Archivos mensuales: mayo 2013

SANDRA PIAROLO

SANDRA PIAROLO
Eligio Palacio Roldan

Son las 7:30 de la noche en Colombia, quizás las 9:30 en altamar y el avión de Iberia, que cubre la ruta Bogotá Madrid, se estremece ante la furia de los vientos. Hay turbulencia.

Sandra siente miedo. Le atemoriza la muerte. Bueno, no tanto la muerte: el sufrimiento que puede provocar.

Acaba de tener una experiencia dolorosa: el pasado 13 de febrero murió Tino, su esposo. Falleció, a causa de un cáncer en el colon que le duro cinco años y fue muy traumático. Le teme a un sufrimiento similar, a ese “antes de morir”. Cree que Tino está descansando en su regazo, en su corazón.

Sandra vive en la población de Sondrio, unos cien kilómetros al norte de Milán. Allí transcurrió toda su existencia, de la cual, estuvo acompañada de Tino durante 50 años.

Un día, Fabrizio, su único hijo, vino a Cartagena de paseo con un amigo y se enamoro de la ciudad, a donde regresaría un año después a trabajar. Un año mas tarde, contrajo matrimonio con Tatiana, una cartagenera que le robo el corazón.

Fabrizio lleva diez años viviendo en Colombia y, desde entonces, Sandra lo visita cada año para estar con el y su nieto, Andrés, de tres años, que la ama y a quien ama con todo su corazón.

El primer año de Fabrizio en Colombia fue muy difícil, para ella: lloraba y lloraba. Le hacía mucha falta su hijo, Después lo fue aceptando. Tino le decía que estuviese tranquila que su hijo podría estar donde quisiese.

De Cartagena Sandra afirma que: Voy a Cartagena porque esta mi hijo. Tengo, mi vida en Italia. Bogotá me gusta mucho por el clima, parecido al de Sondrio.

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HISTORIA DE AMOR

HISTORIA DE AMOR
Eligio Palacio Roldán
Y un día, una pasión pasajera. Y fue suya por unos instantes que marcaron su existencia, para siempre.

El viajero recorre la calle más larga del pueblo. Aquella que comienza junto a la quebrada y va lamiendo la ladera, hasta juntarse con las nubes.

Muchas cosas le parecen extrañas: Unas pequeñas casas al comienzo; el pavimento; una música estridente que surge de la antigua casa, donde alguna vez funcionó un hotel y en sus puertas, unas mujeres que parecen de la “vida alegre”, mostrando una desnudez jamás vista, en su tiempo de permanencia en el pueblo.

Al frente el asilo y unas cuantas preguntas: ¿Estará vivo aún algún contemporáneo, suyo? ¿Habitará esas paredes? ¿Cuántos años habrán pasado? No lo sabe. No puede saberlo.

Después se enfrenta a un presente muy similar al pasado: Casas altas y blancas, puertas inmensas abiertas de par en par, pisos de ladrillo, ventanas dispuestas para mirar la vida pasar. Y… La vida pasando.

El viajero siente un escalofrío recorrer su espalda. Se inclina sobre el piso de la calle y con sus manos, va dibujando poco a poco las formas de las piedras, que tantas veces desyerbó.

Levanta su mirada y se encuentra con la mujer de sus sueños, con aquella con quien pudo ser y no fue. Emocionado susurra su nombre: Laura.

La recuerda cuando niños: ella llevaba las argollas de matrimonio de su tía, con un niño blanco, de ojos claros, bonito como ella. Iban de la mano, sonrientes y, él, allí, en un recodo de la calle, observándola. Triste. Sin esperanzas.

Y la ve en iguales circunstancias en la primera comunión, en una piñata con muchos niños. Y él, desde fuera tratando de observarla, escuchando sus risas alegres. No fue invitado. Era poca cosa, para que lo hicieran.

Y después la vio con su primer novio. Feliz. Y con muchos más, casi siempre de la ciudad, desfilar de un lado a otro, sin verlo, sin reconocerlo.

Alguna mirada furtiva, quizás, mientras él desyerbaba las piedras de la calle, junto a su casa, en los días más felices de su existencia: La tenía cerca.

Y un día, una pasión pasajera. Y fue suya por unos instantes, que marcaron su existencia. Para siempre.

Y fue solo una vez. Nada más.

Y, después, sus súplicas, sus ruegos, sus sueños. Y los rechazos, las humillaciones. Los desplantes. Las pesadillas.

Y el día de la boda, con aquel con quién creyó encontrar la felicidad: Ese hombre tan distinguido, tan buen mozo, tan diferente a él.

Estaba hermosa: Vestida de blanco, con sus crespos rozando su espalda desnuda y sobre ellos, el blanco velo.

