Día: 24 abril, 2014

MARKETING POLÍTICO

Ser y parecer
MARKETING POLÍTICO
Eligio Palacio Roldán

Ser: Haber, existir; Parecer: Tener determinada apariencia o aspecto; dos variables constitutivas del hombre se enfrentan hoy como siempre; quizás, en la sociedad del siglo XXI,  toma demasiada ventaja el parecer.

Al comienzo de nuestra era, los humanos, carentes de recursos, desnudos y hambrientos solo eran, sus posibilidades de parecer escasas, su única estrategia la supervivencia. Con el devenir del tiempo, los descubrimientos originados en las necesidades primarias, al comienzo, y superfluas, con el pasar del tiempo, fueron transformando al hombre hasta convertirlo en un ser misterioso y oculto para los demás y para sí mismo. No obstante, muchos sueñan con simplemente ser.

En la obra cumbre de la literatura hispanoamericana, El Quijote, se narra la historia de un hombre que decidió ser a pesar del marginamiento de la sociedad por su decisión; el personaje construye su vida a partir de la lectura de los libros de caballería y, a través de ellos, encuentra su identidad, su razón de ser y de estar, su principio y su fin; sin embargo, fue tal la presión de la sociedad que, al final de su existencia, tuvo que renunciar a ser, para parecer. Terminada la aventura por su real, murió.

Con la evolución del mercadeo y la publicidad, el hombre se convirtió en un producto más, un producto que se comercializa como cualquier mercancía, una mercancía que exagera sus cualidades y oculta sus defectos. En ese marco, se encuentran los políticos, una de las mercancías más importantes en la sociedad de hoy. Esos políticos, hacen lo que sea por mostrarse atractivos, desde lo físico, lo humano y/o lo intelectual.

Los políticos colombianos y, claro, los de  todo el mundo, son expertos en mimetizarse, en parecer lo que no son (ver columna ENTRE LAGARTOS http://wp.me/p2LJK4-ip), en desarrollar marketing político; pero pareciera que algunos exageran tanto, que los ciudadanos perciben su falta de identidad, por la utilización de un exceso de maquillaje, usado para esconder sus pequeños grandes defectos, la ausencia de ideas o un gran temor a exponerlas. La percepción de esta falta de identidad, se traduce en poca credibilidad y desgano, entre la mayoría de electores.

Son tan desesperados y descabellados los planes de mercadeo político que rayan en lo ridículo; en especial el del actual presidente-candidato. Su campaña hace circular en los diferentes medios de comunicación fotografías “casuales”, en piyama en una casa que no habitaría ni en sus peores pesadillas, cayendo de una bicicleta que tampoco debe usar, “haciendo de tripas corazón” para comer chontaduro,  jugando golosa o bailando en las plazas públicas, entre otras.

Es tan diferente la forma de comportarse de Juan Manuel Santos a lo que ha sido su vida pública, son tan poco sutiles sus estrategias, que no se puede creer que sus cambios surjan desde su esencia y más bien denotan un temor a ser descubierto tal como es; pero si son radicales los cambios en su comportamiento, lo son más en su manera de pensar, de acomodarse según las circunstancias; no en vano su fama de traidor y la antipatía que su nombre produce entre los colombianos.

ANTES DEL FIN

Una de las críticas más frecuentes a Santos candidato, hace cuatro años, era que nunca había sido elegido popularmente; sigue en las mismas, hace cuatro años al que reeligieron fue a Uribe y ahora quizás el candidato presidente sea elegido, no por los colombianos, sino por la mermelada, la corrupción y la burocracia; bueno, también por las Farc.

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