Archivos mensuales: julio 2016

SIN MIRAR ATRÁS

SIN MIRAR ATRÁS

Eligio Palacio Roldán

Fue la primera y última vez que miró hacia atrás. Serían las cinco de la madrugada de esa mañana lluviosa. Salía para el trabajo, como siempre. Le esperaban cientos de temas por resolver. La agenda era compleja, también, como siempre.

En ese instante, en ese preciso instante, que miró los vio. Serían cuatro o cinco hombres vestidos de overol con almádanas, palas y otras herramientas de trabajo. Esa imagen solo se hizo consiente el día del fin. Y es que la rutina era tal que su alrededor se convirtió en paisaje conocido. ¿Cuál paisaje?, pensó en ese instante.

Cinco de la mañana: un ascensor que lo lleva hasta el primer piso. Diez, once o doce de la noche: el mismo ascensor hasta el piso 7 y su apartamento 717. El portero era un mueble más.

Después, quizás, algún sueño lleno de paisajes y colores desconocidos, tan desconocidos como su propio entorno. Y, el siguiente día, la misma historia repetida.

Nunca supo cuántas noches habían transcurrido desde que miró atrás. Unos ruidos lo despertaron más temprano que de costumbre. Unos ruidos que le sonaban ahí, muy cerca, en su oído.

Entre dormido abrió la puerta del baño. A sus pies un precipicio y allá abajo los restos de la portería, sin portero. Temblando de terror levantó la cabeza y miró a su alrededor  y allí en las vidrieras de una construcción cercana vio el esqueleto del edificio que habitaba: sin ventanas, sin balcones, sin muros, sin gentes que lo acompañaran en su desgracia. Solo estaba él, en un pequeño espacio de su apartamento  que milagrosamente se sostenía en el aire. El resto ya había sido derruido por los hombres vestidos de overol que vio aquél día, en que miró atrás, en una fría y lluviosa mañana de septiembre.

Anuncios

NACIONAL Y ALVARO URIBE LAS RELIGIONES DE LOS ANTIOQUEÑOS

NACIONAL Y ALVARO URIBE LAS  RELIGIONES DE LOS ANTIOQUEÑOS

Eligio Palacio Roldán

“Nacional es una religión para mí”

Pacho Maturana

“Nacional es una religión para mí”, dijo ayer Francisco “Pacho Maturana” en una entrevista para el programa El Alargue de Caracol Radio: No solo para él, que fue parte fundamental de su instauración como credo, también para miles de antioqueños, de colombianos y de habitantes del mundo que alguna vez creyeron en el equipo verde y que lo siguen haciendo, hoy, con más devoción que la generada por muchos santos.

El Club Atlético Nacional fue fundado el siete de marzo de 1947  y, desde entonces, ha tenido miles de seguidores, pero su imposición en el corazón y en la mente de los colombianos se logró con la idea de convertirlo en el “Equipo de los puros criollos”, de la mano precisamente de Maturana. Un equipo conformado por jugadores colombianos competitivo a nivel mundial. Con esa filosofía, logró ser el primer equipo colombiano en obtener la Copa Libertadores de América, el 31 de mayo de 1989.

Obviamente que estos logros y otros como ser el mejor equipo de Colombia, en lo corrido del siglo XXI, son hechos irrefutables que generan identificación y una hinchada fiel. Pero el sentimiento religioso tiene origen en otros aspectos más dicientes de nuestra realidad nacional: en la falta de liderazgos políticos y/o de otras religiones y filosofías. En la falta de ídolos de carne y hueso, en la poca credibilidad que generan nuestros gobernantes.

Y entonces, el único refugio para los humanos de nuestra Antioquia, de nuestra Colombia son los deportistas. Deportistas sobre los cuales, también, se genera una presión a veces intolerable por ser los mejores, en tierras de mediocres. Incluso, de no quedar hoy Nacional campeón, por segunda vez, de la Copa Libertadores de América, mañana muchos le voltearán la espalda. Claro, sus fieles correligionarios continuarán acompañándolo, siempre, hasta su última derrota.

Bueno, vamos con Uribe. No soy Uribista, mucho menos Furibista, y tengo muchas críticas hacia su gobierno y hacia él como dirigente; pero el expresidente, como el equipo de fútbol –Nacional- despertaron en los colombianos (mayormente en los antioqueños) ese fervor por lo propio. Esas ganas de creer, de confiar en cosas buenas para los colombianos. En poder hacer, en sentirnos protagonistas de la historia del mundo. Por decirlo así, Nacional y Uribe despertaron ese ego necesario y nos han sacado de la cabeza el complejo de  inferioridad propio de un pueblo acorralado por la violencia. Y eso ha hecho que Uribe, para muchos, sea realmente un Dios. Ver COLOMBIA HUERFANA https://eligiopalacio.com/2013/02/28/colombia-huerfana/

A Uribe como a Nacional lo acompañaron felices miles de colombianos cuando era el ganador. Ahora le siguen sus fieles con la misma devoción de los primeros días. Esos fieles, los de Nacional y los de Uribe, no escuchan razones, no piensan, no cuestionan. Solo los siguen, y los siguen con una vehemencia tal que es imposible entablar una conversación racional con ellos. Bueno, natural. Así son todas las sectas religiosas.

