LA CORRUPCIÓN… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS X

LA CORRUPCIÓN… EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS X

Eligio Palacio Roldán

Llegó el coronavirus a transformarlo todo, dicen: costumbres, relaciones personales, formas de trabajo, economía… Que es un castigo de Dios o  de la naturaleza y que una vez concluya seremos mejores seres humanos, se atreven a pronosticar algunos. Uno quisiera pensar que si, e incluso poner de su parte; pero todo indica que nada cambiará o al menos nada ha cambiado en relación con ese otro virus que causa la muerte de miles de colombianos, muchos más que la pandemia del COVID–19, la corrupción.

Mientras que el gobierno hace esfuerzos por afrontar la situación de la mejor manera posible y los colombianos del común tratan de desplegar su solidaridad al máximo, los corruptos de siempre hacen de las suyas: para acceder a un crédito, a través del sistema bancario, es necesario estar en la lista de amigos del gerente. Que éste te informe antes que a los demás. No hay trasparencia. No hay una valoración medianamente objetiva para la irrigación de los recursos.

Pero si los auxilios a través de la banca se convirtieron  en un tráfico de influencias perverso, las de las ayudas a los más desamparados provocan lágrimas. Los líderes, casi siempre de extracción política, señalan con el dedo a quien y como entregar los víveres en la más desgarradora historia de corrupción.

En el otro extremo hay también una historia desoladora: la rebatiña por obtener las ayudas.  Ahora, en medio de la pandemia, el mundo también es de los vivos, de quienes buscan su propio beneficio sin importar como sobrevivan los demás. Es así como cientos de personas sin necesitar los auxilios del estado o de particulares acuden a ellos para enriquecerse, mal gastar o simplemente tener esa satisfacción, mezquina, de obtener algo gratis. Incluso hasta lo dejan por ahí tirado porque “esa marca no nos gusta”. Y, en medio de este escenario, la información del estado para distribuir las ayudas equitativamente, se quedó incompleta y errónea. Claro, por el mismo manejo politiquero que se la ha dado siempre.

Hablando de politiqueros, estos también juegan en su propio rol: los que están en el poder tratan de posicionar su discurso y su nombre para futuras elecciones, despilfarrando recursos hoy más sagrados que nunca; y los que están en la oposición, hacen lo propio diciendo cualquier cantidad de idioteces populistas que los ingenuos seguidores, adiestrados desde los centros educativos, creen a fe ciega, pensando que el futuro de Colombia está en gobiernos similares a los de Cuba y Venezuela. Obviamente, todo esto aplaudido o rechazado por la prensa según sus, también, mezquinos intereses.

En medio de este panorama, los colombianos de bien sufren, se preocupan y anhelan una solución que quizás no llegue, para que pasado algún tiempo uno de nuestros grandes filósofos diga que “la pobreza es una condición mental”, como diría el secretario de agricultura de Antioquia, que leído en la tradición paisa sería: “Consiga la plata, mijo. Consígala honradamente. Y si no puede, ¡consiga la plata, mijo!”. No sea bruto mijo.

ANTES DEL FIN

Tal parece que el coronavirus llegó para quedarse  para siempre o, al menos, por un buen tiempo. Ante esa realidad, pues hay que aceptar que el regreso a la actividad laboral presencial es innegable y que hay que correr los riesgos, con la mayor precaución posible.

Este sábado fui a hacer mercado al pueblo. El tapabocas ahora hace parte de la vestimenta normal, así como algún día lo fue el manto en las mujeres, pero no se usa bien. En la mayoría pareciera una bufanda.

En tiempos del Coronavirus, con una audiencia de radio y televisión crecientes, tanto por  decir, tantas formas de decirlo y tan poco variedad. Pareciera que la tecnología acabó con la creatividad.