En las manos temblorosas, dos flores de cartucho, también blancos. Y la iglesia llena de flores y de gentes. Y ella emocionada. Y él como una sombra. Siguiéndola. Padeciéndola. Llorándola.

Y luego, en cada Semana Santa, encabezando las procesiones. Siendo la pareja más feliz de la época.

Y después, en aquella noche lluviosa ayudándola a huir hacia la ciudad, a encontrase con un nuevo amor, dejando atrás a su esposo y a sus hijos. Y el largo camino hasta el pueblo más cercano. Y ella, muy agradecida. Y él, con el dolor atravesándole el corazón.

La voz de un joven que le grita, ofuscado, para que se ponga de pie y le deje continuar el recorrido, en su vehículo, lo trae al presente.

Ella no puede estar, ni siquiera, en la memoria de las gentes del pueblo. Fue borrada, como se borran las vergüenzas. Sin dejar huellas.

El viajero se levanta del piso, se limpia una lágrima que corre por su, ajada, mejilla.

Con la cabeza baja, camina lentamente por la calle, hasta que su imagen desaparece en medio de la lluvia, que no cesa de caer por estos días, todas las noches.

¿RESUCITARAN LOS PARTIDOS CONSERVADOR Y LIBERAL?

¿RESUCITARAN LOS PARTIDOS CONSERVADOR Y LIBERAL?
Eligio Palacio Roldán
Erase una vez un país del trópico, que dijo liberarse de España, por allá a comienzos del siglo XIX. Ese país, a pesar de esa “liberación” decidió llamarse Colombia, un “liberador” nombre, en honor del líder de los conquistadores, de los cuales querían liberarse: Cristóbal Colón.

El nombre de Colombia fue promulgado por los “liberales” radicales, en la Constitución de Ríonegro, el 3 de febrero de 1863. (100 años exactos antes de mi nacimiento). Ahora entiendo porque yo soy godo con ideas liberales, o ¿un liberal con ideas godas? No sé. Soy un fenómeno propio de esta república bananera.

En sus comienzos, los liberales tenían como ideología liberalizar las políticas a nivel social y económico, libertad de palabra y pensamiento, de asociación, de movilización, de empresa, de enseñanza y de culto.

Los conservadores o godos, los rivales de los liberales de casi dos siglos, promulgaban la moral cristiana y su doctrina contra la inmoralidad, la corrupción, el ateísmo y el materialismo, la libertad racional contra el despotismo, la propiedad privada y la protección contra el socialismo y la civilización contra la barbarie, entre otros.

En fin, ese país del trópico se dividió en dos grandes bandos (Bandas dirán algunos): “unos abogaban por la tradición política con la que se venía, y en este grupo estaban: Los esclavistas, burócratas, terratenientes, militares de alto rango y clero, para quienes la situación era ideal y debía ser mantenida a toda costa. Los otros, apoyaban la idea de transformar al Estado Colombiano y eran los comerciantes, los indígenas, los esclavos y los artesanos”.

Y pasaron los años… Y el poder político era tan bueno y daba tan buenos resultados económicos que los dirigentes de estos dos partidos no aceptaban ceder el poder al otro bando. Y casi acaban con el pueblo colombiano, en guerras inútiles, hasta que, a mediados del siglo XIX, se sintieron huérfanos por la llegada al poder de las armas, de la mano de un militar “Gustavo Rojas Pinilla”.

Ante el riesgo de perderlo todo, ambos bandos, en vez de pelear por la riqueza de ese país, una gran “marrana”, decidieron repartírsela por iguales partes. Y, en una creación propia del realismo mágico de la época, nació el llamado el “Frente Nacional” Y entonces los dirigentes, de ese país, comprendieron que ser liberal o ser conservador era lo mismo, que lo importante era permanecer en el poder y que “la situación era ideal y debía ser mantenida a toda costa”.

Y entonces, ese país, tuvo presidentes liberales de nombre, pero godos, ultragodos, de pensamiento y acción, como uno llamado Julio Cesar Turbay, que restringió las libertades personales al máximo y redujo la corrupción a sus justas proporciones, Y luego, tuvo un presidente godo, liberal, que era de un pueblito, como los antiguos liberales y trató de liberalizar ese país y hasta trató de negociar con las guerrillas. Unas organizaciones que surgieron por rabia con los liberales y conservadores que no querían compartir la “marrana” con ellos.

Y después los liberales y los conservadores se llamaron neoliberales y se partieron la “marrana” con los extranjeros, dejando que estos últimos se llevaran las mayores riquezas de ese país, como fue antes del comienzo de esta historia, cuando los españoles conquistaron ese país.

De esos neoliberales surgió uno godo, ultragodo, que conquistó al país y luchó por fortalecer un sector “y en este grupo estaban: Los esclavistas, burócratas, terratenientes, militares de alto rango y clero, para quienes la situación era ideal y debía ser mantenida a toda costa”. Y un liberal que conformó otro grupo de los que “apoyaban la idea de transformar al Estado Colombiano y eran los comerciantes, los indígenas, los esclavos y los artesanos” y los guerrilleros.

