EFRÉN ALBERTO GIL PÉREZ – COMANDANTE CUERPO BOMBEROS ENTRERRIOS

EFRÉN ALBERTO GIL PÉREZ – COMANDANTE CUERPO BOMBEROS ENTRERRIOS

Esta es la historia del Cuerpo de Bomberos de Entrerríos y de los hombres y mujeres que lo sacaron adelante. Un ejemplo de compromiso con la sociedad.

LA FARANDULIZACIÓN DE LA VIDA NACIONAL

LA FARANDULIZACIÓN DE LA VIDA NACIONAL

Eligio Palacio Roldán

Hace cerca de 50 años, en la década del 70, la farándula era un tema de segundo plano propio de publicaciones especializadas. En ese contexto, la revista Antena marcó una época.

Después, con el decaimiento de las radionovelas, la farándula irrumpió en los programas de variedades de las emisoras y poco a poco en la televisión: Telesemana y las “Piernas de Viena Ruiz” marcarían una época en la pantalla chica, pero se diría que quien cambió la historia de los medios de comunicación en nuestro país y de los colombianos, en general,  fue el periodista Julio Sánchez Cristo, quien dando continuidad a una forma de comunicar, iniciada por Yamid Amat, farandulizó la información en Colombia.

El diccionario de americanismos (http://lema.rae.es/damer/?key=farandulizacion) define farandulización como frivolización o trivialización de algo. En este tiempo cada medio informativo, además de ser una verdadera revista de contenidos irrelevantes,  es un escenario donde a cada noticia seria se le da una puesta en escena que la haga atractiva a un espectador distante y con mínimos esfuerzos para comprender.

Pero no solo se farandulizó la información también la política y la manera de manejar lo público. Ahora cada mandatario se preocupa más por su popularidad que por gobernar. Por eso adoptan poses de irreverentes, descomplicados y cercanos a un pueblo que en el fondo ignoran. Los dirigentes de hoy estrechan la mano a las gentes ingenuas que quedan conmovidas, ante el gesto del personaje, ignorando que a la mayor brevedad corren a lavarse o a utilizar antibacterial obsesivamente tratando de borrar los restos de impureza y miseria. También suelen mostrarse tímidos ante el aplauso de la multitud que subyace a sus pies, tal artista al concluir su función.

En Medellín, por ejemplo, todos los que pretenden tener éxito en su carrera política visten jean sin correa, camisa blanca informal, zapato casual; dicen preferir la bicicleta sobre otro medio de transporte, hacen ejercicio, lucen melena a los hombros y siempre los acompaña una sonrisa de galán de telenovela.  Todos imitan a Sergio Fajardo, que  a su vez trata de llegar a la presidencia de la república con tan solo una estrategia de manejo de  imagen, pues sus opiniones son más superfluas que las de candidata al Reinado Nacional de Cartagena.

En Bogotá, en las pasadas elecciones, la situación fue peor: la candidata a la alcaldía, Claudia López, utilizó como estrategia electoral su condición sexual y, luego, parte de su vida privada como lo es el matrimonio fue elevado a la categoría de espectáculo.  ¿Qué tendrá que ver la sexualidad de alguien con su capacidad para gobernar?

Pero que los periodistas, los dirigentes políticos y los gobernantes se hayan convertido en vedettes, más fatales que las estrellas de cine de algunas películas del siglo pasado, no tendría relevancia si no fuera porque sus electores o seguidores no hubiesen abandonado la lógica y la razón para sumergirse en el mundo de los canutillos y las lentejuelas.

Los colombianos se dejaron deslumbrar, y hasta se pelean por el honor de sus estrellas favoritas, sin lograr dilucidar que el brillo de esas imágenes es más irreal que el de los fuegos fatuos. Atrás quedaron los tiempos del debate y la exposición de ideas.

El éxito de los youtubers y el tránsito de muchos periodistas a esta forma de entretenimiento  es una consecuencia de la  farandulización del periodismo.

