POLIGRAFO -LA MAQUINA DE LA VERDAD

POLÍGRAFO – LA MAQUINA DE LA VERDAD
Eligio Palacio Roldán

La realidad o la verdad es tan variable que los dos presidentes, Pastrana y Santos,  que se la han jugado toda por la paz negociada, son percibidos de manera muy distinta por los colombianos, a pesar de ser igualmente ingenuos frente a las Farc.

En el año 2007, Caracol puso en su parrilla de programación el concurso “Nada más que la Verdad”, una adaptación colombiana del homólogo británico Nothing but the Truth, un programa que, a pesar de ser uno de los cinco programas de mayor sintonía en la televisión colombiana, en ese año, tuvo que salir del aire por controversias de carácter ético.

El espacio televisivo utilizaba el llamado detector de mentiras, máquina de la verdad o polígrafo, un aparato que registra “las variaciones de la presión arterial, el ritmo cardíaco, la frecuencia respiratoria y la respuesta galvánica o conductancia de la piel, que se generan ante determinadas preguntas que se realizan al sujeto sometido a la prueba”. Aunque el detector de mentiras no tiene validación científica es utilizado, cada vez más, en las organizaciones, como herramienta de selección de personal.

El ser humano construye su realidad entre el imaginario, lo simbólico y lo real. Eso implica una gran dificultad para conocer la realidad, la verdad; y si le es difícil, ¿cómo es posible que una máquina la detecte, si el mismo hombre no la conoce? Además, la verdad es cambiante de acuerdo a las tres características descritas, el grado de conciencia de cada ser y la evolución de la sociedad.

Hasta hace algunos meses, por ejemplo, era una verdad o una realidad que Estados Unidos y Cuba eran enemigos irreconciliables y uno veía en el otro al demonio y hoy están en la vía de ser los nuevos mejores amigos. La verdad es cambiante, sin necesidad de mentir.

Otro tanto ocurre en Colombia: es bien conocido el cambio de la realidad que percibe y difunde la prensa colombiana,  que pasó de aplaudir los gestos guerreristas de un hombre, Juan Manuel Santos,  a alabar su nueva obsesión por la paz. Mermelada, dirán algunos, manipulación dirán otros. Lo cierto, es que la percepción de los colombianos frente al conflicto armando y frente a las Farc ha cambiado muchísimo y, seguramente, cambiará aún más en los próximos meses.

La realidad o la verdad es tan variable que los dos presidentes, Pastrana y Santos,  que se la han jugado toda por la paz negociada, son percibidos de manera muy distinta por los colombianos, a pesar de ser igualmente ingenuos frente a las Farc, y todo por una posición ligeramente más moderada de la guerrilla y un excelente manejo de medios de comunicación por parte del gobierno actual.

Pero si es extraño ver cómo cambia la realidad o la verdad, con respecto a personajes con comportamientos similares, es más complejo ver cómo lo hace en relación con alguien con la misma forma de ser y de actuar en su vida pública. Claro, me refiero a Alvaro Uribe que, con las mismas posiciones frente a la guerrilla, fue “ascendido a los cielos” por los colombianos, en una oportunidad y ahora corre el peligro de ir al infierno. La verdad o la realidad son cambiantes o el hombre se acomoda  y la valida según sus miedos y/o conveniencia.

Obvio que estoy afirmando que la verdad no existe a pesar de la buena fe. Cuando operan intereses oscuros, aparece la mentira y mentira tienen que haber sido las relaciones entre Santos y Uribe o lo son entre Santos y Maduro y silencio cómplice el de los medios de comunicación, mudos ante esta relación.

Sobre la verdad del ser humano, suena todavía la canción de Rafael:

“De mis secretos deseos 
de mi manera de ser
de mis ansias y mis suenos
que sabe nadie
que sabe nadie
de mi verdadera vida
de mi forma de pensar
de mis llantos y mis risas
que sabe nadie
que sabe nadie
que sabe nadie 
si ni yo mismo muchas veces se que quiero…”
 ANTES DEL FIN
En los próximos días, me someteré a La Máquina de la Verdad. Será una gran experiencia.