Día: 6 abril, 2016

ALVARO URIBE VÉLEZ

ALVARO URIBE VÉLEZ

Eligio Palacio Roldán

Fue cierto que el expresidente Alvaro Uribe les devolvió la fe a los colombianos y con ello se generó inversión, turismo, confianza en el ejército y la policía, en nosotros mismos. Fue cierto que hubo empleo, crecimiento económico, inversión social.

Fue cierto que su primer gobierno fue bueno, en términos generales.

Fue cierto que el buen desempeño de la economía no era consecuencia de tener “una inteligencia superior” en la presidencia, como decían y dicen aún los “furibistas”,  sino a la evolución normal de la economía mundial por el despertar de China que jalonó el incremento de los precios de los commodities.

Es cierto que Alvaro Uribe ha sido el ser humano con mayor liderazgo en la historia de Colombia, en el último siglo. He visto gentes perseguirlo como a los santos (obvio, de la religión, no de la familia de Juan Manuel), palidecer, sudar y desmayarse ante su presencia.

Es cierto que Uribe no se creyó un santo, sino un Dios y que ninguno de sus amigos cercanos fue capaz de hacerle poner los pies en la tierra, como pasa con muchos líderes.

Pero lo más cierto, lo más desafortunadamente cierto, es que Alvaro Uribe desaprovechó la oportunidad histórica de cambiar las costumbres políticas del país  y por ende a Colombia. Es más, el cambio que logró fue fatal: el incremento desfachatado de la corrupción, la aplicación de los medios más nefastos, de nuestra historia, para perpetuarse en el poder. (Gracias a Dios no lo logró).

Sin embargo, a un líder como él no se le borra persiguiéndolo, no se le borra demeritándolo, no se le borra desconociendo lo bueno que hizo durante su presidencia. Estigmatizándolo a él, a sus miles de seguidores. No se le borra tratando de desconocer una realidad como la que se palpó el pasado sábado en la marcha, convocada por el mismo, para protestar contra el actual gobierno.

Las marchas fueron un éxito así no haya acudido el número de participantes esperados, por los organizadores y por el gobierno Santos. ¿Quién, sin la maquinaria del presupuesto nacional, sin el “aceite” para los medios de comunicación, tiene ese poder de convocatoria?

Ya lo he dicho, el expresidente merece una segunda oportunidad (https://eligiopalacio.com/2014/03/13/una-segunda-oportunidad/). Colombia, también. Uribe tiene mucho que hacer  por el país, así no esté en la presidencia. Tiene una deuda: sanear la política. Creo que lo está haciendo desde su papel como parlamentario y como líder del Centro Democrático, de la oposición. Algunos me dicen que soy ingenuo, que Uribe seguirá fomentando la corrupción, que solo lo anima la venganza y su tendencia guerrerista. Es posible, pero, aun así, su presencia es indispensable en la vida nacional para que Juan Manuel Santos, no se crea un “santo” infalible y entienda que se equivoca. Cómo habría sido de distinta la historia de Colombia si el gobierno Uribe hubiese contado con alguien, con poder real, haciéndole contrapeso.

Por último, en los gobiernos de Alvaro Uribe, y, obvio, en los de Santos, se dejó a un lado el sector productivo al mejor estilo de Venezuela (Vea LA VENEZOLANIZACIÓN DE LA ECONOMIA COLOMBIANA https://eligiopalacio.com/2015/05/27/la-venezolizacion-de-colombia/). Este hecho nos traerá demasiados problemas en el futuro, en la generación de empleo y bienestar para los colombianos, y la historia nos mostrará que fue lo peor de sus mandatos.

ANTES DEL FIN

“El 24 de julio de 2007, en la ceremonia de graduación de un Diplomado organizado por el Club de la Prensa de Medellín, tuve la oportunidad de preguntarle al presidente Uribe, haciendo alusión a una canción de Pablo Milanés, ¿Cuánto ganó y cuanto perdió el país con su reelección?. Como era típico, no contestó. Ahora yo me hago la misma pregunta en relación con Juan Manuel Santos. La respuesta quizás nunca la conozcamos, pero hay indicios de corrupción y más corrupción en todos los estamentos de las tres ramas del poder público y de limitación de la libertad de prensa”.

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