ANTES DEL FIN

La mejor de las suertes para Nacional, hoy, en la final de la Copa Libertadores de América. Muy merecido, ojalá, su título. Gane o pierda es y seguirá siendo un gran equipo de fútbol,  el onceno dirigido por Reinaldo Rueda.

Las mayores alegrías, las más grandes tristezas, la euforia, el latir del corazón, el suspenso y el éxtasis del gol hacen que el fútbol sea una de las mayores pasiones del ser humano.

Hoy Medellín, Antioquia y Colombia están felices, están de fiesta. Qué bueno que ese estado se repitiera con otros aconteceres. Podría ser la llegada de la paz. Claro, si fuera cierta, si correspondiera a un sentimiento real de todos los colombianos y no la paz que se anuncia,  la paz solo para un puñado de colombianos egoístas, LA PAZ DE LOS VIEJITOS https://eligiopalacio.com/2015/09/29/la-paz-de-los-viejitos/.

PARO CAMIONERO – LA SUMISIÓN DE UN PUEBLO

PARO CAMIONERO – LA SUMISIÓN DE UN PUEBLO

Eligio Palacio Roldán

¿Qué queda? Nada. Bueno. La resignación, la apatía y el egoísmo. Las características más importantes de Colombia y de los colombianos.

De niño, en la casa y en la escuela, me enseñaron que Colombia era un país de héroes. Me hablaron de Bolivar, de Santander, de Policarpa y José Antonio Galán, entre otros. Llegar a izar la bandera era un orgullo. Se inflaba el pecho y el alma.

De joven, oí hablar de la guerrilla. Eran los herederos de los líderes de antaño que luchaban por un mejor estar, en una patria llena de injusticias. ¡Qué paradoja!, esos guerrilleros se convirtieron en delincuentes, en narcotraficantes. Torturaron y chantajearon a su propio pueblo. A ese que decían defender.

Conocí y creí en políticos que hablaban con bellas palabras y de un país soñado, bastante lejano para mí. Después descubrí que esos hombres que quería imitar en realidad vivían en un país distinto, un país al que jamás tendría acceso, primero por mis posibilidades económicas  y segundo, y fundamentalmente, porque era un país de mentiras, de corrupción y de mafia. Un país de abusos hacia los más débiles.

Algún día quise ser estudiante revolucionario pero los estudiantes que encabezaban las protestas eran malos estudiantes, malos ciudadanos.

Otro día, ya trabajando, desee ser sindicalista. Tampoco pude estar allí. En los sindicatos se arrincona lo más retrógrado de Colombia y de los colombianos, los más perezosos y muchos de los más corruptos.

Cansado de buscar un espacio que correspondiera a mis ideales llegué a la convicción que nuestra historia está llena de mitos y que esos héroes de la infancia no eran más que una construcción del imaginario colombiano y que, seguramente, tenían unos pies tan fangosos como los de los líderes actuales. Fue, entonces, cuando llegué al cooperativismo: allí “todos trabajaban por la comunidad”. Mentira, las cooperativas eran pequeños reinos llenos de reyezuelos y súbditos tras mendrugos de pan. Una secta más como las distintas religiones, de las que me desilusioné muy pronto en la vida.

¿Qué queda? Nada. Bueno. La resignación, la apatía y el egoísmo. Las características más importantes de Colombia y de los colombianos.

Siempre se ha dicho que Colombia es una de las democracias más antiguas y más maduras de Latinoamérica y también nos enorgullecemos de eso.  Qué orgullo tan pendejo, qué orgullo tan triste. La nuestra es una democracia que se sostiene por las características descritas. Somos tan resignados, tan apáticos y tan egoístas que ni siquiera pueblos tan humildes como el boliviano o el ecuatoriano resisten tanto abuso, tanto maltrato. Aquí solo importo yo, los demás que se jodan.

Ya son 45 días de paro camionero con millonarias pérdidas, con alzas de alimentos desmedidos, con escasez de insumos. En estos momentos no hay con que alimentar miles de animales en el sector lechero y la leche, otra vez, tiene que ser botada, también el resto de producción campesina,  y todos, en especial el gobierno, tan tranquilos. Tan resignados. (Ver PARO CAMIONERO https://eligiopalacio.com/2016/07/17/paro-camionero/).

