MA CHE FREDDO FA – HACE FRÍO YA

MA CHE FREDDO FA – HACE FRÍO YA

Canción inolvidable de la cantante, productora musical y escritora italiana Nada Malanima. La primera versión, en italiano, en un concierto de este siglo; la segunda, la clásica en español del año 69.

el patrón

EL PATRON

Eligio Palacio Roldán

Dos palabras sencillas pero profundas, en escenas simples, detuvieron mi paso en la vida para pensar en su trascendencia. La primera fue señor; tenía algo más de 25 años cuando un niño se me acercó a preguntarme algo y la pronunció nerviosamente. Ese día, comprendí que había dejado de ser un joven y que era hora de asumir el papel que el niño veía en mí, el de un señor.

La segunda palabra, al igual que la primera, la había escuchado muchas veces pero fue solo hasta hace dos semanas, cuando comprendí su trascendencia, al utilizarla para nombrarme: Patrón, me dijeron. Entonces sentí un vacío en el estómago y, la verdad, ganas de llorar. Vi en el  trabajador que la pronunció tanta humildad, tanta desprotección que me sentí abrumado. Yo tengo trabajadores en un actividad productiva hace más de veinte años y nunca me habían puesto ese rótulo. Y sí, yo era el patrón del joven que me lo decía y de otras dos personas.

La palabra Patrón tiene para mí una connotación de fuerza y autoridad que no creo tener. También, algo de arrogancia, que a veces tengo. La Real Academia de la Lengua la define, entre otras acepciones, como defensor, protector, santo titular de una iglesia,  santo elegido como protector de un pueblo o congregación… y patrono, como persona que emplea trabajadores.

Leyendo la acepción de la palabra y el sentido de protección que invoca el trabajador al nombrarme, patrón, siento una responsabilidad mayor y no dejo de pensar en la angustia de miles de patronos que en estos momentos se devanan los sesos tratando de encontrar una salida a la crisis económica de sus empresas, en tiempos del coronavirus. Intuyo el dolor al tener que rebajar salarios, disminuir estímulos económicos y despedir personal; también el sufrimiento de esos trabajadores que se quedaron sin patrón. Comprendo su desespero y los gritos de auxilio buscando que la economía se reabra porque al igual que cobra las vidas de la personas, el virus acaba con la de la empresas y por ende con el bienestar de miles de ciudadanos en Colombia y en el mundo.

También me solidarizo con el presidente Duque, el Patrón de Colombia, y la lucha que le ha tocado dar en su presidencia, una lucha inédita en la historia del país. Pienso que es un deber de los colombianos apoyarlo con todo el esfuerzo y cariño que se le pueda brindar. Es tiempo de rodearlo y de hacer a un lado los intereses mezquinos de quienes buscan alcanzar el poder a cualquier precio.

La palabra patrón tiene, además,  en nuestro medio, otro significado construido a través de personajes de no muy buena recordación como Pablo Escobar, apodado en una serie televisiva El Patrón del Mal; sin embargo, pensándolo fríamente, él también fue el protector de sus colaboradores y amigos.

Mucha suerte para todos los patronos de Colombia en la nueva normalidad que se avecina. Su suerte será la de todo el país.

¿Qué palabras han tocado especialmente su existencia?

ANTES DEL FIN

Impresionante el éxito de la telenovela Pasión de Gavilanes, después de 17 años de haber sido transmitida en nuestra televisión. La novela original “Las Aguas Mansas” es recordada en Cuba como una de las mejores de Colombia. Indiscutiblemente Julio Jiménez es un ícono de la telenovela clásica, esa que triunfa en todas las generaciones. Los canales de televisión deben regresar  a historias de ese tipo.