ANTES DEL FIN

El espectáculo de las noticias, decía un famoso periodista radial. ¿Qué espectáculo tan ridículo el tratamiento informativo de los repatriados de China por temor al coronavirus?

Un recuerdo, de principios de siglo: el afamado hombre de radio Sánchez Cristo, dedicó toda una mañana a las gafas del entonces candidato Uribe. Esas gafas, fueron otro motivo para elegirlo presidente, en ese entonces.  Como este son cientos, miles de casos.

LA VERDAD Y LA DECLARACIÓN DE RENTA DE URIBE

LA VERDAD Y LA DECLARACIÓN DE RENTA DE URIBE

Eligio Palacio Roldán

“… lo que permite inferir que es más rentable ser escritor de novelas inspiradas en la cultura traqueta que empresario…”

 “Por fin: Declaración de Renta de Alvaro Uribe, uno de los hombres más ricos y con más tierras en Colombia: Saldo a pagar $0 No sé si reír o ponerme a llorar. Esto es un insulto”. Así trinó esta semana el senador Gustavo Bolivar, no solo insinuando sino juzgando y condenando como evasor de impuestos al expresidente Uribe.

Yo trabajo en la DIAN desde hace 30 años y, a modo de ejemplo, investigué por más de seis meses un contribuyente y, luego de proferir el acto preparatorio, la discusión duró doce años hasta que el Consejo de Estado le diera la razón a la entidad y por ende a mi trabajo.

Ahora, a las pocas horas de ser publicada la declaración de renta del expresidente Uribe, el senador Bolivar, con un tendencioso análisis, desconoce la consistencia de las cifras. Digo tendencioso porque pasó por alto que realmente, el líder político, generó un impuesto de $83.761.000, mucho menos que quien lo cuestiona, $946.931.000, lo que permite inferir que es más rentable ser escritor de novelas inspiradas en la cultura traqueta que empresario. Esa sí, una triste posibilidad.

Al igual que Gustavo Bolívar, a Uribe, lo condenaron miles de colombianos por dos razones: la primera es que así como a comienzos de siglo XXI estaba de moda ser uribista, ahora es casi vergonzoso considerarse como tal. Una conquista sin precedentes en la historia de la izquierda colombiana, que permaneció camuflada, por muchos años, por la vergüenza de ser identificada con la guerrilla  terrorista de las Farc, calificativo que “volvió trizas” el gobierno Santos al elevarle el estatus de padres de la patria, a sus más sanguinarios dirigentes.

La segunda, más grave aún, es la que se ve claramente en el contenido del trino del Senador Bolivar: El creer que la única verdad es la que se acomoda a nuestro sentir, verdad de vísceras y no de la razón o el conocimiento, verdad sin análisis ni investigación. Verdad aprendida de los generadores de opinión y de las redes sociales. Verdad que destruye y alimenta la parte oscura, envidiosa  y pesimista de los colombianos. Verdad más cercana al engaño que la mentira misma.

Y esa verdad engañosa manipula con furor  desde los medios de comunicación y las redes sociales a los ingenuos ciudadanos y a los mismos generadores de opinión.

Es tiempo que la sociedad misma haga un pare y exija verdades completas y no verdades a medias. Para ello, sería necesario que las autoridades mantuvieran una cautelosa reserva sobre sus investigaciones, que evite filtraciones, y que los medios de comunicación, los generadores de opinión y los ciudadanos en general se nieguen a revelar informaciones sobre casos sin fallos judiciales en firme. Los periodistas, en sus “entrevistas”, debieran por lo menos dejar hablar a los implicados porque, los medios informativos,  condenan mucho antes que los jueces y no permiten la mínima defensa de sus interlocutores.

La Ley 2013, del 30 de diciembre de  2019 que pretendía “dar cumplimiento a los principios de transparencia y publicidad, y la promoción de la participación y control social a través de la publicación y divulgación proactiva de la declaración de bienes y rentas, del registro de conflictos de interés y la declaración del impuesto sobre la renta y complementarios”, se convirtió en otro elemento de división y disputa en nuestro país. Cada iniciativa positiva por mejorar la forma de ser y de estar en Colombia termina en un bochinche que genera malestar. Así no hay como salir adelante.

