Archivos mensuales: abril 2018

MANRIQUE… UNO VUELVE SIEMPRE

MANRIQUE… UNO VUELVE SIEMPRE

Eligio Palacio Roldán

“Sueño con el pasado que añoro, el tiempo viejo que lloro y que nunca volverá.”
Carlos Gardel

La calle larga, inmensamente larga, de piedritas menuditas, en la que se fijaron los deseos por una vida diferente a la de las desoladas y pobres montañas antioqueñas, de otros días, a la que se vuelve siempre en sueños, desemboca en una pequeña plaza, que en perspectiva no se distingue, y una pequeña iglesia al fondo.

Puede leer COLANTA – JENARO PEREZ https://eligiopalacio.com/2015/02/04/colanta-jenaro-perez/

“La 45” de Manrique, la famosa carrera que cruza el barrio de sur a norte, en la ciudad de la eterna primavera, no corresponde propiamente a la de la fantasía onírica creada con los restos de recuerdos, ilusiones e imaginaciones de un niño campesino. Sin embargo, tiene mucha magia, tanta como la de aquellos años que precedieron a una historia violenta en los tiempos de Pablo Escobar y el Cartel de Medellín.

Recorrer la 45 de Manrique es regresar a la infancia, redescubrir los almacenes y las escenas del recuerdo: La ilusión por un juguete, un helado o, tal vez, por una muda de ropa. Un niño, llorando, aferrado  de la mano de su madre  que contiene las lágrimas, en una lucha eterna por el bienestar de su hijo, el padre ausente quizás sumergido en el licor o en una de las drogas alucinógenas de la modernidad, acaso asesinado por la violencia que ha marcado nuestra existencia. También es vivir la magia de la bohemia; pero, sobre todo, ver correr la vida de norte a sur y en sentido contrario: la gente que lucha por salir adelante, los que se rebuscan el diario sustento, los pillos y los que controlan a los pillos. Muy poca autoridad, pero el estado presente con el sistema Metroplus, la iluminación y las calles limpias y asfaltadas.

 

 

El amor por el tango, ese que marcó diferencia y convirtió el género musical en símbolo del barrio, parece condenado a desaparecer bajo los nuevos ritmos juveniles. Entre las calles 80 y 66, estaciones Manrique, Gardel y Palos Verdes del Metroplus, existen tan solo tres o cuatro sitios dedicados a la música del Rio de la Plata. El más emblemático, Café Alaska, será reubicado en el segundo piso de su dirección actual (Carrera 45 con calle 80) impidiendo la llegada de los abuelos que tertulian, todo el día, alrededor de un café, la buena música y las historias de leyenda del ayer del barrio, Medellín, Antioquia y Buenos Aires, la capital del país austral.

 

 

 

Pero Manrique se niega a perder el brillo de otros días, se observan letreros comerciales que evocan al “Zorzal Criollo”, poniendo en evidencia el amor que se le ha tenido al ídolo o quizás una ilusión de viajar al sur, a Argentina.

 

 

Permanece el monumento a Gardel, donde junto a su estatua y las placas conmemorativas  se enlazan las banderas de Antioquia, Colombia y Argentina. La Casa Gardeliana ha perdido el brillo de otros días aunque trata de preservar la cultura del tango a través objetos representativos y las clases de baile. El último viernes de cada mes se presentan veladas de tango y milonga.

 

 

Unas dos cuadras más abajo de la  45 está la Iglesia de Manrique, mucho más imponente y majestuosa que la de los sueños. Una obra arquitectónica de estilo gótico, para mostrar, al igual que el Convento de los Hermanos Carmelitas Descalzos anexo.

 

 

ANTES DEL FIN

Llegar al Café Alaska es muy fácil, cómodo y seguro. Se toma el Metro hasta la Estación Hospital. Allí se hace trasbordo al Metroplus en un recorrido hasta la Estación Manrique y de allí se camina una cuadra, bajando a mano derecha, hasta la esquina. En su interior está su propietario, don Gustavo, sonriendo, esperándolo.

