AL BORDE

AL BORDE

Eligio Palacio Roldán

No era claro como había llegado hasta allí. Sería gracias a sus enemigos, a sus amigos, o tal vez a sí mismo. Era su destino, aquel que tantas angustias y temores le despertara cuando niño y que ya adulto aparecía en sus pesadillas. Al estilo de Jesús de Nazaret, en la cruz, ya todo estaba consumado.

Y, si, allí estaba, al borde del inmenso precipicio cuyo fondo no se alcanzaba a ver, a pesar del intenso sol que alumbraba la fría mañana. Escuchaba e imaginaba el riachuelo de aguas cristalinas que sería su sepultura, allá en el fondo del cañón, y el viaje por el aire cuando su cuerpo terminara de desprenderse. No creía posible chocar contra la roca.

Pensaba que en pocos segundos comenzaría el recuento de las diferentes etapas de su vida. Recuento que dicen hacemos todos en los últimos instantes, ante la proximidad de la muerte. Mientras tanto, se agarraba a pequeños musgos y líquenes que se iban desprendiendo de la roca como él de su existencia. Los pies ya colgaban sobre el precipicio y su tronco se deslizaba lentamente hacia abajo.

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