Archivos mensuales: diciembre 2013

Los números de 2013

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 31.000 veces en 2013. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 11 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

Anuncios

UNA NAVIDAD

UNA NAVIDAD
Eligio Palacio Roldán

El Viajero continúa recorriendo los parajes del recuerdo. A su memoria llega un día cargado de ansiedad, azul cielo e intenso sol; olor a musgo, cal y cola; cardos florecidos de amarillo y rojo.

Le parece ver a su madre, a escondidas compartiendo algún secreto con sus hermanas. Idas y venidas al pueblo, la leche recogida para el queso, la natilla y los buñuelos. Era Navidad.

Entona un viejo comercial de radio que le eriza la piel y el alma:

“De año nuevo y Navidad, Caracol por sus oyentes, formula votos fervientes de paz y prosperidad
De año nuevo y Navidad, Caracol por sus oyentes, formula votos fervientes de paz y prosperidad”

El hombre posa su mirada en la casa abandonada; ya no se escuchan las voces de otros días, ni el sonido del agua correr por la acequia, ni las gallinas con su escandaloso cacareo; ni siquiera los murmullos.

Y, sin embargo, vuelve a sentir su corazón latir a prisa como ayer. En ese entonces, no veía la hora de que apareciera en el firmamento la redonda luna, que se iba poniendo cada vez más amarilla, con la llegada de las sombras. Después el frío intenso y la neblina que lo cubría todo de blanco azulado. Y un pequeño nido para el regalo que le dejaría el niño Dios, en un rincón de la cama compartida con tres o cuatro de sus hermanos. No lo recuerda.

La melancolía se visibiliza en una tenue sonrisa que aparece en el Rostro ajado de El Viajero. Respira profundo, tan profundo como puede hacerlo un ser, con un nudo atravesado en la garganta.

Recuerda el fuego del fogón de leña que acompañó su fría infancia; de él tampoco quedan siquiera cenizas.

Acurrucada, una lechuza trata de mirarlo somnolienta.

El viajero mueve la cabeza como tratando de borrar un tablero lleno de tristes recuerdos. Vuelve a la Navidad, el tiempo más feliz de su existencia.

Aquella noche rezaron la novena del niño Dios a eso de las seis de la tarde, corearon los villancicos e hicieron sonar cascabeles improvisados con tapas de gaseosa, recogidas en las heladerías del pueblo.

A las 7:30 de la noche todo era suspenso. El Viajero tendría unos seis años. Jugaba con sus manos al viento, en la oscuridad de la noche cuando sintió el sonido de un paquete que era depositado en el rincón de su cama.

Y, por un instante, atrapó el brazo del Niño Jesús.

– Prendan la luz, gritaba desesperado; mientras “El Niño Jesús” hacía esfuerzos por soltarse.

En la habitación se escucharon fuertes carcajadas y un llanto dolorido.

Había perdido la oportunidad de su existencia: ver, tocar, sentir y disfrutar la presencia del Niño Dios.

El Viajero vuelve al presente; sonríe de nuevo. Esta fue una de las historias imposibles de su vida; quizás la primera sobre la que tuvo conciencia; pero no la última, ni las más dolorosa.

24 DE DICIEMBRE

24 DE DICIEMBRE
Eligio Palacio Roldán

El viajero recorre los caminos de su infancia. Llega al pueblo tratando de descubrir los almacenes del ayer; cuando mirando las vitrinas, sus ilusiones, le hicieron pensar que el niño Dios le traería ese camioncito, de cabina amarilla y carrocería azul, lleno de vaquitas.

Se observa caminando por las calles empedradas y limpias, mirando sin ver, descalzo, mocoso. Con su cara sucia y su peinado al lado derecho, fijado con agua de panela. Deslumbrado por el juguete.

También llega a su memoria la figura triste y borrosa de su madre rogando, a la dueña del almacén, para que le fiara el juguete:

– Yo se lo pago con los huevos que recoja la otra semana, le decía
– Otra vez el mismo cuento, le contestaba

Y no valieron las súplicas. Tampoco una lágrima de impotencia que recorrió la mejilla de la mujer, que le dio la vida. Y la vio salir de cada almacén triste, con la cabeza baja, Y luego tomar el camino de la casa, con el caminar de los seres afligidos, de los que no pueden con el peso de su existencia

También recuerda ese 24 de diciembre, feliz, cuando el niño Dios le trajo una cuchara bastante parecida a las de la cocina de su madre

El viajero vuelve al presente, se limpia las lágrimas del recuerdo que le impiden ver. Luego camina lentamente por la neblina que oculta hasta luces de la navidad.

LUCES DE NAVIDAD

LUCES DE NAVIDAD
Eligio Palacio Roldán

El reloj marca las 7:30 de la noche y el viajero recorre las mismas calles. Ahora millares de luces, cual luciérnagas, iluminan las fachadas de las casas y cientos de risas infantiles forman un bullicio que se escucha desde lejos. Es el día de las velitas.

A su memoria llega la navidad de ayer, con el viaje al monte por el musgo y los cardos. El olor a cola, carbón y cal que impregnaba las casas en diciembre y luego de machacar, cocinar y pintar el papel, simulando rocas, los niños junto al pesebre cantando villancicos y el anhelo del aguinaldo.

También la llegada del niño Dios y un pobre regalo que llenaba todas las ambiciones de un tiempo donde se trataba de subsistir y la honestidad era el pilar de la existencia.

El pueblo se veía más bonito. No había duda. Todo era mejor, más impactante. Pero tanto brillo no permitía descubrir una sombra siniestra que parecía invadirlo todo.

El viajero se estremece, siente un profundo vacío en su estómago y descubre que las luces son tan solo fuegos fatuos, que ocultan una inmensa oscuridad.

« Entradas Anteriores