20 AÑOS: LA MISMA CORRUPCIÓN, OTRA SOCIEDAD

20 AÑOS: LA MISMA CORRUPCIÓN, OTRA SOCIEDAD

Eligio Palacio Roldán

El candidato del gobierno, de ese entonces,  era Horacio Serpa, Germán Vargas Lleras es el del hoy.

Hace 20 años, 1998, cubría periodísticamente las campañas políticas a la presidencia de la república, para Caracol Radio, en Medellín. En esos días los colombianos asistíamos  indignados a las últimas elecciones del siglo pasado. La indignación tenía su origen en la financiación de la campaña de Ernesto Samper, el presidente de la época, por parte del cartel de Cali.

Sobre el tema informó la agencia de noticias Reuter el 21 de julio de ese año: “El presidente de Colombia, Ernesto Samper, admitió públicamente el lunes que su campaña electoral en 1994 fue financiada en parte por el narcotráfico.

Pero no obstante ese asentimiento, Samper insistió en que, al momento de la recepción de esos fondos, no tuvo conocimiento directo del tema.

La admisión fue una de las más públicas hechas hasta la fecha por Samper, sobre el llamado narcoescándalo que sacudió a su gobierno desde poco después de tomar posesión y que, en su punto más difícil, amenazó con sacarlo del poder”.

El 14 de agosto de 2013, la Revista Semana hizo eco de las declaraciones del hijo de Miguel Rodríguez Orejuela, así: “Según William Rodríguez Abadía, hijo de Miguel Rodríguez, la mafia le pagó al Congreso para eximir al expresidente.

Según su testimonio, la mafia compró a los congresistas para lograr la absolución del expresidente Ernesto Samper Pizano en el juicio que se le hacía en el Parlamento por posibles ingresos de la mafia a su campaña electoral. ¿Por qué? “Porque teníamos que evitar que el presidente Samper se cayera. Si esto hubiera ocurrido, nos habrían extraditado administrativamente. Samper no se podía caer”. “

El diario El Espectador informó el pasado 14 de marzo: “El presidente Juan Manuel Santos se pronunció este martes, por primera vez, sobre las revelaciones que señalan que hubo “recursos no registrados” en su campaña a la Presidencia en 2010. 

Santos pidió excusas por un hecho que calificó de “bochornoso”. Agregó que “nunca debió suceder” y que fue algo sobre lo que se acababa de enterar.”

Hace dos días la Revista semana publicó: “Por estas mismas fechas, hace cuatro años, Roberto Prieto era el líder de la campaña presidencial que estaba a punto de ganar las elecciones. Ahora vive una situación totalmente opuesta a esos días de éxito. El próximo martes, el gerente de Santos Presidente 2014 podría ser enviado a prisión. Este lunes, la Fiscalía le imputó 5 delitos porque, al parecer, recibió sobornos para hacer lobby a favor de privados, entre esos Odebrecht. 

Pero el ente no solo señala a Prieto de esos presuntos actos de corrupción. Además le endilgó el delito de falso testimonio pues, asegura, dijo que no conocía de la entrada de dineros de la multinacional brasileña a la campaña presidencial de Juan Manuel Santos, una versión que habría quedado desmentida en una llamada, en poder de la Fiscalía, que sostuvo con Zambrano.”

Esta misma semana, el periódico El Tiempo informa: “Mediante dos cartas, una dirigida al magistrado Emiliano Rivera y otra a la magistrada Ángela Hernández, la Procuraduría les solicitó “celeridad” en los procesos contra las campañas de Juan Manuel Santos en 2010 y 2014 y su supuesta relación con Odebrecht.”

La repetición de los hechos parece confirmar aquella frase del tango de Gardel, Volver: “20 años no es nada”. La misma financiación de las campañas de los presidentes de la república por parte de los delincuentes, igual absolución. En nuestra historia solo se ha producido un cambio, un cambio que califico de fatal: la pérdida de valores o la generalización del todo vale o la traquetización de la sociedad. Por eso el hecho de que la campaña del presidente Santos haya sido financiada por los corruptos de Odebrecht no lo cuestiona nadie, ni siquiera quienes le otorgaron el Premio Nobel de Paz.

Es más, se diría que hay una complacencia o al menos un silencio cómplice de los medios de comunicación a diferencia con lo sucedido con Samper cuando, comparativamente, solo habían algunos periodistas “enmermelados”, como Darío Arismendi. Ahora muy pocos cuestionan, muy pocos investigan. Todo es silencio.

Tampoco se cuestionan las campañas de los candidatos actuales. Seguramente, en unos años, estaremos narrando la misma historia que hoy no se hace visible para los electores porque, entre otras cosas, a los colombianos no parece interesarnos el tema de la corrupción, a lo sumo como escándalo mediático y chisme de corrillo. Nada más.

El candidato del gobierno, de ese entonces,  era Horacio Serpa, Germán Vargas Lleras es el del hoy.

ANTES DEL FIN

Que pasa con el periodismo antioqueño: no fue capaz de propiciar un buen debate entre los candidatos presidenciales.

Se desdibujó completamente el candidato Fajardo. Pareciera no se preparó para ser candidato presidencial

COHERENCIA: poesía barata

COHERENCIA: poesía barata

Norman Mesa Lopera

Ahora mismo, y siempre, en épocas preelectorales todo mundo: yo, tú, él, nosotros, vosotros y ellos estamos pidiendo de los demás, coherencia.

Quitémonos esa máscara de moralidad ruin. Coherente no es el candidato, ni el grupo político que lo avala… Coherentes no somos quienes votamos, o nos abstenemos, o quienes alguna vez lo hemos hecho en blanco.

Coherentes no somos los que reclamamos respeto del que simpatiza con un candidato, y a renglón seguido dejamos escapar  odio en redes sociales con un grado más de irrespeto.

Coherentes no somos los que militamos en partidos políticos que a nivel nacional no disque son compatibles ideológicamente, pero con los que a nivel parroquial hacemos alianzas.

Coherentes no somos los que nos juntamos hasta con el diablo para destruir aspiraciones políticas que no son del agrado.

Coherentes no somos los que esperamos el guiño del lider, para determinar nuestro voto.

Coherentes no pueden ser los que se hacen elegir a la sombra de un lider o un amigo para luego traicionarlo.

Coherentes no son columnistas y medios que enfilan sistemáticamente su artillería contra un líder y su grupo político, pero que no mencionan nada de gobiernos en los que participaron o de los que se beneficiaron y fueron tan, o más grotescos que el que critican.

Coherente no es Viviane Morales apoyando a Iván Duque, y tampoco La U apoyando a Vargas Lleras, ni lo fue Sergio Fajardo buscando alianzas con el partido Liberal, siendo esa colectividad, junto con la conservadora, blanco de ataques solapados de su parte.

Parodiando una célebre frase de Juan Manuel Santos, cuando minimizó un tal paro agrario, hay qué decir de verdad: “la tal coherencia no existe…” Nunca existió y nunca existirá, por lo menos en el campo político.

Hace rato vengo diciendo que la única constante en quienes (y no me saco del costal) hacemos política es la deslealtad, la ingratitud y la traición, pero hay otro apellido -a propósito del tema de moda-  y es el de la incoherencia.

Ñapa: Incoherente es quien escribe sobre incoherencia sin pedirle a google su significado…incoherencia: cosa que contradice a otra, o no guarda con ella una relación lógica.