CÁNDIDOS Y CANDIDATOS

CÁNDIDOS Y CANDIDATOS

Eligio Palacio Roldán

Aunque sus primeras seis letras son iguales sus significados son bien distintos: Cándido significa ingenuo, que no tiene malicia ni doblez y Candidato, persona que pretende algo, especialmente un cargo, premio o distinción. En la democracia los candidatos pretenden hacerse elegir, engañando a los cándidos electores.

Se podría pensar que en las sociedades más educadas hay menos ingenuos, pero no parece ser así; o al menos en Colombia. Ya es un clásico, de los engaños a los ingenuos electores, aquella afirmación del hoy presidente Santos, el 2 de junio de 2010, que generó efusivos aplausos: “Le puedo firmar sobre piedra o sobre mármol, si es necesario, que no voy a incrementar las tarifas de los impuestos durante mi Gobierno”. Y a esa promesa le sucedieron no una sino siete reformas tributarias, la mayoría con incremento de impuestos.

Al igual que Santos o peor que él, los candidatos actuales no solo prometen no incrementar los impuestos si no rebajarlos. Lo mismo sucede con el tema pensional y demás propuestas económicas, políticas, sociales y hasta de protección del medio ambiente. Para no espantar adeptos, por ejemplo, ninguno se  atreve a decir que utilizará el fracking como técnica de explotación petrolera y, seguro, todos la autorizarán, de ser elegidos. “Patinan”, también, la mayoría de los candidatos, al abordar temas como el matrimonio igualitario, el aborto o la eutanasia. Sienten miedo de perder adeptos radicales o liberales, si esgrimen una posición clara frente a temas polémicos.

Como Santos y todos sus predecesores, para congraciarse con los electores o más bien  para engañarlos, utilizan como punto de lanza, de su posible gobierno, la lucha contra la corrupción y mientras tanto mercadean apoyos a cambio de burocracia y contratos  y cuando concluyen la negociación la anuncian, a los cuatro vientos, como un gran acuerdo programático, que es aplaudido  por los ingenuos seguidores.

He leído, me han contado y he percibido que engañar ingenuos no es solo una característica de los colombianos, que es propio de la política y de todos los políticos en el mundo. De igual forma he visto como a los ciudadanos no les importa que los engañen; incluso las diferentes campañas no tienen que hacer mayor esfuerzo, para lograr su propósito, pues no entienden lo que no quieren entender, sumergidos en el fanatismo. Tampoco tienen que acudir a estudios de mercadeo o a la información personal de “data analytics” para sus estrategias de engaño. Somos demasiado cándidos y  no solo creemos las mentiras que nos suministran, por diferentes fuentes, sino que las reproducimos sin pudor.

Ante las evidencias de que el propósito de los candidatos es engañar; entonces, ¿para qué desgastarse escuchando y analizando propuestas que no cumplirán? Tal vez la mejor elección sea la química, esa que se tiene por alguien sin saber por qué.

ANTES DEL FIN

Los debates no dejan de ser un programa de entretenimiento. Aquí el rating de El País de los Jóvenes, un indicio de las preferencias electorales de los cándidos televidentes.

@IvanDuque 7.9

@German_Vargas 7.6

@DeLaCalleHum 7.0

@sergio_fajardo 6.7

Puede ver las propuestas de los candidatos presidenciales en la dirección: https://www.publimetro.co/co/noticias/2018/04/16/propuestas-candidatos-presidente-colombia-2018.html

DERRUMBAR LOS SÍMBOLOS DEL NARCOTRAFICO

DERRUMBAR LOS SÍMBOLOS  DEL NARCOTRAFICO

Eligio Palacio Roldán

Tituló el diario El Espectador, su editorial del pasado sábado “DERRUMBAR LOS SIMBOLOS DEL DOLOR” donde elogió la iniciativa de la Alcaldía de Medellín de demoler el simbólico edificio Mónaco donde habitó, el mítico, Pablo Escobar.

