PENSANDO EN VENEZUELA

PENSANDO EN VENEZUELA
Eligio Palacio Roldán
PEZ GORDO
Imagen tomada de internet

Algunos de mis lectores me insisten en que escriba sobre la situación en Venezuela. Aunque no pareciera, para mi es difícil escribir sobre este tema; lo es, porque aunque no creo en la objetividad, me preocupa lo alejados que puedan estar mis pensamientos de la realidad, y lo digo porque en esta época de la globalización es cuando más difusas nos llegan las imágenes y ello, debido a que a pesar de la multiplicidad de las mismas, estás son cada vez más manipulables y manipuladas.

Hace algunos meses, un amigo chileno me decía que lo peor de la historia de su país había sido la presidencia de Salvador Allende, a la que calificó de nefasta; también afirmó que en contraposición lo mejor había sido la llegada y la permanencia de Pinochet al poder y que lamentaba, profundamente, que no permaneciera en él. Con esa percepción yo me quedé bien aburrido, para mí, era una verdad revelada, que Allende era casi un Dios y Pinochet un demonio. Lo mismo me pasa con Uribe, pensé.

Pues bien, toda esta historia viene a cuento porque algo similar es lo que sucede con Venezuela, Chávez y Maduro: Los medios de comunicación nos han vendido una imagen tenebrosa de los personajes y una situación sin salida en ese país; y yo me pregunto: ¿Qué de realidad tiene esa imagen?, ¿Qué de imaginario? Y, sobre todo, ¿qué de manipulado?.

 Y, entonces, me pregunto: ¿Por qué analistas tan serios como William Ospina y Julio Cesar Londoño tienen percepciones tan diferentes?  En su columna del sábado 22 de febrero, en el diario El Espectador, por ejemplo, Londoño afirmaba que el índice de Gini, en el vecino país,  era del 0.39, el mejor de Latinoamérca, y que “Es verdad que Maduro es ingenuo y que su formación académica no es la mejor. Pero, me pregunto, ¿de qué le ha servido a Colombia, digamos, esa legión de cachacos de Harvard que han manejado el país por decenios? ¿Quizá para tener uno de los peores Gini del mundo, por encima solamente de Haití y dos países del África subsahariana?”. William Ospina, por su parte, en columna publicada en el mismo diario, el 06 de octubre de 2012, afirmaba que “Ya nadie niega los logros de la revolución bolivariana: la dramática disminución de la extrema pobreza, el mejoramiento de los servicios de salud, el entusiasmo de los sectores populares, el hecho de que Venezuela, con la mitad de la población que Colombia, tenga hoy más estudiantes universitarios”.

 El sábado, decía un colega venezolano, residenciado en Medellín, que la situación en su país era muy difícil, que había que optimizar los recursos alimenticios al máximo y que el mercado estaba desabastecido y la violencia arreciaba. Otro amigo, en la tarde, colombiano residenciado en el vecino país, decía que él se sentía muy bien allí y que sus perspectivas económicas eran mucho mejores que las de su familia en Colombia.

 Y vuelvo al principio: ¿Cómo hablar de una realidad tan difusa y lejana?, ¿Tan manipulada? Pues bien, diré lo que pienso: Venezuela es otra prueba más de que ese ideal del socialismo Sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes.” es una utopía; que aunque, en sus inicios, los esfuerzos colectivos arrojen excelentes resultados, en cada cardumen siempre habrán peces gordos que se comerán a los pequeños y que, en los seres humanos, también prima el instinto animal.

 Como lo dicen Londoño y Ospina en el Espectador, en Venezuela, todo fue progreso en la era Chavez-Maduro; Claro que ese “todo”, también incluyó la ambición de los nuevos ricos y los nuevos gobernantes;  tanto, que terminaron pareciéndose a sus predecesores y que esa ambición está haciendo trizas, quizás, la última esperanza de socialismo en el mundo, la última oportunidad de redención para los menos favorecidos, la última posibilidad de recortar la brecha entre ricos y pobres;  para satisfacción del sistema capitalista que ha sido más eficaz, teniendo los medios de comunicación a su favor, para “fabricar” una nueva realidad mundial; una nueva realidad que, desde luego, un día también volará en pedazos, cual cristal roto.

 ANTES DEL FIN

En Colombia comienza a correrse el velo que han fabricado los medios de comunicación alrededor del poder; cada vez se les cree menos.