Entra en la recta final el año 2020, un año que será referente para la historia de Colombia y el mundo. Ojalá de una historia mucho mejor, después de la pandemia. Se ve venir una navidad muy diferente a las de todas las épocas.

la soledad

LA SOLEDAD

Eligio Palacio Roldán

Hace algunos meses encontré el tema musical Solitario, del compositor ecuatoriano Tomás Abilio Bermudez, en la mejor interpretación que, a mi juicio, ha hecho el cantante colombiano Raul Santi, de canción alguna.  La melodía, sobre la que produje un video (https://eligiopalacio.com/2020/08/11/solitario/) es una oda al despecho y, como se dice,  “para cortarse las venas”. Aquí su letra:

“Por tu amor que fue ilusión y desventura,

Fracasaron para mí todos mis sueños.
Me negaste tu cariño y tu ternura,

Para hundirme en el castigo del tormento.
Solo y triste me verás hasta que pueda,

Arrancarte de mi pecho con el vino.
Solitario me verás hasta que muera,

Maldiciendo mi desgracia y mí destino.
Mala suerte me trajeron tus amores,

Me dejaron sólo angustias en el pecho,

Hoy por ella yo emborracho mis dolores,

Hoy por ella solitario yo me muero.”

El  23 de agosto, se cumple el segundo aniversario de la muerte del ser que más he amado en la vida: Mi mamá. La ausencia definitiva de un ser querido genera una soledad similar a la de un amor imposible. Aunque, obvio, más dolorosa.

Esta semana, alguien me hablaba de la soledad y de su profundización en tiempos del Coronavirus. Decía sentirse triste, sin saber qué hacer en ese tiempo de silencio, de poca actividad social. Los años habían pasado sin conformar una familia.

Las tres clases de soledad descritas son diferentes. La primera nace del desamor de alguien en específico, la segunda de la muerte de los seres queridos, y la tercera de no haber conformado una familia. La real academia de la lengua define  la palabra soledad como “carencia voluntaria o involuntaria de compañía” y “pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo”.

En cualquiera de los casos hay que ver, comprender y concluir, desde la esencia, que la felicidad no puede depender del Otro, así ese Otro te genere alegrías  o tristezas o se le ame con intensidad. También, que hay que construir una vida teniendo como protagonista el ser único que se encarna y trasegar por el mundo en un continuo aprendizaje con emociones de todos los matices. Para lograrlo, hay infinidad de cosas por hacer. La primera, conocerse a sí mismo, en toda la dimensión humana: fortalezas, debilidades y perversidades  y a partir de allí identificar una o varias pasiones que te permitan vibrar al unísono con ellas y con el universo. Obviamente eso no se consigue de la noche a la mañana, se requiere esfuerzo, trabajo y técnicas que van desde la sicología, el sicoanálisis, la meditación o la programación neurolingüística, entre otras. También la oración, dicen algunos. Eso sí, cualquiera sea la metodología, lo importante es no alienarse para escapar a la realidad como lo pretende hacer, en el vino, el protagonista de la canción.

La pasión se puede encontrar en la lectura, la escritura, la música o las artes manuales. En los viajes. En vivir cada amanecer y/o cada atardecer. En fin, en el solo hecho de observar y observarse. En sentir a los seres y cosas que te acompañan en el viaje de la vida. La soledad es la mejor oportunidad para despertar los sentidos: vista, oído, gusto, olfato, tacto para disfrutar el entorno; de conocer el ser maravillo que eres y el cuerpo que habitas.

A quienes le temen a la soledad, solo les queda un camino: enfrentarla. Seguro encontrarán elementos positivos y alegres para vivirla. No se puede perder la posibilidad que nos da la vida, en tiempos del coronavirus, para sentirla, disfrutarla y perderle el miedo.

ANTES DEL FIN

También yo le temí a la soledad y sobre todo en el campo. Ahora descubro que no hay nada más fascinante que ello. Llegó el tiempo, por ejemplo, de comprender a los ermitaños. La naturaleza ofrece una gran cantidad de posibilidades de comunión con el universo.

Con el tiempo he ido descubriendo que es mejor no saber mucho de lo que sucede alrededor. Las posibilidades de ayudar son mínimas, como decía mi madre. Entonces, ¿para qué torturarse con miles de noticias desafortunadas que nos ofrecen los medios de comunicación, a cada instante?