Y la historia de los partidos políticos de ese país volvió a los días de sus inicios, 150 años atrás, y se conformaron otra vez dos nuevos, viejos, bandos. Pero estos bandos ya no podían ser iguales a los del comienzo, por una sencilla razón: el poder era tan bueno y la “marrana” tan llenadora que era imposible abandonarlos por ideal alguno.

Y los bandos recordaron la historia: Y los conservadores, a pesar de no compartir los ideales liberales, no se apartaron de un gobierno liberal por que no querían volver a la orfandad del poder del gobierno Barco y los liberales no pudieron sostener sus ideales por miedo a volver a los días aciagos de los gobiernos Pastrana y Uribe, cuando estuvieron en la oposición.

Y a pesar de sus ideales íntimos, ya ni el uno ni el otro eran godos o liberales: Veamos por qué:
Los mismos que apoyaban las políticas ultragodas de Uribe ahora apoyaban las liberales de Santos. Solo importaba tener la mayor parte de la “marrana”.

El partido liberal votaba, en las elecciones, en contra de Santos pero lo apoyaba, en su gobierno, irrestrictamente.

Un gobierno que quería parecerse liberal “procura” justicia social con leyes de tierras y de víctimas, pero las frena por pánico a parecer demasiado liberal.

Ese mismo gobierno, con el apoyo de todos los liberales, nombra un “Procurador” ultra godo, para que frene sus ideas liberales.

El mismo gobierno y los mismos liberales impulsan una reforma del fuero militar, calificada como goda, ultra goda.

Mientras que ese gobierno afianzaba una política de apoyo a los más pobres con programas de asistencia social y construcción de casas gratis, para los más desfavorecidos, aprobaba reformas económicas, de corte neoliberal para apoyar a las industrias extractivas, en manos extranjeras, y los grandes capitales. Y ese país regresaba a la época de la conquista.

ANTES DEL FIN
En ese bello país, un presidente supuestamente liberal, defensor de la democracia, apoyaba dictadorzuelos de los países vecinos.

http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_del_constitucionalismo_colombiano#La_constituci.C3.B3n_de_1858
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/ayudadetareas/poli/poli61.htm

EL “REBUSQUE”NO ES TRABAJO DIGNO

Sr. Columnista Eligio Palacio Roldán:
Muy buenos días y un cordialísimo saludo.
Gracias por compartir sus importantes puntos de vista. En la última columna periodística usted indica, Pregunta zanahoria: ¿Para el DANE, doña GINA, sus dos hijos y su nuera estarán empleados?…
Pues sí, para el DANE , seguro que por encanto, doña GINA y todas las personas y familias que en este país se dedican al rebusque son empleados, o sea, trabajadores informales; estas modalidades de ocupación es lo que en verdad está creciendo en Colombia…
Sus planteamientos me dan la base para hacerle conocer la siguiente opinión sobre el popular “rebusque”:

Una realidad colombiana:
EL “REBUSQUE”NO ES TRABAJO DIGNO
Por: Jorge Giraldo Acevedo.
Si nos atenemos a las mismas cifras oficiales del “Dane” sobre empleo en Colombia lo que sí está aumentando son las labores de informales o sea el “rebusque”…

Según los datos del mismo organismo oficial, en el trabajo de menor calidad o subempleo —en el que no se disfruta de seguridad social, salario mínimo, ni garantías extralegales— están cerca de 7 millones de personas, es decir, el 15% de la población se encuentra en el “rebusque” o en la informalidad, si nos atenemos a que los estimativos de habitantes de Colombia son de más de 47 millones de individuos.

En el marco de esta situación, sobre el empleo o el desempleo en Colombia, lo que más preocupa son las cifras sobre el llamado trabajo de menor calidad o subempleo ya que está demostrado que estas cifras son siempre para presentar un panorama positivo en el aspecto laboral del país.

El aumento de desempleados es un hecho que no se puede ocultar ni con cifras manipuladas y mucho menos con posiciones personalistas pues a la vista y con los hechos lo que se ve, en forma demasiado clara, es que hay bajos índices en el empleo decente en los últimos tiempos y sobre todo desde la administración de la política económica neoliberal de César Gaviria Trujillo y claro está que los últimos gobiernos más que creadores de puestos de trabajo han sido promotores de la informalidad.

Sí, indiscutiblemente lo que ha aumentado es la ocupación informal o lo que el “Dane” llama trabajo de menor calidad o subempleo y en la práctica macroeconómica de cualquier nación, esto no es empleo formal, serio, digno, ni bien remunerado y en muchos casos las personas no laboran en las carreras para las han estudiado en los niveles profesional o técnico.

