Archivos mensuales: junio 2017

EL POPULISMO ORDINARIO DEL GOBERNADOR DE ANTIOQUIA

EL POPULISMO ORDINARIO DEL GOBERNADOR DE ANTIOQUIA

Eligio Palacio Roldán

Usted es el máximo representante de la institucionalidad en Antioquia, respétela.

Los antioqueños tenemos una elevada autoestima y eso nos ha hecho ganadores. También vanidosos, arrogantes y pretenciosos. Creemos tener siempre la razón, y para imponerla acudimos a acciones bajas como desafiar al otro, insultarlo, menospreciarlo, amenazarlo. Eso de “Le doy en la cara marica”. Así, por ejemplo, se impone la fuerza para dominar la propiedad de la tierra que no se respeta. Impera la fuerza. Primero fueron los colonizadores antioqueños, luego los narcotraficantes y posteriormente los paramilitares y, bueno, también los guerrilleros.

Esa especie de anarquía paisa, que debiera estar en el pasado, ha estado más presente que nunca en las primeras décadas del siglo XXI. Fue revivida, con una fuerza inusitada, por Alvaro Uribe Vélez en la región y en casi todo el país y es usada por políticos grises para deslumbrar seguidores ingenuos. Uno de ellos, digamos el más “brillante” es el actual gobernador del departamento de Antioquia, Luis Pérez Gutierrez.

Pérez Gutierrez, un político altamente cuestionado por problemas de corrupción como alcalde de Medellín (2001-2003), llegó a la gobernación con el apoyo de una coalición de diferentes partidos políticos, muy cuestionado en su momento.

(Lea EL CONSERVADOR: UN PARTIDO CON VOCACIÓN DE PODER https://eligiopalacio.com/2015/06/03/el-conservador-un-partido-con-vocacion-de-poder/)

Desde la gobernación, encontró en la identificación con el expresidente Uribe y en su oposición al gobierno Santos, el más impopular de nuestra historia, una herramienta para mantener cierta popularidad. Esa identificación va más allá de Uribe, es con el ancestro paisa del que hablábamos líneas atrás, que debiéramos superar, y encontró una oportunidad soñada en el diferendo limítrofe con el Chocó por Belén de Bajirá, Blanquiceth, Macondo y Nuevo Horizonte.

Desde entonces, repito, al peor estilo paisa, desconoció la decisión del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, IGAC, y lanzó, la semana anterior, una “firmatón” en la que espera recoger más de un millón de firmas para “…pedir justicia.  Antioquia es nuestra patria y cuando la patria está en peligro nada está por encima de nuestra obligación de defenderla”. Solo le falta decir que desenvainemos nuestros machetes y nos pongamos a pelear, como hace un siglo.

Y claro la pregunta es obvia, en estos tiempos de corrupción, ¿Quién financia esta “firmatón”, quien pagó el espectáculo el evento en la plazoleta de La Alpujarra, donde se dio inicio a la campaña? ¿Quién paga a los jóvenes que recogen firmas en el centro de la ciudad? ¿Pretende otro plebiscito o solo quiere mostrar que tiene un número importante de seguidores, para su vanidad personal o para posicionarse con miras a las elecciones presidenciales? Usted es el máximo representante de la institucionalidad en Antioquia, respétela.

Claro que un diferendo limítrofe per se despierta dudas, pero para eso están las autoridades a las que hay que pedir que se pronuncien, dejando a un lado el show. Si a pérdidas nos referimos, entonces cuando la Corte de La Haya falló en contra Colombia, en la disputa por el mar de San Andrés ¿Por qué no salieron estos “grandes líderes” a protestar, a recoger firmas? Obvio, saben que están haciendo “espuma”, que no conduce a nada,  populismo barato. Bueno barato no, ordinario. Porque costoso si es.

Ya son dieciocho meses de gobierno señor Luis Pérez, los tiempos corren y se aproxima a la mitad de su mandato, ¿Nos será hora de que comience a gobernar y deje de estar haciendo el ridículo?

ANTES DEL FIN

Inimaginable el daño que le están haciendo las redes sociales a los gobiernos, a los gobernantes y obvio a la sociedad. Ahora se gobierna para tener “me gusta” en twitter, no para sacar al país adelante.

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BAJO LA LLUVIA

BAJO LA LLUVIA

Eligio Palacio

En medio de la noche, el hombre se abría paso entre la neblina y la pertinaz lluvia. Llevaba en sus brazos una mujer. La cubría con una liviana manta y pareciera arrullarla, como se arrullan los niños pequeños.

