, pierde porque no fue capaz de sacar a su partido “de la parte de abajo de la tabla”, de donde se suponía saldría con la inyección de “mermelada”, que le dio el gobierno Santos. Parece que Uribe y Santos desmantelaron, para siempre, este partido político.

Gana Juan Manuel Santos por que se afianza en la reelección y comprueba la efectividad de la “mermelada”; pierde por que se le crecieron Uribe y los Conservadores; pierde porque los dos millones de votos de Uribe son en su contra.

Ganan, como siempre, los conservadores aferrados a la “mermelada” cual mosquitos al estiércol, ganan porque serán decisorios, como siempre, para acceder o controlar el poder; pierden por su falta de ideas, iniciativa, valores, principios y vocación de poder.

Gana La U por que continúa siendo la primera fuerza electoral del país; pierde por su falta de identidad: no pueden apoyar hoy un conservador como Uribe y pasar tranquilamente a apoyar un liberal como Santos; cada vez más se parecen a los conservadores, sólo “mermelada”.

Ganan Marta Lucía Ramírez y Oscar Iván Zuluaga porque los partidos que los respaldan se fortalecieron y se pueden constituir en una verdadera alternativa de poder; pierden porque se comprueba que sin “mermelada” es muy difícil llegar al poder.

Ganan los partidos Conservador y Liberal porque permanecen en la dinámica de la política colombiana; pierden porque más de doscientos años de historia fueron sepultados por el personalismo de Uribe y Santos.

Gana Cambio Radical por que continuó con su participación en el Congreso; pierde porque continúa siendo un partido minoritario.

Ganan los “caciques” políticos, los paramilitares y los corruptos porque siguen ahí, aunque sea en cuerpo ajeno; pierden porque la mayoría de los colombianos los desprecia, por eso no votan.

Gana la izquierda por que no desapareció del mapa político; pierde porque con sus pobres resultados tendrá que volver a comenzar, después de los fracasos en las alcaldías de Bogotá; ya no se les cree.

Ganan las Farc por que el gobierno tendrá un Congreso mayoritario a su favor; pierde porque se les creció Uribe y porque los partidos de izquierda sufrieron una gran derrota.

Gana la Registraduría Nacional del Estado Civil por su efectividad, a las nueve de la noche ya sabíamos los resultados; pierde por la complejidad del sistema electoral colombiano.

Gana el Congreso porque todavía tiene quien lo elija, aunque sea a punta de “mermelada”; pierde porque la mayoría de los colombianos prefieren la televisión, el cine, el descanso o solo dormir,  a asistir a una concentración electoral, a  apoyarlos.

Gana Enrique Peñalosa la consulta presidencial del Partido Verde; pierde por la pobreza de los resultados de su partido.

Gana el voto amarrado por la burocracia y la compra venta de votos; pierde porque se le escaparon todos los del Uribismo.

Gana Maduro por el triunfo de la coalición que apoya a santos; pierde por el gran apoyo de los colombianos a Uribe.

Gana Colombia porque su democracia continuará siendo “una de las más antiguas del continente”; pierde porque a los ciudadanos no les interesan los partidos, ni las elecciones, ni nada; al abstencionismo sume los votos en blancos y los no marcados; ¿quién dijo que los no marcados o los mal marcados era ignorancia?, ¿no serán, más bien, un rechazo al voto amarrado?

MI PATRIA CORRUPTA

MI PATRIA CORRUPTA
Eligio Palacio Roldán
Y, entonces, la solución para remediar la corrupción de todos los colombianos será cambiarlos?. ¿Será acabarlos?

CARLOS SIERA 321

El 24 de septiembre, de este año publiqué, en http://www.eligiopalacio.com, una columna titulada “LA DEMOCRATIZACIÓN DE LA CORRUPCIÓN”, en ella trataba de mostrar como ese flagelo, de nuestro tiempo, se volvió cotidiano, al alcance de cualquier ciudadano, en nuestra sociedad, a partir de la elección popular de alcaldes.

Entre la anterior y la presente semana presencié dos hechos relacionados con la corrupción que me llevaron a reincidir, nuevamente, en el tema:

En el ámbito nacional, la indignación por el evidente chantaje de los congresistas al gobierno Santos para que éste les restituyera el menor salario generado, por el acatamiento de la sentencia del Consejo de Estado, que aceptó reducir la prima de salud y de localización a la que tienen acceso los congresistas, funcionarios de la rama judicial y empleados de los entes de control del país, y la posterior restitución de los dineros por el ejecutivo, mediante el Decreto 2170, del 4 de octubre, que establece “una prima especial de servicios” equivalente a $7’898.445, que “sustituye para todos los efectos las primas de salud y de localización y vivienda”.

En un medio muy local, en la pequeña población de Entrerríos, Antioquia, 60 kilómetros al norte de Medellín, se difundió un grotesco pasquín, del que me llamó particularmente, la atención, la siguiente expresión, refiriéndose, al Alcalde: “… haciendo cuentas del sueldo, porque nunca le alcanza, a final del mes es pidiendo dinero prestado hasta que le paguen, obvio no le va alcanzar si… es el que se lleva las comisiones, deja al pobre alcalde mirando pa el techo…”

Se refería el panfleto a que “las comisiones” se las estaba llevando un tercero y que, por ello, el Alcalde se mantenía escaso de dinero. Era una tácita expresión de la honestidad del mandatario.

En consecuencia, desde entonces, he estado esperando que alguna organización política, social, cooperativa, religiosa, o bueno, alguien, cualquiera, se pronunciara sobre este tema… Y nada. Esperaba que felicitaran al alcalde por su comportamiento ejemplar y que quizás le pidieran investigara al funcionario mencionado, pero tampoco. Críticas al contenido del escrito, si. Del asunto del dinero, nada.

Y esa situación me induce a hacerme varias preguntas, sobre los habitantes de esa localidad: ¿Consideran que el Alcalde es un tonto? ¿Lo “normal” es que los alcaldes cobren comisiones? ¿Ese ha sido el comportamiento de los anteriores mandatarios? ¿Qué los alcaldes hayan recibido comisiones es un comportamiento aprobado por los ciudadanos, por las organizaciones económicas, políticas y sociales, por la iglesia católica, por los dirigentes?

Y, entonces, ¿en que se parecen los ciudadanos de Entrerríos, de Antioquia, de Colombia a los congresistas? En lo corruptos.

Y, entonces, ¿la solución para remediar la corrupción en el Congreso, será cambiarlo? ¿Será acabarlo?

Y, entonces, ¿la solución para remediar la corrupción de todos los colombianos será cambiarlos? ¿Será acabarlos?

No. La solución está en que los pocos que creemos que la corrupción no es el camino, apoyemos personajes como el alcalde de Entrerríos

No. La solución es que reeduquemos a nuestros ciudadanos, a nuestros congresistas, a nuestros dirigentes.

Y. ¿Quién, si todos estamos contaminados?

Usted y yo. Si, usted amigo lector que se identifica con lo que digo.

Y, ¿a usted y a mí quien nos reeduca, si también tenemos algo de corruptos…?

Pues nosotros mismos. Haciendo consientes nuestros actos, nuestras ideas, nuestros pensamientos y rechazando cualquier atisbo de corrupción.

ANTES DEL FIN
Hace muchos años, una amiga de mi hermana llegó sonriente porque había visitado un vivero y una de sus hijas se había robado, un pequeño matero. No lo devolvió. Esa fue, es y será una semilla “mejorada” de la corrupción.