Las principales ciudades colombianas, todos lo vemos a diario, están cada día más invadidas de vendedores de minutos a celular, vendedores ambulantes o estacionarios, vendedores y vendedoras de los productos de catálogo, loteros, taxistas, lustrabotas, mototaxistas, ciclotaxistas y recicladores; además, en los terminales aéreos y de transporte terrestre existe un buen número de maleteros, revoladores y limosneros, en los semáforos y vías se instalan vendedores y limosneros y como si lo anterior fuera poco ahora existe todo un batallón de personas que se dedican a las actividades de calibradores de rutas del transporte urbano.

Este panorama laboral, en nuestro medio colombiano, obedece a que para muchas personas el trabajo informal o “rebusque” es producto de la necesidad y algo de ingenio, pues en sus hogares podrá faltar un trabajo decente, digno y bien remunerado pero nunca el pan de cada día.
jgiraldoacevedo@yahoo.es

LA BENDECIDA

LA BENDECIDA
Eligio Palacio Roldán
A los 64 años de edad, doña Gina, se siente bendecida por Dios, por su familia y en especial por un trabajo, que desempeña con mucho amor.

El reloj marca la una y veinticinco minutos de la madrugada y, mientras algunos apenas ingresan a su casa y otros duermen plácidamente, la jornada laboral comienza para doña Gina. A la una y treinta, cuando suena el despertador, ya ha tenido tiempo de dar gracias a Dios por el nuevo día.

Hace 26 años la vida laboral de doña Gina se transformó: Luego de ser despedida de la Asamblea Departamental, donde prestaba sus servicios, y con el apoyo del ex diputado Rodrigo Mesa Cadavid comenzó con una actividad que la ha acompañado durante todo este tiempo: un puesto de cafetería ambulante en la plazoleta del Centro Administrativo La Alpujarra, en Medellín.

Comenzó a vender café, chocolate, empanadas y gaseosas y hoy tiene el desayunadero ambulante más popular de la zona: vende, además, tortas de “chócolo” y carne, pan con queso, chorizos y toda la fritanga más sabrosa de la ciudad.

Prepara todo lo que vende, con excepción de los chorizos que se los llevan de Marinilla y los panes. Su vida y las de sus dos hijos, su nuera y el nieto giran alrededor del negocio. Ellos se levantan a las tres y treinta de la madrugada a fritar y, a esa hora, doña Gina ya ha preparado el chocolate y el café que se vende en tres presentaciones: Muy caliente, caliente y tibio.

Para Doña Gina, su trabajo es sinónimo de tenacidad: solo descansa los viernes, cuando duerme todo el día. Tanto que, cuando se levanta, le duele todo el cuerpo. En el resto de la semana no hay descanso: de lunes a viernes levantada a la una y treinta de la madrugada para estar antes de las seis en La Alpujarra, donde permanece hasta el medio día. Luego de una a cinco de la tarde un sueño reparador y de cinco a ocho o nueve de la noche a preparar alimentos para el próximo día y luego a dormir. Los sábados y los domingos a mercar y a prepararse para la semana que comienza.

Para doña Gina, que vive en un Barrio Popular, al norte de la ciudad, “lo mejor de este trabajo es porque yo relaciono acá con mucha gente que es muy formal y ya como que yo no vengo acá y me hace mucha falta”

El anterior gobernador, Luis Alfredo Ramos Botero, la reubicó en el centro de la plazoleta, por razones de seguridad, y su negocio se hizo mucho más visible. Ahora pareciera otro de los atractivos del centro administrativo.

Los mejores días, en ventas, para doña Gina son los de quincena, cuando mucha gente llega a hacer sus vueltas, y los de las protestas contra el gobierno, cada vez más frecuentes. En los días malos, la comida que no se vende la consume su familia y los vecinos del barrio. “Ese día es toda una fiesta en la vecindad”, dice.

Doña Gina porta una manilla con el número 666 que, según ella, no es el número del demonio sino el de la prosperidad: Esa idea corresponde a su creencias en la secta ‘Creciendo en Gracia’ al igual que la teoría de que Jesús ya llegó por segunda vez. Lleva siete años, perteneciente a esta organización y se siente “feliz, llena de Dios, creciendo en gracia”.

El sueño de esta mujer es que su actual nieto y los que lleguen, a su vida, en el futuro, estudien. Piensa “trabajar hasta que le permitan seguir haciéndolo o hasta que el cuerpo aguante, porque este trabajo, agota”, dice.

A los 64 años de edad, doña Gina, se siente bendecida por Dios por la familia que tiene y, en especial, por su trabajo, que desempeña con mucho amor.

ANTES DEL FIN
Pregunta zanahoria: ¿Para el DANE, doña GINA, sus dos hijos y su nuera estarán empleados?

 

 

 

 

 

 

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