La mujer se quejaba presintiendo la proximidad de la muerte. Al hombre le rodaban lágrimas por sus mejillas. Recorrían los espacios del recuerdo.

Al comienzo los pasos del hombre se aminoraban por el peso de la mujer. Con el paso de los minutos, el caminar se hizo normal e incluso, se diría, presuroso.

Alguien dijo que acompañaba a la mujer a deshacer sus pasos, pasos que hacía muchos años no podía dar.

A medida que pasaba el tiempo, la mujer iba disminuyendo su tamaño. Sus quejidos se iban apagando.

Un relámpago iluminó la escena y se vio al hombre cargar una muñeca vieja y desecha.

PRETENDIENDO “MATAR” A PABLO ESCOBAR

PRETENDIENDO “MATAR” A PABLO ESCOBAR

Eligio Palacio Roldán

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Dice el editorial de El Espectador del pasado domingo que “no vamos a permitir que se olvide el dolor por el que hemos pasado, ni que los victimarios se conviertan en leyendas”, haciendo referencia a la estrategia del alcalde de Medellín para menoscabar la imagen de Escobar, para “matarlo” como el ídolo en que se ha convertido en todo el mundo.

Se hace referencia en la publicación a la propuesta del mandatario de demoler el mítico edificio Mónaco, residencia de Escobar en la ciudad. Algo similar se hizo ya en la Hacienda Nápoles, en el Magdalena Medio, donde destruyeron la averiada casa de Escobar. Malas decisiones si se tiene en cuenta el potencial turístico de las edificaciones. En vez de destruirlas se deben utilizar para explicar el porqué de Escobar y de sus fechorías.

Todos los principios  de autoayuda, sicológicos y religiosos dicen que para superar las dificultades lo primero es reconocerlas, entenderlas y luego si tratar de modificarlas. En este caso la pretensión es absolutamente opuesta, se quiere enterrar cualquier vestigio de Escobar como si esto resolviera el problema.

Obvio que Escobar fue un nefasto personaje, claro que de él heredamos comportamientos reprochables como el dinero fácil, la corrupción como medio para conseguir los propósitos y el estilo narco de una gran franja de nuestra sociedad. Sin embargo, también es cierto que se convirtió en un ícono para gran parte de Colombia, Latinoamérica y el mundo; algo así como el símbolo de la reivindicación de los pobres de la tierra ante el poder y la indolencia de países ricos, en especial de Estados Unidos. Escobar es en el imaginario una especie de El Che Guevara de finales del siglo XX.

Las autoridades pretenden borrar a Escobar destruyendo los lugares que habitó, criticando a los artistas que le rinden homenaje, tratando de ocultarlo como se ocultan los pecados de los antepasados, y no dan la guerra que hay que dar, la guerra contra la falta de oportunidades, contra la pobreza. No es sino recorrer el noreste antioqueño o el sur del país, para entender que el cultivo de coca es la única fuente de subsistencia para miles de personas. Nuestros mandatarios repiten los mismos errores de Estados Unidos, en su lucha contra el narcotráfico, no reconocen el origen del problema o lo maquillan para que el negocio siga como está; no en vano es una fuente de riqueza y poder para muchos.

Escobar es y será, para bien o para mal, el referente de Colombia ante el mundo, por mucho tiempo. Para cualquier viajero de nuestro país es la pregunta obligada y más cuando se es de Medellín. Entonces, ¿para qué rasgarse las vestiduras? Harían mejor nuestros gobiernos legalizando el turismo alrededor del capo y contando la verdadera tragedia, con personal capacitado para ello. No hacerlo distorsiona su historia y lo mitifica aún más.

Los mitos se destruyen con realidades y esas realidades están en educación, inversión social, control a la corrupción, generación de empleo lícito y ejemplo. Las transformaciones se dan. Una muestra de ello es lo que ocurre en la Comuna 13 de Medellín.

ANTES DEL FIN

Creería que la iniciativa del alcalde Federico Gutierrez de derrumbar el edificio Mónaco es “otra” idea para disimular su pobre gestión.

Pobre gestión, también, a pesar de su habladera, la el Gobernador Luis Pérez.

Y ni hablar de la gestión del presidente Santos. Se le fueron dos gobiernos detrás del espejito de las Farc, como a Uribe.

¡Estamos graves!

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