Y resignados seguiremos siendo. Nuestra próxima y dolorosa resignación será tener a los delincuentes de las Farc, a esos que tanto sufrimiento nos han provocado, dirigiendo los destinos de Colombia. Aunque quizás, tampoco haya mucha diferencia con quienes lo han hecho hasta hoy, como el presidente actual Juan Manuel Santos, o esos líderes de la niñez: Bolivar y Santander.

ANTES DEL FIN

Hay una frase, bastante manida, atribuida por algunos a Berthold Brecht, que describe perfectamente a los colombianos:

“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.

Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío

Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista

Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante

Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.”

Bueno por nosotros vinieron hace muchos años, quizás siglos. Tal vez fueron los mismos españoles, de quienes dicen nos liberamos un 20 de julio o un 7 de agosto, los que se llevaron nuestro espíritu de lucha.

Otra  desilusión: Los medios de comunicación. ¿Qué informan, qué cuentan? Nada.

GERENCIA DEL TALENTO HUMANO

GERENCIA DEL TALENTO HUMANO

Eligio Palacio Roldán

La Real Academia de la Lengua define talento como Inteligencia – capacidad de entender y como aptitud – capacidad para el desempeño de algo. Humano como lo dicho de un ser, que tiene la naturaleza del hombre, del ser racional.

¿Cómo gestionar la capacidad de entender, la capacidad para el desempeño de los humanos para obtener los mejores resultados, en el ámbito laboral? La respuesta pareciera difícil en estos tiempos del menor esfuerzo, de búsqueda de dinero fácil, de corrupción. Sin embargo, es bastante simple: se reduce a la aplicación de un refrán popular: “El ojo del amo engorda el Caballo”.

Cuando llego a esta simple conclusión muchos estarán pensando que estoy diciendo lo obvio. Que dadas las características del ser humano inmerso en la cultura facilista de hoy no queda sino una opción: vigilar, vigilar y vigilar. Pero de eso no se trata. Es más, este método inhibe o crea bandos al interior de los grupos e induce a la deslealtad y la trampa. Además es muy poco lo que puedes hacer para controlar, un empleado del siglo XXI, dadas las posibilidades informáticas que facilitan el escapismo del puesto de trabajo. También, claro, la posibilidad de que te roben información.

Más de ocho años liderando grupos de trabajo, de entre 25 y 30 personas y por algunas temporadas de cerca de un centenar de seres humanos, me permiten concluir que el sentido del refrán está en estar ahí: en cada proceso, en el día a día, tratando de generar entusiasmo por lo que se hace. Participando de las pequeñas grandes victorias, de las inmensas mínimas derrotas. Haciéndolas propias, sufriendo por ellas. Inyectando entusiasmo a pesar de la adversidad. Estando presente en cada proceso.

Al interior de los grupos de trabajo se debe, se tiene que, generar confianza. Confianza para ser honestos, para ser sinceros, para suministrar la información, para cuidar la información, para “hacer las cosas bien desde el principio”. Para no mentir. Para tener mente clara  y estrategias firmes a la hora de afrontar las dificultades.

Me decía uno de mis jefes, en una oportunidad, que yo era un jefe tropelero. El término me sonó como a regaño pero cuando él me lo aclaró estuve completamente de acuerdo. “A usted le gusta estar con su tropa, en el campo de batalla”, dijo. Eso es verdad. Solo así se logra conocer el personal a cargo, descubrir fortalezas, debilidades, amenazas  y  a partir de allí generar oportunidades de crecimiento personal que confluyen, a su vez, en crecimiento profesional, lealtad y productividad y, obvio, en el cumplimiento de las metas empresariales.

Nunca he visto resultados en una actitud vigilante per se. Tampoco, en ir sacando “las manzanas podridas”. Siempre las habrá y de ellas también hay que sacar lo mejor, así sea poco. En muchas ocasiones, esos elementos han sido generadores de grandes transformaciones en los grupos de trabajo que he dirigido.

Al interior de los grupos, también, es necesario tener elementos disidentes. Personas que te cuestionen, que te contradigan, que te permitan tener otra mirada para de alguna manera tratar de ser objetivo.

Hay que saber escuchar, saber digerir y saber hacer con cada uno de los elementos al interior de una organización.

ANTES DEL FIN

Alguna vez, hace muchos años, inquieto sobre mi desconocimiento sobre la teoría de la Calidad Total, indagué  al fundador de la Ingeniería Industrial en Colombia, Dr Jorge Forcadas Feliú, profesor de Calidad. “La Calidad Total, es otra teoría más, el secreto está en hacer las cosas bien desde el principio. No hay otro”. Dijo el inolvidable Maestro, en medio de bocanadas de humo y el olor característico del tabaco fumado en pipa.

« Entradas Anteriores