ANTES DEL FIN

La oposición no ha dejado gobernar al presidente Duque. Esa oposición ganó las alcaldías de Bogotá y Medellín, a los alcaldes de estas ciudades no los deja gobernar la oposición. También está de moda ser de oposición, así sea a la misma oposición. La proactividad era el futuro y lo poco que hubo en Colombia ya es pasado. ¡Así no se puede! ¡Que vaina!

METERSE EN LA VIDA DE LOS DEMÁS

METERSE EN LA VIDA DE LOS DEMÁS

Eligio Palacio Roldan

Manipulan la religión, la política, la publicidad, el mercadeo y nosotros mismos, cada día, en una infinita batalla por invadir el inconsciente del otro para doblegarlo y hacerlo cumplir nuestros objetivos u obsesiones.

Tal vez quien mejor describe la manipulación de los seres humanos por parte de las clases dominantes ha sido Carl Marx  con su famosa frase: “La Religión es el opio del pueblo”. En efecto, el mismo Dios ha sido usado no solo para aliviar al humano dándole sentido a su sufrimiento, con la posibilidad de una vida mejor, en el más allá, sino para coartar sus libertades individuales.

A pesar del paso del tiempo y la evolución tecnológica, las religiones no han perdido su papel protagónico en la manipulación de la humanidad, a pesar de la gran diversidad de vertientes y del desarrollo de otros instrumentos como los medios de comunicación, la publicidad, el mercadeo, las mismas drogas y la más reciente aparición de las redes sociales. Manipular, según la Real Academia de la Lengua Española, significa “Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares.”

Esta semana se destapó un nuevo escándalo de manipulación con “La Bodega Uribista”. La publicación digital “Las Dos Orillas” la describe, en un titular como “… un ejército de 86 activos tuiteros”; e indica que: “Funcionarios del gobierno, excandidatos del CD e influyentes tuiteros actúan organizadamente para defender el ideario uribista y contrarrestar críticas al gobierno”. (El medio de comunicación denuncia la manipulación pero a la vez manipula con titulares exagerados como “ejército” de 86 tuiteros)

Obvio que con la conversión de la humanidad en una pequeña “Aldea Global” de la que hablara hace más de  50 años Marshall Mcluhan, las estrategias de manipulación al estilo “La Bodega Uribista” se multiplicarán y generarán rechazo o aplausos de acuerdo con los propios intereses, porque en estos tiempos también hay una obsesión  por creerse dueño de la ética a pesar del imperativo, poco noble, de imponer la propia verdad.

Y es que tratar de imponer la propia verdad, manipulando al otro, como escribía en las primeras líneas de esta columna, no es un hecho propio de organizaciones sofisticadas; es nuestro quehacer diario. Todo parte de no admitir la posibilidad de una visión diferente a la nuestra, desconociendo que estamos cargados de lo simbólico y lo imaginario en una distorsión de una realidad que queremos imponer; también, de un ego incontrolable que, paradójicamente, nos acerca a formas de ser como las de algunos dirigentes uribistas a los que está de moda rechazar.

La manipulación, el meterse en las decisiones del otro e imponer nuestra visión de la vida y del mundo es otra forma de esclavitud. Forma de esclavitud que se agrava cuando se tiene alguna posición de dominio de un grupo humano: Estado, gobierno, entorno laboral   familiar e incluso en el ámbito de la amistad.

ANTES DEL FIN

Distorsionar la realidad es, también, no entender lo que el otro pretende decir y tergiversarlo.

¿Por qué en vez de imponer la verdad, no llegamos a un “Acuerdo sobre lo fundamental” como lo pidió tantas veces el líder colombiano del siglo XX, Álvaro Gómez Hurtado?