VACUNAS, POLÍTICA Y RELIGIÓN

VACUNAS, POLÍTICA Y RELIGIÓN

Eligio Palacio Roldán

En la sala de espera la familia oraba obsesivamente, pidiendo a Dios, por la salud de don Antonio. El médico había llamado a su esposa: era necesaria una transfusión de sangre y se requerían donantes. Virgelina cerró sus ojos, con fuerza, conteniendo las lágrimas. “No doctor”, dijo. “La sangre es sagrada” puntualizó. Pertenecían a la corriente religiosa Los Testigos de Jehová.

La historia de esta familia, que dio origen a la muerte de don Antonio, luego de un accidente de tránsito, hace varios años, viene a cuento por la noticia de esta semana sobre la entrada en producción, en Rusia, del primer lote de vacunas contra el COVID-19, EL Spútnik V. Ante el anuncio, los medios de comunicación y las redes sociales hicieron “su agosto”, en agosto, y hasta fue tema del día en La W Radio. Como siempre, la opinión pública se dividió en Colombia y muchos ciudadanos mostraron su desconfianza y manifestaron no someterse jamás a una vacuna de origen ruso.

“La religión es el opio del pueblo”, dijo Carl Marx hace más de un siglo sin presentir que, con el tiempo, sus teorías darían pie a movimientos políticos tanto o más alienantes que la propia religión.

La religión y la política han dejado inmensas huellas de sangre en la historia de la humanidad, desde que se tenga memoria. No solo son el origen de las guerras sino de historias tan horrendas como las de la inquisición y el holocausto. En la religión, la obsesión por imponer un Dios sobre los demás ha sido el problema; en la política, la de imponer un sistema de producción y de gobierno. En ambos casos, el conflicto se presenta por el deseo de imponerse sobre el otro, de manipularlo y utilizarlo, creyendo que la verdad individual es la única sobre el universo.

Las teorías políticas de izquierda y derecha se trasformaron en cuasi religiones sin matices, en unas verdaderas sectas. Por estos días se cumplen los 75 años del fin de la segunda guerra mundial, pero esta sigue viva, con otras batallas. Una de ellas, la obtención de la vacuna contra el coronavirus.

En Colombia, la política ha sido un opio peor que el de la religión. Desde 1810 hasta nuestros días, desde Bolivar y Santander hasta Uribe y Santos, las batallas políticas se han sucedido una tras otra dejando a su paso miseria y muerte y estropeando posibilidades de bienestar y desarrollo para la sociedad. Los seres humanos en general y los colombianos en particular parecemos estar muy lejos de alcanzar un acuerdo “sobre lo fundamental” como pidiera alguna vez el inmolado dirigente político Álvaro Gómez Hurtado.

Las sectas religiosas, las sectas políticas, parecieran ser cosa del pasado, para algunos, pero no hay tal; o por lo menos en Colombia. Las nuevas generaciones están más alienadas, con mayor disposición para la confrontación, con menor capacidad de análisis. Más primarias. Más manipulables. Uno pensaría que la solución está en la educación pero no parece ser cierto. La sociedad actual se ve involucionar y, al menos en el papel, está más educada.

Ahora no será la religión la que impida la muerte de algunos colombianos, será la política. Para algunas sectas el aplicarse o no la vacuna dependerá del origen de la misma, de un país de izquierda o derecha. ¡Que vaina!

ANTES DEL FIN

Un día, viajando en un bus, una conversación entre dos mujeres me despertó de un microsueño:

  • “Lo que hace que encontré a Dios la vida me cambió totalmente.
  • Si querida. Es verdad. Y la forma en que nos envía los mensajes es extraordinaria. Mira yo me mantenía pegada de esas telenovelas.  ¿Y sabes que me pasó?
  • ¿Qué?
  • Pues me dañó el televisor para que no siguiera en pecado. ¡Las maravillas de Dios, mija!”