Tiene razón el editorial en que para “Colombia no es útil olvidar de donde viene y por lo que ha pasado”. Desafortunadamente no solo no lo olvidó sino que incorporó la memoria de Pablo Escobar y del narcotráfico a su actuar, su forma de ser y estar en el mundo, su cultura. Triste realidad que no se cambia demoliendo edificios. Sólo basta con ver la transformación de la arquitectura para entenderlo: Ahora son cientos de edificios réplica del Mónaco los que ocupan ciudades y pueblos en Colombia. Sólo basta analizar las dimensiones de los cultivos ilícitos y del narcotráfico para comprender que miles de colombianos han seguido el ejemplo del capo del Cartel de Medellín. Solo basta con observar el comportamiento de las gentes, en nuestra geografía, para dimensionar la penetración de lo ilícito en nuestra cotidianidad.

Dirán algunos que no tengo razón, en lo que pienso, que Alemania, por ejemplo, se reintegró luego de derrumbar el muro de Berlín; pero la historia fue al contrario: el símbolo cayó por una decisión del pueblo alemán de unirse. Luego las protestas obligaron al gobierno a anunciar que el paso a lado y lado estaba permitido y el muro fue derruido por la multitud que ansiaba la unión entre Alemania y Alemania Oriental.

¿Qué hubiese sucedido si se derriba el muro y no hay deseo de unión? Lo que ocurre en muchas fronteras del mundo: una guerra.

Afirma, además, el editorial que “Cambiar estos monumentos a la maldad por homenajes a las víctimas es la única manera de dar la batalla por una memoria que recuerde el dolor y se comprometa a no repetirlo.” Derribar el edificio Mónaco es un paño de agua tibia, algo inocuo, un titular en los medios de comunicación, nada más. Se haría más dejando el edificio, aceptando que es un sitio turístico y mostrando a propios y extraños los efectos nefastos del narcotráfico. ¿O será que las mismas autoridades no encuentran argumentos para demostrar que el delito es funesto para la humanidad?

Borrar la memoria de Escobar, derrumbar el mito, solo se logrará cuando los colombianos vean, entiendan y concluyan que hay otros caminos, otras formas de estar en el mundo, generadoras de mayor bienestar físico y emocional, que estar inmersos en un estilo de vida y en una economía fundamentada en el narcotráfico. Para ello, se debe hacer entender a la sociedad las consecuencias negativas que genera estar sumido en la ilegalidad. Si hay consecuencias, claro, porque el margen de generación de riqueza por actividades ilícitas versus el castigo por participar en ellas es mínimo, en un país donde la justicia no funciona.

Además se debe cultivar el espíritu a través de la educación y el apoyo a la cultura como bien lo viene haciendo, por ejemplo, la alcaldía de Medellín desde hace varios años. Solo la educación entendida como formación y mejoramiento continuo y la generación de oportunidades de trabajo dignas podrá derrumbar los edificios “Mónaco” que se levantan como símbolo de poder y de riquezas bien o mal habidas.

¿Qué sucederá si se derriba el Edificio Mónaco y no hay un deseo de salir de la cultura del narcotráfico? Nada.

ANTES DEL FIN

Creo que con el mito de Pablo Escobar ya no hay nada que hacer. Es el símbolo de Colombia en el exterior, de la mano de uno o dos artistas y deportistas.  Ni siquiera el “famoso” Nobel del presidente Santos tiene alguna recordación entre el ciudadano del común.

Invito a ver… NIÑOS DE GERONA – ESPAÑA HABLAN DE COLOMBIA https://eligiopalacio.com/2018/02/22/ninos-de-gerona-espana-hablan-de-colombia/
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