Archivos mensuales: diciembre 2015

LA NAVIDAD DE UN VIEJO

LA NAVIDAD DE UN VIEJO

Eligio Palacio Roldán

El Viajero quiere regresar a un tiempo sin tiempo, lleno de fantasías, de luces que se oponen a la blanca oscuridad de la neblina, a sueños que se quedaron sepultados en el inconsciente, a una realidad que se perdió con la madurez o, quizás, enredada en cada pliegue de la piel.

Pero no todo era felicidad, desde luego. Recuerda alguna noche de Navidad, solo, por aquellas calles, espiando a través del cristal o las rendijas de algunas ventanas la alegría de muchas familias, con la llegada del niño Dios. Y se pregunta por qué él estaba ausente en el espacio y el tiempo; tanto, como muchos años después en su regreso. Un regreso que le dolía pues, como en aquella noche de su infancia, su destino estaba allí, afuera, con una única posibilidad: tratar de ver en medio de la neblina.

Recorre el pequeño parque cargado de luces y risas, de recuerdos. Recuerdos menos luminosos, claro, pero cargados de nostalgia. Una nostalgia lógica por el pasado pero, increíblemente, presente en sus proyectos para el futuro. Era como si supiese que el futuro, para él, era solo pasado.

El parque le parecía tan diminuto que no entendía como en sus navidades de infancia le daba tanta dificultad cruzarlo. Recuerda el largo camino hacia su casa, a unos pocos metros de allí, y cómo alzaba la cabeza para poder mirar a su madre y cómo, con el paso del tiempo, fue ella quien hizo esfuerzos para lograr alcanzar su mirada.

Alguna vez soñó con noches llenas de sol, de luz. Fue al contrario: sus días, con el pasar del tiempo, se llenaron de sombras y sus sueños se convirtieron en pesadillas. Fue duro ver como las flores de su jardín se marchitaban y luego morían y, más aún, verlas crecer consiente de que jamás disfrutaría de su mayor esplendor y que ellas lo percibían como lo que era: un viejo.

Y lo peor, un viejo eterno. Un ser condenado a vivir oculto capturando en su mirada retazos de vida.

LOS ANGELES – CALIFORNIA DEL CIELO AL INFIERNO

LOS ANGELES DEL CIELO AL INFIERNO

Eligio Palacio Roldán

Donald Trump tiene razón, la inmigración indiscriminada de latinoamericanos está dejando atrás la pujanza y el progreso del país del norte.

No conocía los Estados Unidos de América, nunca me había interesado hacerlo. Visité la ciudad de Los Ángeles – California para aprovechar una escala necesaria en mi regreso a Colombia, desde Australia. (Ver LOS ANGELES CALIFORNIA DEL CIELO AL… http://wp.me/p2LJK4-1vV).

De Los Ángeles impacta su aeropuerto, las avenidas de segundo piso, los grandes rascacielos, los estudios de cine y, obviamente, Hollywood con sus cientos de estrellas y los miles de seres humanos, casi todos latinos, buscando una oportunidad para “brillar en el cielo”.

Para cualquier ser humano resulta gratificante recorrer los escenarios de las grandes películas de la historia y tener cerca los ídolos que nos han hecho reír, llorar o suspirar; saber que las estrellas incrustadas en el piso le pertenecen a cada uno de los seres que hemos admirado y querido y que quizás podamos lograr hacer parte de ese selecto grupo.

Pero más allá de los sueños de triunfo, lo que más me impactó fue la decadencia de los habitantes de la ciudad: las vitrinas de las grandes boutiques y los bajos precios y la buena calidad de las ropas que se venden en San Pedro y con las cuales, descubrí, se visten algunas de mis amigas más “encopetadas”, no se compadecen con las formas de vestir de los habitantes de la ciudad (me dicen que ocurre igual en el resto del país del norte). No hay estética en la combinación de formas y colores en los atuendos y  en los cortes del cabello, pareciera que todo el tiempo estuvieran de halloween.

Algunos dirán que la forma de vestir es propia de los seres humanos que han trascendido y por fin se han liberado de ese Gran Otro, de la sociedad de consumo, en la sociedad más consumista del mundo. Sin embargo, pareciera que lo que buscan estos seres es precisamente llamar la atención del mundo que los rodea, y es que a su forma de vestir, se une el alto volumen en sus diálogos en sitios públicos; cualquiera creería que tienen problemas auditivos.

Hay un desespero por hacerse ver, por hacerse escuchar, por hacerse notar, para que alguien descubra su talento y quizás, algún día, tener su propia estrella en Hollywood. En ocasiones, me sentía recorriendo la 45 de Manrique en Medellín en los días de la Tango Vía. Obviamente, la cantidad de “artistas” buenos y malos que desfilan por las calles se convierte en un alimento para el espíritu y un atractivo turístico más.

Me queda la sensación de que la población de Los Angeles está en decadencia. Sensación que se dilucida al ver los buses escolares anacrónicos, al escuchar la música de los años 50 y 60 sonar en la radio, al recorrer algunas calles del centro de la ciudad que te transportan al Guayaquil de Medellín de los años 70 y al percibir los malos olores que no parecen controlar, los habitantes de la ciudad, con el baño diario o con los desodorantes y en especial el desagradable olor, para mí, a cigarrillo, marihuana y demás drogas ilegales.

Llama la atención, además, la cantidad de gentes mutiladas que recorren las calles, el metro y los buses de la ciudad, tanto que los vehículos están adecuados para atender este segmento de la población y, desde luego, la cantidad de mendigos y gentes sin techo que habitan la ciudad, al estilo de los países del tercer mundo.

Comparando las ciudades de Australia y Los Angeles-California tengo que llegar a una conclusión lamentable: Donald Trump tiene razón, la inmigración indiscriminada de latinoamericanos está dejando atrás la pujanza y el progreso del país del norte.

ANTES DEL FIN

De regreso a Colombia se siente el subdesarrollo. Pero, bueno, es la patria amada.

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