Valdría la pena escuchar nuevamente la canción “Qué sabe nadie” (https://youtu.be/SaPxR_8sFk4)

CORRUPCION Y NARCOS – LA HERENCIA DE PABLO ESCOBAR.

CORRUPCIÓN Y NARCOS – LA HERENCIA DE PABLO ESCOBAR.

Eligio Palacio Roldán

Ante el primer puesto de Colombia como el país más corrupto del mundo, en el ranking de la revista estadounidense U.S. News,  basado en índices de percepción, la vicepresidente Marta Lucía Ramírez indicó que “… esta percepción obedece en parte a producciones como “Narcos” o series basadas en Pablo Escobar, que dejan esa imagen en el extranjero”

Tiene razón la vicepresidente al indicar que en parte se debe a las series inspiradas en Pablo escobar. No en vano, son el punto de encuentro con los colombianos en el exterior, en medio de  una sonrisa o una que otra pregunta maliciosa.

Sin embargo ese no es el problema. Lo complejo del asunto es que esa percepción negativa, impulsada por las series sobre narcos, se ve validada con la realidad actual que nos abruma y que no se debe a una ficción si no a la herencia de Pablo Escobar: Lo narco como medio de subsistencia o ascenso social y la narcocultura.

Mientras los campos y ciudades de nuestra Colombia  se inundan de narcotráfico, algunos dirigentes ilusos, como el exalcalde de Medellín Federico Gutierrez, tratan de borrar de la historia el nombre del legendario narcotraficante y los demás colombianos repetimos su forma de ser, actuar y estar en la vida. El dinero fácil y la falta de escrúpulos, en los métodos para conseguirlo, son el pan de cada día sin distingo de clase social, raza, religión o sexo. En eso, los colombianos, si somos iguales, desafortunadamente. En eso, y en la manida teoría de que todos los demás son corruptos y como cantara Alberto Cortez (Q.E.P.D) “Olvidamos que somos los demás de los demás”.

Al observar los comentarios en las redes sociales, los contenidos de los medios de comunicación y las conversaciones habituales pareciera haber un rechazo unánime frente a la corrupción; incluso es la bandera de muchos políticos y generadores de opinión a los que se les cree. Pero, analizando detenidamente esos políticos, esos generadores de opinión y a quienes rechazan la corrupción se observa que también  cometen actos alejados de la ética y de las leyes, que privilegian el bien particular sobre el general.

Inquieta, además, que para muchos hay una especie de patente de corso en los medios de comunicación y entre muchos colombianos. El caso más reciente, el de Antanas Mockus a quien algunos consideran casi un santo y le perdonan todo; incluso, trasgredir la ley al no declararse impedido para participar como candidato al Congreso a sabiendas que había celebrado contratos con el estado.

Esa posición ambivalente frente a la corrupción es la que no nos permite salir de ella. Bien haría la vicepresidente, en particular, el gobierno en general y los medios de comunicación en emprender una verdadera cruzada contra la corrupción y una reeducación de todos los colombianos en la materia.

Es hora de fundar una nueva cultura en el país de cara a este siglo XXI, que comienza su tercera década. Una cultura que recoja lo mejor de los valores del pueblo colombiano con anterioridad a la década del setenta, cuando se sembró la cultura del dinero fácil con el surgimiento del narcotráfico, y los proyecte al futuro. Para ello es necesario reconocer que somos un pueblo corrupto donde reina la narcocultura. Eso se logra enfrentando la verdad y no eludiéndola como trató de hacerlo el saliente alcalde de Medellín y lo hace ahora la vicepresidente Marta Lucía Ramírez, entre otros personajes.

ANTES DE FIN

Los alcaldes de Bogotá y Medellín, Claudia López y Daniel Quintero, con su discurso contra la corrupción y el apoyo a la protesta ciudadana ganaron las elecciones. La protesta se les está devolviendo y haciendo estragos a poco más de un mes de asumir su cargo, ¿Pasará lo mismo, al final de sus gobiernos, con el tema de la corrupción?